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Psicoauditación - Thule- Arturo - Ra-El-Dan

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 27/08/2018

Sesión 13/09/2018

Sesión 13/09/2018

Sesión 30/05/2019

Sesión 06/06/2019

 


Sesión 27/08/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

El rey de Thule escapaba con su familia lo que quedaba de su ejército. Llegaron a una isla donde descansar y rehacerse. La reina y el príncipe estaban bien.

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Sesione relacionada

 

Entidad: Cientos de jinetes llegaban para la costa, el rey de Thule era seguido por sus impecables enemigos. Estaban fatigados, deshechos de la caminata, los mismos caballos largaban espuma por la boca, no podían más. Lograron escapar en dos embarcaciones, pero no era sencillo para el rey de Thule y la poca gente que le quedaba, el viento hacía que las dos naves estaban a punto de zozobrar. Hasta que finalmente llegaron a Britania.

Pero claro, Britania se caracterizaba porque tenía unos acantilados altísimos. Pero había una pequeña bahía, pero de ese lado, unos bretones con lanzas, con arco y flechas los atacaron. El mismo rey de Thule ordenó cambiar el rumbo de las dos embarcaciones.

-Viajemos para la desembocadura.

-¡Cómo, mi rey!

-Sí, allí desemboca el río Támesis.

-¡Pero mi rey, mirad la niebla! -Y perdieron el rumbo y el viento soplaba implacable. El vigía gritaba:

-¡Nos acercamos a unas rompientes, girad el timón! -Pero no, no hubo caso, las naves quedaron destrozadas.

Llegaron a la orilla.

-Mi rey, protejamos al pequeño -le dijo su esposa.

 

La bruma, esa enemiga en el agua, en este momento los protegía de los bretones. No podían luchar contra el mar pero seguramente sí contra los bretones, de otra manera se ahogarían en la marea alta. Los pudieron vencer, los bretones se escaparon momentáneamente. El rey de Thule, su esposa y el pequeño príncipe pudieron descansar. Pero los nativos no habían cejado en su empeño, se estaban agrupando para atacar nuevamente, pero el mismo vigía que había avisado de las rompientes le avisó al rey que los estaban vigilando.

Los pocos caballos que quedaban fueron montados por el rey, la reina, el pequeño príncipe, algunos vasallos; el resto de los soldados a pie marchando hacia el norte. ¡Ah! Era difícil.

-¿Dónde estamos, mi rey? -preguntó el segundo al mando-. Veo unas ciénagas, tengamos cuidado.

El mismo vigía se dio vuelta.

-Los lugareños le están siguiendo a pie pero están frescos, tienen arcos, flechas, y lanzas, pueden disparar a distancia.

El rey envió a su segundo. Habló con el principal de los bretones y les dijo:

-Vamos a morir muchos en la batalla, somos menos pero somos guerreros.

Los bretones no ceden y le dijeron:

-Aquí no, esta es nuestra tierra. Hay una isla distante. -El rey miró a su esposa y a su pequeño hijo y aceptó, prácticamente se sentía un exiliado, y se marcharon. Iban por pequeños canales, los caballos prácticamente jadeaban del cansancio, no podían más.

-Mi rey -El rey miró a su esposa-, nuestro hijo monta en fiebre.

-Ponle un paño de agua fría en la frente. No podemos hacer otra cosa que seguir.

 

Cruzaron el canal por completo y llegaron a la isla, una isla pequeña, boscosa.

-¡Ah! -El rey dio un suspiro, la miró a la reina y le dijo:

-Este, este va a ser nuestro futuro hogar, los bretones aquí nos dejaran en paz. ¿Cómo está nuestro hijo?

-Mejor, lo veo saludable, tiene buena contextura física. -El rey se abrazó con la reina, mirando al pequeño-. ¿Qué opinas, mi amor, sobreviviremos aquí?

-Claro que sí, claro que lo haremos.

Ambos miraron al pequeño príncipe y el rey dijo:

-El día de mañana él será rey, este pequeño, Arturo.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 13/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Crecía, aprendía armas y sabía quién era, sabía que era príncipe. Decidió marchar tierra adentro.

Sesión en MP3 (2.575 KB)

 

Entidad: Finalmente me pude adaptar. Iba por los bosques de la isla, por los arroyos...

Padre me decía.

-Ten cuidado que hay alimañas, reptiles, mamíferos. -Yo me encogía de hombros, me interesaba la aventura.

 

Conocí a un joven bretón, le pregunté su nombre:

-Mildred -Largué una carcajada.

-¿Mildred es nombre de varón?

-¿Quieres que te dé un puñetazo? -me preguntó.

-No, no, sólo preguntaba. Mi nombre es Arturo. -Mildred era semisalvaje, me enseñó cosas que yo no conocía: a usar el arpón, a pescar en los canales con el arpón... Le preguntaba:

-Mildred, ¿no tiramos una tanza con anzuelos?

-No, es mejor la red con lastre. ¿Tú no sabes hacer nada de esto?

-Sí -le respondí-, soy muy bueno tirando flechas.

-Veremos.

-Mira, allí viene una bandada de patos. -Mildred se sorprendió, una flecha tras otra y tres patos cayeron. Lancé una carcajada-. ¿Ves?, yo también sé hacer cosas. -Y así día tras día, y fuimos creciendo.

 

Conocí a otros jóvenes, Colby, era más tímido, Arián, un poco introvertido, Ethan y las niñas, Siena una joven muy abierta, Ibi delgada, como más tímida.

-¿Y aquella quién es? -le pregunté a Mildred.

-Roweena. -Rubia, delgada, rostro inteligente, pero no se juntaba con nosotros.

-¿Qué le pasa? ¿Por qué no viene?

-No, ella es de la nobleza.

-Y qué, yo también soy noble, soy príncipe. -Mildred y Colby se rieron.

-Eres un...

-¿Un qué?, dilo.

-¡Eres un harapiento! -Mi impulso fue golpearle en la nariz, pero me reí.

-¡Pensad, pensad lo que queráis, total, yo sé que soy príncipe! -Y me quedé pensando en la joven Roweena.

 

Otro día salimos todos al arroyo, fuimos hasta el mar. Escuchamos un fuerte rugido, un oso pardo. Preparé mi arco. -Mildred me dijo:

-¡No, no, Arturo, no le harás nada, corramos, refugiémonos en los árboles!

-¿Por qué? ¡Le puedo dar entre los ojos!

-¿Y si no? -Corrimos, le hice caso. Llegamos a un refugio entre las rocas y me dijo:

-¿Sabes, Arturo, lo que le hizo a un tío mío? Le quiso clavar una lanza, la lanza es como que lo rozó, con sus garras lo lanzó a metros de distancia y luego el oso se marchó. Cuando con mi padre vimos al tío, tenía todo el estómago abierto, desgarrado, las vísceras se veían a simple vista. ¡No, no te metas con un oso! -Me encogí de hombros. Quizás era pequeño, no había tomado consciencia, pero fui practicando con el arco, con las flechas y a medida que iba creciendo, como todos los niños, con pequeñas espadas metálicas practicábamos.

 

Madre me preguntó:

-¿La familia de los jóvenes con los que te juntas no dicen nada?

-No -les expliqué-, yo ya no digo más quien soy y de donde vengo, no importa, sólo sé que soy muy bueno con la espada y que en este momento soy uno de los que más abastece la despensa.

 

Y era cierto, cazaba pequeños mamíferos, conejos, patos, me daban pena los erizos, los dejaba en libertad no les hacía nada. No me adentraba mucho en el bosque en el atardecer por la jauría de lobos, podía acertarle a uno con la flecha, pero venían en manada de diez o veinte lobos. Y seguía trabajando porque par a mí cazar era un trabajo.

Otra vez en un pequeño río, en lugar de cazadores fuimos presas; un enorme reptil nos persiguió, estuvo a punto de tirar nuestro bote pero pudimos escapar.

Mildred me dijo:

-¡Eres demasiado audaz, ten cuidado de no pagarlo con tu vida! -Y le hice caso, le hice caso.

 

Antes del anochecer, antes de cenar un viejo maestro me enseñaba las cuentas, me enseñaba la lectura. Recuerdo que los jóvenes ya adolescentes Ethan, Arian, Colby y el propio Mildred me decían:

-¿Para qué quieres leer, para que quieres aprender cuentas?

-¡Porque me va a ser útil en el futuro! -Era mi respuesta.

 

Padre con sus hombres había armado una especie de fortín y yo ayudaba, hacía de todo, atábamos las maderas con alambre, en la punta una especie de torre.

Pero le preguntaba a padre:

-Los bretones no se meten con nosotros, prácticamente somos bretones.

 

Una mañana me fui de excursión, no les dije nada a mis jóvenes amigos. Seguía avanzando, avanzando y avanzando y no me daba cuenta que prácticamente estaba como perdido y de repente veo una figura monstruosa de pelo largo, tenía como garras y se abalanzó contra mí, le lancé mi redes de pescar y lo golpeé con un garrote, el hombre quedó semiinconsciente.

Y luego me dio pena, no era un monstruo, era un hombre como con rostro desfigurado, hablaba mi idioma y comentaba que lo habían exiliado de todos lados porque asustaba a los niños, comía lo que podía... Me sentí mal, me sentí mal, pero bueno, él se abalanzo contra mí. Su nombre era Sergal y vivía siempre en una orilla de la isla para no molestar a nadie. Pesqué, cacé algunos conejos y se los dejé, me agradeció enormemente. Le dije:

-Si tú siempre estarás por aquí te traeré alimento.

-No hace falta -me respondió-. ¿Pero por qué me has atacado?

-Pensaba que tú venías a atacarme a mí.

 

Lo dejé con lo que le había dado de comida y me alejé. Pasé por una pequeña choza con techo de paja y las paredes de madera, una especie de tela que hacía de cortina y vi una figura con túnica, era una anciana. La anciana resultó ser la madre de ese hombre tan deforme, me agradeció que les había traído comida. Me contó que ella leía el futuro.

Me dijo:

-Muéstrame tu mano derecha. -Tenía desconfianza pero ¿qué iba a hacerme? Le mostré mi mano y se sorprendió-: Vas a tener una enorme pena, pero veo también armadura, caballos, castillos, ejércitos, batallas, te veo con una corona.

-¡Me estás engañando! -le dije a la mujer-. Tú sabes que soy un príncipe.

-¿Un qué?

-¡Soy el hijo legitimo del rey de Thule!

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

-No te rías, anciana, sabes que soy un príncipe y no sabes el futuro, simplemente tienes deducción. -Me marché.

 

Ya era casi de noche, tenía temor de que mi padre me retara, pero es cierto que me esperaba una pena, como dijo la anciana, madre estaba con una muy muy alta fiebre. Pero le dije a padre:

-¡Pero si ayer estaba bien! ¿Es algo que comió? ¿Algún insecto que la picó?

Padre no sabía, él sabía de reinos, no de enfermedades. Estuvo dos días en agonía hasta que finalmente murió. Me sentí mal, estuve semanas que no podía reponerme de mi tristeza, todavía era un adolescente y no sabía cómo enfrentar la vida.

 

Le dije a padre: -Estoy cansado de estar aquí, estamos en exilio, mis amigos Arian, Colby, Ethan y Mildred van a la isla grande, a Britania, nosotros estamos aquí en una pequeña isla con un arroyo lleno de alimañas, osos, lobos. ¡Quédate, padre, si quieres, yo voy a marchar a tierra! -Padre me abrazó.

-Aquí no eres nadie, hijo.

-¡Cómo no, soy príncipe!

-¡Aquí no eres nadie y en tierra firme no serás nadie!

-Despreocúpate padre, yo me haré camino.

 

Quizá la anciana no me mintió: ejército, castillos, armaduras y una corona sobre mi cabeza, y mis súbditos me dirían rey Arturo. ¿Un sueño o el verdadero comienzo de mi vida?

 

 

 


Sesión 13/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Se encontraba en tierra extraña y delante de un hombre y un oso. Salvó al hombre, que le propondría ser como su hijo, lo había perdido. Se sorprendió al saber quien era el hombre.

Sesión en MP3 (3.143 KB)

 

Entidad: Ya era un adolescente, casi un hombre, me había entrenado con todo tipo de armas. Recordaba las palabras de mi padre, Sigur, cuando me decía:

-No vayas a la isla grande de Bretaña, si en esta isla pequeña los bretones no se meten con nosotros porque no somos nadie.

-¿Cómo? Tú eres rey de Thule, yo soy príncipe.

-No, no digas eso, te matarán, te matarán, no quieren a los escandinavos.

 

Pero quería conocer y fui a la isla grande, era inmensa. Vestía ropas absolutamente humildes, no llevaba espada llevaba arco y flechas. ¿Si era bueno usando la espada? Nadie me había vencido, pero prefería el arco y flechas por las alimañas que había en el bosque, es como que estaba más pendiente de ellas que de los hombres, además ni se fijaban en mí, era un mozalbete vagabundo y nada más, tenía perfil bajo, evitaba llamar la atención.

Tenía guardada en un bolsillo del lado de adentro bastantes monedas, pero mostraba lo mínimo, para todos los demás era un pobre errante de aspecto sucio, sin lavar. No me molestaba.

 

Extrañaba a padre, le extrañaba bastante pero amaba la aventura. ¿Pero qué aventura? Me había alejado de mis amigos que tanto me entendían, aunque sí se burlaban de mí "Mirad el príncipe, el príncipe de la nariz sucia, miradlo", no me enojaba con ellos, me reía. Pero Roweena... Roweena era una noble que no... no la sacaba de mi mente, no la podía sacar de mi mente. ¿Cómo estaría ahora? Más bella que nunca, más mujer que nunca. Y por momentos como un ramalazo de furia me subía al cuerpo a la parte del pecho, el corazón me latía más rápido, me la imaginaba en brazos de algún noble que seguramente no la haría feliz.

 

En ese momento escuché un rugido, mis pelos se erizaron como si fuera una bestia salvaje porque me acordaba cuando era más niño, mis amigos me decían: "No confíes en un oso", el oso desgarraba a la gente y les sacaba las tripas al exterior a la persona, pero pudo más mi curiosidad. Un hombre de mediana edad bastante bien vestido, me fijé en las botas, eran botas bastante nuevas, a su lado había un caballo muerto con el vientre abierto seguramente por las garras del oso y el hombre correría la misma suerte. Recuerdo que en aquel entonces no me dejaron probar dispararle una flecha.

 

Hey! -Empecé a aplaudir para llamar la atención del oso, que estaba parado en dos patas. Normalmente baja a cuatro patas y viene corriendo pero no, hizo un rugido atemorizante en dos patas mostrando su pecho, apunté con mi arco, dejé deslizar la flecha de mi mano que se incrustó en el pecho del animal, pero no cayó, sentí como un tremendo pánico porque si bajaba a la postura de cuatro patas no tenía dónde darle, entre los ojos es muy difícil. Todo esto lo pensé en décimas de segundos y antes de que cambiara de posición, una segunda flecha también se cruzó en el pecho, más a la izquierda y el oso cayó con el corazón atravesado.

-¿Estás bien? -le pregunté al hombre.

-Muchas gracias muchacho, me has salvado la vida y has arriesgado la tuya, si corría a cuatro patas hacia ti te hubiera sido muy difícil pegarle una flecha en alguno de los ojos y si le hubieras dado en la frente la flecha apenas le hubiera raspado. Has sido muy valiente. -Me encogí de hombros y hice un gesto con la mando, como de "¡Qué va a ser, era lo que había que hacer! El hombre se acercó, era un poco más alto que yo. Se dio cuenta que le miré su altura y me dijo-. Eres joven, aún te falta crecer un poco, vas a ser alto como yo o más. -Me sorprendió que me leyera el pensamiento pero en realidad no, era una persona muy intuitiva-. ¿Qué haces por aquí? -me preguntó.

-Viajo, paseo.

-¿De dónde eres? -Fruncí el ceño.

-Del norte, vivía con mi padre en una isla pequeña del norte, mi padre quedó allí. -Me miró de nuevo.

-Debes tener la edad de mi hijo.

-¿Tienes un hijo?

-No, tenía. Se llamaba John, era distinto a ti. Era como más tímido, fue criado en un ambiente que no lo favoreció.

-No entiendo -exclamé.

-Fue criado en un ambiente noble, y si bien todos manejamos la espada, también el arco y flecha a él no le gustaba, le gustaba tocar un instrumento musical, pero era mi hijo y lo amaba. Y murió.

-¿Lo mataron?

-No, murió de una alta fiebre, nunca supimos de qué. -Hice un gesto con la cabeza y agregué:

-Lo mismo le pasó a mi madre, en un par de días tuvo alta temperatura y murió.

-¿Y lo has dejado a tu padre solo? -preguntó el hombre.

-No, está acompañado de mucha gente, pero me sentía como atrapado en esa pequeña isla, quería conocer el resto de Bretaña. A propósito, ¿cuál es tu nombre?

-Oswine, vivo en Ebrauc.

-No conozco Ebrauc -le dije.

-Es una de las ciudades más grandes del reino de Deira, en la zona central.

-¡Vaya! He caminado tanto y he visto poblados, aldeas, pero una ciudad grande no.

-Hay casas de piedra, hay calles de piedra, hay carros tirados por caballos, hay ferias, es enorme Ebrauc -la describió Oswine-. Ven conmigo.

-No tienes caballo, yo tampoco.

-A media hora de aquí están mis hombres.

-¿Tus hombres, mandas a otros hombres?

-Sí.

-¿Eres un asaltante de caminos?

-¡Ja, ja! No, no, no -Rió Oswine-. A propósito, no me has dicho tu nombre.

-Arturo -exclamé.

-¡Vaya! Es un nombre noble -Me encogí de hombros.

-Mi padre dice que en Bretaña no soy nadie.

-No sé por qué dijo eso tu padre -exclamó Oswine-, todos somos alguien.

-No -le dije-, no es lo mismo un vagabundo o un errante que un noble o que un rey. -Oswine frunció el ceño.

-¡Eso piensas!, yo soy noble y tú dices que eres un caminante, sin embargo si no fuera por ti el oso me hubiera devorado. Me has salvado la vida, te debo mi vida, y no me gusta tener deudas. Ven conmigo.

-No sé -Lo miré a los ojos-, ¿es una orden?

-No, je, je, no, no es una orden, es un pedido. -Me encogí de nuevo de hombros.

-Iré contigo. -Caminamos, vi que el hombre rengueaba.

-¿Estás rengueando?

-Sí, dos veces intenté subir a un árbol y me resbalé y me lastimé con una rama, no tengo lastimado pero si un buen golpe que debo tener un buen hematoma, ya me atenderán cuando lleguemos.

-¿A dónde?

-A Ebrauc, a la ciudad.

-Entiendo que tus hombres tendrán caballos de repuesto.

-Absolutamente.

 

Y fui con él. Me miraba, yo lo miraba. Su rostro era de verdad de persona noble, ojos sinceros, mirada honesta, porte verdaderamente de noble y me daba pena que haya perdido un hijo de mi edad, pero bueno, si de sufrimiento hablamos yo había perdido a mi madre con los mismos síntomas que el hijo de Oswine.

-Cuéntame más de John, de tu hijo. -Oswine me comentaba.

-Era un joven agradable, apocado, tímido, le gustaba mucho la música pero no las armas, y en esta tierra tienes que aprender a sobrevivir. Cuántas veces temí que lo mataran. A veces se alejaba de nuestro castillo y no estaba tranquilo hasta que no volviera.

-¿Pero cómo? -pregunté yo-, vives en Ebrauc pero tienes un castillo.

-Es un castillo pequeño. -Al rato divisamos a casi a un centenar de hombres.

-Vaya, dime que estos tus hombres.

-Sí, son mis hombres.

-¡Ah! Menos mal, ya veía que nos asaltaban y nos mataban.

-No, no Arturo, son mis hombres.

-Señor -Se acercó un uniformado con una enorme espada-, estábamos preocupados por ti, no querías que nadie te acompañara.

-Quería experimentar el bosque.

-Teníamos miedo que lo hubieran matado, señor.

-Y casi me matan.

-¿Bandidos?

-No, un gigantesco oso, y este joven Arturo me salvó la vida. -El hombre se acercó a mí.

-Soy el jefe de la guardia, has salvado a mi señor, puedes pedir lo que quieras.

-¿De verdad?

-Sí.

-Bien, una buena comida caliente, si puede ser. -El hombre rió.

-Puede ser eso y mucho más. Gracias por salvar a mi señor. -Oswine me tomó del hombro.

-No me olvidaré nunca en lo que me reste de vida que me has salvado. Tengo honor y yo pago las deudas.

 

Llegamos a Ebrauc, era más grande de lo que había descrito el señor Oswine, calles, carros, gente. Oswine junto conmigo encabezábamos la marcha, todos se inclinaban ante su paso.

-¿Por qué se inclinan?

-Bueno, porque soy el señor de la comarca.

-¡Vaya! -Y al final de la ciudad se divisaba un enorme castillo-fortaleza con un puente levadizo y un foso.

-¿Este era el humilde castillo?

-Arturo, los hay más grandes. -Entramos, había un gigantesco patio de armas y muchísimos más soldados, por lo menos diez veces más de los que nos acompañaban.

-¡Pero acá hay más de mil soldados!

-Más de dos mil también. -Se acercó un religioso.

-¡Vaya! Temíamos por ti majestad. -No dije nada, dejé que hablaran.

-No tienes que temer por mí. Aparte no fui solo, fui escoltado por cien soldados. -El jefe de la guardia iba a hablar y Oswine lo miró y no habló, seguramente no le querían contar al religioso el episodio del oso.

El religioso me miró a mí.

-¿Y el joven quién es? -Oswine en voz alta habló.

-El joven se llama Arturo y es mi protegido.

-¿Es noble?

-Será noble. Mañana a la mañana prepararemos la ceremonia y lo haremos noble. Ahora desmontemos y vayamos al salón comedor. -Se acercaron varios sirvientes-. Preparad comida abundante y bebida. Vamos.

-Sí, majestad. -Caminé a la par suya.

-Te dicen majestad. ¿Me puedes decir quién eres?

-Como dije antes soy Oswine, mi castillo esta en Ebrauc, soy el rey de Deira en la zona central de Bretaña y mañana te nombraré caballero y serás mi mano derecha, Arturo, serás como mi hijo, si no te molesta. -Respondí emocionado:

-Agradezco la deferencia, no sé si merezco tanto.

-¿No? ¿Tú piensas que mi vida no vale nada? -Me lo dijo sonriendo, obviamente-. Al contrario, es muy valiosa y la tengo gracias a ti, Arturo, así que todo lo que pueda darte es poco. Y ahora vayamos hacia el comedor, en un rato va a estar esa comida caliente y abundante. -Y caminamos junto al rey, el rey de Deira en la zona central de Bretaña.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 30/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Recién nombrado noble por el rey destacaba ante los soldados y ante una joven. Pero se acercaba una batalla con el reino vecino.

Sesión en MP3 (3.394 KB)

 

Entidad: Admiraba el castillo, no podía dejar de percibir su esplendor, la cantidad de sirvientes y había más de dos mil soldados en ese momento más los que estaban de patrulla.

 

Lo miraba a Oswine y lo veía como un rey amable, lo que no significa permisivo, sabía mandar pero con buenos gestos, se notaba que lo respetaban porque lo querían, el único que no me caía simpático era el sacerdote, ese hombre religioso que intentaba hablarle al rey Oswine al oído, y Oswine le decía "No, no, no, ahora no".

 

Me preparaban para la ceremonia de caballero. Me sorprendía porque todos le decían mi rey o majestad, menos un hombre que aparentemente era el consejero de Oswine, se llamaba Myrddin Emrys, vestía como si fuera un ermitaño, todo de marrón con una capucha, sandalias, pero no lo trataba ni de rey ni de majestad, le decía Oswine a secas y el rey lo llamaba Myrddin a secas. El rey vio mi ceño fruncido y me dijo:

-Arturo, este consejero que ves aquí fue mi mentor, mi maestro.

-¿Le ha enseñado espada?

-No, me ha enseñado la vida, me ha enseñado como gobernar, como evitar las guerras, que no las gana nadie.

-¿Pero nunca ha tenido batallas?

-Claro que sí y muchas. No puedes evitarlas cuando tu enemigo no quiere.

 

Ebrauc que era la ciudad más grande del reino Deira. El rey Oswine me explicó que era uno de los dos reinos que formaba Northumbria, el otro reino era Bernicia, cuyo rey era Oswiu. Oswiu era implacable, había luchado en otras comarcas apropiándose de tierras matando a otros monarcas, quería unificar Northumbria pero obviamente Deira era bastante fuerte y por ahora Oswiu no se animaba a guerrear contra Oswine.

La ceremonia fue sencilla pero acudieron todos los nobles a palacio. En un momento dado pegué un respingo porque a un costado entre las jóvenes estaba la bella Rowina. El rey no era alguien despistado, vio mi gesto de asombro y desvió la vista hacia donde yo miraba.

Continuó con la ceremonia formal, muy muy formal. Luego de apoyarme la espada en los dos hombros y finalmente en la cabeza ya era el caballero Arturo. Me llamó en silencio con la mano. Acercó su rostro al mío y me dijo:

-¿La conoces a la joven?

-Sí, la dama Rowina.

-Es un dolor de cabeza, ha perdido a sus padres. Está a mi cuidado pero a veces sale a galopar y a veces se está un par de día afuera.

-¿Pero no la manda con escolta?

-Sí, siempre, y siempre escapa a la escolta. No voy a castigar a los soldados, ella es muy buena jinete, tendría que tenerla encadenada, ¡je, je, je! -Sonreía el rey-. ¿Dónde la has visto?

-En el norte.

-Trátame de tú -pidió Oswine. No tuve problemas y le dije:

-Tú no me has creído cuando fue el episodio del oso.

-Y te lo agradezco -me dijo-, me has salvado la vida. Me puedes pedir lo que quieras, hasta la mano de Rowina.

-No -negué-, mis costumbres son distintas, debo hablar yo con la joven y tratar de conquistarla a mi manera, no me interesan los matrimonios arreglados. Pero tú, mi rey Oswine, no me has creído, de verdad que soy príncipe de la lejana Thule. -El rey frunció el ceño.

-O sea, que tú vienes de Escandinavia.

-Sí, y mi padre es rey, pero hubo una revuelta y tuvimos que huir y aquí murió mi madre.

-Aquí murió mi hijo -dijo Oswine-, y al poco tiempo mi esposa, por eso que hoy mismo firmo un decreto.

-¿Decreto?

-Sí, Arturo, no puedo tener descendencia, no pienso casarme de nuevo. El día que muera tú serás rey de Deira. ¿No te pone contento?

-No, quisiera que tú, mi rey, vivieras veinte años más como mínimo. -Y lo abracé en confianza. Oswine se dirigió al consejero:

-¿Qué opinas, Myrddin, de Arturo? -El hombre sonrió, también tenía un rostro noble y unos ojos trasparente, pero su voz era firme.

-Me parece un buen metal. -No entendí. Le digo:

-Explícame, Myrddin, qué es eso de un buen metal.

-Significa que de ti se puede sacar mucho, en el buen sentido; buen soldado, de verdad de porte noble, sé que tienes tu carácter, pero sé también que eres justo. Sólo debes pulir un poco más tu interior.

-¿En qué sentido?

-En no ser tan impulsivo.

-No me conoces.

-No hace falta, percibo tu interior.

-O sea, me ves por dentro sin conocerme. ¿Eres mago? Oswine, ¿tu consejero es mago? -Me contestó el propio Myrddin.

-No soy mago, tengo una elevada intuición. No sabes la cantidad de veces que lo aconsejé a este cabeza dura de Oswine. -Me sorprendía con la confianza que le hablaba al rey de Deira. Luego se retiró pero sin altivez, con una humildad total. Cuando alguna sirvienta le alcanzaba alguna sirvienta una copa él le agradecía como si estuviera hablando con una noble. El rey Oswine lo mismo, era atento hasta con sus sirvientes. Le dije, porque no quería ser hipócrita.

-¿No es como que eres demasiado permisivo?

-No, no necesito poner límites porque mis subordinados saben hasta donde llegar.

-Bueno, eso no lo veo en tu consejero.

-Mi consejero es mi mentor, mi maestro como si fuera mi padre.

-Vaya, pero no es tanto más grande que tú.

-Pero me conoce de pequeño y si bien nos llevaremos cinco o seis años de diferencia es como que siempre lo vi maduro y yo era un niño. Y él me dijo "Serás un buen rey, pero tendrás muchos problemas", y acertó.

-Nadie acierta el futuro, eso es magia -argumenté.

-Él mismo lo dijo, Arturo, tiene una elevada intuición.

 

Pasaron los días y recuerdo que una tarde me crucé con Rowina. Le dije:

-Nos conocemos del norte... ¿Podemos tratarnos?

-Podemos tratarnos, mi señor.

-Llámame Arturo, yo te digo Rowina.

-Así lo haré.

-No me trates de esa manera, no soy tu señor, soy noble como eres tú, hablemos normalmente, como dos amigos.

-No nos conocemos -dijo ella.

-Bueno, de eso se trata, de conocernos.

-¿Es cierto lo que rumoreó el rey?

-No sé de qué hablas, Rowina.

-Que te ofreció mi mano.

-No, no fue así, me dijo que él estaba en deuda conmigo porque le salvé la vida, y aparte de nombrarme caballero yo podía pedir tu mano.

-¿Y por qué no lo has hecho?

-Porque no me gusta... no me gustan los matrimonios concertados y tampoco el casarse sin amor. -Me quedó mirando.

-¿No me amas?

-No nos conocemos -le dije-. Tú tampoco me amas, pero me gustas, me atraes y espero que tú me correspondas. ¿Te agrado por lo menos? -Sonrió pero muy levemente, como con timidez. Asintió con la cabeza-. Podemos tratarnos con más confianza y con respeto y si de aquí un mes tú estás de acuerdo hablo con el rey y pido tu mano.

-Está bien. Podemos pasear por los jardines -me dijo.

 

Paseamos por los jardines, atrás nuestro había seis soldados siguiéndonos. Me di vuelta y les dije con autoridad:

-No digo que no nos sigan, pero quédense más lejos, queremos conversar en privado. -Se quedaron parados. Caminamos y caminaron detrás nuestro. Me paré de nuevo-. Lo vuelvo a repetir, nos vamos a alejar unos pasos, no quiero que estén tan cerca. -Uno de ellos hizo una mueca. Tomé el mango de mi espada-. Si tienes alguna queja me lo dices de frente, ahora, y lo arreglamos. -El soldado miró para abajo pero otro de los soldados, mayor, dijo:

-No podemos cruzar espadas con un noble.

-Supongamos que yo no fuera noble, ¿se sintió ofendido por lo que yo le dije? Es como que eres un muchacho, un joven todavía. ¿Si cruzo espadas con el soldado tú comentarás algo?

-No lo hagas -dijo Rowina.

-¿Tú comentarás algo?

-No.

-Bien. -Lo miré al otro soldado-. Te ordeno que saques tu espada. -La sacó-. Hazte cuenta que no soy un noble. No saldrá de aquí si me lastimas o algo. No abriré la boca ni vosotros tampoco. -El soldado mayor me miró, resopló y dijo:

-Ve, hazlo, y que sea lo que Dios quiera. -El soldado lanzaba golpes temerosamente, tenía temor de lastimarme. Le dije:

-Eso no sirve. -Lo golpeé con mi espada y le tiré la suya-. A ver, pon un poco más de empeño. -Se sintió molesto, furioso, impulsivo y eso me sirvió. Arremetió con todo, le paré uno, dos, tres, cuatro golpes, le volví a tirar la espada. Cuando se iba a agachar le puse mi espada en el pecho-. -¿Está bien? ¿Es suficiente? -El soldado no se enojó, sonrió.

-Suficiente, mi señor. Nos quedaremos un poquito más atrás.

-Y ya sabéis, esto queda entre nosotros, cualquier duda que tengáis mi nombre es Arturo. Y gracias por protegernos aunque estemos en los jardines, solamente quería un poco más de privacidad. -Asintieron con la cabeza. El soldado mayor hizo un gesto como negando, como diciendo "¡Ah! Espero que esto no vuelva a suceder". Yo adivinaba su pensamiento y conversamos.

 

Y pasaron los días. Una guardia de soldados llegó al castillo de Ebrauc. El rey preocupado:

-¿Qué sucede?

-Hay un problema, mi rey. En el reino de Bernicia se están armando las tropas, el rey Oswiu aparentemente planea atacar a Deira. -El rey ordenó que todas las tropas estén alerta, que fortalezcan el castillo. Hablé con Oswine y le dije:

-Pero qué pasa con ese rey.

-Pasa que hay personas que el poder les vuelve locos y cuanto más tienen más quieren. Él quiere conquistar mi reino. Más de una vez intentó matarme, esto no te lo dije. Myrddin mi consejero siempre me advirtió. Incluso si él muriera tiene a su hijo, Egfrido, para que sea su sucesor.

-¿Y de no?

-Le dejaría este reino a su hijo Egfrido. Él quedaría en el reino de Bernicia, pero obviamente sería el monarca de toda Northumbria. No es el poder solamente lo que hace mal -agregó Oswine-. De la misma manera que me hice cargo de Rowina, que es una joven excelente y veo que os lleváis bien, tenía otra protegida siempre callada, pero siempre con miradas de soslayo, se llamaba Ergana.

-¿Y qué pasó?

-Tenía un noble que era muy amigo, cuyo hijo era amigo de mi hijo. También murió envenenado. Y mi amigo, el padre del joven, también. Myrddin me aconsejó de que tenga cuidado con la malvada Ergana porque también planeaba envenenarme a mí. Terminó huyendo al reino de Bernicia, trabajaba en forma encubierta para el rey Oswiu.

 

Yo me sorprendía porque teniendo riquezas, pudiendo vivir bien, andar planificando, sacrificando hombres en batalla como hacía el rey de Bernicia...

¿Por qué el ser humano es tan ambicioso?, como si fuera a vivir eternamente.

 

Tendríamos que prepararnos para la batalla. Hablé con Rowina. Le digo:

-Hay una batalla, no se sabe qué puede pasar, pero por las dudas te pregunto. ¿En este tiempo que hemos conversado has sentido alguna inspiración por mi persona, me aprecias? -La joven impulsivamente me tomó de la mejilla y me dio un beso que duró más de treinta segundos y me dijo:

-Sé que tengo que conocerte más, pero de algo estoy segura, que ya te amo. -La miré y la volví a besar.

-Es recíproco -le dije-, yo también te amo, pero por ahora tengo que poner la mente en la batalla.

 

El reino de Deira corría peligro. El otro rey con apetitos de poder quería ser el dueño de todo Northumbria y obviamente el rey Oswine no lo iba a permitir. Y nosotros, sus servidores, tampoco.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 06/06/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Tuvo lugar la batalla. En una batalla nadie gana, todos pierden. El que pierde menos impone su razón. En este caso la razón era no morir en manos de un tirano que quería toda la región para él.

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Entidad: Habíamos conversado los cuatro: el rey Oswine, su consejero Myrddin, su discípulo Heredom y yo, Arturo. El rey Oswiu y su hijo, el príncipe Egfrido, no estaban conformes con reinar en Bernicia, querían mandar en toda Northumbria, pero claro, estábamos nosotros en el reino de Deira y deberíamos ser eliminados. Obviamente no estábamos de acuerdo, nuestra idea era la opuesta.

El rey Oswine dijo:

-No me interesa fortificar las torres, mi idea es salir al encuentro con un 80% de los hombres. Me miró como consultándome, le digo:

-Mi rey, es lo más acertado. No lo va a esperar el tirano.

 

Preparamos todo y salimos de la fortificación. Notaba el nervio en los soldados, la impaciencia, la ansiedad, las ganas de combatir en muchos, el sudor de temor en otros. Me crucé por delante de la tropa y en voz muy alta dije:

-¡No estáis luchando por vosotros! ¡Estáis luchando por esta tierra, por vuestras familias, pero por sobre todo las cosas, por vuestros ideales de libertad! El enemigo es amante de la tiranía, le interesa subyugar, someter, esclavizar, y nosotros estamos para impedirlo ¿Queréis ser esclavos o queréis ser libres?

-¡¡Libres!! -dijeron algunos.

En voz muy alta:

-¡¡¡No les escucho!!!

-¡¡¡Libres!!! -gritaron todos a la vez. El sonido retumbó y retumbó en toda la región.

 

A lo lejos ya se veía el enemigo, avanzaban con sus caballos a paso firme y al vernos, al divisarnos se detuvieron, pensaban que estaríamos escondidos detrás de las paredes del castillo. No, no, no nos interesaba una tropa de asalto. Y estaban en nuestro terreno, en Deira, porque para mí era nuestro terreno, yo me consideraba parte de Deira.

Y seguimos avanzando, espadas en mano, lanzas en mano, adelante los soldados con sus arcos y flechas.

El rey dio la orden, los soldados de a pie apuntaron con las flechas a cuarenta y cinco grados:

-¡Esperad, esperad! ¡Cubríos vosotros con vuestros escudos! ¡Disparad!

 

Una lluvia de flechas cayó sobre el enemigo. Obviamente no eran tontos, ellos también ponían sus escudos y dispararon con sus arqueros.

Una lluvia de flechas cayó sobre nosotros. Muchos soldados cayeron, las flechas son impredecibles. El que dice que no, no sabe de batalla.

Una segunda línea de arqueros disparó. Del otro lado también. Lo miré al Rey Oswine, me asintió con los ojos.

-¡Avancemos! -dije yo.

 

Avanzamos. En pocos minutos chocaron nuestras fuerzas. Espadas, armaduras, metal, sangre, carne, gritos, sudor, caballos caídos, cabezas caídas, manos cortadas, cuerpos mutilados. ¡No tenéis ni idea lo que es una batalla de verdad!

Yo ya había hablado con los hombres en el patio de armas "No os pongáis ciegos porque en una batalla de verdad mueves tu espada para un lado, para otro y te vuelves loco, no terminas distinguiendo amigos de enemigos". Y digo lo mismo, el que no sabía eso es porque nunca estuvo en una batalla. Por eso les dije a mis soldados:

-No pierdan la coordinación, no pierdan vuestros sentidos, estén atentos en todo momento. -La mayoría lo hizo, por suerte, pero los enemigos eran tantos como nosotros.

 

Fue una lucha encarnizada. En la tierra se veían manos sosteniendo espadas separadas de los cuerpos mancos de los soldados, nuestros y de ellos. Las fuerzas iban minando al igual que los hombres iban cayendo uno tras otro, de ambos bandos. ¿Los nuestros estaban mejor coordinados? Seguramente, pero fue una masacre de ambos lados. Terminamos ganando, en el sentido de que los hicimos huir, pero, ¿quién ganó en realidad? El tirano rey Oswiu huyó, vivo, al igual que su hijo, el príncipe Egfrido.

 

Mi rey Oswine yacía en tierra con dos heridas graves. Tratamos de levantarlo, pero murió en el camino de regreso.

Hubo muchísimas bajas de ambas lados. Oswiu, por un tiempo no iba a intentar un nuevo ataque.

 

El funeral fue muy doloroso, no siempre un rey muere en batalla, la mayoría duerme y muere durmiendo en su cama, en su lecho. Muchos creen que todos son héroes. ¡No! Como dije antes: Sudor de temor, ansiedad, angustia. Sí, se lucha por los ideales, ¡por supuesto!, pero aun en la batalla, en la ceguera de la batalla, los soldados se aferran a la vida. Aún heridos en el estómago con sus tripas afuera, no asimilan que están tomando con sus manos sangrientas sus propios intestinos ¡no!, ¡lo niegan!, ¡se acuestan boca arriba mirando el cielo hasta que sus pupilas se dilatan!

 

El funeral del rey Oswine fue respetuoso, pero Deira no podía estar sin rey y el monarca fallecido había dejado un decreto escrito en el papel. Ese mismo día me coronaron. Les dije:

-Si van a ovacionar, por respeto al rey caído, háganlo en voz baja. -En el salón del trono dijeron:

-El rey ha muerto, viva el rey. -Pero sin aclamación, con respeto.

Me abracé con Roweena. Le dije:

-¿Quieres ser mi reina? -me respondió:

-¡Con toda mi alma!

-Con tiempo haremos los preparativos, va a haber una semana de duelo a pesar de mi coronación, yo mismo lo decreto.

 

¿Tal vez pensaríais que yo, un advenedizo, desconocido, de repente era el rey? No, nadie dudó, nadie objetó, estaban todos conformes. El veterano Myrddin ahora era mi consejero, al que llamaban "El mago Myrddin". Y su discípulo Heredom, mi amigo.

Varios meses después, ya siendo Roweena mi reina, me enteré de que unas tropas del norte, aprovechando la provisoria debilidad del rey tirano Oswiu le dieron muerte. Coronaron a su hijo Egfrido, él era ahora mi enemigo, y tenía el mismo pensamiento que el padre: quería apoderarse de toda Northumbria.

 

Preparamos más soldados, alistamos a otros que se ofrecieron de voluntarios, yo mismo los fui supervisando. Nombré nuevos caballeros, había algunos que eran muy muy buenos con la espada. Haría un reino nuevo, fuerte, para evitar que Egfrido se extendiese por toda Bretania. No lo permitiría.

 

Gracias por escucharme. A mí, al rey Arturo del reino de Deira, en la zona central de Bretania.