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Psicoauditación - Thule- Arturo - Ra-El-Dan

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 27/08/2018

Sesión 13/09/2018

Sesión 13/09/2018

Sesión 30/05/2019

 


Sesión 27/08/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

El rey de Thule escapaba con su familia lo que quedaba de su ejército. Llegaron a una isla donde descansar y rehacerse. La reina y el príncipe estaban bien.

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Sesione relacionada

 

Entidad: Cientos de jinetes llegaban para la costa, el rey de Thule era seguido por sus impecables enemigos. Estaban fatigados, deshechos de la caminata, los mismos caballos largaban espuma por la boca, no podían más. Lograron escapar en dos embarcaciones, pero no era sencillo para el rey de Thule y la poca gente que le quedaba, el viento hacía que las dos naves estaban a punto de zozobrar. Hasta que finalmente llegaron a Britania.

Pero claro, Britania se caracterizaba porque tenía unos acantilados altísimos. Pero había una pequeña bahía, pero de ese lado, unos bretones con lanzas, con arco y flechas los atacaron. El mismo rey de Thule ordenó cambiar el rumbo de las dos embarcaciones.

-Viajemos para la desembocadura.

-¡Cómo, mi rey!

-Sí, allí desemboca el río Támesis.

-¡Pero mi rey, mirad la niebla! -Y perdieron el rumbo y el viento soplaba implacable. El vigía gritaba:

-¡Nos acercamos a unas rompientes, girad el timón! -Pero no, no hubo caso, las naves quedaron destrozadas.

Llegaron a la orilla.

-Mi rey, protejamos al pequeño -le dijo su esposa.

 

La bruma, esa enemiga en el agua, en este momento los protegía de los bretones. No podían luchar contra el mar pero seguramente sí contra los bretones, de otra manera se ahogarían en la marea alta. Los pudieron vencer, los bretones se escaparon momentáneamente. El rey de Thule, su esposa y el pequeño príncipe pudieron descansar. Pero los nativos no habían cejado en su empeño, se estaban agrupando para atacar nuevamente, pero el mismo vigía que había avisado de las rompientes le avisó al rey que los estaban vigilando.

Los pocos caballos que quedaban fueron montados por el rey, la reina, el pequeño príncipe, algunos vasallos; el resto de los soldados a pie marchando hacia el norte. ¡Ah! Era difícil.

-¿Dónde estamos, mi rey? -preguntó el segundo al mando-. Veo unas ciénagas, tengamos cuidado.

El mismo vigía se dio vuelta.

-Los lugareños le están siguiendo a pie pero están frescos, tienen arcos, flechas, y lanzas, pueden disparar a distancia.

El rey envió a su segundo. Habló con el principal de los bretones y les dijo:

-Vamos a morir muchos en la batalla, somos menos pero somos guerreros.

Los bretones no ceden y le dijeron:

-Aquí no, esta es nuestra tierra. Hay una isla distante. -El rey miró a su esposa y a su pequeño hijo y aceptó, prácticamente se sentía un exiliado, y se marcharon. Iban por pequeños canales, los caballos prácticamente jadeaban del cansancio, no podían más.

-Mi rey -El rey miró a su esposa-, nuestro hijo monta en fiebre.

-Ponle un paño de agua fría en la frente. No podemos hacer otra cosa que seguir.

 

Cruzaron el canal por completo y llegaron a la isla, una isla pequeña, boscosa.

-¡Ah! -El rey dio un suspiro, la miró a la reina y le dijo:

-Este, este va a ser nuestro futuro hogar, los bretones aquí nos dejaran en paz. ¿Cómo está nuestro hijo?

-Mejor, lo veo saludable, tiene buena contextura física. -El rey se abrazó con la reina, mirando al pequeño-. ¿Qué opinas, mi amor, sobreviviremos aquí?

-Claro que sí, claro que lo haremos.

Ambos miraron al pequeño príncipe y el rey dijo:

-El día de mañana él será rey, este pequeño, Arturo.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 13/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Crecía, aprendía armas y sabía quién era, sabía que era príncipe. Decidió marchar tierra adentro.

Sesión en MP3 (2.575 KB)

 

Entidad: Finalmente me pude adaptar. Iba por los bosques de la isla, por los arroyos...

Padre me decía.

-Ten cuidado que hay alimañas, reptiles, mamíferos. -Yo me encogía de hombros, me interesaba la aventura.

 

Conocí a un joven bretón, le pregunté su nombre:

-Mildred -Largué una carcajada.

-¿Mildred es nombre de varón?

-¿Quieres que te dé un puñetazo? -me preguntó.

-No, no, sólo preguntaba. Mi nombre es Arturo. -Mildred era semisalvaje, me enseñó cosas que yo no conocía: a usar el arpón, a pescar en los canales con el arpón... Le preguntaba:

-Mildred, ¿no tiramos una tanza con anzuelos?

-No, es mejor la red con lastre. ¿Tú no sabes hacer nada de esto?

-Sí -le respondí-, soy muy bueno tirando flechas.

-Veremos.

-Mira, allí viene una bandada de patos. -Mildred se sorprendió, una flecha tras otra y tres patos cayeron. Lancé una carcajada-. ¿Ves?, yo también sé hacer cosas. -Y así día tras día, y fuimos creciendo.

 

Conocí a otros jóvenes, Colby, era más tímido, Arián, un poco introvertido, Ethan y las niñas, Siena una joven muy abierta, Ibi delgada, como más tímida.

-¿Y aquella quién es? -le pregunté a Mildred.

-Roweena. -Rubia, delgada, rostro inteligente, pero no se juntaba con nosotros.

-¿Qué le pasa? ¿Por qué no viene?

-No, ella es de la nobleza.

-Y qué, yo también soy noble, soy príncipe. -Mildred y Colby se rieron.

-Eres un...

-¿Un qué?, dilo.

-¡Eres un harapiento! -Mi impulso fue golpearle en la nariz, pero me reí.

-¡Pensad, pensad lo que queráis, total, yo sé que soy príncipe! -Y me quedé pensando en la joven Roweena.

 

Otro día salimos todos al arroyo, fuimos hasta el mar. Escuchamos un fuerte rugido, un oso pardo. Preparé mi arco. -Mildred me dijo:

-¡No, no, Arturo, no le harás nada, corramos, refugiémonos en los árboles!

-¿Por qué? ¡Le puedo dar entre los ojos!

-¿Y si no? -Corrimos, le hice caso. Llegamos a un refugio entre las rocas y me dijo:

-¿Sabes, Arturo, lo que le hizo a un tío mío? Le quiso clavar una lanza, la lanza es como que lo rozó, con sus garras lo lanzó a metros de distancia y luego el oso se marchó. Cuando con mi padre vimos al tío, tenía todo el estómago abierto, desgarrado, las vísceras se veían a simple vista. ¡No, no te metas con un oso! -Me encogí de hombros. Quizás era pequeño, no había tomado consciencia, pero fui practicando con el arco, con las flechas y a medida que iba creciendo, como todos los niños, con pequeñas espadas metálicas practicábamos.

 

Madre me preguntó:

-¿La familia de los jóvenes con los que te juntas no dicen nada?

-No -les expliqué-, yo ya no digo más quien soy y de donde vengo, no importa, sólo sé que soy muy bueno con la espada y que en este momento soy uno de los que más abastece la despensa.

 

Y era cierto, cazaba pequeños mamíferos, conejos, patos, me daban pena los erizos, los dejaba en libertad no les hacía nada. No me adentraba mucho en el bosque en el atardecer por la jauría de lobos, podía acertarle a uno con la flecha, pero venían en manada de diez o veinte lobos. Y seguía trabajando porque par a mí cazar era un trabajo.

Otra vez en un pequeño río, en lugar de cazadores fuimos presas; un enorme reptil nos persiguió, estuvo a punto de tirar nuestro bote pero pudimos escapar.

Mildred me dijo:

-¡Eres demasiado audaz, ten cuidado de no pagarlo con tu vida! -Y le hice caso, le hice caso.

 

Antes del anochecer, antes de cenar un viejo maestro me enseñaba las cuentas, me enseñaba la lectura. Recuerdo que los jóvenes ya adolescentes Ethan, Arian, Colby y el propio Mildred me decían:

-¿Para qué quieres leer, para que quieres aprender cuentas?

-¡Porque me va a ser útil en el futuro! -Era mi respuesta.

 

Padre con sus hombres había armado una especie de fortín y yo ayudaba, hacía de todo, atábamos las maderas con alambre, en la punta una especie de torre.

Pero le preguntaba a padre:

-Los bretones no se meten con nosotros, prácticamente somos bretones.

 

Una mañana me fui de excursión, no les dije nada a mis jóvenes amigos. Seguía avanzando, avanzando y avanzando y no me daba cuenta que prácticamente estaba como perdido y de repente veo una figura monstruosa de pelo largo, tenía como garras y se abalanzó contra mí, le lancé mi redes de pescar y lo golpeé con un garrote, el hombre quedó semiinconsciente.

Y luego me dio pena, no era un monstruo, era un hombre como con rostro desfigurado, hablaba mi idioma y comentaba que lo habían exiliado de todos lados porque asustaba a los niños, comía lo que podía... Me sentí mal, me sentí mal, pero bueno, él se abalanzo contra mí. Su nombre era Sergal y vivía siempre en una orilla de la isla para no molestar a nadie. Pesqué, cacé algunos conejos y se los dejé, me agradeció enormemente. Le dije:

-Si tú siempre estarás por aquí te traeré alimento.

-No hace falta -me respondió-. ¿Pero por qué me has atacado?

-Pensaba que tú venías a atacarme a mí.

 

Lo dejé con lo que le había dado de comida y me alejé. Pasé por una pequeña choza con techo de paja y las paredes de madera, una especie de tela que hacía de cortina y vi una figura con túnica, era una anciana. La anciana resultó ser la madre de ese hombre tan deforme, me agradeció que les había traído comida. Me contó que ella leía el futuro.

Me dijo:

-Muéstrame tu mano derecha. -Tenía desconfianza pero ¿qué iba a hacerme? Le mostré mi mano y se sorprendió-: Vas a tener una enorme pena, pero veo también armadura, caballos, castillos, ejércitos, batallas, te veo con una corona.

-¡Me estás engañando! -le dije a la mujer-. Tú sabes que soy un príncipe.

-¿Un qué?

-¡Soy el hijo legitimo del rey de Thule!

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

-No te rías, anciana, sabes que soy un príncipe y no sabes el futuro, simplemente tienes deducción. -Me marché.

 

Ya era casi de noche, tenía temor de que mi padre me retara, pero es cierto que me esperaba una pena, como dijo la anciana, madre estaba con una muy muy alta fiebre. Pero le dije a padre:

-¡Pero si ayer estaba bien! ¿Es algo que comió? ¿Algún insecto que la picó?

Padre no sabía, él sabía de reinos, no de enfermedades. Estuvo dos días en agonía hasta que finalmente murió. Me sentí mal, estuve semanas que no podía reponerme de mi tristeza, todavía era un adolescente y no sabía cómo enfrentar la vida.

 

Le dije a padre: -Estoy cansado de estar aquí, estamos en exilio, mis amigos Arian, Colby, Ethan y Mildred van a la isla grande, a Britania, nosotros estamos aquí en una pequeña isla con un arroyo lleno de alimañas, osos, lobos. ¡Quédate, padre, si quieres, yo voy a marchar a tierra! -Padre me abrazó.

-Aquí no eres nadie, hijo.

-¡Cómo no, soy príncipe!

-¡Aquí no eres nadie y en tierra firme no serás nadie!

-Despreocúpate padre, yo me haré camino.

 

Quizá la anciana no me mintió: ejército, castillos, armaduras y una corona sobre mi cabeza, y mis súbditos me dirían rey Arturo. ¿Un sueño o el verdadero comienzo de mi vida?

 

 

 


Sesión 13/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Se encontraba en tierra extraña y delante de un hombre y un oso. Salvó al hombre, que le propondría ser como su hijo, lo había perdido. Se sorprendió al saber quien era el hombre.

Sesión en MP3 (3.143 KB)

 

Entidad: Ya era un adolescente, casi un hombre, me había entrenado con todo tipo de armas. Recordaba las palabras de mi padre, Sigur, cuando me decía:

-No vayas a la isla grande de Bretaña, si en esta isla pequeña los bretones no se meten con nosotros porque no somos nadie.

-¿Cómo? Tú eres rey de Thule, yo soy príncipe.

-No, no digas eso, te matarán, te matarán, no quieren a los escandinavos.

 

Pero quería conocer y fui a la isla grande, era inmensa. Vestía ropas absolutamente humildes, no llevaba espada llevaba arco y flechas. ¿Si era bueno usando la espada? Nadie me había vencido, pero prefería el arco y flechas por las alimañas que había en el bosque, es como que estaba más pendiente de ellas que de los hombres, además ni se fijaban en mí, era un mozalbete vagabundo y nada más, tenía perfil bajo, evitaba llamar la atención.

Tenía guardada en un bolsillo del lado de adentro bastantes monedas, pero mostraba lo mínimo, para todos los demás era un pobre errante de aspecto sucio, sin lavar. No me molestaba.

 

Extrañaba a padre, le extrañaba bastante pero amaba la aventura. ¿Pero qué aventura? Me había alejado de mis amigos que tanto me entendían, aunque sí se burlaban de mí "Mirad el príncipe, el príncipe de la nariz sucia, miradlo", no me enojaba con ellos, me reía. Pero Roweena... Roweena era una noble que no... no la sacaba de mi mente, no la podía sacar de mi mente. ¿Cómo estaría ahora? Más bella que nunca, más mujer que nunca. Y por momentos como un ramalazo de furia me subía al cuerpo a la parte del pecho, el corazón me latía más rápido, me la imaginaba en brazos de algún noble que seguramente no la haría feliz.

 

En ese momento escuché un rugido, mis pelos se erizaron como si fuera una bestia salvaje porque me acordaba cuando era más niño, mis amigos me decían: "No confíes en un oso", el oso desgarraba a la gente y les sacaba las tripas al exterior a la persona, pero pudo más mi curiosidad. Un hombre de mediana edad bastante bien vestido, me fijé en las botas, eran botas bastante nuevas, a su lado había un caballo muerto con el vientre abierto seguramente por las garras del oso y el hombre correría la misma suerte. Recuerdo que en aquel entonces no me dejaron probar dispararle una flecha.

 

Hey! -Empecé a aplaudir para llamar la atención del oso, que estaba parado en dos patas. Normalmente baja a cuatro patas y viene corriendo pero no, hizo un rugido atemorizante en dos patas mostrando su pecho, apunté con mi arco, dejé deslizar la flecha de mi mano que se incrustó en el pecho del animal, pero no cayó, sentí como un tremendo pánico porque si bajaba a la postura de cuatro patas no tenía dónde darle, entre los ojos es muy difícil. Todo esto lo pensé en décimas de segundos y antes de que cambiara de posición, una segunda flecha también se cruzó en el pecho, más a la izquierda y el oso cayó con el corazón atravesado.

-¿Estás bien? -le pregunté al hombre.

-Muchas gracias muchacho, me has salvado la vida y has arriesgado la tuya, si corría a cuatro patas hacia ti te hubiera sido muy difícil pegarle una flecha en alguno de los ojos y si le hubieras dado en la frente la flecha apenas le hubiera raspado. Has sido muy valiente. -Me encogí de hombros y hice un gesto con la mando, como de "¡Qué va a ser, era lo que había que hacer! El hombre se acercó, era un poco más alto que yo. Se dio cuenta que le miré su altura y me dijo-. Eres joven, aún te falta crecer un poco, vas a ser alto como yo o más. -Me sorprendió que me leyera el pensamiento pero en realidad no, era una persona muy intuitiva-. ¿Qué haces por aquí? -me preguntó.

-Viajo, paseo.

-¿De dónde eres? -Fruncí el ceño.

-Del norte, vivía con mi padre en una isla pequeña del norte, mi padre quedó allí. -Me miró de nuevo.

-Debes tener la edad de mi hijo.

-¿Tienes un hijo?

-No, tenía. Se llamaba John, era distinto a ti. Era como más tímido, fue criado en un ambiente que no lo favoreció.

-No entiendo -exclamé.

-Fue criado en un ambiente noble, y si bien todos manejamos la espada, también el arco y flecha a él no le gustaba, le gustaba tocar un instrumento musical, pero era mi hijo y lo amaba. Y murió.

-¿Lo mataron?

-No, murió de una alta fiebre, nunca supimos de qué. -Hice un gesto con la cabeza y agregué:

-Lo mismo le pasó a mi madre, en un par de días tuvo alta temperatura y murió.

-¿Y lo has dejado a tu padre solo? -preguntó el hombre.

-No, está acompañado de mucha gente, pero me sentía como atrapado en esa pequeña isla, quería conocer el resto de Bretaña. A propósito, ¿cuál es tu nombre?

-Oswine, vivo en Ebrauc.

-No conozco Ebrauc -le dije.

-Es una de las ciudades más grandes del reino de Deira, en la zona central.

-¡Vaya! He caminado tanto y he visto poblados, aldeas, pero una ciudad grande no.

-Hay casas de piedra, hay calles de piedra, hay carros tirados por caballos, hay ferias, es enorme Ebrauc -la describió Oswine-. Ven conmigo.

-No tienes caballo, yo tampoco.

-A media hora de aquí están mis hombres.

-¿Tus hombres, mandas a otros hombres?

-Sí.

-¿Eres un asaltante de caminos?

-¡Ja, ja! No, no, no -Rió Oswine-. A propósito, no me has dicho tu nombre.

-Arturo -exclamé.

-¡Vaya! Es un nombre noble -Me encogí de hombros.

-Mi padre dice que en Bretaña no soy nadie.

-No sé por qué dijo eso tu padre -exclamó Oswine-, todos somos alguien.

-No -le dije-, no es lo mismo un vagabundo o un errante que un noble o que un rey. -Oswine frunció el ceño.

-¡Eso piensas!, yo soy noble y tú dices que eres un caminante, sin embargo si no fuera por ti el oso me hubiera devorado. Me has salvado la vida, te debo mi vida, y no me gusta tener deudas. Ven conmigo.

-No sé -Lo miré a los ojos-, ¿es una orden?

-No, je, je, no, no es una orden, es un pedido. -Me encogí de nuevo de hombros.

-Iré contigo. -Caminamos, vi que el hombre rengueaba.

-¿Estás rengueando?

-Sí, dos veces intenté subir a un árbol y me resbalé y me lastimé con una rama, no tengo lastimado pero si un buen golpe que debo tener un buen hematoma, ya me atenderán cuando lleguemos.

-¿A dónde?

-A Ebrauc, a la ciudad.

-Entiendo que tus hombres tendrán caballos de repuesto.

-Absolutamente.

 

Y fui con él. Me miraba, yo lo miraba. Su rostro era de verdad de persona noble, ojos sinceros, mirada honesta, porte verdaderamente de noble y me daba pena que haya perdido un hijo de mi edad, pero bueno, si de sufrimiento hablamos yo había perdido a mi madre con los mismos síntomas que el hijo de Oswine.

-Cuéntame más de John, de tu hijo. -Oswine me comentaba.

-Era un joven agradable, apocado, tímido, le gustaba mucho la música pero no las armas, y en esta tierra tienes que aprender a sobrevivir. Cuántas veces temí que lo mataran. A veces se alejaba de nuestro castillo y no estaba tranquilo hasta que no volviera.

-¿Pero cómo? -pregunté yo-, vives en Ebrauc pero tienes un castillo.

-Es un castillo pequeño. -Al rato divisamos a casi a un centenar de hombres.

-Vaya, dime que estos tus hombres.

-Sí, son mis hombres.

-¡Ah! Menos mal, ya veía que nos asaltaban y nos mataban.

-No, no Arturo, son mis hombres.

-Señor -Se acercó un uniformado con una enorme espada-, estábamos preocupados por ti, no querías que nadie te acompañara.

-Quería experimentar el bosque.

-Teníamos miedo que lo hubieran matado, señor.

-Y casi me matan.

-¿Bandidos?

-No, un gigantesco oso, y este joven Arturo me salvó la vida. -El hombre se acercó a mí.

-Soy el jefe de la guardia, has salvado a mi señor, puedes pedir lo que quieras.

-¿De verdad?

-Sí.

-Bien, una buena comida caliente, si puede ser. -El hombre rió.

-Puede ser eso y mucho más. Gracias por salvar a mi señor. -Oswine me tomó del hombro.

-No me olvidaré nunca en lo que me reste de vida que me has salvado. Tengo honor y yo pago las deudas.

 

Llegamos a Ebrauc, era más grande de lo que había descrito el señor Oswine, calles, carros, gente. Oswine junto conmigo encabezábamos la marcha, todos se inclinaban ante su paso.

-¿Por qué se inclinan?

-Bueno, porque soy el señor de la comarca.

-¡Vaya! -Y al final de la ciudad se divisaba un enorme castillo-fortaleza con un puente levadizo y un foso.

-¿Este era el humilde castillo?

-Arturo, los hay más grandes. -Entramos, había un gigantesco patio de armas y muchísimos más soldados, por lo menos diez veces más de los que nos acompañaban.

-¡Pero acá hay más de mil soldados!

-Más de dos mil también. -Se acercó un religioso.

-¡Vaya! Temíamos por ti majestad. -No dije nada, dejé que hablaran.

-No tienes que temer por mí. Aparte no fui solo, fui escoltado por cien soldados. -El jefe de la guardia iba a hablar y Oswine lo miró y no habló, seguramente no le querían contar al religioso el episodio del oso.

El religioso me miró a mí.

-¿Y el joven quién es? -Oswine en voz alta habló.

-El joven se llama Arturo y es mi protegido.

-¿Es noble?

-Será noble. Mañana a la mañana prepararemos la ceremonia y lo haremos noble. Ahora desmontemos y vayamos al salón comedor. -Se acercaron varios sirvientes-. Preparad comida abundante y bebida. Vamos.

-Sí, majestad. -Caminé a la par suya.

-Te dicen majestad. ¿Me puedes decir quién eres?

-Como dije antes soy Oswine, mi castillo esta en Ebrauc, soy el rey de Deira en la zona central de Bretaña y mañana te nombraré caballero y serás mi mano derecha, Arturo, serás como mi hijo, si no te molesta. -Respondí emocionado:

-Agradezco la deferencia, no sé si merezco tanto.

-¿No? ¿Tú piensas que mi vida no vale nada? -Me lo dijo sonriendo, obviamente-. Al contrario, es muy valiosa y la tengo gracias a ti, Arturo, así que todo lo que pueda darte es poco. Y ahora vayamos hacia el comedor, en un rato va a estar esa comida caliente y abundante. -Y caminamos junto al rey, el rey de Deira en la zona central de Bretaña.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 30/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

Recién nombrado noble por el rey destacaba ante los soldados y ante una joven. Pero se acercaba una batalla con el reino vecino.

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