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Psicoauditación - Sebastián H.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 18/05/2017

Sesión 12/06/2017

Sesión 15/06/2017


Sesión del 18/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Era el hijo del rey. La entidad, en el rol de Gualterio, relata cómo era su vida de joven en palacio, la relación con sus padres, la corte y con un gigante al que admiraba, un amigo de padre. Con él podía hablar libremente.

Sesión en MP3 (5.493 KB)

 

Jorge Olguín: Comenzamos. Vamos a hacer una grabación al thetán de Sebastián para que relate situaciones de vidas anteriores que puedan condicionarle en la vida actual teniendo en cuenta de que los condicionamientos generalmente son inconscientes, en un 90% son inconscientes -la mayoría de lo que vamos percibiendo es un 90 y un 10- los condicionamientos, cómo encarna una entidad espiritual. 10% es lo que nos anima, 90% en el plano que corresponde -un témpano asoma sobre la superficie del agua un 10%, el 90% está debajo de la superficie-. Y ese 90% inconsciente es el que de alguna manera modela nuestra manera de ser. ¿Esto qué significa, qué estamos presos a ese condicionamiento? No, no, no; porque dos de las razones más fuertes por lo que podemos estar condicionados es por engramas de esta vida o engramas de vidas pasadas, y los roles de ego, que como digo siempre buscan tomar el timón de nuestra vida y conducirla.

El tema de los roles del ego es difícil porque no sólo son muchos sino que se camuflan, sino que los mismos roles van mutando. Sí, hay un común denominador que muchas veces el mismo rol lo disimula, el ego es infantil, el ego se encapricha, el ego se ofende.

El ego no es analítico. De repente una pareja tiene un perro, el hombre está trabajando todo el día, la mujer trabaja menos horas, llega a la casa hace las tareas, lo mima al perro, le da de comer. Pero todas las fiestas -mueve la cola-, cuando llega el esposo.

La mujer se molesta:

-¡Ah! Claro, yo le doy de comer, yo lo mimo y le hace fiestas a él.

-¿Te estás ofendiendo con el perro?

Si el ego tiene el poder para que te ofendas por un comportamiento casi irracional de un animal, el ego te pone a la altura. Es como cuando un niño de cuatro años te saca la lengua. ¿Cómo podemos incomodarnos? Si nos incomodamos es como que tenemos la edad mental de cuatro años.

Bueno, todos esos condicionamientos se erradican con dos técnicas: Psicoauditación, que repasa vivencias de vidas pasadas y Psicointegración, que busca de alguna manera profundizar cómo son los roles del ego para encontrar el medio de integrarlos.

Ahora ya me pongo a trabajar con la primera de las técnicas con Sebastián.

 

 

Entidad: Cómo te modifican las cosas, cómo las situaciones te disfrazan la realidad. Te la disfrazan como si esa realidad fuera verdadera de la misma manera que en un teatro te ponen cortinas o te ponen fondos con paisajes entonces tú te imaginas que los actores están en tal paisaje.

 

Me crié en un palacio, mi padre Anán era príncipe. En la aldea le habían puesto de nombre Gualterio antes de que supiera su verdadero origen, y de alguna manera para no perder ese nombre me llamó a mí Gualterio. Muchos me dicen Gualterio hijo o pequeño Gualterio, pero soy el único Gualterio, padre es Anán.

Cuando murieron los abuelos mis padres fueron reyes, papá rey, mamá la reina. Pasé a ser el príncipe Gualterio.

¿Si tuve una infancia feliz? No.

¿Cómo no? Criado entre mármoles, te bañas a diario en una tina con agua caliente perfumada, tienes lo qué quieres.

El ser humano tiene un poder tremendo de adaptación. Eso no es malo, eso te permite subsistir, sobrevivir. Lo malo es cuando la adaptación se transforma en costumbre: No te adaptas, te acostumbras.

El acostumbrarte no deja de ser un sometimiento. ¿A qué? ¿A quién? A la rutina. Un campesino viene a palacio a traer sus fardos, aunque nunca entra a palacio, queda en la feria feudal. Pero si entrara diría "¡Qué maravilla, de noche está todo iluminado con velas! Pero no es para mí, yo estoy acostumbrado a estar en una pequeña cabaña con techo de paja que seguramente cuando llueve me mojo más adentro que afuera, y tengo mi retrete, lo que llamáis baño, a treinta líneas de distancia, y si llueve fuerte me mojo si tengo que ir al retrete". ¿Se adaptó o se acostumbró ese campesino?

 

Yo viví siempre en escaleras de mármol, en cortinas rojas, cortinas doradas. Adentro de palacio comíamos con cubiertos, ni siquiera los soldados comían con cubierto, la guardia no comía con cubierto, algunas pequeñas presas de ave las comíamos con la mano, teníamos pequeños paños para limpiarnos la grasa de las manos. Pero no fui feliz.

 

Era chico todavía y falleció mi hermanita. Papá y mamá no hablan nunca de eso, papá es como que no lo menciona, mamá tampoco pero... Pero cambió, le quedó como una tristeza por dentro, la ausencia de la niña, su hija. Y me sentí molesto, noté que mamá se distanciaba de papá. Él no fue el causante, fue una altísima fiebre, un problema pulmonar, empezaba a escupir sangre, en menos de siete amaneceres murió. Pero papá no trajo la peste, al contrario, adentro del palacio no había una mota de polvo. Aquel que está más allá de las estrellas decidió que no tenía que estar más con nosotros y mamá no lo aceptó.

Me sentí mal, me sentí mal porque casi no hablaba mamá conmigo, papá sí, mamá no.

 

Desde pequeño, desde mis ocho de vuestros años de Sol 3, me iba con los soldados, me respetaban por ser el príncipe pero no me tenían en cuenta. Albano me dio una pequeña espada de madera para que practique con otros jóvenes y a veces caía lastimado. El jefe de la guardia tomaba de la oreja al otro joven.

-Va a ser castigado.

-No, no, no, en la práctica somos iguales, no hay príncipe, no hay plebeyo. Yo quise practicar, me ganaron. No hay castigo. Quien lo castigue, yo me encargaré de que mi padre lo castigue.

 

Y así fue hasta mis diez años, a mis doce años de Sol 3 y a mis catorce. Hasta que empecé a practicar con espadas de verdad, obviamente espadas pequeñas.

Para mis catorce era bastante alto, medía casi un metro setenta, y tenía bastante buen físico porque hacía mucha gimnasia. Ya no practicaba más con jóvenes, practicaba con Albano, el asistente. Yo sé que se medía y trataba de no lastimarme, tenían terror de causarme la más pequeña herida en el brazo, en la cara, donde fuera. Terror porque no conocían bien a padre, es decir, no lo conocían en la faceta de papá conocían la faceta de monarca.

Pero yo le decía a padre todo lo que hacía. Él, lo único que me decía:

-Tú sabes, Gualterio. Después no vengas con llantos.

-¿Llantos, padre, llantos? Yo no lloré como madre cuando murió mi hermanita.

-No quiero hablar del tema.

-Yo tampoco -padre-, quiero hablar del tema, pero yo no lloré, y a mí me apartaron tanto como a ti. Madre prácticamente no me presta atención, le quiero contar algo y me dice "Es cosa de hombres, háblalo con tu padre, está todo el día con la tropa". Es como que directa o indirectamente me echara, no me habla.

 

¿Si me molesta? No sé como describirlo, no sé cómo explicarlo. A ver, me causó un dolor tremendo la muerte de mi hermanita, el alejamiento de mamá me causó sorpresa, rencor, ira que me cuesta mucho todavía hoy controlar, entonces es como que canalizo en las prácticas esa ira y es por lo que me señala Albano que pierdo, porque no tengo la mente fría, porque si peleo con ira no presto atención, no miro, no estoy alerta, soy torpe en los movimientos.

Y en el último año cambié. Ya voy de catorce para quince y cambié, porque las prácticas las hago temprano, tomo un vaso de jugo de frutas, no como nada, estoy practicando. Después sí, desayuno, leo un poco un libro de la historia de la región y después el almuerzo.

 

Viví de lejos las batallas que hubo. Hay un amigo de padre, Aranet, me cae bien digamos, no sé cómo catalogarlo porque de entrada lo miras y te da la sensación de un guerrero torpe, bruto, pero lo escuchas a hablar y es bastante ilustrado, centrado y tú observas un gesto de él y él ya te está mirando, o sea, que lo miras y te mira, no puede disimular. De repente está ocupado comiendo, entonces te pones a un costado y lo miras, miras sus gestos, sus ademanes, y él masticando te mira, y yo digo "¿Pero cómo sabe que lo estoy mirando si estoy a un costado y un poco atrás?", como si tuviera ojos en la nuca. Pero los jóvenes -no por ser príncipe, porque con Aranet no hay príncipe, Aranet no le da importancia a eso-, me contaron que se revolcaba con un guilmo a luchar en el piso del palacio.

Un día me llevó a comer con la tropa y me dijo:

-Gualterio, no habrás traído cubiertos.

-No, ¿por qué?, ¿ellos tienen?

-No, no tienen. Ven conmigo -Me tomó del brazo y prácticamente me sacudió-. Ven. -Me sentó sobre un tronco de madera.

-¡Pero esto es duro!

-¿Esto es duro? Sal, déjame sentarme ahí. Ponte al lado.

-Ahora sí -dije-. Al lado había una roca encima con puntas-. No, está bien, me quedo donde estaba.

-Te quedas ahí.

-Pero soy el príncipe.

-Te quedas ahí. O si no, te vas a comer con tu padre.

 

Tenía como un don de mando. Y después lo vi comer el guiso, hundía las manos en el tazón y comía a lo bestia, se manchaba toda la ropa. De repente se da vuelta y me dice:

-¿Qué esperas?

-¡Me voy a ensuciarme las manos!

-¿No quieres ensuciarte las manos? Haz esto -tomó el tazón-, come así, pero es un guiso no es una sopa. ¡Hala, vamos!

-¡Quema!

-Obvio que quema. ¿Quieres comida fría? Ve a buscar un jarro de agua y ponle agua.

 

Intratable. Intratable pero me caía bien, no podía enojarme, no podía enojarme con Aranet, era un gigante con el que no te podías enojar. Y aprendí a comer a lo bestia, me ensucié todo. Entonces me sentí importante.

-Bueno, ahora me voy a tomar un poco de esa bebida espumante.

-¿Qué vas a hacer?

-Soy el príncipe, voy a tomar de esa bebida espumante.

-¿Me alcanzas, Albano, agua para el niño, acá?

-No soy niño.

-Alcánzame agua. Toma el agua, eres joven todavía para la bebida espumante.

-Yo tomo lo que quiero, el único que me manda es mi padre. -Cogió la jarra de agua y me la tiró por la cabeza-. ¿Qué haces? ¿Qué haces? -Me paré.

Me tomó del hombro y me sentó a la fuerza.

-¿No quieres tomar nada?, no tomes. No molestes, déjame comer a mí tranquilo. ¿Terminaste?, vete. ¿Quieres quedarte?, quédate con la boca cerrada. ¿Tienes sed?, agua, bebida espumante todavía no.

 

Ahí no me acostumbré, ahí me adapté, porque siempre que venía Aranet lo primero que hacía era ir a buscarlo para ir a comer con la tropa, y la tropa se acostumbró a verme como a uno más, pero no es que por eso no me respetaran, yo seguía siendo el príncipe, el único que... No es que me faltaran al respeto, el que me trataba como un crío era Aranet, Albano no, Albano hasta se inclinaba, no, no, no.

Recuerdo la primera noche que llegué con toda la ropa manchada con guiso, con fideos colgando y me vio mamá.

-¿Dónde has estado? ¿Te vio padre?

-Estuve comiendo con la tropa, con Aranet.

-¿A qué hueles? ¿No te habrán llevado con alguna mujerzuela?

-Estuve comiendo.

-Déjame sentir el aliento.

-Tomé agua, Aranet no me deja beber alcohol.

 

No sé cómo explicarlo, me molestaba más el acoso de mamá, la reina, que de Aranet, el salvaje, el guerrero. Pero padre le dio un título, se vistió con otras ropas, hasta tenía una capa roja Aranet. Y comía en palacio "Esto no me lo pierdo, esto no me lo pierdo".

Frustración. Lo veía comer con los cubiertos como si fuera un señorito refinado de algún palacio del sur y lo admiré cómo se adapta tan rápido si con los otros es una bestia comiendo. Y paraba la oreja, lo escuchaba conversar con mi padre, con Albano de tácticas de batalla, del clima, de los lugares que ha conocido, de las posadas que ha conocido. Había temas que trataba de no tocar por mi corta edad pero me imagino que serían aventuras con mujeres.

 

En los últimos amaneceres a papá lo veía triste. Yo era su hijo, me consideraba inteligente y bastante maduro para mi edad, pero padre no podía volcar en mí lo que le pasaba porque él era mi padre. Sí al revés, yo podía contarle los pequeños problemas que podía tener pero él no, ni siquiera a Albano. Con el único que podría abrirse era con Aranet, con nadie más.

Pero lo veía, yo era buen observador, estaba distanciado de madre. Me corrijo, madre estaba distanciada de él. A veces los escuchaba discutir:

-No me necesitas.

-Si quieres venir, ven, vamos a la alcoba -le decía madre.

-No, no. ¿Qué? ¿Porque soy rey y te lo ordeno? No, no me sirve. Sé que no estás con nadie.

-¿Qué, me has hecho vigilar? -decía madre.

-No hace falta, si no sales sé que no estás con nadie. Directamente como que ya no te motivo más.

 

Con mi corta experiencia yo entendía lo que quería decir porque yo veía algunas jóvenes doncellas que me atraían muchísimo, pero me daba como cierto pudor hablar con padre de ese tema. Una vez lo hablé con Aranet pero no adelante de la tropa porque no me gustaba que se burlaran, eso me hubiera puesto pero mal, mal, no soporto las burlas. Con Aranet es distinto porque Aranet, sus burlas son de afecto no de desprecio, capaz que no me sé explicar; Aranet puede reírse de mí en mí propia cara con afecto, la tropa no, la tropa puede burlarse, sentir desprecio por el principito. Y le dije a Aranet que había dos jóvenes que me interesaban, tenían catorce de vuestros años terrestres.

Aranet me dijo:

-Son muy niñas.

-¡Son casi de mi edad!

-Pero son muy niñas, todavía no están maduras.

-No son una fruta.

-Gualterio, no están preparadas todavía para lo que tú piensas. ¿Te interesa estar con una mujer?

-No, dije que me gustaban esas dos.

-Gualterio...

-Qué, Aranet.

-Si te interesa tengo quien pueda darte caricias.

-¿Pero tú piensas que yo voy a ir con esas del poblado, llenas de barro, de tierra?

-No hablo de eso, aquí en palacio. Hay una cocinera...

-¿La cocinera Uave? ¡Es grande!

-No es grande.

Para mí era grande, tenía veinte y dos de los años terrestres, pero no estaba mal, pero me daba como cierto pudor todavía.

-Por qué, ¿acaso ella se fijó en mí?

-La mayoría de las cocineras se fijan en ti.

-A mí me pareció que se fijaban en ti.

-En mí se fijan porque soy muy grande, pero en ti se fijan porque les atraes -Me puse colorado.

-Cambiemos de tema.

 

Y pasaban los días y a papá lo veía cada vez más solitario. Hasta que un día me asomo, salgo de la biblioteca y me quedo a un costado y veo que habla con una joven, una joven muy bonita, muy, muy bonita, eclipsaba a cualquiera de las cocineras. Creo que era una doncella que había estado con los Belicós, cuando fue la batalla, sí. Y veo que la joven le acaricia la cara a padre, veo que le toma la cara y le da un beso.

Retrocedí, me senté en una butaca de la biblioteca. Pasaban mil cosas por mi cabeza, papá la traicionaba a mamá, mamá estaba ausente. Al día siguiente lo hablé con Albano.

-Ven.

-Mi príncipe, ¿qué sucede?

-Hay una doncella que habla seguido con el rey.

-¡Ah! Sí, es una buena joven, muy servicial.

-¿Es doncella de madre?

-No, no, no, madre no la quiere, tu madre no la quiere.

-Pero supongamos que padre quisiera tener algo con esa doncella.

-Es el rey, mi príncipe, él puede hacer lo que quiere, en otros palacios hay reyes que tienen hasta cuatro o cinco esposas.

-¡Cómo! ¿Y la reina lo permite?

-No sólo la reina lo permite, tiene hijos con la mayoría de ellas, la mayoría de los reyes.

-O sea, tienen hermanastros.

-Sí, tienen hermanos de parte de padre y hermanastros de parte de madre, sí.

-Pero es inusual.

-Es usual, mi príncipe. Tu padre es distinto porque justamente viene de una tierra de humildad y esto lo vio como un regalo. Él no se crió como tú, mi príncipe, se crió en una aldea donde no tenía para comer. Me lo contó. Y esa misma humildad le sirve para tratar de reinar con prudencia haciendo lo mejor que puede.

-Pero no siempre fue así, papá pasó por crisis, se había hasta olvidado de usar la espada.

-Todos, mi príncipe, pasamos por crisis.

-Todos no, Aranet no.

-Mi príncipe, a Aranet dos veces lo dimos por muerto, realmente por muerto. ¿Quién cae de un barranco y vive? ¿A quién lo atraviesan con flechas y espadas, queda muerto en el camino y vive? No es así.

-Está bien, pero no cambió, no bajó su autoestima, se recuperó y fue el de siempre.

-Mi príncipe, no todos somos iguales. Pero al fin y al cabo, ¿qué quieres saber?

-¿Qué va a pasar con mamá si papá esposa a esa doncella?

-No va a pasar nada, no la va a ponerla en una mazmorra.

-No, pero supongamos que madre no tolera.

-No sabría decirte, mi príncipe, pero quizá la manda a la fortaleza Belicós y la tenga protegida allí.

-O sea, que la alejaría de mí.

-Mi príncipe, con todo respeto y no te enojes conmigo, pero más de una vez te he escuchado quejarte en soledad que tu madre no te prestaba atención, así que ahora no entiendo tu postura.

-Tienes razón, Albano, es que yo mismo no sé lo que quiero. En realidad quiero que el rey sea feliz y si ésta joven lo hace feliz yo voy a estar feliz. Me dolerá que madre esté sola pero tengo suficiente edad para saber que fue ella la que lo descuidó, la que no lo atendió desde que perdimos a mi hermanita.

Está bien, puedes retirarte a hacer tus cosas.

 

Y me quedé solo a punto de cumplir quince de los años de Sol 3. Ya midiendo un metro setenta y dos todavía no era tan pesado, pesaba sesenta y ocho kilos. Entiendo que uno es como son sus padres, nunca voy a tener la altura de Aranet ni el cuerpo de Aranet, porque verdaderamente lo admiraba, era como la figura ideal y ahora usaba la espada con más facilidad.

¿Qué pasé por problemas? Sí. ¿Qué una vez el miedo me paralizó? Sí, me atacaron, y yo normalmente en las prácticas soy tan ducho, sentí que apenas podía mover la espada y un tal Donk me salvó la vida.

Y le pedí permiso a padre, le pedí permiso a padre para ir a visitar a Donk. Me dijo:

-No puedes ir solo, no queda cerca. Irás con una pequeña guardia que te escolte.

Acepté. Pero me encontré con un Donk quebrado, un Donk con problemas, con una pareja que le ponía peros a todo lo que él hacía. Y yo digo "¡Será posible, mamá no es la única!". Quería practicar con él el arte de la espada pero me tuve que volver a palacio porque Donk estaba quebrado, no estaba en condiciones, ya habría otra oportunidad.

Pero al día siguiente volvió Aranet. Padre me ordenó -me ordenó-, que me quede en el palacio. Se iba con Aranet hasta lo de los Belicós, aparentemente unos bárbaros del norte habían tomado la fortaleza.

-¿Por qué vas tú, padre?

-Porque quiero despejar mi mente.

-¿Y si mueres?

Se dio vuelta mi padre, el rey Anán. Me miró y me dijo:

-No voy a morir, volveré para ti.

Aranet retrocedió con su hoyuman, me miró y me dijo:

-Estando conmigo quédate tranquilo. Cuida a tu madre. Volveremos pronto.

 

Y vi como se marchaban. Le pedí a aquel que está más allá de las estrellas que no haya ninguna batalla.

Y finalmente no la hubo. Padre regresó, me explicó lo que pasó, que estaba el lugar desierto y Aranet había vuelto a su fortificación en la isla de Baglis.

Y hay muchas más historias que me marcaron, pero esa, esa es otra vivencia.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión del 12/06/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

No somos distintos, todos pasamos por lo mismo. Entonces, hablar con otro ayuda a ambos. El consejero y el hijo del rey dialogaron acerca de sus vidas.

Sesión en MP3 (2.066 KB)

 

Entidad: Todos me decían Gualterio hijo. En realidad, el verdadero nombre de mi padre es Anán, el rey, pero como desde pequeño al desconocer su origen lo llamaban Gualterio, así le quedó para sus amigos. El mismo Aranet, que es el que mayor confianza le tiene, lo llama por ambos nombres.

 

No me encontraba bien. Estaba en la biblioteca, no era una biblioteca importante como la de los grandes palacios, pero el tener más de cuarenta libros de geografía, de conductas de las distintas tribus me ayudaba a comprender un poco más las distintas regiones de Umbro.

 

Y así me encontró Albano, pensando. Me preguntó:

-Te veo con la cara compungida, Gualterio.

 

En realidad, Albano me tenía bastante confianza. La mayoría me decía príncipe o su alteza, pero Albano, el hecho de ser consejero de padre, y aparte de conocerme de pequeño, le daba la confianza de llamarme por el nombre a secas.

Le comenté que tenía que haber salido a cazar con Aranet, que cada tantos amaneceres me llevaba incluso para practicar montando y disparando flechas, cruzando espadas arriba de un hoyuman, aprendiendo a -tomado de las riendas-, bajar del hoyuman correr y volver otra vez a grupas, montado. Pero hoy no tenía deseos, quería encerrarme no sé si dentro de la biblioteca o dentro de mí mismo.

Le comenté a Albano. Le digo:

-Mira, mis padres ya están separados.

-Lo sabía -me contestó-. No es fácil perder una criatura.

Me sentí molesto y le dije:

-Albano, no es así, creo que madre no sabe lo que quiere, creo que no está bien de la cabeza y padre está encandilado con una doncella llamada María.

-También lo sabía. ¿Y qué opinas, Gualterio?

-Padre puede hacer lo que quiere, es el rey.

-Yo te pregunto qué opinas, ¿te parece bien?

-Madre no le da importancia. Creo que mi situación es catastrófica.

Albano se sonrió y me dijo:

-Te puedo contar mi historia...

-La conozco.

-No, no, no la conoces. No has conocido a mi madre.

-¿Cómo no?

-No, no, no la has conocido. Mi madre trabajaba en la feria, fuera de palacio. A la que conoces es a mi tía materna, que está en la cocina del palacio. Mi verdadero padre murió durante una batalla, yo me crié con mis tíos, los cuales me consideran como a un hijo. Siempre los rechacé.

-¿Por qué?, te han criado como un hijo...

Albano continuó.

-A ver, los rechazaba por vergüenza porque quería ser soldado y no que me vean como un aprendiz de cocinero. De toda manera casi nunca estaba en la cocina, me iba a los cuarteles, me crié prácticamente en los cuarteles aunque periódicamente venía a dormir en los aposentos de la gran cocina.

-¿Y no te sentías solo? -le pregunté.

-No, tenía un gran amigo, Historio, su padre era un gran soldado. Recuerdo que en los amaneceres me invitaba a practicar con él el arte de la espada al punto tal que siendo adolescente me consideraba bastante hábil.

-A ver si entiendo, ¿tú has negado que los que estaban en la cocina eran tus tíos?

-No, no he negado nada, al contrario, siempre digo que son mis padres porque en realidad me quieren, pero mi historia es esa. Mi madre estaba en la parte feudal, murió joven. El hecho de que me criara mi tía me consoló, de alguna manera, pero a veces me abrazaba y me decía "Qué feliz sería que me digas mamá". Pero era absurdo.

Le comenté:

-Pero yo te he visto con el jefe de la guarnición, Durban.

-Sí, tú eras muy, muy pequeño. Durban había conversado con el padre de Historio, me mandaron a llamar, mis tíos -que prácticamente eran mis padres- se alarmaron pensando que yo había hecho algo, ¡je, je, je!, "¡Qué castigo le van a dar ahora a Albano!". Pero no, en realidad el jefe me preguntó si quería formar parte de la tropa, obviamente que le dije que sí.

-Entiendo lo que quieres decir Albano, has tenido una infancia dura, has perdido a tus padres, te has criado con tus tíos... Pero bueno, de alguna manera te dieron amor.

-Fue mucho más duro. Hubo una batalla, nuestro jefe Durban murió, quedamos a cargo de Oksaka.

-¿Y padre?

-Tu padre Anán...

-¿Qué pasó con padre?

-Estaba pasando por un montón de problemas y se marchó de palacio. Nos sentíamos abandonados.

-¿Y Aranet?

-No se encontraba tampoco, se había marchado, y esperábamos prácticamente caer porque el asedio era muy fuerte.

-¿Te has sentido raro pasando de la cocina al fuerte?

-No, mis tíos estaban orgullosos. Yo pensando que la horda que se acercaba acabaría con todos nosotros. Hubo un primer combate, vi morir a mi amigo, a su padre, a decenas y decenas de compañeros. A mí mismo me han herido en una pierna.

-Pero el palacio resistió.

-Resistió, Gualterio, porque ese gigante Aranet había armado una tremendas defensas. Pero me molestaba la incertidumbre, el no saber cuándo volverían a atacar.

-¿Y qué pasó?

-Esperábamos un batallón de soldados que nos ataquen cuando vimos a lo lejos una horda de salvajes. Me imaginaba ancianos exterminados, mujeres ultrajadas, pero un vigía me dice "¡Mira Albano!". Detrás de los salvajes había soldados, y adelante -lo cuento como lo pensé en ese momento-, veo un felino gigante con cuernos y lo montaba Aranet. Oksaka abrió la compuerta y entraron todos, la horda de salvajes nos protegía de cualquier acecho, de cualquier asedio y obedecían a Aranet, quien había quedado a cargo de todo, de la guarnición, del ejército, del palacio, de todo.

-¿Y todo eso sin que estuviera mi padre? -pregunté.

-Absolutamente. Aranet distribuyó metales cobreados entre los feriantes, los ayudantes de palacio, los salvajes, los soldados. Pero Aranet no quedó conforme con eso, salió con una guarnición buscando a tu padre.

-¿Y lo trajeron?

-No, volvieron sin nada. Recién en la tercera excursión volvimos con ustedes, tu padre se adaptó finalmente a las costumbres. En ese momento tuve el honor de que me presentaran a ese gigante...

-¿Por qué te ríes? -le pregunté.

-Porque la primera vez le dije señor y me dijo "¿Ves esta espada?, te cortaré el cuello en dos si no me dices por mi nombre". Era humilde, era muy humilde. Y una vez, en una de las excursiones, un traidor le disparó una flecha y le dio en la espalda a Aranet, que junto con su felino cayeron al precipicio. Maté al traidor pero le tenía que decir a tu padre que Aranet había muerto. Tu padre los echó a todos del salón, solamente quedaron tu madre y yo, y es la primera vez que lo vi llorar a tu padre, de impotencia, por haber perdido casi un hermano. Ahí fue cuando me pidió que fuera su consejero, que deje la guarnición. Y tuve el honor de cambiar espadas con tu padre.

-Cómo, cambiar espadas.

-Practicar, combatir. Tu padre es muy bueno con la espada.

-Pues lo disimula muy bien.

-Es muy bueno, en serio, lo que pasa que ha tenido momentos de crisis y espero que ahora lo de tu madre no sea otro momento donde se caiga.

-Explícame caerse.

-Claro, que se deprima, que de nuevo pierda confianza. Discúlpame Gualterio, pero ojalá se arregle con esta joven María, que por lo menos le dé un consuelo. Discúlpame si te ofendo. -Fruncí el ceño pero con una sonrisa.

-Yo también quiero lo mismo, y si madre se opone que la mande a la fortaleza Belicós.

-Y entonces, ¿por qué cuando llegué a la biblioteca estabas compungido? -me preguntó Albano.

-Honestamente no lo sé, esta conversación contigo me ha hecho bien, prácticamente has hablado tú, pero me doy cuenta de que no soy el único que tiene problemas, tú has pasado por un montón de cosas mientras yo era un niño, casi un bebé. Hagamos una cosa, vamos al patio de armas.

-¿Para qué? -preguntó Albano.

-Tú eres bueno, tú eres mejor que Oksaka. Quiero practicar contigo.

-Tú has practicado conmigo cuando eras más joven y te molestaba que te venciera.

-Pero ahora es distinto, hace más de cien amaneceres que practico con Aranet, y mi talla, fíjate mi talla, soy alto como tú.

-Está bien, pero no te pienses que porque eres mi príncipe te perdonaré.

-Ve adelante, yo te sigo.

 

Me froté las manos, tanteé el mango de mi espada y marché tras Albano al patio de armas.

 

 


Sesión del 15/06/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Aunque joven, era tiempo de aprendizaje en armas. Relata que mientras en prácticas atacaron el reino vecino muriendo todos. A su edad experimentó preocupación por su futuro.

Sesión en MP3 (4.021 KB)

 

Jorge Olguín: Primero voy a hacer un breve prólogo sobre los engramas y los roles del ego.

 

El engrama es un condicionamiento que puede durar distintas vidas porque no sólo afecta al rol que está encarnado sino también a su thetán, o 90% no encarnado. Cuando la persona desencarna ese engrama queda afectando al thetán en forma sutil o en forma grave de acuerdo a las circunstancias, la situación, el momento. Y cuando ese espíritu vuelva a encarnar, el 10% nuevo, ese rol nuevo, obviamente no tiene memoria reencarnativa pero puede tener temores, puede tener obstáculos creados por sí mismo debido a sus engramas. Agravados, porque en el caso de que tuviera culpas de otras vidas, que el 10% encarnado no se acuerda pero sí se acuerda su 90% no encarnado.

El engrama es automático, esto significa que el engrama no va a absorber culpas, va a condicionar, pero el rol del ego sí, se nutre del campo emocional, es el campo emocional al punto tal de que el núcleo del ego está en la amígdala cerebral, que es el hipocampo.

Ahora, imaginemos un rol del ego adherido al engrama, ¡qué fuerte que lo hace! Y a veces las circunstancias de las distintas vidas no necesariamente son extremadamente graves para que la persona arrastre vida tras, vida, tras vida, tras vida determinado engrama, a veces lo marcó y era una situación que no tenía tanta gravedad, los roles del ego la hicieron grave, la potenciaron.

Justamente, Psicoauditación, al repasar las distintas vidas hace que a través mío, como médium, el 90% no encarnado haga catarsis. Automáticamente, el 10% consultante, consciente o inconscientemente siente como un alivio porque ya es un engrama que se sacó de encima. Obviamente, los roles del ego tienen que ser tratados con Psicointegración, la otra técnica. Que de alguna manera es similar a Gestalt, es similar a psicología transpersonal pero más profunda porque directamente va sobre los roles del ego.

 

Ahora vamos a hacer una sesión con Sebastián para que relate lo que lo pueda estar haciendo, simbólica o virtualmente, cargar peso sobre los hombros.

 

 

Entidad: Me encuentro aquí con vosotros. En realidad estoy exultante, estoy contento, satisfecho. Me encuentro en un momento que estoy prácticamente en el equivalente a diecisiete años de Sol 3, aquí en Umbro. ¿Y cuál era mi motivo de estar exultante? Que el amanecer anterior había cruzado espadas con Albano y lo había, lo había vencido. ¡No lo podía creer! Albano había vencido nada menos que a Oksaka, que era prácticamente uno de los mejores soldados de mi padre, el rey Anán.

Y como muchos amaneceres, me encontré con Aranet.

-¡Vaya!, que has venido con muchos guerreros -le dije. En realidad eran salvajes, pero a mi padre lo han ayudado una y cien veces.

-Porque ésta vez no vamos a ir de cacería, vamos a seguir practicando. Vas a galopar en tu hoyuman, vas a practicar con el hoyuman a todo galope, lanzar una flecha con tu arco y darle a un árbol a todo galope, porque es muy fácil de tierra apuntar, y así y todo muchos no le dan al blanco. Luego lanzarás una lanza tipo jabalina a todo galope, luego cruzaremos espadas montando en hoyuman. -Yo me frotaba las manos, quería demostrarle.

-Te cuento, Aranet, que ayer vencí a Albano.

-¡Qué bien! ¡Qué maravilla!

-¿Te estás burlando de mí? -le pregunté.

-No, te digo de verdad. ¡Qué maravilla!

-Te estás burlando de mí.

-Te cuento Gualterio -me dijo Aranet-, vosotros sois automatizados.

-No entiendo.

-Tenéis los mismos movimientos, la misma postura. Yo te miro de lejos y ya sé qué movimiento vas a hacer con tu brazo, con la espada.

-¡Sin embargo le gané!

-Están automatizados, hacen siempre lo mismo. Es fácil vencerlos. ¿Has probado con mis guerreros?

-Sí, pero hacen trampa, de repente te tiran tierra a los ojos o se acercan, te toman de la mano y te golpean el estómago.

-Bueno, no son automatizados.

-¡Pero es trampa! No es un combate lícito.

-A ver, Gualterio. Imaginemos que estamos en una batalla -has tenido la suerte que no has participado de ninguna-, y de repente tú estás peleando mano a mano con el mejor de ellos y lo estás venciendo, y viene uno de atrás y te clava un puñal y tú vas a decir "¡Ah! Me hizo trampa" mientras estás muriendo en tierra. En ninguna batalla se pelea de forma lícita, se hacen trampas, no siempre gana el mejor, no siempre gana el más fuerte, no siempre gana el más hábil, gana el más astuto, gana el que está mejor preparado en el terreno, ni siquiera gana el que tiene mayor cantidad de gente. La táctica -dijo Aranet-, está acá -y se tocó la frente-, la estrategia también está acá -y volvió a tocarse la frente.

-¿Y el corazón? -le pregunté-, ¿y la causa?

-¿Qué causa?, ¿qué corazón? En una batalla se pelea para ganar. Si hay una causa noble, perfecto, y si no, también. Esta gente que me sigue, que es tan leal conmigo, antes de que yo los conociera saqueaban aldeas, ¿te los imaginas siendo leales? ¿Va un emisario una noche antes: "Prepárense, que mañana a la mañana los atacamos"?

-Te estás burlando de mí.

-No me estoy burlando. Eres un crío todavía, tienes mucho que aprender. Está bien, has vencido a Albano, quizá mañana te derrote él.

-¿Y cómo a ti no te derrotan?

-No me ha tocado, no me crucé con quien me derrote todavía. Y si no me vence un rival me vencerá el tiempo; estaré más lento, estaré más flojo, no prestaré tanta atención y cualquier tonto quizá me clave una espada. No somos eternos, no aquí. Podemos ser eternos allí, con aquel que está más allá de las estrellas -Señaló hacia el cielo.

-Albano me contó cómo te conoció cuando venías con esta gente montado a un felino con cuernos, se impresionó. Se impresionó porque no había visto nunca a un hombre montado a un felino.

-Es cuestión de acostumbrarse.

-Hace rato que no me llevas a la isla.

-¿Quieres ver al guilmo? Está enorme.

-¿Con quién se quedó tu segundo?

-Se quedó en la isla con varios guerreros, por las dudas, como protección.

-¡Ah! Cuidando a... cuidando a tu mujer, Mina Valey.

-Ella se sabe cuidar sola, pero obviamente es importante dejarla con protección.

-¿Y para cuándo un vástago?

Aranet lanzó una risotada y dijo:

-Para cuando aquel que está más allá de las estrellas lo disponga. No lo sé, no lo sé.

 

Estuvimos practicando desde el amanecer hasta casi mediodía, veinte veces lancé flechas a todo galope. Una, una flecha se incrustó en un árbol, las otras cayeron a tierra.

-¿Qué me falta? Apunto bien...

-Apuntas en movimiento, más el viento, aparte el arco está acompañando el movimiento de tu montura. Entonces tienes que evaluar eso también.

-¿Cómo lo evalúo?

-No te puedo explicar, tampoco tienes que hacer cuentas. Mentalmente -y otra vez se tocó la frente- apunta. El arco, la flecha son extensión de tu mano. Tira la punta suavemente, estiras, y cuando tú ves, porque lo sientes, que va a dar en el blanco sueltas, y la flecha da en el blanco. ¿Me has visto a mí?

-Sí, has disparado como veinte veces.

-¿Cuantas di en el blanco?

-Todas, porque eres bueno.

-Porque practico -me corrigió.

-Está bien, pero a su vez eres bueno. Eres bueno con la espada, eres bueno con el arco, ¿en qué no eres bueno?... Eres bueno en lucha...

-Practico. ¿Tú piensas que al amanecer, cuando estoy en la isla Baglis, hago que todos practiquen y yo me quedo tomando una bebida espumante? Para nada, practico a la par de ellos. Y si veo alguno que está flojo a ese lo castigo.

-¿Qué le haces?

-Lo pongo a practicar conmigo. Nadie quiere practicar conmigo, ni siquiera mi segundo. No les doy respiro. Nunca les doy respiro.

Pensé:

-¿Y no te das siquiera respiro a ti mismo?

-¿En qué sentido?

-Pienso que en la vida hay más cosas, a mí me gustaría conocer lugares. Mi padre ha conocido lugares, yo me crié en palacio. Me llamas un niño, he visto salvajes que son apenas un poco mayor que yo y son hombres.

-Han tenido otra crianza.

-A eso me refiero, a eso me refiero.

-¿Quieres ser un salvaje?

-No, Aranet, no quiero ser un salvaje, quiero ser ducho, quiero ser experto.

-¿Piensas ir a alguna batalla?

-No se trata de ir a una batalla, por mí.

-Es por tu orgullo, porque quieres demostrar que puedes, que sabes. ¿Y lo próximo que vas a hacer?

-Lo próximo que voy a hacer, ¿qué?

-Vas a querer desafiar a tu padre. Pero tu padre ya está grande.

-Te estás burlando de mí. Mi padre es mucho mejor que Albano.

-Pero tú eres más ágil.

-Te estás burlando de mí, te estás burlando de mí. -Pero me puse a pensar.

-Mañana a la mañana lo voy a desafiar a Anán. Sí. -Lo miro a Aranet y se reía a boca cerrada, no disimulaba, me molestaba horrores que se burlara de mí.

 

Nos sentamos en un tronco, algunos en el piso. Teníamos carne asada, fría, dura, pero sabrosa.

-¿Hay bebida espumante?

-¿Bebida espumante? A cien líneas tienes un arroyo, carga la cantimplora. No hay bebida espumante ni cuando se caza, ni cuando se practica, ni cuando se va a combate.

-Yo he escuchado historias de guerreros que a la noche se empachan de bebida espumante para el día siguiente.

-¡Je!, te han contado estupideces. Imagínate cien guerreros que estuvieron toda la noche tomando, al día siguiente no se pueden ni mover, los barren al primer ataque. No te confundas leyenda con realidad. El guerrero no bebe, el guerrero está alerta permanentemente, el guerrero combate. La bebida espumante te quita lucidez. Y en lo posible tampoco estar con una mujer antes del combate porque te quita piernas.

-¿Cómo, Aranet?, eso no lo entendí.

-Tú nunca has estado con una mujer.

-Bueno hay una... hay una cocinera que tengo posibilidades.

-Entonces no te puedo explicar.

-No, no, no, explícame Aranet.

-Claro. Imagínate a tu edad lo joven que eres, supón con la ayudante de cocina yaciendo con ella toda la noche, ¿tú te crees que al día siguiente vas a venir a cabalgar en hoyuman? Apenas vas a poder levantar el brazo para lanzar una flecha.

-No es para tanto... Pero espera, espera, espera, hubo amaneceres que cabalgábamos un día, otro día, otro día, otro día y tú estabas siempre diez puntos. Entonces tú... ¿tú no intimas con Mina?

-Es distinto, crío.

-No me digas crío.

-Es distinto.

-O sea, tú no te cansas, tú puedes. ¿Qué eres?

-Tal vez me cuido, tal vez cuando voy de práctica...

-No, no me mientas, porque dices que no sales de caza, cuando no vas cabalgar fuera de la isla dentro del fuerte de Baglis todos los días haces orden cerrado, combates... Entonces, ¿cómo?, ¿cómo tú puedes?, ¿cómo a ti no te quita piernas estar con... con Mina?

-¿Te da vergüenza habar del tema?

-No, no es que me dé vergüenza, pero tengo respeto por hablar del tema, no me imagino a ti y a Mina juntos...

-Tampoco te imaginas, a lo mejor, a tu padre, el rey Anán, con tu madre.

-No, por supuesto que no.

-Bueno, imagínatelos, porque por eso tú estás en el mundo.

-Bueno, de todas maneras ya no están más juntos. Se pusieron de acuerdo y ella se va a ir a vivir a la fortaleza Belicós y padre va a estar con María, seguramente.

-Una linda doncella.

-Sí, ya lo dijiste la vez pasada. Y te burlabas de mí porque yo pensaba, era más chico, pensaba que el hecho de que digas linda a otra estabas engañando a Mina. No sabes enseñarme bien, me enseñas riéndote o burlándote.

-¿Has terminado de comer?

-Sí, pero estoy con el estómago lleno.

-Has comido todo.

-¿Tú no?

-No, guardo el resto en la alforja.

-¡Pero tenía hambre!

-Está bien y ahora tienes que montar.

-¡Voy a vomitar!

-Imagínate en batalla.

-Otra vez con la batalla. O sea, que tampoco hay que comer. No hay que beber bebida espumante, no hay que comer, no hay que hacer nada.

-Come lo necesario, toma lo necesario. ¿Tienes que hacer tus necesidades?, ve atrás de un árbol, haz tus necesidades. Luego pon tu mente en el combate porque un segundo de distracción es la vida o la muerte.

 

¡Je! Tuvo piedad de mí, Aranet, me dejó descansar bastante tiempo más. Ellos practicaban con la espada en tierra, yo sentado. Me paré(levanté), me dolían las piernas. Aranet me miró.

-¿Y ahora qué?

-Me duelen las piernas.

-¿Sabes de qué?

-No.

-¿Qué haces cuando montas?

-Cojo las riendas con una mano o con las dos manos.

-¿Qué haces cuando disparas con el arco y la flecha montado a todo galope?

-Tengo las manos ocupadas.

-¿Cómo te sujetas?

-Apretando el vientre con mis piernas.

-Bueno, imagínate desde el amanecer hasta casi el mediodía montando, sujetándote únicamente con las piernas, el esfuerzo que haces.

-¡Por eso me duelen! ¿A ti también te duelen?

-No.

-¿Ves?, eres distinto.

-No, Gualterio, no soy distinto, lo hago permanentemente. Lo haces unos cuantos días y ya no te duele más.

-¡Ah!, bueno.

-Y te sentías exultante porque lo habías vencido a Albano. ¿Sabes lo que te falta todavía?

-Por eso mi padre me deja, para que aprenda a ser buen guerrero.

-Lo importante es que seas buena persona, porque te espera la corona el día de mañana.

-Van a faltar miles y miles de días para eso.

-Eso no lo sabes, el día de mañana viene una batalla y pasas a ser rey.

-Por favor, no digas eso.

-Uno tiene que estar preparado para todo. Para la vida, para la muerte.

-Y lo dices tú, lo dices tú que has renacido dos veces. Albano me contó -mi padre me contó también-, Albano me contó cuando te caíste al desfiladero. Padre me contó cuando te dieron por muerto en el camino, en la batalla de los Belicós. Ahora que nadie nos escucha, ¿es cierto lo de esas hierbas que te pones en una herida y te sana o si estás herido por dentro bebes una infusión caliente y te sana? O eso también es una leyenda.

-No -Aranet se puso serio-, eso es real. Pero jamás mencionaré el lugar porque la gente no entendería, saquearía todo pensando que tiene la panacea universal y no es así.

 

Seguimos practicando toda la tarde. Honestamente no daba más, me dolían los muslos, me dolían los antebrazos, los brazos, el hombro, el estómago, tosía y me dolía el estómago.

-No quiero ir a palacio, me quedaré contigo un par de amaneceres en la isla, en la fortaleza.

-Está bien.

 

Fuimos al paso, estaban todos cansados. Olía como humo pero no fui el único. Aranet apresuró el paso, llevó su montura a galope, todos atrás al galope. Espoleé mi hoyuman y también fui al galope. Llegamos a la orilla de la gigantesca laguna y había un emisario. Miramos todos para el lado de la isla, había humo, fuego.

Me acerqué, me puse al lado de Aranet. El emisario dice:

-Aranet, nos han atacado, vinieron cinco veces cien guerreros del norte, cinco veces cien.

-¿Cómo cruzaron?

-No sé cómo cruzaron, pero arrasaron con todo.

 

Galopamos al otro costado de la isla. Había varias barcazas, cruzamos. Llegamos a la fortaleza, había infinidad de guerreros muertos. Muy herido en el piso estaba el segundo de Aranet.

-¿Qué pasó?

-Los guerreros del norte, con Snowza, arrasaron con todo.

-¿Dónde está Mina? -señaló hacía arriba y cayó desvanecido. Aranet corrió, yo atrás de él. Mina, con un charco de sangre, exánime. El rostro de Aranet de piedra. Habló con dos de los salvajes.

-Lleven al muchacho a palacio.

-¡Pero Aranet! -Me ignoró.

-Llévenlo a palacio y cuenten al rey lo que pasó. Si al muchacho le pasa algo ustedes responden con su vida. Llévenlo al palacio.

 

Me quedé mirando petrificado, me impresionaba el rostro de piedra de Aranet, Mina exánime en un charco de sangre. Snowza y los bárbaros del norte habían atacado cuando estábamos en la campiña practicando. Llegamos casi al anochecer, era prácticamente pasada medianoche cuando llegamos al palacio. Padre estaba despierto.

-¿Qué pasó?

-¿Te acuerdas, padre, los bárbaros del norte que habían estado en la fortaleza Belicós y se fueron?

-¿Qué pasó?

-Cuando estábamos en la campiña practicando con arco y flechas improvisaron unos botes y llegaron a la isla, el que vigilaba dijo que eran cinco veces cien.

-O sea, quinientos salvajes del norte.

-Sí -le dije.

-¿Y qué pasó?

-Han matado a casi todos los que quedaban. Y no sé si Mina estaba muerta.

-¡Mina Valey! ¿Y Aranet, cómo estaba?

-No quería hablar, les dijo a ellos dos que me traigan.

 

Nos preparó un plato caliente, el propio Anán sacó gente de la cocina. Y él mismo y a los dos salvajes que me trajeron también, comimos todos en la cocina.

-Mañana, no ahora -Apareció Albano. Le dijo a Albano-, ve hasta los cuarteles, despierta a los soldados, diles que mañana al amanecer partimos para la isla Baglis.

-Así se hará, mi rey -Albano se fue.

-¿Puedo ir con vosotros?

-No, te quedas acá. Madre todavía no se fue para la fortaleza Belicós, te quedarás con una guardia y cuidarás de madre.

-¿Qué pasará contigo? ¿Qué van a hacer?

-Seguramente iremos al norte, esta vez no creo que Aranet la perdone a Snowza.

-Pero todo esto pasó porque Aranet me entrenó a mí.

-No digas tonterías, hijo -me corrigió mi padre-, siempre vino a tierra firme a practicar, el que hayas estado tú es una excusa.

-No, si no me hubiera enseñado no hubiera dejado solo... Me siento en parte responsable de todo esto. Quiero ir con ustedes. Vencí a Albano, ¿por qué no puedo ir con ustedes?

-Te quedarás acá.

 

Era mi rey y era mi padre, le tenía que hacer caso. Él partiría a la mañana con un grueso de la tropa a la isla Baglis a apoyar a Aranet y a vengar la posible muerte de Mina. Aranet nunca tuvo suerte en las relaciones afectivas. Snowza no sabía lo que era amar. Mina... la salvó de un casamiento que en realidad luego iba a ser una muerte porque ella iba a matar a su cónyuge y la hubieran matado a ella y a sus padres, sin embargo ella después no quiso saber nada con él hasta que finalmente lo fue a buscar. ¿Y para qué lo fue a buscar?, para morir a manos de la otra. Le habían matado un guilmo, también un felino, había perdido amigos y ahora también su pareja y en ese momento mentalizaba a aquel que está más allá de las estrellas y preguntaba "¿De qué le sirve ser el mejor si corre la suerte del peor?". A mi padre, ¿de qué le sirve ser bondadoso, ser bueno con la servidumbre si mi propia madre lo desprecia y no quiere estar con él? ¿A mí me pasará lo mismo cuando crezca? Honestamente hoy, hoy, no quiero saberlo.

 

Gracias por escucharme.