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Psicoauditación - Sebastián H.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 31/08/2020

Sesión 31/08/2020 (2)

 


Sesión del 31/08/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Para ayudar al pueblo preparaban un torneo con los mejores sesenta y cuatro guerreros de la región. Él iba a participar, pero debería vencer a todos.

Sesión en MP3 (3.197 KB)

 

Entidad: Era la segunda vez que discutíamos.

-No entiendo tu punto de vista, Samanta.

-Mi punto de vista es simple, mi punto de vista es que no voy a dejar a mi familia.

-Creo que no nos estamos entendiendo -argumenté-, no te hablo de dejar a tu familia, te estoy proponiendo matrimonio.

-¿Y dónde vamos a vivir? Tú estás cómodo aquí en palacio.

-No, tenemos una fortaleza aquí cerca, una fortaleza que me trae malos recuerdos de mi madre, pero no tengo problema que mi padre me la dé, se la he reclamado y no puso peros.

-¿Y mi familia? -preguntó Samanta.

-Es una fortaleza enorme, pueden venir.

-No, están acostumbrados al poblado, me conociste en una herrería. Y te dije que tendrías que haberte buscado una noble. -La miré.

-No te entiendo. Cuando te conocí había perdido la memoria, recuperé la memoria. Te fui a buscar. No te mentí, no me interesa estar con una noble, la nobleza es un título, no te hace ni mejor ni peor.

-Somos jóvenes.

-Sí, Samanta, somos jóvenes pero podemos perfectamente vivir juntos.

 

Habíamos estado varias veces en mi alcoba, habíamos estado juntos dándonos besos profundos, uniendo nuestras almas, nuestros cuerpos, pero no me bastaba. Aparte, recordaba sus palabras cuando la volví a ver: "No quiero que me usen". Y se lo dije. No lo entendió o no lo quiso entender.

-O sea, que me estás proponiendo matrimonio no porque me amas sino porque piensas que me has usado.

-No, Samanta. -Me sentía agotado, me quitaba fuerzas discutir. Por la mañana me iba al patio de armas y practicaba con mi espada contra los mejores soldados y no me agotaba tanto como esta discusión.

Finalmente me dijo:

-Hagamos una cosa, yo no me siento preparada todavía para un matrimonio.

-¿No? -le dije irónicamente-, recuerdo que me dijiste "De chica soñaba con un príncipe". Aquí estoy.  ¿Y?

-Y nada. Necesito tiempo.

-¡Ohhh!

-¿De qué te ríes?

-Esa palabra, "necesito tiempo", se la escuchaba a los mayores cuando yo era chico. Necesito tiempo es inseguridad. Pensé que me amabas.

-No me gustan las presiones.

-¿Presiones? Es la segunda vez que tocamos el tema en sesenta amaneceres. Presiones...

-¿Me acompañas hasta mi poblado?

-No. No. Irás con una escolta de diez soldados.

-¿Me vendrás a ver?

-No. Cuando te decidas vendrás tú.

-¿Y si no me decido?

-No me vengas con adivinanzas, Samanta. Si no te decides es que yo no te alcanzo, aspiras a algo más o algo menos. Quizá te abruma todo esto, los pisos de mármol, la tina con agua tibia.

-No me ofendas, no me ofendas.

-Disculpa, pero estoy mortificado.

-No lo tomes como un rechazo -dijo ella.

-No, lo tomo como una postergación indefinida. Dependerá de ti, no de mí. -Se despidió de todos y con una escolta de diez soldados marchó para su poblado.

 

De verdad que estaba abrumado, sorprendido. Y sentía un vacío. Padre no era tonto, padre sabía que de su alcoba al lado de la mía me visitaba ella por las noches y uníamos nuestros corazones.

 

Aranet se había marchado, había hablado con Núria y con Émeris y dijo que iba a buscar a Orlok, iba a matar a los traidores uno por uno. Émeris lo quiso acompañar, Aranet se negó.

Dijo:

-No, no, no los voy a atacar, no soy un suicida. De noche los buscaré y degollaré a uno por uno. -Mi piel se había erizado de la impresión, de ver la frialdad con la que se expresaba Aranet, pero por otro lado justificaba su ira. Tanto padre como su esposa y el bebé estuvieron en peligro de muerte.

Antes de irse le dije:

-Émeris y Núria, con los nervios que pasaron no trajeron botín, el botín que se habían llevado.

-Veré cómo hago. Obviamente no iré con una carreta.

-¿Irás en un hoyuman?

-No, iré con mi bagueón. -Y se marchó.

 

Padre estaba mucho más repuesto. Había pasado unos días infernales, días que no podía ni dormir pensando que su amada y el bebé iban a morir a manos de los bárbaros. Encima, para colmo de males, en toda la región había sequía.

Esa mañana, padre bajó al salón principal del trono contento y me dijo:

-Voy a organizar un torneo. -Fruncí el ceño.

-¿De qué hablas?

-Un torneo de espadas. Y se cobrará, habrá un pequeño premio para el ganador.

-¿Y el resto de la recaudación? -le pregunté.

-Será para las aldeas cercanas que están sufriendo una espantosa sequía, pierden las cosechas. Hay que ayudarlos.

-Tenemos los medios. ¿Pero porqué no recaudar más?, el patio de armas se ha modificado el doble de tamaño y estaba rodeado por edificios con grandes miradores.

 

Difundió la noticia. Y podían venir gratuitamente de las aldeas, incluso se permitían apuestas.

Los primeros días no vino nadie, hasta que empezaron a caer guerreros conocidos: Azlud, norteño. Argón, otro norteño pero del noreste. Arraquis, que portaba una cimitarra. Artázar, un elfo. Vino un hombre fornido, quizá un poco más bajo que Aranet pero más corpulento, era campeón de espada del norte, Axel. Otro elfo llamado Rubio. Éveret, otro guerrero con cimitarra... Y fueron viniendo muchos más.

 

Padre quería hacer un torneo con sesenta y cuatro participantes en eliminatoria directa.

 

Faltaban todavía seis hasta que apareció un joven descarado, rostro alegre. Con la primera que se abrazó es con la esposa de Aranet, la joven Mina, luego con Fondalar. Averigüé sobre Rebel, decían que era uno de los más importantes espadachines de todo Umbro y ganaba su dinero participando en torneos. Jamás lo habían vencido, jamás.

 

Esa noche en el salón principal se armó una mesa larga, una mesa enorme y todos bebían y festejaban. Me sentí contento al ver a padre feliz, a la dama Marya sonriendo y el bebé en la habitación cuidado por una criada y en la puerta un soldado. Sólo faltaba Samanta para completar mi felicidad.

Me acerqué a Rebel y le dije:

-Yo también participaré. -Se encogió de hombros.

-¿Y qué tal eres, príncipe?

-Muy bueno. Quizá sea yo quien te gane. -Rebel lanzó una carcajada.

-No te ofendas, Gualterio, es mi carácter. -Me caía bien.

 

Fondalar estaba en un rincón hablando con Émeris, todavía arrastraba esa tristeza de haber perdido a su hijo, pero tenía la fuerza interna suficiente para reponerse.

 

El más alegre de todos era Rebel, contando anécdotas. Todos se reían.

Argón, del noreste, le decía:

-Te cerraremos la boca.

Mi padre dijo:

-Acordaros que es a primera sangre. Acá no se mata a nadie, el que sangra queda eliminado. Aunque sea solamente un pinchazo con la punta de la espada, un corte en el muslo, en el estómago, en el brazo. Queda eliminado.

 

Rebel sonreía, era invicto. El mismo Fondalar decía:

-No veo otro con su habilidad.

 

Al día siguiente llegaron los restantes. El último era un hombre medianamente grande, de edad indefinida. Portaba una espada grande a su espalda. Con barba algo canosa. Muchos de los guerreros lo miraron con mucho respeto.

Le pregunté a padre:

-¿Quién es?

-No sé. -Nos acercamos a Fondalar-: ¿Por qué lo miran con tanto respeto?

-Es Geralt. Geralt es un mito. Mira que yo tengo edad -agregó Fondalar-, y desde que era joven ya conocía a Geralt. Tengo entendido que se crió más allá del país de oriente, más allá del desierto. Luego vino para el oeste y estuvo viviendo con los turanios. Es un caza recompensas. Pero no es mala persona, caza asesinos y violadores y cobra por ello. Muchos le temen.

Mi padre dijo:

-Espero que los que se anotaron no se arrepientan, porque veo las miradas de respeto que le tienen.

 

Lo primero que hice fue mirar a un costado y ver a Rebel. Y me sorprendió, había perdido su sonrisa, pero no miraba a Geralt con respeto, lo miraba con seriedad.

Geralt comió algo, tomó una enorme taza de bebida espumante y desvió su mirada hacia Rebel. Se acercó, estuvieron conversando. ¿Se conocían? Aparentemente sí.

 

Volví a preguntarle a Fondalar:

-Tú que estás enterado de todo, ¿Geralt conocía al joven Rebel?

-No te sé decir... Y no es cierto que lo sepa todo.

Padre se acercó a mí:

-¿Tú vas a participar?

-¿Por qué no? ¿Piensas que porque está Geralt voy a perder?, ninguno de los soldados me gana. Ni siquiera Albano, que es bueno. El propio Donk no me pudo vencer. -Lo miré a padre y a Fondalar-. Es una pena que no estén dos de los mejores; Aranet que fue tras Orlok y Ligor obsesionado con Randora. No sé qué hubiera pasado con Aranet y Ligor en el combate.

 

Ya estaban los sesenta y cuatro participantes. En dos amaneceres comenzaría, sería por sorteo. Pobre al que le toque primero Geralt, quedaría eliminado en primera ronda. ¿Había favoritos? Sí, los dos favoritos eran Geralt y Rebel. Lo que no sabían es que yo podía dar la gran sorpresa.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión del 31/08/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Empezó el torneo. Cada uno tenía una historia distinta, unas posibilidades de ganar. Pero la habilidad y la fuerza se decantaron hacia una situación nunca esperada.

Sesión en MP3 (3.667 KB)

 

Entidad: Estaban todos entusiasmados con el torneo de espadas. Hasta mi padre. Parecían niños con un juguete nuevo. Pero a mi padre qué le podía reprochar, estuvo con su esposa y mi hermanito en peligro de muerte.

Está bien. Fue organizado, más que nada, con parte de la recaudación solventar la sequía de la región y que las aldeas puedan sobrevivir habiendo perdido su cosecha. Y si lo tomaban como un juego, como una diversión, ¿qué?, ¿a quién molestaban?

 

Yo tendría que estar con ánimo pero estaba desgastado, es como que la partida de Samanta me dejó un hueco en mi corazón. Una mano se apoyó en mi hombro y me sobresaltó.

-Tranquilo. -Fondalar, atento a todo. Lo miré y me dijo-: Ahora pon atención a lo que está por venir. Te he observado estos últimos tiempos y has mejorado muchísimo en el arte de la espada, pero fíjate con atención los últimos que han llegado.

 

Había llegado Irsing, un salvaje, una bestia, un hombre que hablaba con sonidos guturales. Obviamente sabía hablar pero quizá para intimidar se expresaba con gruñidos.

Impiro, expulsado de la raza de los blancos, enorme, más de dos líneas de altura, fuerte, pero de rostro cadavérico. La impresión que causaba era como que era un destructor, un tremendo destructor.

 

De causalidad me tocó el primer combate contra un ecuatoriano, en instantes le saqué sangre del hombro. Saludé al público, limpié y luego enfundé mi espada.

Padre me palmeó en el hombro.

-Te felicito. -Era un rival que era fácil. De los sesenta y cuatro quedaron treinta y dos.

 

En la siguiente ronda me tocó contra un norteño que respiraba agitado. Me miraba con sus ojos pequeños, su boca con furia, su gesto de desprecio. Me miraba de arriba abajo, "¿Este joven presumido me vencerá a mí?". Levantó su espada y atacó con todo. Lo único que hice fue dar un paso al costado, dejar extendida mi espada sólo. Su estómago dio contra mi espada y cortó. Manó bastante sangre y lo tuvieron que sacar. Prácticamente no hice ningún esfuerzo.

Pasó la segunda ronda, quedábamos dieciséis.

 

Le tocó a Argón contra Asdaél. Fuertes, potentes, un combate bastante bastante complejo. Terminó ganando Argón con su fuerza, su musculatura.

 

Luego vino Arraquis. Estaba permitido usar cimitarra, el único arma aparte de la espada. Al fin y al cabo era una espada curva.

Venció Artázar. Por poco no son heridos ambos pero ganó Arraquis.

 

Luego vino Axel, tremendo guerrero del norte, fuerte, acostumbrado a usar dos hachas. Aclaro que manejaba muy bien la espada.

Fondalar me comentó al oído: -Es conocido de Aranet. Lo conoció en su peor momento, cuando Aranet fue herido.

Le tocó contra Kambal, un guerrero muy difícil de vencer. Finalmente Axel lo lastimó en su brazo.

 

Rubio. Delgado, fuerte, rápido casi tan rápido como Rebel. Le tocó contra el legendario Geralt.

Geralt más lento pero paraba cada golpe. Rubio se cansó enseguida y Geralt lo marcó en un brazo, hiriéndolo.

 

Me tocó a mí nada menos contra Éveret. Rápido, fuerte, guerrero muy experto.

Esta vez no fue fácil, dos veces estuve a punto de caer distraído y paré los golpes como pude. Di una media vuelta y le herí en un muslo.

Salí del cuadrilátero y padre me dijo:

-Si sigues pensando en tu novia vas a perder. -Asentí con la cabeza.

 

Entró al cuadrilátero el legendario elfo, Olsen, conocido por ser uno de los mejores entre los elfos, y del otro lado Rebel, con su eterna sonrisa.

Elfo, con su tremenda velocidad, parecía que combatía en cámara lenta comparado con la velocidad de Rebel y sus reflejos. En un instante lo marcó dos veces, en el muslo y en el brazo. Bajó Rebel triunfante con su eterna sonrisa.

 

El salvaje Irsing subió resoplando al cuadrilátero. En instantes venció a Nadirín y gruñó triunfante.

 

En el último combate de esta tanda subió Crak, un salvaje del norte de dos líneas de altura, espesa barba, ojos de fuego. Y del otro lado, mirando a todos con desprecio, su cuerpo blanco, su rostro cadavérico, Impiro, aparentemente el más fuerte de todos.

Fue una lucha de fuerza, cruce de metales. Ganó Impiro. Prácticamente casi le arrancó el brazo de un golpe de espada. A Crak lo llevaron para coserlo y ponerle unos polvos para que cicatrice la herida.

 

Hubo un tremendo descanso. Sólo quedábamos ocho. Comimos algo y descansamos.

Esa noche apenas podía dormir. Padre me dijo:

-Tengo unos polvos que te pueden hacer dormir un poco.

-No, no, no, quiero estar lúcido para mañana.

-No vas a estar lúcido, no vas a tener fuerzas. -Me dormí casi a la madrugada y al poco tiempo me despertaron.

-Arriba, Gualterio, es hora. -Me lavé, me puse mis ropas, mi cinturón, mi espada.

 

Al cuadrilátero subió Argón, el que había vencido a Asdaél. Le tocó con Axel, el tremendo guerrero del norte, ágil, fuerte. Lo venció.

 

La siguiente me tocó contra Arraquis, el que había vencido a Artázar. Esta vez presté más atención. Paraba los golpes, contraatacaba, se defendía bien. Finalmente lo herí en un muslo.

Bajé del cuadrilátero y padre me abrazó.

-Vamos, Gualterio, vamos.

 

La siguiente, un combate muy muy bravo, el salvaje Irsing, el que había vencido a Nadirín contra Rebel, un combate raro. Irsing arremetiendo una y otra vez. Rebel esquivando, parecía que huía el combate pero era una táctica. En un momento Irsing resopló agotado y Rebel lo marcó en los dos muslos. Y bajó sonriendo, como siempre.

 

La siguiente, Geralt. Su leyenda, su prestigio. Y del otro lado la bestia, la bestia blanca, Impiro. Geralt era alto, casi dos líneas de altura, pero Impiro le llevaba media cabeza y era mucho más fuerte. Le costó parar las estocadas a Geralt. Un combate agotador, quizás el más largo de todo el torneo. Hasta que finalmente en un avance de Impiro clavó la hoja en el estómago levemente, para no herirlo demasiado: Impiro cayó de rodillas. Se levantó gruñendo, lo miró a Geralt y asintió con la cabeza, admitiendo su derrota. Lo quisieron ayudar y se negó. Sí, por supuesto, luego permitió que lo cosieran.

 

Quedábamos cuatro, solamente cuatro. Un descanso. Almorzamos al mediodía, no quise comer.

Se sentó al lado mío Fondalar:

-Te recomiendo que comas algo liviano, no quiero que estés débil. No te vi desayunar.

Le dije:

-No, no desayuné. -Comí un poco de ave, tomé un poco de zumo de frutas.

 

Y a la tarde subí al cuadrilátero. Frente mío el rostro sonriente de Rebel.

Quedábamos cuatro, semifinales. Era a suerte y verdad. Utilicé lo mejor de mí.

Ataqué, contraataqué, retrocedí, avancé... Estaba desconcertado porque es como que Rebel adivinaba un segundo antes cada golpe que vaya a dar, incluso usaba la espada de manera distinta de cómo la usaba siempre para desconcertar a Rebel, pero era imposible. Me hizo un leve tajo en el brazo e hizo un gesto como disculpándose. No me enojé, sonreí, trató de lastimarme lo menos posible.

Le di la mano.

-Te felicito.

-Te felicito a ti -me dijo-, eres mejor de lo que pensaba.

-En breve te alcanzaré.

-¿A qué le llamas 'breve', a cuando tengas hijos? -Y lanzó una carcajada y bajó del cuadrilátero. Era Rebel, era su forma de ser. Pero me simpatizaba, a pesar de que me haya ganado.

 

El siguiente combate, Axel. El guerrero del norte con su fuerza, con su furia contra Geralt, la leyenda, el invencible Geralt al que todos respetaban, el que había vencido a Impiro.

Fue un combate muy muy parejo, incluso más parejo que el de Geralt con Impiro. Axel sabía combatir, sabía lo que hacía. Por momentos lo vi a Geralt desconcertado de la resistencia que le ofrecía Axel. En un momento, un movimiento de espada de Geralt y tocó con su filo el hombro de Axel: había ganado Geralt. Se miraron y se dieron un fuerte abrazo. Axel reconoció la derrota contra alguien que aparentemente era lo mejor que había en Umbro. Solamente me daba pena que no estuvieran Ligor ni Aranet.

 

A última hora llegó la final: La leyenda, el respeto, el hombre contra el insolente Rebel invicto, supuestamente la mejor espada de todo Umbro. Se hablaron y comenzó el combate.

Ninguno de los dos atacaba, se estudiaban. De repente avanzaba Rebel, paraba los golpes Geralt, atacaba Geralt, paraba los golpes Rebel. A Rebel lo veía distinto, como con menos reflejos, a Geralt lo veía cansado, cansado del combate que había tenido contra Impiro. Pero me sorprendía Rebel, tan lento.

En determinado momento un avance, una estocada a fondo de Rebel, parece que da en el cuerpo de Geralt; este se corre y lo toca en el brazo sacándole sangre. Todo el mundo aclama, aclamaba a Geralt, el ganador, y Rebel por primera vez en su historia había perdido. Bajó del cuadrilátero, no sonreía.

Geralt habló:

-Hipotéticamente, parte de la recaudación era para mí y el resto para los aldeanos, para compensar la pérdida de su cosecha. No; sumen lo mío, sumen lo mío. Solamente quería practicar un poco y estar entre gente amiga. Espero tomar ahora un buen vino y comer un buen trozo de carne. -Todos aplaudieron.

Mi padre me dijo:

-¿Has visto?, la leyenda le ganó al intrépido.

-Sí, sí -asentí. Lo miré a Fondalar. Fondalar hizo una mueca que semejaba una sonrisa. Bajó la cabeza como llamándome. Me tomó del hombro y me empujó muy despacio, como invitándome a caminar.

 

Llegamos a una esquina y a un costado estaban hablando Geralt con el sonriente Rebel:

-¿De verdad no te acuerdas de mí? -le decía Rebel.

-Escuché hablar de ti -le dijo la leyenda-. Sé que eres muy bueno, estuviste a punto de vencerme.

-Tu nombre es Geralt.

-Todos me conocen como tal.

-Pero tú has estado en Ardeña y en Turania, allí tenías otro nombre.

-Mi primer nombre.

-Dímelo.

-Nadie me conoce por mi primer nombre...

-Omar.

 

En ese momento discretamente me asomé y vi que Rebel se abrazaba a Geralt, que le llevaba media cabeza de alto. Fondalar me tomó del brazo y me tiró un poquito para atrás para no quedar en evidencia de que me vieran.

-Nunca me he olvidado de ti -le dijo Rebel.

Geralt frunció el ceño.

-No me digas que tú eres el joven..., el joven paria sin padres al que le enseñé todos los secretos de la espada cuando eras apenas un crío.

-Por fin te acuerdas. Por fin te acuerdas, querido maestro. Eres como un padre para mí, eres como un padre. Cómo podía..., cómo podía atreverme a vencerte.

-Gracias -dijo Geralt-. Me di cuenta de que estuviste tres o cuatro veces a punto de tocarme y te frenaste. Evidentemente estoy lento.

-No, eres la leyenda, eres el mejor. En un combate de verdad seguramente me vencerías porque un corte lo hace cualquiera, pero hay que ver después en un combate verdadero quién es el que aguanta de verdad. -Se abrazaron.

Geralt le dijo nuevamente:

-Gracias.

-Gracias a ti. Hoy, soy lo que soy por ti. No podía vencerte, no debía vencerte.

-Sé que para ti, tu "Invicto" era como un título.

-No -dijo Rebel-, no. Hay algo más importante, que es el honor, y mi honor fue el respetarte. Tú eres mi maestro. Qué más puedo decir.

 

Esa noche Geralt y Rebel se sentaron juntos compartieron carne, pollo y vino. Rebel otra vez con su sonrisa como si hubiera vencido en el combate y yo al lado de Fondalar.

Habiendo ambos escuchado la conversación privada, le pregunté a Fondalar:

-¿Cuándo me tomaste del hombro y me llevaste, querías que escuchara eso?

-Sí.

-¿Por qué?

-Para que veas que Rebel también es un personaje, pero que dentro de su personaje tiene una enorme humanidad, una enorme bondad. Aún es joven y por muchos años nadie le va a ganar, es la mejor espada. Le ganó tiempo atrás al que era el mejor -y que obviamente conocí-, a Jonus.

 

Esa noche comimos, tomé vino, y por primera vez dormí tranquilo sin pensar siquiera en Samanta. Mañana sería otro día.