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Psicoauditación - Steve M.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 08/02/2021

Sesión 09/02/2021

Sesión 10/02/2021


Sesión 08/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M.

La entidad relata una vida en Gaela, en que debía viajar a otro continente para presentar productos fabricados. Pasó por distintos países hasta que llegó a su destino: Todo era maravilloso, lugares, gente... Se sentía contento.

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Entidad: En distintas encarnaciones me he interesado por el tema de la astronomía. Hoy estoy encarnado en Sol III como Steve, pero del otro lado de la galaxia, en el otro extremo de la Vía Láctea existe un planeta que podríamos decir que es gemelo de Sol III, con características muy similares en cuanto a sus continentes, su forma de vida, hábitat, etcétera. Y la civilización era muy similar en cuanto al avance tecnológico en cada era.

 

Mi nombre era Alex Malbrán, había nacido en la ciudad de Itocod, en Marinesia, al este de Defernes, en 1946. Había trabajado mucho y estudiado mucho en el tema de la medicina porque me interesaba la salud de la gente. A diferencia de otros países más occidentales, en Marinesia prácticamente no existía la Orden del Rombo creada en Amarís, teníamos como una mayor libertad religiosa. Entonces pude estudiar medicina, ciencias, aritmética, trigonometría y obviamente lo que más me importaba era la sociología, el entender a la sociedad, el tratar de entender el egoísmo en algunas personas, los apetitos de poder, sabiendo que en el plano físico no somos eternos y que en cada encarnación somos roles que interpretamos un papel, como en este caso en el otro extremo de la galaxia, en el mundo llamado Gaela, en el país llamado Marinesia era Alex Malbrán.

 

Y había conseguido, en 1970, siendo todavía joven, un puesto como jefe en productos medicinales.

Recuerdo que me llamó el director y me dijo:

-Malbrán, vamos a empezar a exportar a otros países porque nuestros productos son más económicos y tan buenos o mejores que los que hacen en Beta, en el norte del nuevo continente, y cuestan casi la mitad. Y no se trata de competencia desleal, se trata de favorecer a la gente que precisa esa medicación y que pueda estar al alcance de todos.

Le respondí a mi jefe:

-Estoy absolutamente de acuerdo.

Y me dijo:

-El tema que tendría que ir usted con una muestra de productos para luego poder venderlas.

-¿A Beta?

-No, al sur del continente nuevo, a Plena.

-¡A Plena, es lejísimo!

El director me dijo:

-Tenga en cuenta, Malbrán, que la distancia es lo de menos, lo importante es la obra que va a hacer. Y yo tengo fe en su persona, porque es un joven decidido, voluntarioso y por sobre todas las cosas tiene una bondad intrínseca.

 

Finalmente combinamos. Y obviamente no había vuelo directo. No había vuelo directo, tuvimos que hacer una escala en Defernes. Defernes era un país que todavía tenían costumbres del siglo XIX, allí sí imperaba la Orden del Rombo, pero no era tan estricta como en otros países occidentales. En Defernes estuve un solo día.

Hicimos una segunda escala en Cabo Verde, el estado más importante al sur del continente, Arbus. Y allí sí me encontré con nativos que se creían superiores al resto de Arbus, y lo decían abiertamente.

 

Me alojé en un hotel muy importante. El conserje me miraba y me preguntó:

-¿De dónde viene?

-De Itocod, Marinesia, y viajo hacia Plena.

-¡Ah! Bueno, tiene la suerte de conocer Cabo Verde.

-La verdad que sí, me interesa mucho vuestro país.

-Obviamente -dijo el conserje-, a todo el mundo le interesa Cabo Verde, a diferencia del resto de los países de Arbus que son inferiores a nosotros. -Mi forma de pensar obviamente no era la del conserje, para mí todos los seres humanos son iguales, no importa la raza, no importa la cuenta bancaria, lo que importa era el interior de cada ser humano.

 

La política de Cabo Verde, al sur de Arbus no me gustaba para nada, la gente era muy creída, un sentido de superioridad necio, vano, estéril. Pero yo estaba de paso, era visitante y no ganaba nada discutiendo con el conserje o con quien fuera.

El botones cogió mis dos maletas y me dice:

-Lo acompaño a la habitación trescientos tres, en el tercer piso. -Le aboné por adelantado al conserje y le di una propina al botones.

 

Bajé únicamente a comer al restaurant del hotel. Por la tarde paseé, caminé por las calles cercanas al hotel. La gente me miraba, se daban cuenta de que yo era extranjero, trataban de adivinar de dónde, si era de Defernes o de más al este, pero nadie me preguntaba nada, y yo tampoco intentaba entablar conversación.

Mi manera de pensar era distinta, yo pienso que nadie es superior a nadie, pienso que hay gente que puede enseñarte distintos temas, pero está en la propia persona el aprender o no, en tener la voluntad, la templanza, el temperamento, pero entiendo de que la gente de Cabo Verde estaba acostumbrada a mirar a los otros países de Arbus por encima del hombro. Traducido significa mirarlos con superioridad. Y era algo que me incomodaba.

De todas maneras no podía solucionarlo, así que lo más inteligente era evitar todo tipo de conversación polémica.

 

Mientras comía en el restaurant uno de los camareros se acercó y me preguntó:

-¿Qué le parece Cabo Verde?

Le respondí:

-Lo poco que conozco me agrada.

Me respondió:

-Menos mal que su escala de avión paró aquí y no en otros países de Arbus que están en estado semisalvaje.

 

Yo sabía que no era así, sabía que otros países tenían tanto adelanto como Cabo Verde, pero como dije antes no iba a entablar una conversación incómoda y menos estando de visitante en un país que trataba de estar lo menos posible hablando con gente.

 

Finalmente al día siguiente, por suerte, salía mi vuelo para Plena. Cogí las dos maletas, marché para el aeropuerto, hice el chek-in: Todo perfecto. Aparte, siendo representante de productos medicinales de Marinesia me abría las puertas, tenía trato preferencial, y era cómodo viajar en primera categoría.

Pude dormir un poco, comí algo en el avión y extenuado del viaje llegué al aeropuerto de Ciudad del Plata, la capital de Plena.

 

Me encontré con un país distinto, mucha gente. Un taxi me dejó en la zona céntrica, me alojé en un hotel en una avenida, y el trato que me dieron era mucho más cordial, muchísimo más cordial que el que me habían dado en Cabo Verde.

Me preguntaron:

-¿Señor Malbrán, de dónde viene?

-De Marinesia.

-¡Vaya, bastante lejos, espero se adapte!

-De todos modos no me quedaré mucho tiempo -le dije al señor del hotel-, voy a visitar distintas empresas para ofrecer mis productos medicinales, mucho más económicos que los que traen de Beta.

-Lo felicito, eso es bueno. ¿Y la calidad?

-Es exactamente la misma, es exactamente la misma.

-Bienvenido sea entonces. Doblemente bienvenido por su persona y por los productos que trae. -Me dio varios papeles, uno de ellos era lugares de diversión, otro, lugares para comer o tomar algo.

Le pregunté:

-¿En el hotel tienen restaurant?

-Sí, pero puede recorrer la ciudad en zona céntrica, es absolutamente segura.

 

Me sentí muy bien, me sentí verdaderamente satisfecho. Plena era para mí como un descubrimiento, algo nuevo.

Le conté al señor del hotel:

-Es impresionante la cantidad de buses que pasan por la avenida.

El señor me dijo:

-Señor Malbrán, aquí no le llamamos buses, le decimos colectivos.

-¡Ah, bien! Y también veo que hay muchísimos taxis, ¿correcto?

-Correcto. Y hay todo tipo de comida de distintos países.

Le pregunté:

-¿Cómo es eso, no hay comida típica de Plena?

-Sí, nos especializamos en distintos cortes de carne, pero también tenemos las mejores especialidades de pastas, como en Lisiana, o también tabla de mar, como puede haber en la costa de Saeta. Y también comida rápida en forma de sándwich, como puede haber en Beta.

-¡Vaya -me asombre-, qué bueno! -Pero lo que más me interesaba no era la comida, lo que más me interesaba es que la gente tenía trato amable, era gente afable y por sobre todas las cosas con una gran empatía, y eso era lo que más me gustaba.

 

Tenía en mi agenda las direcciones de por lo menos ocho laboratorios de productos medicinales. El director donde yo trabajada, en Marinesia dijo: "Alex Malbrán, no se apure en recorrer todos los laboratorios el mismo día, prefiero que vaya a uno por día y explique bien los detalles de lo que estamos nosotros vendiendo, y que los precios más bajos no son por mala calidad, simplemente porque no cobramos comisiones extra ni caemos en esa burocracia occidental". Lo tenía todo grabado en mi mente.

 

Esa noche cené bien. Tomé un trago de zumo de frutas evitando tomar alcohol y pude dormir tranquilo. Al día siguiente recorrería la ciudad.

El mismo conserje del hotel me dijo:

-Hay direcciones de laboratorios que no hace falta que tome colectivos ni taxis, algunas quedan a pocas calles de distancia de las otras, puede ir caminando, no se va a perder. Si tiene alguna duda, en las esquinas hay agentes de policía que lo pueden orientar. -Le agradecí.

 

Y esa noche pude dormir tranquilo. Mañana sería otro día.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 09/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M.

Estaba en lugares nuevos y quería alternar trabajo y conocer personas y sus vivencias. Algo perfecto estando en Plena.

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Entidad: Esa mañana había visitado dos laboratorios, uno de ellos se interesó bastante por mis productos medicinales.

Me dijo el gerente:

-Señor Alex Malbrán, vamos a hacer muy buenos negocios con la empresa que usted representa. -Nos estrechamos la mano y me fui contento diciendo: "Cada semilla germina, algunas pueden ser una pequeña hierba, otras un enorme árbol. Lo importante es brindar.

 

Pero había muchas más cosas que me interesaban. Si bien trabajaba en productos medicinales me interesaba el tema de la solidaridad, de la misericordia, de la compasión, ¿y por qué no?, del amor.

 

A la noche no tenía ganas de cocinar y en la avenida había varios restaurantes llenos. Fui a uno bastante grande.

El camarero principal me dijo:

-Mire, hay para una hora de espera, salvo que en el reservado quiera compartir la mesa con un joven. -Me encogí de hombros y le dije:

-De parte mía no tengo problemas. ¿Es usual hacer eso en Ciudad del Plata?

-No, pero hay a veces hay jóvenes estudiantes que comparten mesa.

-Si bien yo no soy un estudiante -le comenté al camarero-, no tengo ningún problema en compartir. -Lo seguí. Me llevó a un reservado, había una mesa, un joven escribiendo en un borrador.

El camarero le dijo:

-¿El señor compartirá contigo la mesa?

-Con todo gusto -dijo el joven.

 

Me pedí de comer, trataba de no incomodar al joven iniciando una conversación.

Cuando terminé de cenar fue el joven quien me preguntó:

-¿Usted es de Ciudad del Plata?

-No, vengo de otro país, de Itocod, una ciudad de Medinesia.

-¡Vaya -dijo el joven-, bastante lejos!

-Sí. Vendo productos medicinales, pero hay muchos temas que me interesan. Lo venía pensando en la avenida, pensaba en la solidaridad, en el amor.

El joven se atrevió y me preguntó:

-¿Cómo anda de tiempo, señor? -Me encogí de hombros.

-Todavía es temprano para mí.

-¿Le agradaría escuchar un cuento? Se trata justamente sobre el amor. -Me interesó, y se lo dije-. Entonces se lo contaré -dijo el joven. Estábamos apartados, apenas se escuchaban los murmullos del salón.

 

El joven empezó a relatar:

«Eran aproximadamente las nueve de la noche, había un tráfico inmenso en la avenida. Jordán dio una última pipada a su cigarrillo y arrojó la colilla a través de la ventanilla del coche, se hallaba pensativo con el ceño fruncido.

El chofer del taxi lo sacó de la abstracción diciendo:

-Es increíble ver tantos vehículos juntos.

-Sí, es cierto -dijo Jordán-, y eso que esta avenida ahora es mano única.

El agente de policía dio paso y el coche arrancó.

Jordán volvió a meditar: "Es inconcebible lo que estoy haciendo -se dijo a sí mismo-, más no tengo el valor suficiente para decirle que no salgamos más".

 

Se encontraba nervioso y encendió otro cigarrillo quedando más tranquilo al aspirar la primera bocanada de humo. No voy a fumar más -pensó. En su mente afloraron otra vez los recuerdos.

Había comenzado a salir con Irene cuatro meses atrás. Al principio todo era normal, como lo son las salidas de todas las parejas en los primeros tiempos. Luego Irene se había ido enamorando, de a poco de a poco se había ido enamorando de Jordán y por el contrario éste se había dado cuenta de que no era amor lo que sentía por ella.

"Soy un cobarde, hace dos meses que le tendría que haber hablado, cuanto más tarde en decírselo más va a sufrir al final. Soy un chiquilín". Jordán era alto, de cabellos negros y tenía veintidós años, Irene era un año mayor que él.

 

El taxi llegó a destino.

-¿Cuánto es?

-Ahora le digo..., son doscientos veinte, señor.

-Sírvase. Está bien. Buenas noches.

-Gracias, buenas noches.

Descendió del vehículo y se encamino a la casa de Irene. A veinte metros de la esquina observó su reloj, eran las nueve y cuarto. Llegué casi puntual, el pequeño retraso no es por mi culpa.

Tocó el timbre dos veces y esperó. Al rato se abrió la puerta.

-Hola, Jordán, buenas noches.

-¿Qué tal Irene, estás lista?

-Sí, vamos.

-Mira que hay un tráfico terrible.

-¿Y? Como siempre, más un sábado a la noche. -Jordán se abotonó el sobretodo, soplaba un viento frío-. ¿Qué te sucede? -preguntó Irene-, te noto preocupado.

-Te parece. No tengo nada.

-Como no hablas...

-Pensaba.

-¿Puedo saber en qué?

-Pensaba dónde podemos ir a bailar. Decide tú.

-Bueno, vamos a Guanabara.

-¿Allí donde fuimos la otra noche?

-Sí, bueno, es lindo lugar. -Tomaron un taxi y marcharon rumbo a la elegante confitería.

 

Llegaron a destino, dejaron los abrigos en el guarda ropa, por los altoparlantes se escuchaba una música de un cantante muy conocido.

Se acomodaron en una mesa al lado de la pista de baile, se podía apreciar el fabuloso juego de luces que bañaba el rostro de las parejas que se movían al compás de la música.

-¿Qué se van a servir?

-¿Qué tomas? -preguntó Jordán.

-Un combinado.

Jordán dijo:

-Un whisky y un combinado, por favor.

-Muy bien. -El mozo se alejó a buscar el pedido.

-Sigues pensativo -comentó Irene.

-Escuchaba la música.

-¿Qué disco están pasando?

-Uno de un cantante de Ámber, tiene linda voz. A actualmente es lo mejor de Ámber.

-¿Bailamos?

-Bueno.

Marcharon hacia la pista y ya allí se dejaron llevar por el ritmo lento de la canción. "Se lo tengo que decir -pensó Jordán-, más no creo este que sea el momento preciso, no le quiero amargar la noche".

-Estoy contentísima -dijo Irene-, es una noche preciosa. Más porque te tengo a ti.

-Gracias.

-No, no debes agradecerme, yo expreso lo que siento. ¿No es lindo ser franco?

-Sí, así lo creo.

 

Jordán tenía un torbellino en la mente, luchaba consigo mismo, debía decirle a Irene de no salir más juntos. Mas no quería hacerla sufrir, tenía que decidirse, no podía pasar una semana más.

Domingo a las diecinueve horas. Jordán observó su reloj al escuchar las señales de una radio.

"Me adelanta dos minutos, nunca anduvo exacto". -Apuró el paso y al rato llegó a la tercera avenida. Entrando a un bar se sentó en una mesa donde se hallaba otro muchacho.

-Buenas tardes.

-Buenas noches, di mejor.

-Está bien Julio, perdona la tardanza.

-Dijiste que nos encontrábamos a las siete menos cuarto, son siete y tres minutos.

-El colectivo se retrasó.

-Buena excusa. ¿Qué tomas?

-Una cerveza y tostados.

-Bien. -Julio le pidió al mozo y luego le interrogó a Jordán-: ¿Saliste ayer?

-Sí, anoche fui a bailar con Irene.

-Pero, ¿va en serio el asunto?

-Bueno, no es que yo sea un necio, pero yo no lo considero así. Es más, quiero dejar de salir.

-¿Por qué? -inquirió Julio.

-¡Ah! Porque no la quiero y no sé como decírselo.

-Tendrás que hacerlo tarde o temprano, cuanto antes mejor.

-La culpa es toda mía.

-Debes ser hombre y enfrentar el problema.

-Tienes razón, Julio. -Julio era alto de cabello castaño, tenía veintiún años no era tan robusto como Jordán, mas le aventajaba en estatura.

-¿Me acompañas a casa de Zulema? -preguntó.

-Bueno -respondió Jordán.

Abonaron la consumición y se encaminaron a la calle, tomaron un taxi y en instantes llegaron a destino.

 

Julio tocó timbre, abrieron.

-Hola, pasen.

-¿Cómo estás, Zulema?

-Bien, Julio. ¿Qué tal, Jordán?

-Bien. ¿Y tú?

-Bien, bien. Me encontraba charlando con Marisa, pasen.

-Así lo haré. Hola, Marisa.

-¿Qué tal, Julio?

-Contento. ¿Te acuerdas de Jordán?

-Sí, cómo no me voy a acordar. ¿Cómo te va?

-Bien. ¿Y tú?

-Sorprendida, no los esperábamos.

-¿Iban a salir?

-En realidad sí, íbamos al cine.

-¿Solas? -preguntó Julio.

-¿Quieren acompañarnos? -dijo Zulema.

-Encantados.

 

Fueron al centro y estuvieron eligiendo películas más de veinte minutos, al final se decidieron por una cinta musical. A la salida fueron a tomar algo y luego marcharon a casa de Zulema. Ya allí Marisa dijo:

-Bueno, me voy a casa, gracias por todo.

-Yo te llevaré en un taxi. -Se ofreció Jordán.

-Bueno -aceptó Marisa. ¿Qué hora tienes?

-Once y veinte.

-¿Ya? Se hizo tarde.

-¿Trabajas?

-Sí, tengo que madrugar.

Se despidieron de Julio y Zulema y caminaron hacia la esquina más próxima.

-¿Te has entretenido?

-Bastante, fue muy buena la película.

-Tuvimos suerte en la elección. ¿Tú trabajas, Jordán?

-No, estudio ingeniería.

-Linda carrera.

-Sí, la pena que me retrasé un año al hacer el servicio militar.

-No te aflijas, lo principal es que sigas. Ahí viene un taxi.

-¡Taxi!

 

Subieron al vehículo y Marisa le indicó la dirección al conductor. Jordán encendió un cigarrillo y la observó con disimulo, era rubia de cabellos largos, su rostro denotaba energía.

-¿Qué edad tienes?

-Diecisiete. Tú debes tener cerca de veintidós.

-Así es, ni más ni menos.

Llegaron a la casa de ella y se despidieron en el zaguán.

-Gracias por todo.

-Al contrario, fue un placer estar en tu compañía.

-¿Nos veremos en otra oportunidad?

-¿Por qué no? ¿Tienes teléfono?

-Sí, anótalo.

-Bien, te llamaré en la semana. -Se estrecharon la mano y Jordán se marchó caminando despacio.

 

Por primera vez en varios días se hallaba contento, "Es una muñeca -pensó-, y aparte tiene un carácter bueno".

Se acercó a un puesto de revistas y compró el diario, luego tomó el colectivo y después de ubicarse en un asiento se puso a leer, más su pensamiento no se hallaba en las líneas del periódico, tenía reflejadas en sus ojos la imagen de Marisa».

 

El joven interrumpió el relato y me preguntó:

-¿Señor, se aburre con mi relato? -le dije:

-No me digas señor, mi nombre es Alex, Alex Malbrán. Sí, me interesó mucho, de todos modos ahora me tengo que ir. Si no te incomoda no tengo problemas en venir mañana a cenar aquí y continúas con el relato.

-¿De verdad no le incomoda?

-Mira, me interesan los temas de compasión, los temas de amor, los temas de brindarse al otro. Y en el relato que tú me estás contando, a ese joven Jordán lo veo como muy indeciso y quizá hasta cobarde en indicarle a la supuesta novia que no siente nada por ella. -El joven asintió-. De todos modos me intrigó mucho el relato -respondí-. Mañana nos veremos.

 

Me fui para casa y sabía que mañana tenía que visitar, mañana iba a visitar dos laboratorios más. Me interesaba, más que hacer negocios, el poder distribuir los productos medicinales, que estaban mucho más económicos que en Beta y con la misma, o quizá mejor, calidad.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 10/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M.

Había conocido a un hombre que le ofreció contar historias, relaciones entre personas. Quedó interesado como para encontrarse de nuevo con él y continuar escuchándole el relato. Era triste, pero le intrigaba. También seguía visitando clientes para su trabajo.

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Entidad: Al igual que ayer, un laboratorio se interesó mucho por los productos medicinales. Otro, no tanto. Mi efectividad hasta este momento era de un cincuenta por ciento: cuatro laboratorios visitados, dos ya tenía un contrato casi firmado.

 

Estaba de buen humor y de repente me recordé del joven con el que ayer había compartido una cena. Volví al mismo restaurant, me atendió el mismo camarero y le dije:

-Ayer compartí la mesa con un joven...

-Sí, usted es el señor Malbrán.

-Correcto.

-El joven lo está esperando.

 

Lo saludé. Cenamos y después de cenar el joven me dijo:

-Señor...

-No, no, dime Alex.

-Bueno, señor Alex, ¿continuo con el relato?

-Adelante.

 

«Desde aquel domingo habían pasado quince días. Jordán se encontraba en su domicilio tratando de leer un libro, mas no podía concentrarse en la lectura.

"Ya son las siete de la tarde -pensó-, Marisa quedó en llamarme a las seis y media".

Estaba preocupado, había salido cinco veces con ella y cada vez que la veía la encontraba más y más atractiva.

"No puedo negar que me gusta, a cada rato pienso en ella, yo no sé qué me pasa. -Observó nervioso su reloj, eran las siete y cinco-, ¿No estará adelantado? -Cerró el libro y lo depositó sobre la mesa, tomó el paquete de cigarrillos y encendió uno-. Quizá se haya olvidado de la hora, tarde o temprano me tendrá que llamar".

 

En ese momento el timbre del teléfono se dejó oír.

-¡Es ella! -Dejó sonar una vez más y levantó el tubo-. ¿Hable?

-¿Me podría comunicar con Jordán, por favor?

-Sí, él habla. ¿Quién es?

-Irene. ¿Qué tal cómo estás?

-¡Ah! Eres tú, ¿cómo te va?

-¿Esperabas otro llamado?

-Sí, me iba a llamar un compañero de la facultad.

-Entonces te llamo luego.

-No, está bien, charlemos.

-Jordán, yo no sé qué te sucede, hace cinco días que no me llamas.

-Es que tengo que rendir exámenes y estoy estudiando mucho, no tengo tiempo para nada.

-Ayer domingo te llamé y no te encontrabas en tu casa, eran cerca de las tres de la tarde.

-¡Ah sí! Fui a almorzar afuera.

-Jordán, algo te pasa, te noto raro.

-No sé, yo no me doy cuenta.

-Casi ni me hablas, no sé cómo explicarte.

-Siempre fui igual, ¿cómo quieres que me porte?

-No sé. Antes eras más cariñoso, más atento, me contabas más tus problemas, me hablabas las cosas que hacías durante el día, ahora en cambio no me cuentas nada, no me llamas tan seguido tampoco.

-Ya te dije Irene, el estudio.

-Jordán, te quiero mucho...

-¡Por favor, no sigas!

-¿Por qué razón, dime?

-Ya sé que me quieres, no hace falta decirlo a cada rato.

-Hace casi una semana que no nos vemos, ¿por qué no salimos un rato hoy?

-Hoy no, mañana en todo caso.

-¿A qué hora?

-Llámame a las seis de la tarde.

-Bueno. Hasta mañana.

-Hasta mañana. -Colgó el teléfono y se recostó contra el respaldo del sillón, luego se llevó una mano a la frente. ¡Qué problema, y no me atrevo a solucionarlo!

 

Nuevamente sonó el teléfono, y esta vez Jordán levantó el tubo enseguida. ¿Hable?

-¿Qué tal, viejo?

-¡Ah!, ¡eres tú, Julio!

-¿Con quién hablabas recién, que me daba ocupado?

-Con Irene. Ahora creía que era Marisa.

-¿Te tiene que llamar?

-Quedó en hablarme a las seis y media y todavía no lo ha hecho.

-Llámala tú.

-Eso es lo que haré, Julio, no voy a esperar más.

-¿Tanto te preocupa?

-Pienso en ella en cada momento, debo estar enamorándome.

-¡Ja, ja, tú enamorado!

-Así lo creo, Julio. Es más, estoy seguro de ello.

-¿E Irene?, ¿qué va a pasar con Irene?

-No sé, todavía no le he dicho nada. Recién cuando hablamos me dijo que yo estaba raro.

-¿Y qué esperas para decirle que no quieres salir más?

-No quiero herirla.

-¿Y con tu comportamiento evasivo, qué crees que estás haciendo?

-Tienes razón, estoy actuando equivocadamente.

-Bueno, te dejo, Jordán. Y hazme caso, sé franco con Irene. Ahora llama a Marisa. Adiós.

-Hasta mañana Julio. -Colgó y luego levantó otra vez, marcando nerviosamente. Al otro lado de la línea una voz se escuchó:

-Hola.

-Sí, buenas tardes, ¿me podría comunicar con Marisa, por favor?

-La señorita Marisa no se encuentra en casa. ¿Quién le habla?

-Le puede decir que la llamó Jordán.

-Bien.

-Gracias. Buenas noches.

 

Luego de cortar la comunicación se hallaba muy apesadumbrado. "¿Y ahora qué?".

Se marchó a su dormitorio y se recostó en la cama. Recordó algunas escenas de las veces que había estado con Marisa, pocas por cierto. "Si por mí fuera estaría todo el tiempo al lado de ella" -pensó. Memorizó la noche anterior, cuando se despidieron, él se acercó y la besó en los labios, luego se fue. "Esa boca, esa mirada, la besaría a cada instante". Luego pensó en Irene. No quería hacerla sufrir, tenía que encontrar la manera más fácil de decirle el no definitivo. Por ahora no se le ocurría nada, no se le ocurría cómo. Cerró los ojos con fuerza. ¡Qué dilema!

Veinticuatro horas más tarde las cosas habían cambiado algo su aspecto, Jordán se había comunicado con Marisa y combinaron para encontrarse en el centro a las veinte horas.

 

-¡Jordán!

-Sí.

-Teléfono para ti, es Irene.

-Dile que yo estoy indispuesto, que yo la llamaré mañana.

-Bueno.

Terminó de peinarse y luego de despedirse de sus padres salió a la calle.

-¡Taxi! -El vehículo arrimó al bordón y Jordán ascendió a él, a las ocho menos dos minutos se encontraba ya en la esquina de la cita, encendió un cigarrillo y luego observó en todas direcciones esperando ver a Marisa-. "No creo que llegue puntual, todas las chicas tardan un poquito. -Dio una pitada al cigarrillo aspirando el humo-. No voy a fumar más -pensó-, y esta vez cumpliré".

 

Pasaron cinco minutos, consultó su reloj. Ahora anda exacto, lo sincronicé con el teléfono.

Observó a una chica y por un momento creyó que era Marisa, al mirarla bien se dio cuenta que no. El tiempo pasaba inexorable minuto tras minuto. "Ya son ocho y cuarto, ¿por qué tardará tanto"? Pensó en encender otro cigarrillo, pero se resistió a la tentación, estaba nervioso. Los minutos seguían corriendo y Jordán se impacientaba, a cada rato observaba su reloj, miraba los coches, las luces de la avenida, la gente. No sabía qué hacer, ya eran las ocho y media de la noche. "¿Qué le habrá pasado? Ya no creo que venga".

Cinco minutos más tarde se marchaba abatido a su casa. Golpeó la puerta tres veces y esperó, treinta segundo más tarde ésta se abría.

-¡Jordán, qué sorpresa!

-Hola Julio, ¿puedo pasar?

-Adelante, pasa.

-¿Estás ocupado?

-No, me encontraba leyendo una revista. Estoy solo.

-¿Tus padres?

-No, han salido. ¿Y tú qué cuentas?

-Apenado, turbado, no sé. Quizá nervioso.

-¿Saliste ayer con Marisa?

-No acudió a la cita.

-¿No has hablado hoy con ella?

¡Ja! ¿Te olvidas que trabaja?

-Llámala hoy al mediodía.

-Sí, eso haré. Nunca me atrajo tanto una chica como lo hace ahora Marisa.

-¿Sientes amor?

-¡Je, je! Pienso en ella todo el día, quisiera estar a su lado en todo momento, cuando la miro siento que el corazón me late más aprisa. ¿Es eso amor?

-Con seguridad. De todos modos, enhorabuena.

-Tendría que estar contento, Julio, y sin embargo no lo estoy.

-¿Por qué?

-¡Je, je! No sé decirte.

-¿Y con Irene qué has resuelto?

-Voy a llamarla y la citaré para esta noche.

-¿Le dirás?

-Sí, pero de otra manera.

-Lo principal que no pierda más el tiempo. Tú saliendo a desgano y ella pudiendo aprovecharlo con otro que la quiera.

-Julio, no seas tan materialista. Me hubiese gustado quererla, es una buena chica.

-¿Pero?

-Pero ahora conocí a Marisa y estoy enloquecido por ella.

-¿Y ella qué siente por ti?

-Debo gustarle, de otra manera no hubiera aceptado salir conmigo.

-Sí, pero hay una leve e importante diferencia entre gustar y querer.

-Claro que hay diferencia, pero se tiene que empezar por gustar para luego enamorarse. Te puede agradar un rostro, un cuerpo, te pueden gustar unos modales en la persona, su carácter, su forma de ser, su simpatía...

-A ver, ¿qué predomina en una persona, la belleza física o la espiritual?

-Lo correcto sería un equilibro, Julio, y pocas veces la encuentras.

-Marisa, ¿cómo es espiritualmente?

-Buena, sincera.

-¿Es humilde?

-Quizá sí... Permíteme el teléfono.

-Sí, tómalo.

-Voy a llamar a Irene.

-¡Por fin!

 

Al mediodía Jordán consiguió hablar con Marisa. Ella le dijo que no pudo ir a la cita, pues se quedó a trabajar una hora extra. Quedaron citados para el fin de semana. Por la tarde Jordán estudió un poco y luego se entretuvo mirando televisión.

A las veinte y treinta horas salió de su casa, era una noche fría y estaba por llover. "Le hablaré de entrada sin titubeos, tendrá que comprender".

Eran las nueve menos diez cuando pulsó el timbre en casa de Irene, ésta salió enseguida.

-¡Jordán, has llegado adelantado!

-¿Te extraña?

-Mejor. Espera, que voy a buscar el tapado y salimos.

-No, no, no vayas.

-¿Por qué, qué sucede?

-Necesito hablar contigo, Irene.

-¿Por qué no hablamos en el camino, Jordán?

-No, aquí y ahora.

-Dime, ¿ocurre algo grave, pasó un incidente?

-No, Irene, quiero hablarte de un asunto muy serio.

-¿Diste mal un examen, discutiste con alguien?

-No, no, no. Por favor, déjame comenzar.

-Sí, te escucho.

-Es sobre nosotros, Irene.

-¿Sobre nosotros? No entiendo.

-Te explicaré, mas no encuentro las palabras.

-No me dejes intrigada, Jordán, te lo suplico.

-¿Tú me conoces bien a mí?

-Bueno, creo conocerte.

-Te diré. Yo tengo infinidad de defectos. Es más, no creo merecer tu cariño.

-¿Por qué, querido, por qué?

-Tú mereces un hombre más afectivo, que te comprenda, y yo no soy el indicado.

-Yo te quiero como eres.

-No, no sirvo para ti.

-Es imposible que trates de hundirte solo Jordán. ¿Hay algo más?

-Sí, hay algo más.

-No puede ser.

-Lo es. Entiende, y haz que no te lo siga explicando.

-Pero querido... -Irene lo abrazó, juntando su cara con la de él.

-¡Por favor, Irene, por favor! -Jordán se soltó suavemente.

Ella exclamó:

-Te quiero, te quiero como jamás quise a nadie.

- Lo nuestro no puede seguir, Irene.

-¿Así, tan de repente?

-Me di cuenta de que tiene que ser así. Comprende, Irene. -Ella apoyó un hombro contra el marco de la puerta y se echo a sollozar. Jordán no la apretó contra su pecho, hubiera sido peor. Espero que se calmara y luego dijo:

-Me voy Irene. -Ella se tomó el rostro con las manos y comenzó a llorar de nuevo-. ¡Por favor, Irene, domina el llanto!

-¿Por qué lo has hecho, Jordán, por qué?

-Te pido perdón.

-¿Por qué ha tenido que pasar todo esto?

-Yo tengo la culpa, Irene, mas ya no hay solución. Adiós.

-¡Jordán!

-Es mejor que me vaya.

-¡Jordán, no puede ser!

-Lamento mucho hacerte sufrir, Irene, lamento mucho, pero si esto continúa después va a ser peor. -Se alejó despacio con la cabeza gacha.

 

Irene rompió en sollozos, no se podía contener. Él quiso darse vuelta y mirarla, pero no lo hizo, también se hallaba triste, no como ella por supuesto. Él sentía pena, se reprochaba a sí mismo por haber llegado al punto de desencadenar esta dolorosa escena.

 

Encendió un cigarrillo y caminó más ligero hacia el centro, a pesar de ser una noche de semana había bastante gente en la avenida segunda.

Cosas como esta lo amargan a uno, pero son circunstancias, circunstancias tramadas por el destino.

Una finita llovizna comenzó a caer, Jordán se subió el cuello de su piloto y apuró aún más el paso».

 

El joven interrumpió el relato.

-¿Lo canso, Alex?

-No -exclamé-, el relato se pone cada vez más interesante. Por lo menos Jordán tuvo, de alguna manera, la valentía de decirle a Irene que no la quería.

-¿Qué opina hasta ahora de la historia? -Sonreí con tristeza y dije:

-Me parece una historia triste, me parece una historia rara. Yo pienso que cuando sales con alguien tienes que ser genuino de entrada.

-¿En qué sentido, Alex?

-Mira, joven, si a mí me interesa alguien lo digo de entrada. Si veo que la situación no es algo para comprometerse también lo digo de entrada, que la persona sepa a qué atenerse. No me gusta que me lastimen pero menos me gusta lastimar a alguien, todo tiene que ser parejo.

-Lo entiendo -dijo el joven.

Miré la hora y dije:

-Mañana debo levantarme temprano, tengo que visitar más laboratorios.

-¿Sería muy incómodo que nos veamos de nuevo mañana y continuemos el relato?

-De mi parte no tengo problema, llegué hace poquito a Plena y Ciudad del Plata me gusta, pero no tengo amigos. Si bien eres joven yo soy más grande que tú, pero por lo menos tengo alguien con quien conversar.

Nos dimos la mano y el joven me dijo:

-Entonces nos vemos mañana a la noche. Gracias por su compañía, Alex.

-Al contrario, el agradecido soy yo. Me interesa la historia y me intriga, a ver cómo continúa.

 

Me marché, mañana sería otro día.