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Psicoauditación - Valentina

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 19/01/2017

Sesión 09/05/2017

Sesión 10/05/2017


Sesión del 19/01/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina

La entidad relata cómo un amigo suyo fue acusado de una violación y el pueblo quiso venganza. Más tarde su amigo descubrió al verdadero malhechor. Aprendió lo fácil que es prejuzgar a un desconocido.

Sesión en MP3 (2.413 KB)

 

Entidad: No hay ninguna vida igual a la otra, ninguna. Y a veces aprendemos de nuestros dolores, de nuestros sufrimientos, de nuestros problemas, de nuestra soledad, de la incomprensión, de la envidia, pero en esta vivencia que voy a relatar también aprendí del dolor de otros.

 

Mi nombre era Ludmila. Trabajaba en un teatro en la zona ecuatorial, representábamos distintos actos, a veces de comedia, a veces de batallas épicas, algunos teníamos máscara y otros con la cara pintada. Y a mí eso me hacía sentir cómoda porque había decenas -sí, decenas- de personas, pero el hecho de tener mi rostro pintado era un alivio porque hacía que no me reconocieran y es como si no estuviese, porque me hubiera dado vergüenza que me vieran actuando. En cambio con el rostro pintado de blanco, los labios con un rojo absurdo, toda ropa de colores raros, el cabello recogido, un gorro de colores, guantes me sentía libre. Aparte no tenía que hablar, era todo mímica.

 

Recuerdo cuando un joven vino a trabajar con nosotras. Yo trabajaba con mi hermana melliza, Sabrina. Yo era un poquito más delgada, Sabrina era un poquito más gordita y no éramos tan iguales. Y el resto de la compañía de teatro, éramos como veinte, nos decían:

-¡Ustedes no parecen hermanas!

-Es que aparte de hermanas somos mellizas.

-¡Qué raro! -decía el jefe de la compañía.

 

Un día se presentó un joven a trabajar, estábamos en la carpa, una carpa grande como vuestros circos tienen esas carpas inmensas, estábamos sin maquillaje. El joven se presentó, su rostro era extraño, sus ojos de un color indefinido, pero a mí me inspiraba confianza.

Nos contó su vida. Cuando era niño su papá y su mamá se habían separado, su papá estaba en pareja con otra mujer, habían tenido un crio, su mamá se había juntado con un hombre que ya tenía una niña de una pareja anterior y él había heredado de su padre ciertos dones -dones que había escuchado hablar de ello, de gente de la región montañosa en el noroeste, como que manejaban cierta electricidad en las manos, tenían como cierta carga eléctrica-, pero el joven tenía trucos, trucos; hacía como una especie de magia.

Nuestro jefe de la compañía le preguntó:

-¿Sabes actuar?

-No.

-¿Sabes hacer reír?

-No.

-¿Y por qué quieres que te contrate? ¿Qué sabes hacer?

-Les muestro -dijo el joven-. Y de repente se elevó como media línea del piso.

 

Tenía algún truco o algo porque como que flotaba. Y luego allí a lo lejos había una roca, levanta su mano derecha y la roca rueda. Miré disimuladamente a ver si había algún hilo o algo atado a la roca. Nunca nos dijo el truco.

 

Conversaba con nosotras. Me preguntó:

-¿Cuál es tu nombre?

-Ludmila.

-Yo me llamo Ezeven.

-¿Ezeven? ¡Qué nombre raro! ¿Y sigues viendo a tus padres?

-Sí, pero es como que la pareja de mi padre no quiere que me acerque a su bebé, y la pareja de mi madre piensa que yo quiero acercarme demasiado a su hija, que sería mi hermanastra. Entonces es como que mi madre dice "Ve a vivir con tu padre". Padre dice "Has estado una temporada, vuelve con tu madre". Y decidí alejarme de ambas familias.

 

Finalmente lo contrataron. Seguíamos haciendo nuestros actos cómicos, nuestras batallas con espadas de cartón pero ya no había veinte o treinta personas, se juntaban más de cien para ver el acto de Ezeven, cómo flotaba. ¿Dónde estaba su truco? Él nunca lo revelaba, nunca, porque decía que así perdía la gracia, que el tema estaba en el misterio.

Pero por las noches:

-¡Escucha, ven Sabrina, escucha!

-¿Qué?

-Un llanto.

 

Salimos de nuestra pequeña carpa, nos acercamos lentamente a la carpa de Ezeven, escuchábamos que en silencio lloraba.

-Volvamos.

 

Nos estábamos alejando y escuchamos que el llanto había parado, nos había escuchado pero no salió a ver quién era. Le teníamos aprecio, era una persona tan, tan noble, tan genuino... Pero no todos, ¿eh?, no, no, no; había muchos que le tenían desconfianza "Es un joven raro, un muchacho que no sabemos si lo que contó fue cierto, nunca cuenta exactamente de qué región vino, se está escondiendo de algo, habrá ultrajado a alguna joven y por eso se está escondiendo aquí". Cuando él actuaba se tiznaba con una especie de carbón la cara, todo el rostro negro.

Una noche escuchamos un grito, una de las jóvenes en su carpa estaba golpeada y había sido violentada, con la ropa desgarrada. Toda la compañía se levantó, con sus lámparas de aceite buscaron por todos lados huellas.

-¿Le has visto el rostro?

-No -dijo la joven-, tenía el rostro como tiznado. Todos miraron la carpa de Ezeven.

Ezeven se asomó.

-¿Qué sucedió? ¿Qué pasa?

-¡Es él! ¡Es él! -Cogieron palos-. Vamos a acabar con él.

-¡Explíquenme qué pasó!

-Yo dije:

-Déjenlo que se explique.

-Tú cállate -me dijeron.

Mi hermana me tiraba del brazo.

-Están muy exaltados, espera.

-No se acerquen -dijo Ezeven-, yo no he hecho nada.

 

Y puso ambas manos. Uno le lanzó un palo -que no llegó a él-, lo frenó y lanzó un par de descargas eléctricas fuertes, los que estaban adelante cayeron de rodillas. Ezeven cogió su alforja, sus cosas y se marchó. Todos los varones estaban enojados porque querían golpearlo con sus palos hasta dejarlo destruido, por lo que le había hecho a la joven, pero era imposible acercarse debido a las descargas eléctricas de él. Y se marchó.

 

Pasaron varios días. La joven, por suerte, se repuso. Una tardecita voy hasta el arroyo con una joven amiga, nos contábamos nuestras cosas, nuestros secretos, qué chicos nos gustaban.

-Pues mira la hora que se ha hecho, ya es tarde, ya incluso habrán cenado. Volvamos.

Y en ese momento cuando estamos llegando, en mi carpa se escuchan gritos.

 

¡Sabrina! Y corro. Se veía un bulto, un hombre que la estaba golpeando y le estaba desgarrando las ropas. Lo tomo de atrás y me golpea. Caigo, quedo lastimada.

En eso se abre la cortina de la carpa y entra Ezeven, le lanza una descarga de rayos y el hombre, el verdadero hombre que ultrajaba, cae desmayado. Era un hombre grande de nuestra propia compañía que siempre hacía de mudo con cara de bueno, nunca se metía con nadie hasta que descubrimos que él había ultrajado a la otra joven y ahora casi hace lo mismo con mi hermana, y Ezeven la salvó.

Llegó toda la compañía con sus lámparas de aceite. La vieron a Sabrina con la ropa desgarrada. Lo vieron a Ezeven...

-No, no, no, él la salvó. Es él.

-¡Pero ese es Elmer, el mudo!

-Él.

Ezeven pidió por favor que no lo golpeen porque lo iban a matar. Lo llevaron al poblado, en el poblado las autoridades dirían y dictaminarían qué pena le darían.

Era una época muy hostil, un mundo muy hostil. Y aun en la región ecuatorial, la zona más pacífica, lo condenaron a muerte.

 

Y aprendí que no debemos prejuzgar porque prejuzgar es juzgar antes de tiempo. Ezeven era inocente y se lo había condenado porque se presumió que no se sabía nada de él, y siempre es más fácil acusar a un desconocido.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión del 09/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina

La entidad relata una vida en Ran II donde era jueza. A veces, interiormente, no estaba de acuerdo con la resolución final que tenía que firmar. Pero había casos en que una mano negra se encargaba de ejecutar sentencias que también podrían haber tenido lugar.

Sesión en MP3 (5.555 KB)

 


 

Sesión del 10/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina

Tenía sospechas de estar relacionada con la muerte de unos asesinos. Visitó a un científico genetista y conocedor del alma para que estudiara el caso. La genética estaba muy adelantada en Ran II. El científico descubrió y resolvió el problema. La entidad conseguiría ser feliz en aquella vida.

Sesión en MP3 (4.165 KB)