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Psicoauditación - Valentina

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 19/01/2017

Sesión 09/05/2017

Sesión 10/05/2017


Sesión del 19/01/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina

La entidad relata cómo un amigo suyo fue acusado de una violación y el pueblo quiso venganza. Más tarde su amigo descubrió al verdadero malhechor. Aprendió lo fácil que es prejuzgar a un desconocido.

Sesión en MP3 (2.413 KB)

 

Entidad: No hay ninguna vida igual a la otra, ninguna. Y a veces aprendemos de nuestros dolores, de nuestros sufrimientos, de nuestros problemas, de nuestra soledad, de la incomprensión, de la envidia, pero en esta vivencia que voy a relatar también aprendí del dolor de otros.

 

Mi nombre era Ludmila. Trabajaba en un teatro en la zona ecuatorial, representábamos distintos actos, a veces de comedia, a veces de batallas épicas, algunos teníamos máscara y otros con la cara pintada. Y a mí eso me hacía sentir cómoda porque había decenas -sí, decenas- de personas, pero el hecho de tener mi rostro pintado era un alivio porque hacía que no me reconocieran y es como si no estuviese, porque me hubiera dado vergüenza que me vieran actuando. En cambio con el rostro pintado de blanco, los labios con un rojo absurdo, toda ropa de colores raros, el cabello recogido, un gorro de colores, guantes me sentía libre. Aparte no tenía que hablar, era todo mímica.

 

Recuerdo cuando un joven vino a trabajar con nosotras. Yo trabajaba con mi hermana melliza, Sabrina. Yo era un poquito más delgada, Sabrina era un poquito más gordita y no éramos tan iguales. Y el resto de la compañía de teatro, éramos como veinte, nos decían:

-¡Ustedes no parecen hermanas!

-Es que aparte de hermanas somos mellizas.

-¡Qué raro! -decía el jefe de la compañía.

 

Un día se presentó un joven a trabajar, estábamos en la carpa, una carpa grande como vuestros circos tienen esas carpas inmensas, estábamos sin maquillaje. El joven se presentó, su rostro era extraño, sus ojos de un color indefinido, pero a mí me inspiraba confianza.

Nos contó su vida. Cuando era niño su papá y su mamá se habían separado, su papá estaba en pareja con otra mujer, habían tenido un crio, su mamá se había juntado con un hombre que ya tenía una niña de una pareja anterior y él había heredado de su padre ciertos dones -dones que había escuchado hablar de ello, de gente de la región montañosa en el noroeste, como que manejaban cierta electricidad en las manos, tenían como cierta carga eléctrica-, pero el joven tenía trucos, trucos; hacía como una especie de magia.

Nuestro jefe de la compañía le preguntó:

-¿Sabes actuar?

-No.

-¿Sabes hacer reír?

-No.

-¿Y por qué quieres que te contrate? ¿Qué sabes hacer?

-Les muestro -dijo el joven-. Y de repente se elevó como media línea del piso.

 

Tenía algún truco o algo porque como que flotaba. Y luego allí a lo lejos había una roca, levanta su mano derecha y la roca rueda. Miré disimuladamente a ver si había algún hilo o algo atado a la roca. Nunca nos dijo el truco.

 

Conversaba con nosotras. Me preguntó:

-¿Cuál es tu nombre?

-Ludmila.

-Yo me llamo Ezeven.

-¿Ezeven? ¡Qué nombre raro! ¿Y sigues viendo a tus padres?

-Sí, pero es como que la pareja de mi padre no quiere que me acerque a su bebé, y la pareja de mi madre piensa que yo quiero acercarme demasiado a su hija, que sería mi hermanastra. Entonces es como que mi madre dice "Ve a vivir con tu padre". Padre dice "Has estado una temporada, vuelve con tu madre". Y decidí alejarme de ambas familias.

 

Finalmente lo contrataron. Seguíamos haciendo nuestros actos cómicos, nuestras batallas con espadas de cartón pero ya no había veinte o treinta personas, se juntaban más de cien para ver el acto de Ezeven, cómo flotaba. ¿Dónde estaba su truco? Él nunca lo revelaba, nunca, porque decía que así perdía la gracia, que el tema estaba en el misterio.

Pero por las noches:

-¡Escucha, ven Sabrina, escucha!

-¿Qué?

-Un llanto.

 

Salimos de nuestra pequeña carpa, nos acercamos lentamente a la carpa de Ezeven, escuchábamos que en silencio lloraba.

-Volvamos.

 

Nos estábamos alejando y escuchamos que el llanto había parado, nos había escuchado pero no salió a ver quién era. Le teníamos aprecio, era una persona tan, tan noble, tan genuino... Pero no todos, ¿eh?, no, no, no; había muchos que le tenían desconfianza "Es un joven raro, un muchacho que no sabemos si lo que contó fue cierto, nunca cuenta exactamente de qué región vino, se está escondiendo de algo, habrá ultrajado a alguna joven y por eso se está escondiendo aquí". Cuando él actuaba se tiznaba con una especie de carbón la cara, todo el rostro negro.

Una noche escuchamos un grito, una de las jóvenes en su carpa estaba golpeada y había sido violentada, con la ropa desgarrada. Toda la compañía se levantó, con sus lámparas de aceite buscaron por todos lados huellas.

-¿Le has visto el rostro?

-No -dijo la joven-, tenía el rostro como tiznado. Todos miraron la carpa de Ezeven.

Ezeven se asomó.

-¿Qué sucedió? ¿Qué pasa?

-¡Es él! ¡Es él! -Cogieron palos-. Vamos a acabar con él.

-¡Explíquenme qué pasó!

-Yo dije:

-Déjenlo que se explique.

-Tú cállate -me dijeron.

Mi hermana me tiraba del brazo.

-Están muy exaltados, espera.

-No se acerquen -dijo Ezeven-, yo no he hecho nada.

 

Y puso ambas manos. Uno le lanzó un palo -que no llegó a él-, lo frenó y lanzó un par de descargas eléctricas fuertes, los que estaban adelante cayeron de rodillas. Ezeven cogió su alforja, sus cosas y se marchó. Todos los varones estaban enojados porque querían golpearlo con sus palos hasta dejarlo destruido, por lo que le había hecho a la joven, pero era imposible acercarse debido a las descargas eléctricas de él. Y se marchó.

 

Pasaron varios días. La joven, por suerte, se repuso. Una tardecita voy hasta el arroyo con una joven amiga, nos contábamos nuestras cosas, nuestros secretos, qué chicos nos gustaban.

-Pues mira la hora que se ha hecho, ya es tarde, ya incluso habrán cenado. Volvamos.

Y en ese momento cuando estamos llegando, en mi carpa se escuchan gritos.

 

¡Sabrina! Y corro. Se veía un bulto, un hombre que la estaba golpeando y le estaba desgarrando las ropas. Lo tomo de atrás y me golpea. Caigo, quedo lastimada.

En eso se abre la cortina de la carpa y entra Ezeven, le lanza una descarga de rayos y el hombre, el verdadero hombre que ultrajaba, cae desmayado. Era un hombre grande de nuestra propia compañía que siempre hacía de mudo con cara de bueno, nunca se metía con nadie hasta que descubrimos que él había ultrajado a la otra joven y ahora casi hace lo mismo con mi hermana, y Ezeven la salvó.

Llegó toda la compañía con sus lámparas de aceite. La vieron a Sabrina con la ropa desgarrada. Lo vieron a Ezeven...

-No, no, no, él la salvó. Es él.

-¡Pero ese es Elmer, el mudo!

-Él.

Ezeven pidió por favor que no lo golpeen porque lo iban a matar. Lo llevaron al poblado, en el poblado las autoridades dirían y dictaminarían qué pena le darían.

Era una época muy hostil, un mundo muy hostil. Y aun en la región ecuatorial, la zona más pacífica, lo condenaron a muerte.

 

Y aprendí que no debemos prejuzgar porque prejuzgar es juzgar antes de tiempo. Ezeven era inocente y se lo había condenado porque se presumió que no se sabía nada de él, y siempre es más fácil acusar a un desconocido.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión del 09/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina

La entidad relata una vida en Ran II donde era jueza. A veces, interiormente, no estaba de acuerdo con la resolución final que tenía que firmar. Pero había casos en que una mano negra se encargaba de ejecutar sentencias que también podrían haber tenido lugar.

Sesión en MP3 (5.555 KB)

 

Entidad: Al igual que en la encarnación de Sol 3, aquí, en Ran II, mi nombre también es Valentina, vendría a ser un juego de palabras porque mi apellido es Valente, Valentina:Valente. Siempre me gustó estudiar leyes, siempre me gustó lo legal, me recibí de lo que vosotros llamáis abogada.

 

Hice una carrera notable. A los veinte y dos años de Sol 3 ya estaba trabajando en un bufet y a los treinta años de Sol 3 me hicieron magistrada, o sea, era la jueza más joven de Ran II. Pero claro, yo dirigía juicios por jurado y los juicios por jurado no dependen de mí, dependen del fiscal, del abogado defensor o del jurado, y sé de casos donde por pruebas mal recogidas o por circunstancias que el abogado defensor consideraba atenuantes, había asesinos, enormes asesinos que quedaban en libertad y yo no podía hacer absolutamente nada. Estaba tan metida dentro de lo legal, porque dentro de esas circunstancias donde asesinos quedaban libres también hubo otros casos, muchos casos donde se hizo justicia.

Pero me absorbía tanto mi trabajo que no tenía tiempo para formalizar una pareja. Sí, tuve algunas relaciones, bastantes relaciones pero que no fueron ocasionales, eran relaciones donde yo ponía mi afecto, mi criterio, mi buena voluntad pero a lo largo de los días veía que no éramos compatibles, no éramos compatibles y la relación se cortaba.

 

Pero de alguna manera es como que me recluía en mi trabajo, tenía amigas, muchas amigas abogadas y amigas jueces bastante más grandes que yo, de cincuenta y hasta sesenta años terrestres contra treinta años terrestres que tenía yo. -Digo así porque Ran II daba la vuelta al sol cada ciento veinte y dos días por lo cual un año terrestre equivale a tres años de Ran II. En Ran II tenía noventa años pero biológicamente eran treinta años terrestres-. Hasta que un día en el holoperiódico, que podíamos tener directamente de la web, mis compañeras me dicen:

-Ese asesino, Mackini, que hace quince días atrás lo declararon inocente en tu propio juzgado, en un callejón apareció muerto. -Puse cara de asombro.

-¿Fue un asalto o qué fue lo qué sucedió?

-No, no, no -mis compañeras me decían-, aparentemente los forenses vieron que tenía una especie de picadura, como una especie de dardo, en el cuello con un potente veneno, o sea, que no se ve violencia, no habían síntomas de violencia. -Me quedé pensando.

Mi compañera más cercana, Valeria, me dice:

-Di la verdad, en el fondo te sientes satisfecha.

La miré y le digo:

-No, no; no, no, no, no.

-¿Pero cómo no? -me replicó Valeria- sí sabíamos que ese hombre era un múltiple asesino y por circunstancias o que hubo pruebas que fueron mal recogidas quedó en libertad. ¿No te alegra ver que se hizo justicia?

-No -le dije-, porque en realidad la justicia tiene que ser por medio del juzgado, no creo en los justicieros.

-Hay un testigo. -Levanté la cabeza.

-¿Cómo un testigo?

-Sí, ¿no has visto en la holoweb las últimas noticias? Un hombre vio una figura de negro pero de porte femenino, o sea, que parecer que es una mujer la justiciera.

-Mira tú -le comenté. -Y me quedé pensando. Es un tema para meditar.

 

Me quedé sola. Atenué las luces de mi hogar, dejé encendido el holovisor pero sin volumen y con poco brillo, puse una música muy tenue y me quedé meditando. Todavía no era la hora de la cena, hoy no iba a salir a ningún lado.

¿En el fondo? En el fondo sí me siento satisfecha porque hayan eliminado a ese asesino pero por otro lado siento como un complejo de culpa porque no debo sentir ese goce, esa alegría pero tampoco debo engañarme a mí misma.

Una semana después hubo un caso similar, un hombre acusado de violación. Las pruebas que aportó la supuesta víctima eran insuficientes y no hizo falta llegar al jurado, directamente el mismo fiscal hizo un arreglo con el abogado defensor para que haga treinta días de tareas comunitarias en una granja. Diez días después, la que era supuesta víctima, se suicidó. Nadie se suicida porque invente una historia y no le crean. Usando todo el raciocinio me di cuenta de que verdaderamente había sido ultrajada.

 

A los diez días, mi amiga Valeria con otra compañera, Estefanía, vinieron a casa.

-¿Qué haces Valentina?

-Escuchando un poco de música, meditando.

-¿Te has enterado?

-¿Qué pasó?

-El hombre de las tareas comunitarias, el supuesto violador, lo encontraron muerto también y se encontró como una especie de agujita como que le hubieran tirado un dardo con veneno.

-¿Me estáis acaso diciendo que hubo otra vez justicia como el asesino de la vez pasada?

-Sí, Valentina, ponte contenta, fue de vuelta un asesino. En este caso un violador, que absolvieron en tu juzgado. Por falta de mérito o porque la testigo no dio testimonio suficiente. -Doy fe que me alegré porque encima la víctima se había quitado la vida.

 

Me dolía la cabeza, tenía como ciertos flashes, como ciertos recuerdos. Me había quedado sola, mis compañeras se habían ido. Me veía como en un callejón con otra ropa pero no recordaba nada, eran como flashes. Tanto me llegó la historia de esa justiciera que la visualizaba como..., como si fuera yo. ¡Tanto me llegó la historia!

 

Hubo un tercer caso. Las leyes de nuestro mundo, Ran II, no permiten que se tenga más de dos hijos. La esposa de este hombre imputado en mi juzgado había quedado embarazada por tercera vez. El hombre alegó que él se cuidaba permanentemente, por lo cual esa criatura que esperaba no era de él.

Discutieron muy fuerte y en un rapto de emoción violenta el hombre la golpeó fuertemente, ella cayó, se golpeó de nuca y murió. El abogado defensor argumentó: "Muerte accidental más emoción violenta". Arregló el abogado defensor con el fiscal tres meses de prisión o dos años de prisión en suspenso, donde directamente no iba a la cárcel. Arreglaron esta segunda opción, él quedaba en el legajo con la mancha pero no iba preso. La mujer muerta, los dos niños que ya tenían se los sacó la comunidad y los llevaron a un centro donde iban a ser criados con todo el amor y la protección pero los niños ya no tenían padres.

Y el tema se repitió, el hombre apareció muerto en un callejón oscuro. Y lo volvimos a conversar con Estefanía, con Valeria.

Valeria en confianza me dice:

-Valentina tiene que ser alguien que te sigue, que sigue todos tus casos porque los tres casos de estas tres muertes fueron absueltos o con prisión en suspenso en tu juzgado.

 

Y yo ya me ponía a pensar "Debe haber alguna mujer entre el público que se pone molesta por los fallos que liberan a estas hienas y los ejecuta". Y me sentía culpable porque entre mí misma decía "No sé si aplaudirla. ¿Si supiera quién es la delataría o por hacer justicia haría la vista gorda, miraría para otro lado? Pero si miro para otro lado, qué clase de jueza soy".

Y por la noche, mientras dormía tenía como flashes. Me veía toda enfundada en negro, con calzados negro, ropa ajustada, poniendo mis huellas en el sensovisor -mi casa-, abriendo la puerta, entrando a mi apartamento.

Me desperté sobresaltada, busqué por todos los rincones, abrí los dos placares de ropa, no había nada. Tenía una especie de ático, subí al ático, encendí la luz tenue y allí, en una caja, había una ropa oscura. En unos cajones unos frascos verdes con un veneno, que era el líquido de una planta.

Pero, pero, pero, pero ¿era yo la justiciera? No, yo no me recuerdo, yo no me recuerdo.

Como jueza tenía acceso a los legajos. Averigüé los horarios en que supuestamente encontraron a las personas muertas y los horarios en que supuestamente fueron los asesinatos. Los forenses decían a determinada hora, pero a esa hora que decían los forenses yo ya había cenado y me había acostado..., salvo que dentro mío hubiera una disociación y de repente tuviera otra personalidad con la que saliera a hacer justicia.

Tendría que encontrar un asesor interno, un asesor que me ayude, un asesor que me diga como tengo que actuar. Pero no lo voy a comentar con mis compañeras. Voy a buscar en la holoweb.

 

Hay una región, pasando la zona montañosa, donde hay un hombre que años atrás nos salvó de una catástrofe, un tal Iruti, Raúl Iruti. Lo iré a ver, que él me oriente espiritualmente. Dicen que él también hace una especie de regresión, mi esperanza es ese hombre. Por lo menos saber a qué atenerme.

Pero honestamente, no me sentía molesta de que esos tres sujetos no estuvieran más.

 

Dejo al receptáculo bastante cargado a nivel emocional y con dolor de pecho. Por ahora me retiro.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión del 10/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina

Tenía sospechas de estar relacionada con la muerte de unos asesinos. Visitó a un científico genetista y conocedor del alma para que estudiara el caso. La genética estaba muy adelantada en Ran II. El científico descubrió y resolvió el problema. La entidad conseguiría ser feliz en aquella vida.

Sesión en MP3 (4.165 KB)

 

Entidad: Estoy aquí, con vosotros, para relatar una vida anterior en un mundo llamado Ran II, el segundo planeta de la estrella Ran, que vosotros en Sol 3 conocéis como Epsilon Eridani.

 

Mi nombre era Valentina Valente, tenía noventa años, el equivalente a treinta años de Sol 3. A mis veinte y dos años me había recibido de abogada y a mis treinta había logrado obtener el título de jueza. Me consideraba muy justa.

 

Y el fiscal sabía cómo elegir al jurado, no se trataba de comprar -para que entendáis- a un jurado, simplemente elegir a personas neutrales, que no tengan prejuicios, que no califiquen de entrada y que no den por hecho culpabilidad o inocencia sino que escuchen el alegato tanto del abogado defensor como del fiscal con respecto a la persona acusada de tal o cual delito.

Pero tres asesinos, por distintas circunstancias y/o argumentos de la defensoría quedaron en libertad y luego misteriosamente fueron muertos.

 

Por la noche comencé a tener flashes, veía con mis propios ojos callejones, me veía vestida de negro. Y me dirigí a mi ático y vi en una caja la ropa, en un cajón un frasco de veneno con la cual la ejecutora, la justiciera acababa con los asesinos. Y, obviamente, me entraba un complejo de culpa en el caso de que en un estado que mi mente no recuerda, haya sido yo la ejecutora por la noche.

 

Me contacté mediante la holoweb con Raúl Iruti, que tenía entendido que era uno de los mejores asesores espirituales de Ran II. Y en una región de más allá de las montañas lo fui a visitar. Era un hombre medianamente mayor pero muy atento, emanaba empatía, emanaba calma y confianza por sobre todas las cosas. No, no podía mentirle, esto significa que debía decirle realmente todo.

Me comentó que quizás una parte de mi mente actuaba en un estado similar al del sonambulismo pero en estadío de alerta, o sea, no estaba -entre comillas, o sin comillas-, dormida sino que sabía lo qué hacía. Luego volvía a mi casa a acostarme y al día siguiente me levantaba habiendo olvidado el episodio.

Me dijo:

-Mira, Valentina, aquí tengo algo. Son unos escaners, unos aparatos que se colocan cerca de tu cerebro...

Lo interrumpí. Le dije:

-No, no, no. No, señor Iruti, no quiero ningún implante bajo la piel ni nada por el estilo.

-No, nada de eso, me estás hablando de hace un siglo atrás. ¿Y tú tienes puestos aros?

-Sí.

-Ponte estos, por favor.

-¿Estos aros?

-Estos aros son los que tienen los chips, hay un chip que es un lector neuronal, le decimos chip para que entiendas es mucho más que esto, es un mini ordenador con una capacidad de escanear el aparato neuronal, la cadena nerviosa. Te lo explico de una manera muy básica, mi profesión principal es la de genetista desde hace muchísimos, muchísimos años. Soy un gran genetista y entiendo que a través de eso podemos detectar qué es lo qué pasa por tu mente. El aparato está encendido en todo momento.

-¿Y el otro aro qué tiene? -le pregunté.

-El otro aro es una especie de disyuntor, desconecta lo que te hace estar en un estado hipnótico pero alerta cuando supuestamente vas en plan de ejecutora -argumenté.

-Pero yo no quiero que me desconecte mi mente.

-No, no, no; no desconecta tu mente, de la misma manera que el primer mini ordenador trabaja principalmente sobre tu hipocampo leyendo tus emociones y por sobre todas las cosas observando la amígdala, que es el núcleo, el segundo mini ordenador de tu oído derecho que va dentro del pequeño aro que tienes en el lóbulo de la oreja, lo que hace es interrumpir las emociones reactivas, no desconecta tu cerebro. Por eso decía que no es fácil de explicar, pero estás absolutamente consciente, simplemente que es como un disyuntor. De repente un motor que está trabajando se calienta demasiado, el disyuntor lo que hace es apagarlo o bien reducir la marcha del motor para que no haya un cortocircuito.

-Entiendo -le dije-, lo entiendo poco, pero sé a qué se refiere. Pero la pregunta es: ¿por qué me pasa eso?

-Bueno, esto es la primera parte. Ahora vamos a la segunda parte. Todos los seres humanos tenemos un alma que nos anima.

-¿Pero eso, eso es cierto? No somos un mundo religioso, aquí no hay creencias religiosas.

-No, por supuesto, pero sabemos que la sociedad escribe sobre mitos, creencias y leyendas, somos pragmáticos pero quizá yo nade contra la corriente porque sé que una entidad suprafísica, un concepto supra energético nos anima en esta vida y en vidas anteriores. Seguramente en esas vidas anteriores has pasado por alguna circunstancia muy, muy grave que te ha marcado, ha marcado a tu alma para que en esta vida te condicione.

-¿Pero cómo a los noventa años -hablamos de treinta años de Sol 3- me pasa esto? ¿Por qué no me pasó antes?

-Porque antes no habrá habido ningún detonante y el detonante fue que esos asesinos que quedaron en libertad han hecho que se active ese rol dormido que tenías desactivado.

-¿Pero lo que usted dice, Iruti, es cien por ciento seguro?

-Absolutamente.

-Pero hay psicólogos mentales que dan otras opiniones, hablan de traumas de la infancia y todo eso.

-Estimada Valente, no descalifico a nadie, todos tienen su punto de vista y quizá seguramente sea así, pero tú me has relatado parte de tu vida y no has pasado por una experiencia traumática, salvo que no te la acuerdes.

-No, no, no. No he pasado, al contrario, mis padres me alentaron para que estudiara sin presionarme, no como a otras compañeras que justamente fracasaron por tanta presión de su entorno familiar. A mí me han dejado a mi libre albedrío, en el buen sentido; no que haga lo que quiera sino que estudie con amor, con cariño, con paciencia, con perseverancia. Mi felicidad era la felicidad de ellos. Estoy bien. Entonces quiero sacarme eso de encima y saber el porqué.

-Y lo haremos, y lo haremos. Actualmente estos micro ordenadores que tienen dentro de ambos aros, en los lóbulos de tus oreja, conectan a nivel satelital y directamente toda la impresión queda grabada en mi holoordenador, todo campo genético queda grabado.

-¿Pero tanta potencia tienen para que un satélite lo pueda captar?

-Sí, apreciada Valente, tanta potencia. Quédate tranquila. O sea puedes bañarte, higienizarte, puedes nadar... Los aros son blindados, no afectan a los microordenadores.

Le agradecí. Le cargué a su cuenta los créditos que cobraba la consulta y me marché.

 

Hubo un caso muy especial de un hombre que lideraba una banda. Había sido detenido, fue encarcelado y un juez, un colega con el que yo no me llevaba muy bien, que tenía ciento veinte años -el equivalente a cuarenta años terrestres-, era un juez más inmaduro que yo a pesar de que era yo mucho más joven, dijo que podía estar en libertad condicional y le agregaban un chip en una de sus muñecas con una pulsera para tenerlo vigilado.

Al día siguiente el hombre se había sacado la pulsera. Hubo una orden de captura.

Hubo un asalto, una mujer joven murió en el asalto. La justicia entró por la fuerza en la casa del hombre y encontró un par de objetos que pertenecían al asalto y fue demorado, fue procesado. El abogado defensor alegó que las pruebas fueron obtenidas sin haber una orden judicial de allanamiento de morada por lo cual el hombre quedó en libertad. Y vaya causalidad, eso fue en mi juzgado, no tuve que hacer otra cosa que bajar el mallet y dejarlo en libertad.

 

Pasaron siete días y me enteré de que ese hombre había asaltado otro negocio, donde por suerte no hubo víctimas, y en un intercambio de disparos de plasma con las fuerzas de seguridad fue herido mortalmente. Pero me quedé tranquila sabiendo que esa justiciera nocturna no actuó.

 

Esa misma tarde me manda un holomensaje el profesor Iruti, y me citó para el día siguiente. Cuando lo vi, me dijo:

-Ven, esto es importante. No te voy a mostrar las pantallas del holoordenador porque no las entenderías, no entenderías las imágenes. Te voy a decir directamente. Ya desde la primera noche de esa persona que ejecutaron en un intercambio de disparos plasma tu hipocampo reaccionó y el otro micro ordenador actuó como disyuntor. Durante seis noches, si no hubiera sido por el disyuntor te hubieras levantado a buscar a esa persona. -Y me sentí mal cuando Iruti me dijo eso.

-Entonces fracasó todo, señor Iruti, porque los microordenadores no cumplieron su cometido.

-¿Cómo no? -argumentó él-, lo cumplieron con creces porque el disyuntor actuó como tal impidiéndote que actuaras con la parte reactiva de tu mente y olvidándote al día siguiente. Y el primer microordenador leyó tu alteración genética.

-Entiendo. Entonces, ¿ahora qué sigue?

-Ahora hay un tercer aparato, hay un tercer aparato.

-¿Un tercer aparato?

-Sí, hay un tercer aparato muy, muy importante. Tengo un amigo, un amigo muy apreciado que es uno de los mejores en holoordenadores, él fue el que me diseñó este ordenador que está adaptado únicamente a la parte genética.

-¿Es como una especie de codificador-decodificador genético?

-Bien. Sí, así es. Así es Valente. Pero va más allá. Mediante una ondas especiales, para que tú me entiendas, pueden modificar esa parte genética para que nunca más puedas tener ese cambio que te motive a ser ejecutora, ni consciente ni inconscientemente. -Le dije, obviamente, que sí.

Me citó para el día siguiente. Avisé en el juzgado de que tenía un compromiso.

 

Me tuvo varias horas en una especie de máquina similar a los viejos resonadores del siglo pasado y me aplicó un casco en la parte de la cabeza.

-Quédate tranquila, Valente, no te afecta para nada, ni lo cognitivo ni lo motor para nada, simplemente va a modificar el campo neuronal genético que tienes activado y, que de alguna manera, lo explico de una manera muy básica para que me entiendas, te mueve a tener una doble personalidad nocturna.

 

Al cabo de ese lapso salí del tuboordenador y el profesor Iruti me dijo:

-Ya está.

-Don Iruti, una pregunta.

-Dime, Valente.

-¿Por qué nací con esa discapacidad genética?

-Te lo explicaré, pero no es fácil de entender, pues somos una sociedad pragmática aquí en Ran II. ¿Te acuerdas que te comenté la primera vez que en vidas pasadas puedes haber tenido experiencias traumáticas y eso puede habar afectado tu alma?

-Sí, ahora creo en eso.

-Bien, ese alma al encarnar en ti como nuevo ser, como Valentina Valente, ese recuerdo doloroso de esa otra vida o esas otras vidas, al animar tu cuerpo, de alguna manera, también adaptó tu campo genético, tu ADN a ese -para que entiendas-, llamado trauma de otras vidas.

-Entiendo. O sea, que con este ordenador genético, al modificar, corregir ese campo neuronal, eso desaparece.

-Eso es una parte, eso es una parte.

-¿Falta más todavía, profesor?

-Falta la otra parte. Voy a hacer una pequeña sofrosis contigo para eliminar el resto. Cuando de repente en tu holoordenador aparece un virus hay un potente antivirus que lo erradica, pero quedan residuos, y hay otro aparato que los elimina a esos residuos. Te voy a llevar atrás, sin que pierdas tu alerta, simplemente vas a estar en un estado más relajado y te voy a llevar a repasar alguna vida. Y no tengas miedo, no vas a estar indefensa en ningún momento, vas a estar consciente escuchando ruidos presentes, voces, lo que fuera, no es como las películas de siglos anteriores donde la persona hipnotizada estaba a merced de cualquier circunstancia, no, para nada.

 

Y en tres sesiones, en tres semanas el profesor me llevó a otras vidas donde recordé circunstancias dolorosas, y él me dijo que al repasarlas, los residuos de ADN que podían quedar en mi cuerpo ya estaban barridos, eliminados. Le agradecí enormemente.

 

Y él me dijo:

-Espero, en algún momento, poder adquirir una mayor profundidad mental para evitar esa sofrosis en ti y poder captar yo la parte de tu alma que no está encarnada y poder hacerlo yo por ti, pero en este momento aún no tengo esa habilidad, ese don.

 

Pero aquí no termina la historia. Antes de irme le pregunté a Iruti:

-Yo soy jueza, me considero muy justa. ¿Qué hago, debo entregarme?

-¡Qué dices, Valente!

-He matado a tres personas y si bien lo he hecho de manera inconsciente he matado a tres personas.

-Primero -me respondió Raúl Iruti-, lo has hecho en un estado de inconsciencia superior, de alguna manera estabas dominada por esa parte reactiva que te desdoblaba, eras dos personas en una. Segundo, hace treinta años atrás -aclaro que equivalen a diez años de Sol 3-, yo me vi obligado a matar muchísimas, muchísimas más personas.

Le comenté:

-Me enteré. Me enteré que hubo una avanzada alienígena, me enteré de todo ello, me enteré de que buscaban dominar a todos.

-En realidad no -me corrigió Iruti-, buscaban eliminarnos para establecerse ellos, pero eran solamente una avanzada, no había más. Pero los jefes de los distintos gobiernos de las regiones acordaron con ellos creyendo que les iban a otorgar poder y títulos para colaborar con los alienígenas y sometían así al resto de la población en un estado de Ley Marcial, de estado de sitio, ejecutando inocentes, ejecutando rebeldes. Y ni a mis seres queridos les comenté lo que yo iba a hacer, porque tengo otro holoordenador bien guardado que emite una especie de ondas que fragmentan el cerebro hasta dejarlo inutilizado, y eso es lo que les dije a los jefes militares que iba hacer con la población que se rebelara, mediante satélites que orbitan todo el planeta. Y lo que hice fue al revés, cargué las ondas mentales de los aliens y de los militares que se habían aliado con ellos y desactivé la mente de ellos, quitándoles la vida. Lamentablemente no había otra.

-Pero es distinto lo que yo hice, porque usted ha salvado el mundo.

-Claro. Es cierto, pero somos tan complicados los seres humanos que habiendo salvado millones de vidas, el hecho de haber quitado algunas para salvar a otras...

-¡Pero no se compara! ¡La proporción es grandísima! Usted es una leyenda. Lo mío no tiene disculpa.

-Ahora eres otra. Seguirás teniendo emociones porque tu hipocampo sigue funcionando bien. El núcleo, que es tu amígdala cerebral, sigue funcionando bien. Podrás tener cólera, podrás tener ira, emociones negativas, emociones positivas pero no tendrás el efecto colateral que tenías porque ese campo genético fue modificado y no hay de qué condenarte. Amén de que como hemos repasado los efectos residuales verás que te levantarás mañana y esos complejos de culpa dejarás de tenerlos. Pon énfasis en tu trabajo como jueza.

 

Me estaba yendo luego de depositarle los créditos correspondientes del tratamiento, me dijo:

-¡Ah! Espera.

-¿Qué más?

-No dejes de ser feliz, está bien que hagas un esfuerzo en tu trabajo pero vive también tu vida personal. Sal, disfruta, escucha música, lee lectura sana, conoce personas afines porque ya tienes noventa años. Me has contado que has salido con algunas personas pero no dejes de vivir, el trabajo es importante pero vive también tu vida, el disfrutar no está reñido con la bondad.

 

Le agradecí sus consejos y me marché. Empezando por fin a ser feliz de ahora en más.