Índice
Psicoauditación - Ligor - Ra-El-Dan
Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Cuarta parte - Tercera parte - Segunda parte  -  Primera parte - Sesiones Raeldan

Sesiones

18/10/2012

25/09/2015

04/01/2017

09/01/2017


 

Sesión 18/10/2012
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Raeldan

 

Ligor llegó a un pueblo de Umbro donde se celebraba un torneo y reconoció a unos amigos, Kena y Jonus. En el combate entre Jonus y el finalista ocurrió una situación inesperada. Ligor iba a intervenir pero apareció Fondalar. Finalmente todo se resolvió bien. Siguió hacia la región vampírica.

Sesión en MP3 (3.115 KB)

Entidad: A veces la soledad pesa.

 

En mi mente tenía infinidad de recuerdos, recuerdos de un amor que me había engañado con un amigo. No importaba que luego se arrepintiese, ya no podía confiar.

 

Otro amor, que tenía hecha una promesa de servir a su princesa y tenía que permanecer lejos de cualquier hombre. Sentía, sentía por esa mujer no pasión sino verdaderamente algo más: sentía como amor, sentía necesidad. Era difícil analizar mi sentimiento.

 

En Umbro muchos pensaban "Ligor sólo tiene afán de aventura" y, como dije en algún momento, mencionas la palabra 'guerrero' y te imaginas a un ser temerario, con armadura, luchando con espada, a mazazos con un rival, su cabalgadura impecable. Pero ya lo he dicho: hay amaneceres que estamos en el desierto, en la montaña, en compañía del viento, solos, absolutamente solos y no tenemos nada que nos consuele esa soledad, nada, el recuerdo quizás.

 

Y recordaba a Nuria, ese gran amor que nunca se había ido de mi mente ni de mi corazón. Nuria era como un complemento, era como lo mejor que me podía pasar, pero era imposible.

 

Luego hice una mueca como una sonrisa triste recordando amaneceres atrás a Kena, esa joven indómita que me sacaba tanto de las casillas. Es verdad que había despertado mi pasión, pero era...

 

Teníamos unos caracteres tan parecidos o quizás ella era más impulsiva, y era una convivencia imposible. Sin embargo, me atraía y me descolocaba y no la entendía.

 

Cabalgaba en soledad. Quería conocer la zona vampírica de esos seres extraños que se alimentaban de sangre de sus víctimas. Corrían leyendas de que eran seres inmortales y yo sabía que no era así; simplemente eran una raza distinta como los mentos, como los lomantes, y que el filo de la espada los mataba como a cualquiera.

 

Llegué a un poblado de la zona ecuatorial y escuché un griterío pensé que había alguna pequeña gresca en la posada; suele ocurrir. No. Atravesé el poblado y en las afueras, del otro lado, había un torneo de espadas, no torneo de verdad, torneo con espadas simuladas, las de madera. Cada uno tenía que dejar algunos metales, cobreados o plateados, y el ganador se llevaba el botín más grande. Le daba un porcentaje al que organizaba y el resto para él. No ganaba el segundo ni el tercero, solamente el que ganaba.

 

Dejé el caballo a cuidado que le dieran de comer y de beber, pasé por la posada, tomé una bebida y apenas un bocado de algo y fui caminando hacia donde estaban los combatientes. Me sorprendí: entre el público estaba Kena gritando. Seguí su mirada y me sorprendí de nuevo: el que combatía era Jonus. Alguna vez Jonus había dicho que a él no le gustaba combatir, que le gustaba la espada para enseñar pero, bueno, entiendo que todos precisamos metales y no le hacía mal a nadie. Apenas terminaron mis pensamientos, Jonus había vencido. Averigüé que era la semifinal, así que había llegado al final. Averigüé quién era el otro finalista, un guerrero corpulento, turanio, que tenía apoyo de sus amigos. Visualicé sus rostros y vi que parecían pendencieros, de aquellos que cuando van a un poblado enseguida buscan problemas.

 

Kena me vio, Jonus la miró e inmediatamente me vio y sonrió.

 

Me acerqué, nos estrechamos el brazo y me dijo:

 

-Ligor, nunca me olvido de aquel tiempo cuando rescatamos a Samya.

 

-Así es, por el camino venía pensando...

 

-No lo digas: en Nuria.

 

-Así es hermano, en Nuria.

 

Señaló a Kena.

 

-Esta joven dice que te conoce.

 

-Tú sabes que me conoce; varias veces te he visto en las montañas camino de los apartados. Siempre estás vigilando pero nunca te acercas a los grupos, pero te he visto.

 

-Muy bien, eres uno de los pocos que puede verme cuando yo no quiero que me vean.

 

-Bueno, estoy en esto.

 

-Sí, eres guerrero. Veo que te toca un turanio.

 

-¡Será fácil!

 

-Vigila a sus amigos.

 

-Lo sé.

 

De todas maneras quedé preocupado porque en esos torneos no se permite ir armado de verdad pero vi que Kena portaba las espadas de Jonus.

 

Llegó el combate final y Jonus ampliamente dominaba al turanio. Quizá presa de ese orgullo, no le marcaba puntos enseguida, tal vez para lucirse con Kena. El turanio cayó a tierra y cogió un puñado de ella y se lo lanzó en los ojos a Jonus. Jonus no pudo ver, yo sí: vi que un compañero lanzaba un sable verdadero, metálico, que el turanio lo cogió y lanzó un golpe hiriendo la pierna izquierda de Jonus. Jonus retrocedió, se limpió la vista, esquivando como podía los golpes que podían ser mortales. Miró hacia Kena y Kena le tiró una de las espadas. Jonus la cogió en el aire y en menos de dos segundos le cortó la cabeza al turanio.

 

Pero rabiaba, tenía un corte bastante profundo en su muslo izquierdo. Algo pasó por su mente -la herida o la traición del turanio-; es la primera vez que lo vi fuera de sí. Los amigos del turanio lo atacaron y en pocos segundos eliminó a los cinco. Quisieron pararlo y nadie podía; podía salir lastimada gente inocente. En ese momento cojo mi espada no para lastimarlo pero de alguna manera para frenar sus estocadas a ciegas. Una mano fuerte me toma del hombro y avanza, adelantándose. Tremenda sorpresa: era Fondalar con una espada y trata de calmar a Jonus.

 

Jonus estaba bastante reactivo y, a veces, estando reactivo puedes ver pero no reparas a quién tienes enfrente. Con una habilidad increíble, Jonus lanzaba golpe tras golpe tras golpe -que no sé si, siquiera, yo los hubiera podido frenar, por algo era considerado el que mejor manejaba la espada en todo Umbro- pero Fondalar, décimas de segundo antes, le paraba un golpe tras otro tras otro tras otro sin emplear su poder mental, sin atacarlo tampoco, solamente frenando un golpe tras otro tras otro con la misma velocidad mental o aún mayor, y todo se fue decantando. Jonus se fue cansando, su mente reactiva fue desapareciendo hasta que bajó su arma. Fondalar bajó la suya y lo abrazó.

 

Me acerqué a ambos. Jonus lo separó a Fondalar y mirándolo a los ojos le dijo: -Gracias, es la primera vez que me pasa.

 

Fondalar sacó una bolsa con hierbas. Tenía un recipiente con un líquido, lo llevó a un costado y le curó la herida y luego le hizo un fuerte vendaje.

 

-Esto no te cicatrizará de un amanecer para el otro pero estarás bien. Se dirigió al que organizaba el torneo y tendió la mano, mirándolo fijamente. El otro dudó, luego sacó una bolsa de monedas y se la dio. Fondalar se la alcanzó a Jonus.

 

-Esto es tuyo, te lo has ganado.

 

Kena estaba paralizada por la escena y yo callado. En ese momento advertí de que detrás estaba Émeris y la pareja de lomantes. Fuimos todos a comer a la posada. El posadero no tuvo reparo en que también entraran los lomantes mientras hubiera metales para pagar; estaba todo en regla.

 

Hablé con Fondalar y le dije: -¡Así que te has hecho muy amigo de Émeris!

 

-En eso estamos.

 

Me dirigí a los lomantes: -¿Y vosotros habéis formado pareja?

 

Luomor, imitando la voz de Fondalar, dijo: -En eso estamos.

 

Largué una carcajada y me tomé una jarra completa de bebida espumante, lanzando luego un fuerte eructo.

 

Con Kena casi no hablé, me dio la impresión de que agradaba Jonus y está bien que así fuera. Yo no me olvidaba de Nuria, nunca me olvidaría de Nuria. ¿Qué iba a pretender de Kena? Si ella era afín a Jonus era porque "aquel que estaba más allá de las estrellas" así lo quería. Disfrutaría esta en compañía de amigos, quizás mañana también y luego partiría a la región vampírica. Dos amaneceres después me separé del grupo. Jonus también se iría por otro camino con Kena. Y Fondalar y Émeris estarían con los lomantes.

 

Sólo tenía una duda que le pregunté a Fondalar: -Es la primera vez que te veo usar la espada y has frenado los golpes del guerrero más veloz, del de mejores reflejos. ¿Cómo lo has hecho?

 

-Bueno -me respondió- soy un mento, sé lo que va a pensar el otro.

 

-¿Acaso lees la mente?

 

-No, Ligor, por supuesto que no pero dentro de mí es como que algo me dictara el movimiento del otro.

 

No respondí, no tenía palabras para responder. Nos abrazamos y le dije: -Maestro, espero volvernos a ver. Y suerte con Émeris.

 

Monté en mi hoyuman y marché para la región vampírica. Otra vez con mi soledad pero con más vivencias, con más recuerdos y con un pensamiento más positivo.

 


Sesión 25/09/2015
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Raeldan

 

En viaje hacia Krakoa, Ligor es capturado por la raza de vampiros con la intención de disfrutarlo y después no dejarlo vivo. Aunque débil logra desatarse en el último momento y a pesar de todo perdona la vida al atacante. Y continúa su viaje.

Sesión en MP3 (2.883 KB)

Entidad: En mi rol de Ligor siempre he tratado de, valga el juego de palabras, desdramatizar los dramas.

Mi rol tenía varias facetas, me podían considerar burlón, descreído, irónico, sarcástico, temible, conquistador tanto de territorios como de mujeres. Quizás lo último era para cubrir el gran vacío hasta que me encuentre con mi gran amor. Pero algo me impulsaba a conocer territorios porque sabía que en diez amaneceres o en mil amaneceres podía irme con aquel que está más allá de las estrellas y me perdería conocer lugares, como el nuevo continente del Oeste al que fui dos veces, como la zona de los apartados, de las amazonas, la zona oriental, la zona desértica, la zona boscosa, la zona montañosa, la zona turania, hasta las nieves del Norte. Sólo me faltaba conocer, muy muy al Sur, el continente -desconocido para mí- de Krakoa.

Ahora marchaba para la zona vampírica porque dudaba de la mayoría de las leyendas que habían escuchado mis oídos. Estaba casi oscureciendo, iba por un camino solitario lateral. Mi nariz olfateó un aroma dulzón penetrante que me embotó la mente. La alarma llegó tarde. Mi mente inconscientemente decía peligro, peligro, sentía que me dormía y ese aroma penetrante me hacía cerrar los ojos hasta caer, caer, oscuridad, inconsciencia...

 

Desconozco cuánto tiempo estuve así. Abrí los ojos y tenía un pequeño dolor de cabeza, sentía la espalda fría, estaba despojado de mis ropas, quise moverme y tenía los pies atados, las manos atadas a un costado, mi espalda apoyada a una roca fría y veo el rostro de una mujer. Me sujetó la cabeza y me dice:

-¡Toma! ¡Bebe! -Era una pócima dulzona, caliente.

Estaba atado, no tenía nada que perder. Si era el momento que tenía que ir con aquel que estaba más allá de las estrellas. De mala gana lo aceptaba y digo de mala gana porque no quería que mi historia se terminara ya sin estar con mi gran amor. Bebí esa pócima y sentí una tremenda energía, una energía que me erotizó. Me fijé bien el rostro, era una mujer joven, atractiva:

-¿Quién eres?

-Onira. ¿Y tú?

-Ligor.

-Ligor, el guerrero. Me han contado algunas cosas de ti.

 

Me empezó a besar el rostro, el pecho, el cuello. De repente sentí dos filos incisivos en mi cuello, algo que me irritaba y de repente algo que me calmaba el dolor. Onira retiró su rostro y tenía su boca con mi sangre:

-No te preocupes Ligor, mi saliva es absolutamente cicatrizante.

No perdí mi sarcasmo: -Tú bebes la sangre de tus víctimas hasta matarlas.

-¿Por qué haría eso? Me quedaría sin alimento.

 

En lugar de pensar en mi indefensión, mi curiosidad sobrepasaba el estado en el que me encontraba y preguntaba y seguía preguntando:

-¿Quiénes sois vosotros, os alimentáis solamente de sangre de vuestras víctimas?

-No, para nada... nos alimentamos de comida como todo el mundo.

-Todo el mundo humano...

-Todo el mundo, todo Umbro.

-¿Por qué lo de la sangre? Las leyendas son ciertas, atacáis en la oscuridad, os transformáis en mamíferos voladores.

 

Onira lanzo una carcajada: -¡Eso sí es leyenda! Para causar más temor y que no nos ataquen. La mayoría desconocen donde estamos. Aparte, ponemos trampas en el camino, trampas mortales. No somos tantos.

-Me has dado una poción que me hace hervir la sangre, metafóricamente hablando.

-Por eso te la di. Una sangre de ebullición tiene más gusto para mi paladar, pero aparte -continuó- me sirve para otras cosas.

 

Se despojó de una prenda, estaba completamente desnuda y montó sobre mi persona. Mi libido estaba al máximo y sentí una sensación placentera mientras Onira me hacía el amor una y otra y otra vez.

 

Volvió a darme una poción, la bebí con ansiedad.

-Es para que no te debilites.

Lo que llamáis ego u hombría hizo que la contestara:

-Mujer, no me canso tan fácilmente, he conquistado territorios...

-Pero no mujeres. Has cortejado granjeras, campesinas, mujeres de las posadas. Nos enteramos de muchas cosas, no solamente de ti, no pienses que eres tan importante.

 

La poción me reanimó y Onira me atacó sexualmente nuevamente. A la mañana siguiente, al abrir los ojos, me di cuenta que salvo la infusión que me dio varias veces, no había comido nada, pero no tenía tampoco apetito.

-¿Y ahora qué harás? ¿Me matarás? ¿Me dejarás ir? -Me miraba-. Si tienes miedo que te ataque, olvídate, no haré nada, la he pasado bien. Considera que mi sangre ha pagado el placer que hemos tenido mutuamente.

 

Estaba aflojando mis cuerdas, en ese momento aparece una figura imponente con una capa negra, rostro casi blanco. Onira se da vuelta y grita:

-¡Ruker! Aparentemente Ruker era uno de los que mandaba en la zona vampírica.

-¿Quién es?

-Un viajero.

-¿Por qué no me has avisado?

-Porque quería disfrutarlo.

 

Una tremenda bofetada lanzó a Onira contra una de las paredes.

-¿Le has dado poción a la mañana?

-No -dijo Onira, levantándose a duras penas.

-¡Pues también saborearé su sangre!

 

Pero Ruker no era Onira, sentía rechazo de que beba de mi cuello. Con toda mi potencia, con toda mi fuerza me liberé de las cuerdas pero me di cuenta que estaba un poco mareado. Ruker me tomó del cuello -¡no pensé que sería tan fuerte!- o yo en realidad estaba débil y la poción no era tan regenerativa como pensaba. Me tiró de nuevo contra la roca e intentó atarme. En un gesto de desesperación mentalicé con mis dos manos, lancé un rayo a Ruker, que lo absorbió. Me desconcertó, he visto humanos que han caído inconscientes. Volví a lanzar nuevamente un rayo, allí tambaleó, lo tomé de las dos sienes, apretándole la cabeza y con toda intensidad volví a lanzar una descarga eléctrica: cayó inconsciente. Seguí apretando, lanzando otra descarga eléctrica.

Onira, me tomó detrás del hombro:

-¡Déjalo!

-¡Está bien! -Lo solté-. ¿Por qué debería perdonarle la vida? ¿Y a ti?

-Es nuestra esencia.

-¿Él me hubiera matado?

-No lo sé, tal vez para que no reveles el lugar.

-Entonces, ¿por qué yo tengo que perdonarlo a él?

-Es su naturaleza.

-No es excusa. Contadme de vosotros.

-Te puedo decir que somos varias familias con miles y miles y miles de amaneceres sobre la faz de Umbro, escondidos. La gente nos teme y eso nos favorece porque no somos tantos, somos un par de centenares de sobrevivientes.

-¿De qué se alimentan aparte de la sangre?

 Onira me respondió:

-Carne asada de animales que andan por el territorio. Evitamos matar humanos, generalmente los dejamos inconscientes con un vapor perfumado que tenemos, les chupamos la sangre estando inconscientes y los dejamos a un costado de un camino. Ni se enteran.

-Pero la gente os conoce -le dije-, muchos hablan de la zona vampírica.

-Sí -dijo Onira-, como leyenda.

-¿Dónde está mi ropa? -Señaló a un costado.

-Mi alforja, mi espada, mi cuchillo... -Señaló a otro costado.

 

Me vestí lentamente.

-Tengo algo para ti -me dijo-, un guisado de legumbres con carne.

-Espero que no haya ninguna trampa, que no haya ninguna poción adentro.

-No, te irá bien para el camino.

 

Comí con un voraz apetito, me sentí más recuperado. Ruker aún estaba inconsciente pero no me fui, esperé a que se despertara.

Me miró con otros ojos, de respeto. Era tan alto como yo. Me miró y vio que ya estaba armado.

-¿Qué es eso que me has lanzado?

-Yo también tengo mis secretos -le dije-. No os preocupéis, no revelaré vuestro lugar. ¿Me hubieras matado?

 

Ruker no era cobarde, asintió:

-Sí, seguramente para que no reveles nuestro sitio.

-Está bien, no has mentido. Valoro tu... no digo lealtad, tu valor, tu sinceridad. No habrá ninguna represalia.

-¿Onira es una de tus mujeres?

-¡No hombre, es una de mis hijas!

 

Me sorprendió... Ruker era el padre de Onira.

-¿Tú eres el que manda?

-En esta región sí, pero hay otras regiones cercanas con otras familias también escondidas. Nos protegemos de vosotros.

-¡Qué irónico! -le dije-, sois vosotros los que atacáis.

 

La situación resultaba tragicómica, ellos tenían temor de nosotros.

Abracé a Onira y le dije:

-Ten cuidado, hay mucha gente mala por aquí.

 

Lo miré a Ruker, le saludé con la cabeza y me marché.

Me siguió y me dijo:

-¡No me has contado cómo haces eso!

-Es un don que tengo. Y antes que me arrepienta mejor me marcho porque sigo pensando que si no fuera por ese don me hubieras matado y yo te estoy perdonando la vida. Eres fuerte como yo pero estando en plenitud puedo ahorcarte con mis manos antes de que llegues a mi cuello con tu boca.

 

Ruker bajó la vista y me marché por el camino. Mientras me alejaba pensaba en Onira, su rostro engañosamente bello, su cuerpo engañosamente apetecible y su boca, tentadoramente peligrosa.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 04/01/2017
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Raeldan

 

La entidad, en su rol Ligor, en Umbro, a lomos de su hoyuman repasa situaciones, anécdotas, incidentes vividos mientras viaja en búsqueda de su gran amor. Pero aún no sabía si era hijo de su padre...

Sesión en MP3 (1.810 KB)

Entidad: Mi nombre es Ligor, voy cabalgando con mi hoyuman.

 

Nuria estaba libre de sus votos, la querida princesa y luego reina, Samya estaba con aquel que se encuentra más allá de las estrellas. Iba en su búsqueda, nos lo merecíamos. Ella por haber mantenido su promesa a su princesa y luego reina. Yo por esperar ese amor, esa mujer a la que amé apenas la conocí.

No niego que tuve aventuras, no niego que hubo mujeres que me han traicionado, no niego que tuve aventuras jocosas pero mi gran amor era Nuria, y pensaba que a veces nuestra mente por alguna razón, por querer negar el pasado o por olvidarse de acontecimientos que podrían ser dolorosos, como abandonos, uno quizás no se esfuerza en recordar, nunca pensaba en mi infancia, en quienes supuestamente eran mis padres: Aguedor y Luana.

 

Aguedor era alto, casi alto como yo, pero no era musculoso. Luana era también alta, delgada, pero sus facciones eran distintas a las mías. ¡Los quise tanto! Pero también recordaba que se asombraban cuando de pequeño me veían utilizar el rayo. Hasta mis compañeros de juego me decían:

-Ligor, ¿cómo haces?

-No lo sé.

 

Yo mismo me sorprendí al comienzo. Hay ciertas serpientes marinas que tenían la electricidad y que podían fulminar a un ser humano, pero lanzar rayos a distancia era algo sorprendente y yo tenía entendido que eso se heredaba, pero Aguedor y Luana no tenían ese don.

Recuerdo también que de pequeño, de muy pequeño no sólo era amigo de seres humanos, sino también de otros niños que desarrollaban pequeñas alas, eran de la raza de los hombres alados. Yo prácticamente había convivido con ellos y luego es como que me había olvidado.

También recuerdo que de pequeño esos feroces dracons que lanzaban un vapor candente por la nariz y por la boca, conmigo sacaban su lengua y me lamían de una manera tan bruta que me lanzaban al piso, y no les tenía miedo, los montaba. He llegado a volar en el lomo de los dracons y había un hombre que siempre vestía con una bata roja que me indicaba y me decía que los dracons obedecían a ciertas señas. Luego dejé de verlo hasta siendo ya adulto.

 

Mi memoria es como que se fue abriendo y me acorde de Storm, a quien llamaban el rey del rayo. Algunos decían que era el hijo del Dios de las Tormentas, yo decía que no existe ningún Dios de las Tormentas, el único Dios es aquel que está más allá de las estrellas, la tormenta es algo de la naturaleza. Pero fui atando cabos, como decís vosotros: ¡Era hijo de Storm!

 

Me acordaba de mi primera infancia, cuando jugaba con los niños y las niñas aladas, cuando montaba los dracons, cuando con ese hombre de bata roja practicábamos el lanzar rayos. Si era Storm, ¿por qué me dejó?

No me puedo quejar de mi infancia, Aguedor y Luana me criaron como un hijo, ellos eran granjeros pero nunca me dijeron no, no uses la espada. Aprendí a usar la espada, el mangual, el hacha, combatí a mano limpia. Siendo adolescente, en un crudo invierno los vi morir, enfermos, con días de diferencia, sin poder hacer nada.

 

Muchísimo, muchísimo tiempo después me cruce con Storm, lo había borrado de mi mente. Yo no me acordaba quién era él, conocía su fama, su nombre, pero no lo recordaba de mi niñez. Lo que no podía concebir es que él no supiera quién era yo pero no me sentí molesto, tampoco intentaba justificarlo. Sí tenía curiosidad, ¿por qué me había abandonado? ¿Por qué no me crié con él? ¿Por qué no me dejó crecer con los dracons, con los hombres alados? Todo eso me iba acordando en el camino a lomo de mi hoyuman en busca de Nuria.

 

Pasé mil aventuras. Conocí un nuevo continente, conocí el sur de la zona oriental, una tierra desconocida pasando el desierto donde habitaban los lomantes. La costa oeste, la parte sur donde estaban los Apartados, donde nadie se atrevía a llegar. Conocí la tierra de los turanios, la tierra de las nornas, la tierra de esos seres nocturnos que gozaban alimentándose de la sangre de sus víctimas. Participé en cien torneos...

 

¿Importaba acaso saber el origen o importaba vivir el presente? Mi interés no era buscar a Storm y preguntarle si verdaderamente él era mi padre, y de serlo, por qué me dejó con Aguedor y Luana. De no serlo, ¿por qué de pequeño me acuerdo de los dracons, de los hombres y de los niños alados? Mi mente estaba confusa. Durante cientos y cientos de amaneceres vivía el momento, pero ahora ya agotado de aventuras buscando ese gran amor, poder estrecharla en mis brazos. También saber de ella, ella también tenía el don, quizás no tan desarrollado como el mío, pero ella también tenía el don del rayo. ¿Cómo? ¿Por qué? Esos eran mis interrogantes.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 09/01/2017
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Raeldan

 

Llegó a palacio, su amada le esperaba. Con su ayuda recordó su pasado, su padre. Pensó que era hora de cambiar de vida.

 

Sesión en MP3 (2.721 KB)

Entidad: A lo lejos se veía el impresionante palacio. Mientras mis ojos veían la edificación, mi mente visualizaba los recuerdos... El rescate de la princesa Samya, cuando puso su espada en mis hombros y en mi cabeza dándome un titulo, título que nunca ostenté.

 

Mis vestimentas siempre fueron humildes, de guerrero, lo que menos me interesaba era vestir como un noble, aunque en realidad lo era. El nombramiento de quien luego fuera reina me daba el título de noble.

 

Seis jinetes salieron a recibirme. Había un hombre grande, de barba blanca, que me reconoció de inmediato. Estrechó su brazo con el mío:

-Bienvenido. Sabes que esta es tu casa. Aquellos que hoy reinan lo hacen gracias a ti.

Sonreí y dije:

-Bienvenido sea si es así. Aquella gesta, como decís vosotros, fue hecha sin recibir nada a cambio.

Y el hombre agregó:

-Y justamente por eso lo valioso, por el desinterés de obrar directamente por altruismo.

 

Dejé de prestarle atención cuando en la puerta se asomó una figura femenina, Nuria.

Desmonté, llevaron mi hoyuman. Me acerqué a ella, la abracé. Se separó y me miró a los ojos:

-¡Has tardado mucho! -Lancé una carcajada.

-He tardado toda mi vida. -Cogió mi rostro y me besó. Obviamente correspondí el beso con ternura, no con pasión, con ternura.

 

Me llevó a una habitación, habló con varios sirvientes, me prepararon un baño, ropa limpia. Me cambié, se deshicieron de mis sandalias, estrené botas nuevas. Ahora parecía civilizado y ya estaba en condiciones de ir a saludar a los herederos del reino, que me recibieron con una total y absoluta confianza, aparte del tremendo afecto que sentían por mí porque sabían lo que yo había significado para su madre, quien fuera reina madre hasta que murió.

 

Luego me liberaron de mi obligación y salimos a pasear por los jardines, caminando. Nuria me contó de sus días, yo le relaté alguna de mis aventuras del nuevo Continente, del viaje a los Apartados. Finalmente le dije:

-Tengo recuerdos que me vienen y me van, recuerdos que me vienen y me van. Y le conté mi infancia, los retazos, los flashes que me venían a mi mente.

Nuria me comentó:

-Yo, prácticamente no conocí a mis padres, supe que vivían en la zona de los hombres alados. Supe que fueron asesinados por una horda del Norte, pues a pesar de saber usar el rayo ambos, la horda los mató y exterminó a todos quienes estaban con ellos. Un hombre mayor me rescató siendo todavía una criatura y llegué al palacio de quien era la princesita Samya, y pasé a ser su doncella, con el voto de castidad mientras ella viviera.

-He leído muchos libros, no siempre el don es dañino.

-Siéntate, permíteme. -Me senté. Nuria apoyó sus dos manos suavemente en mis sienes, sentí una leve descarga eléctrica en mi cerebro y me sobresalté-. Tranquilo mi amor, tranquilo.

 

Es como que si mi mente se hubiera sacudido. mis recuerdos empezaron a brotar. Vi el rostro de mi padre, Raúl... Raúl del Clan de las Tormentas.

Era pequeño. Raúl y Storm eran rivales, se respetaban. Había otro niño, más pequeño que yo, Rayeno, también tenía un fuerte don a la par del mío. Su padre había muerto, se criaba directamente con el Clan. Recuerdo que hubo una guerra de poder, había adultos crueles que con tal de debilitar a las familias exterminaban a los niños que tenían el don lanzándoles fuertes descargas eléctricas a la cabeza hasta matarlos. Rayeno y yo nos salvamos. Recuerdo que caí entre las rocas y varios hombres atacaron a mi padre. Mi padre se defendió lanzándoles descargas a su vez. Dos hombres me lanzaron descargas a mí.

Lo vi morir a mi padre. Vi que uno de los del clan, amigo de mi padre, me subió a una carreta, me envolvió en una manta. La carreta tirada por dos hoyuman bajó hasta el valle alejándose de la zona de conflicto. Perdí el conocimiento.

Cuando desperté estaba con Aguedor y Luana, que fueron mis padres adoptivos. Mi memoria estaba condicionada por el ataque que había recibido.

Así que Storm no había sido mi padre, tampoco era mi enemigo, él no tuvo nada que ver con la muerte de Raúl, mi padre. Desconozco la infancia de Rayeno pero no lo habrá pasado muy bien tampoco. Por eso mi mente estaba mezclada: el recuerdo de los hombres alados, de haber montado dracons y de repente estar en la granja con Aguedor y Luana.

 

Nuria me escuchaba, callada, con atención. Cuando finalicé el relato me dijo:

-Esta pequeña descarga que te hice en tus sienes afloró tus recuerdos. ¿Cómo te sientes?

-Me siento agradecido a aquel que está más allá de las estrellas por haber recordado, me siento agradecido a Aguedor y Luana, agradecido a aquel hombre del Clan de las Tormentas que me salvó la vida y agradecido a la vida por haberte conocido

-En realidad -dijo Nuria-, tú me has conocido justamente por haber hecho un acto de altruismo, haber salvado de las garras de Borius a quien en ese momento era mi princesa. Entiendo que la vida a veces, no siempre, pero a veces recompensa en la propia vida de lo que hacemos.

 

Me abracé con Nuria. Ella me contó que no solamente estaba libre de sus votos de castidad, por lo cual podía formar pareja conmigo, sino que también le habían dado un título de nobleza a la par del mío y una posesión, un castillo antiguo a dos días de camino de allí. Formaba parte del reino todavía pero no teníamos que pagar impuestos ni nada. Le regalaron a Nuria una hermosa calesa que era tirada por dos hoyumans, até mi hoyuman atrás. Llevó varios paquetes de ropa que ella tenía, yo prácticamente estaba con lo puesto.

Me mostró una bolsa y me dice:

-He juntado en este tiempo muchos metales dorados y plateados, podríamos vivir lo que nos resta de vida sin hacer nada. Pero no hace falta que me digas nada, Ligor, sé que ni tú ni yo podríamos estar inactivos. Mientras estaba aquí, en palacio, mil veces decoré y redecoré lugares, era lo que podía hacer.

No me considero absorbente, si quieres seguir conociendo lugares puedes hacerlo, yo te esperaré.

Le respondí:

-Sinceramente, no me considero viejo, pero tampoco soy un joven, Nuria. En este momento quiero estar contigo, disfrutar los amaneceres, los atardeceres, los anocheceres, la lluvia, el frío, el calor, contigo, y si algún día visito algún otro paraje, acompáñame, alguien quedara a cargo en ese castillo que no sé en qué condiciones lo encontraremos.

¿Quién es ese hombre? -le pregunté. Un señor bajo gordito, de edad, se acercaba.

-Nuestro conductor.

-Pensaba que íbamos a conducir nosotros la calesa.

-Ahora somos nobles, viajemos como pasajeros.

Largué una carcajada: -No pienso dejar mi espada.

-Nadie te ha pedido que la dejes, Ligor. Eres tú, es quien eres, y de ese ser me enamoré.

 

Nos besamos, entramos a la calesa, el hombre azuzó los caballos con unos chistidos y nos fuimos alejando del palacio. ¿A un nuevo castillo? Nuevo es una manera de decir; a una nueva vida, a un nuevo amanecer. Con viejos recuerdos y nuevos comienzos.

 

Gracias por escucharme.