Índice

Psicoauditación - Angels

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Página anterior

Sesión del 21/10/2013

Sesión del 02/10/2014

Sesión del 16/10/2014

Sesión del 15/04/2015

Sesión del 26/04/2016


Sesión del 21/10/2013

Médium: Jorge Raúl Olguín

Interlocutor: Karina

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Angels.

El rol Kiara cuenta que Gaela era por aquellos tiempos un mundo bastante materialista sin lugar para las emociones. Llegó a disminuir la población alarmantemente por no desear concebir. Investigó con un colega, Servius, implantes orgánicos que permitieron que cualquiera pudiese acceder a ellos y se aplacara una inminente revolución de clases. Con Servius construyeron una fundación para seguir investigando. Servius, más tarde en Sol 3, sería un eminente y reconocido científico.

Sesión en MP3 (2.902 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Muchas gracias, querida hermana. ¿Cómo estás tú?

 

Interlocutor: Muy bien. ¿Cómo te encuentras?

 

Entidad: Bien, siempre repasando historias en distintos mundos porque de acuerdo a como se van desarrollando las cosas en esos mundos puede haber posibilidades de que aquí en Sol 3 sucedan cosas similares.

Recuerdo una vida muy lejana. Había nacido en Liziana. Mi nombre era Kiara. Me gustaban muchos las investigaciones y la historia. Liziana estaba en el viejo continente de Gaela y si bien tenía similitudes con Sol 3 en nuestra historia se llegó al satélite Selene en 1968 y se llegó al cuarto planeta Ares en 1975, solamente 7 años después.

En vuestro caso han pasado décadas y décadas y aún el humano no ha llegado al cuarto planeta. En 1981 ya estábamos investigando los asteroides, el cinturón de asteroides que estaba entre el cuarto y el quinto planeta. Las similitudes, a pesar de los cien mil años-luz de distancia, no solamente eran de planeta y planeta sino que hasta el Sistema Solar era similar.

La historia no fue igual puesto que se logró a duras penas vencer la testarudez de los gobernantes de envenenar la atmósfera, contaminar los ríos.

 

Interlocutor: ¿Cómo lo lograron?

 

Entidad: Tomando conciencia, tomando bastante conciencia. Aquí en vuestro mundo estáis al límite. Si veis ciudades como Beijing, donde apenas podéis respirar, la gente usa barrijos. No es niebla de vapor sino de hollín.

En nuestro presente -hablo de siglos después y habiéndose salvado el mundo medio siglo atrás de una catástrofe, yo aún no había nacido cuando Gaela se salvó de una catástrofe- ahora había otra cosa. Si bien la situación económica estaba mucho más repartida que en el siglo XXI de Sol 3 en nuestro mundo, en la época que hablo que era el futuro, se había avanzado mucho en implantes robóticos. Diría que prácticamente la mayoría de los órganos que disfuncionaban en el cuerpo humano se remplazaban por piezas que no estaban al alcance de cualquiera.

Hubo una especie de revuelta. No llegó a ser una revolución pero la gente que no tenía ese poder adquisitivo en distintas ciudades se levantó. Hubo represión, hubo muertes. Me hizo acordar cuando la historia antigua, cuando la Orden del Rombo simplemente por no tener esa fe quemaban o directamente ejecutaban a los no creyentes.

Con Servius, que era un colega, logramos crear con una biología molecular órganos que no provocaban rechazo y en menos de ocho años logramos que la sociedad se equiparara, ya no se precisaban implantes mecánicos. Los costos se abarataron al punto tal de que cualquier persona podía tener.

La expectativa de vida se alargó. Había muchas colonias viviendo en Selene y también en Ares.

Con Servius hicimos una fundación, preparamos equipos de biólogos, de médicos, distintos investigadores.

 

Interlocutor: ¿Cómo pudieron financiarla?

 

Entidad: Hubo una persona de mucho poder, de Beta, que puso muchos créditos quizá por ego, quizá por pasar a la historia de Gaela como el gran emprendedor pero lo importante era la obra y se logró.

Servius era un cerebro privilegiado. Sus tatarabuelos habían creado nuevos motores para poder desfigurar -por así llamarlo- el espacio para que naves pudieran viajar a otros sistemas estelares. Lo desfiguraban de tal manera que era distinto a otros mundos donde con ordenadores podían entrar por grietas espaciales. Aquí la tecnología era distinta: desfiguraban el espacio en pliegues de modo que a través de esos pliegues podían avanzar cientos, miles de años-luz.

 

Interlocutor: ¿Hay alguna asignatura pendiente que te quede para poder cumplir en esta encarnación actual que sea quizás una extensión de aquella otra vida?

 

Entidad: Son vidas absolutamente distintas. En ninguna vida puedo decir que me tomo un descanso porque cada vida es laboriosa. En aquella vida como Kiara, en Liziana, eran siglos en el futuro comparado con esta vida.

La idea de familia era distinta a la actual, los compromisos eran distintos. Quizás en ese futuro de Gaela -futuro irónico, ¿no?, porque estamos hablando de cien mil años atrás- eran distintos los lazos afectivos, lazos familiares. Los compromisos no eran tales, la gente se unía para lograr resultados. Yo no podría decir que éramos pragmáticos, creo que iba mucho más allá. Si una pareja se unía era para procrear, si una sociedad se unía era para crear un invento, si científicos trabajaban colaborando era para lograr un resultado, metas, metas, metas permanentemente. No está mal.

Prácticamente en Gaela estaba erradicado el hambre, casi todas las enfermedades.

 

Interlocutor: Por lo que me comentas da la sensación de que era una civilización menos emocional quizá que nuestra humanidad.

 

Entidad: Era menos emocional y lo que empezó a ocurrir en lo que se llamaba el viejo continente se trasladó a otros continentes, que era que la población iba disminuyendo. Aclaro que teníamos un conocimiento tremendo de genética y no sucedía que la raza se estaba terminando, como diríais vosotros, teníamos para rato todavía como civilización. Simplemente que el estadío no emocional -que puede ser algo utópico, una búsqueda de lo ideal- hizo el efecto contrario. La población mundial iba disminuyendo al punto tal de que yo ya teniendo 75 años de edad me alarmaba porque veía que hasta la economía afectaba a la disminución de la población al punto tal de que desde que yo era pequeña hasta la edad que mencioné recién había 500 millones menos de seres humanos en el planeta. Y se notaba. Se juntaban parejas para tener un solo hijo o bien por su avidez de buscar metas sentían como que un hijo era una carga. Había un desapasionamiento, había no digo falta de sentimiento porque había un concepto elevado de lo que era el amor pero era tanto el pragmatismo que de ser un mundo donde la historia demuestra que fue mucho más fanatizado que el propio Sol 3 -porque la inquisición de la Orden del Rombo fue mucho más perversa, se podría decir, que la inquisición española de siglos anteriores vuestros- pasaba por... Dejó de ser un mundo cálido, era un mundo demasiado frío y nos dábamos cuenta de ello.

Quizá me quedó un engrama indefinido de ver cómo no se componía más música, los libros que se escribían eran de investigación, no había novelistas porque se pensaba que eso era vano, que no tenía sentido escribir una novela. Se estaba perdiendo la imaginación.

Nuestros alumnos, que ya eran hombres de 30, 40 y hasta 50 años, les costaba encontrar algo nuevo, como que se había estancado la civilización. No se creaba nada nuevo en astronáutica, no había descubrimientos, no se investigaba más sobre genética, había ordenadores de última generación pero hacía 20 años que no había nada nuevo. Comparad con vosotros hoy, en pleno siglo XXI vuestro, que de un año para el otro tenéis móviles que dejan obsoletos a los anteriores, ordenadores que dejan obsoletos a los del año anterior. Eso tampoco es bueno en el sentido de demasiada avidez por crecer pero por lo menos tenéis el afán, seguís componiendo música, seguís escribiendo, la literatura está presente, investigáis a los filósofos griegos. Nosotros habíamos dejado de investigar. Yo era una apasionada de la historia, el resto de la gente no. ¿Para qué? Es fútil. No se le encuentra sentido a investigar el pasado. Las historias holográficas ya prácticamente desaparecían.

¿Los niños? Los niños sí se colocaban pequeños aparatos vibracionales en su sien derecha y en su sien izquierda.

 

Interlocutor: ¿Para qué fin?

 

Entidad: Les hacía proyectar visiones sobre aventuras. Entonces los niños sí soñaban, los niños sí imaginaban. El hecho de que imaginaran ser pilotos espaciales o viajar en una máquina temporal al pasado...

 

Interlocutor: De algún modo esa civilización había perdido la funcionalidad del hemisferio derecho, digamos. ¿Eran similares a nosotros, en ese sentido, el de tener dos hemisferios cerebrales?

 

Entidad: Pero no los niños. Los niños tenían la imaginación, el amor, las emociones...

 

Interlocutor: Pero con la ayuda de este aparato.

 

Entidad: Claro, pero en realidad el aparato no es que les implantara nada.

 

Interlocutor: Los estimulaba, por así decirlo.

 

Entidad: Es como los simuladores actuales de vuelo o los juegos de ordenadores actuales pero directamente no precisaban de ordenador, directamente tenían una pequeña caja de centímetros de tamaño con dos terminales que se colocaban en lugar de audífonos en los oídos, pequeños soportes en el lateral de la frente sobre las sienes y les hacía visualizar distintas aventuras.

 

Interlocutor: Bien.

 

Entidad: Eso me hacía tener esperanza porque esa futura humanidad, que sería la generación siguiente, volvería a creer y a crear. Eso me impidió que me quedaran engramas de temor de que la sociedad se deshumanizara si bien determinados Maestros dicen que la emoción cuando es demasiada no es buena porque abreva del ego.

 

Interlocutor: Pero también a su vez nos hace humanos.

 

Entidad: A veces ese estadío emocional, como tú dices, querida hermana, nos hace humanos.

 

Interlocutor: El tema es buscar la armonía.

 

Entidad: Nos hace humanos de tal manera que nos permite vivir.

 

Interlocutor: Vivir despiertos.

 

Entidad: Nos permite llorar.

 

Interlocutor: Tener sentimientos.

 

Entidad: Nos permite emocionarnos.

 

Interlocutor: Emocionarnos, claro.

 

Entidad: Nos permite incluso estar mal, que resulta irónico hasta quizá con sarcasmo, ¿no?

 

Interlocutor: Bueno, el estar mal es síntoma de que hay algo en uno que molesta y que uno debe estar buscando una solución para mejorar determinada situación.

 

Entidad: Pero ¿sabes en qué sentido lo digo?

 

Interlocutor: Dime.

 

Entidad: En esa época que yo te hablo, cuando yo ya había cumplido 75 años y era joven porque la expectativa de vida era mucho mayor, era raro que la gente estuviese mal si fracasaban o no encontraban ese objetivo porque no tenían la emoción para buscar, lo tomaban con calma. Vosotros tenéis una frase mal empleada que dice: "Tomáis las cosas con filosofía". ¡No! Las cosas no se toman con filosofía, las cosas se toman con pasión o sin pasión. Y se tomaban sin pasión. Y el hecho de que cuando esos niños con esos simuladores, por llamarlos de alguna manera, perdían un juego y se ponían mal consigo mismos yo me ponía contenta porque veía que la raza no había perdido la humanidad porque veía que había futuro.

Sé que la humanidad tiene infinidad de falencias -sucede aquí también en Sol 3- pero no hay que perder la emoción.

Por último, este hombre genial que había descubierto tantas cosas, este colega con el cual tuvimos un gran lazo de amistad -pero nada afectivo, ¡eh!- fue quien en este planeta encarnó en Einstein, mi colega Servius.

Gracias por escucharme.

 

Interlocutor: Gracias a ti por relatarnos estos hechos y por comunicarte. Un abrazo de Luz y hasta todo momento.

 


Sesión del 02/10/2014

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Angels

Gaela avanzaba pero no en el sentido espiritual. Erna tenía potencial para llegar muy alto y quería cambiar su país, su planeta a través de la política. Declinó relaciones y el tiempo iba pasando, sus aspiraciones no le permitían vivir la vida.

Sesión en MP3 (2.961 KB)

 

Entidad: Fijaos que hay encarnaciones que ya de pequeña cargan sobre tus hombros distintas responsabilidades y te inculcan a tomarlas como una obligación y no te hacen sentir responsable. Sientes como una pesada carga sobre tus hombros y te sientes hasta intimidada.

 

Había nacido en Grafeng. Mi nombre era Erna Bahuer. Tanto mamá Ina como papá Erik eran implacables, ella era política y papá era de una orden religiosa. Podría decirse que ambos eran fanáticos en lo suyo pero absolutamente distintos, sin embargo se llevaban bien. Eran como el polo sur y el polo norte de Gaela: lo más distantes posible pero a su vez lo más parecidos. Ambos eran hielo, eran témpanos vivientes, una frialdad que te congelaba el espíritu, te congelaba por dentro.

 

Ya de cinco años me hacían practicar lectura. Iba bastante avanzada en la escuela. Eran parecidos hasta en las contradicciones, mamá Ina y papá, porque ella era la mujer científica, la mujer que me hacía estudiar todos los adelantos y a su vez toda la historia. Papá era alguien con quien no se podía debatir.

Vivíamos en una época moderna, no era como siglos atrás donde en nombre de la Orden del Rombo se mataban cientos y cientos de personas; eso también lo estudié. E iba creciendo, estudiando, profundizando e incluso cuando llegué al nivel superior, a mis doce años, me sentía madura, vacía y llena a la vez. Vacía de afecto. En casa no me faltaba nada: tenía las mejores ropas, el mejor calzado, la mejor atención. Hasta tenía una mucama para mí:

-Niña Erna, ¿qué desea? Niña Erna, ¿gusta tal cosa?

No me trataban ni siquiera de tú. Pero claro, era la hija de Erik Bahuer. Y mamá no se quedaba corta: Ina Jolen crecía en la política.

 

En el nivel superior iba a una escuela cuya mensualidad era muy cara pero padre y madre tenían los medios; eran independientes, cada uno ganaba su dinero. No competían entre ellos a pesar que eran tan disímiles sus ideas. Ella era la racional, padre el fanático religioso. No debatían, no hablaban. Quizá puede parecer una irreverencia lo que voy a decir pero no entiendo cómo vine al plano físico porque no me los imagino teniendo acercamiento, no me los imagino, el polo sur y el polo norte.

 

Me sentía vacía de afecto pero a su vez me sentía completa conmigo misma, me sentía una erudita. Sí, es verdad, había aprendido mucho gracias a ellos. Gracias a mí era una alumna aplicada. Me miraban la libreta de aplicaciones y la nota más baja mía era la envidia de las demás chicas. A veces padre fruncía el ceño si mi nota era un ocho, no podía bajar de nueve. Si es diez, mejor.

 

Y estudiaba ciencias políticas, la historia de Grafeng, la historia de Porísido, la historia de Gaela, la historia de qué pasó con el ser humano desde que apareció en Gaela, cómo evolucionó, sus costumbres, sus tratos.

 

Nunca delataba mis pensamientos. Concordaba más con madre que con padre porque las creencias en nombre de un credo, no. En nombre de un credo matar, no. No entendía cómo el ser podía ser tan salvajemente civilizado, si se entiende la paradoja, pero bueno, ahí estaba.

 

Lo importante es que podía entender a mis congéneres. A las niñas las veía como vacías, como huecas, se reían de cosas nada importantes, de temas básicos pero debo reconocer que envidiaba su felicidad. A veces sentía que sufría por dentro porque me daba cuenta que avanzábamos en lo que se llamaba civilización y retrocedíamos en lo espiritual, que no tiene nada que ver en lo que creía padre.

 

Padre era un fundamentalista con el cual no se podía dialogar.

- ¡Ah! Sí, Erik -le decía madre-, pregúntale a Erna qué ha aprendido hoy.

Y Erik me decía:

-A ver hija...

-Sí, padre.

-...relátame tal historia o cuéntame tal tema.

Y le relataba con pormenores. Quedaba satisfecho, orgulloso pero orgulloso de pedante, no es que estaba orgulloso de mi persona. Era como alguien a quien él podía exhibir -"mirad, es mi creación"- como si yo le perteneciera, como si un ser humano le perteneciera a otro ser humano por el hecho de haberlo criado o en el caso de madre de haberme tenido. ¿Y la libertad? Sentía como una opresión.

 

Y fui creciendo, fui creciendo. Tenía 16 años y daba algunas conferencias en el alto colegio, incluso sorpresa para algunos de mis profesores que me daban los puntajes más altos. Debatí incluso de política con alguno de ellos.

Bueno, una cosa positiva es que podía debatir con mi madre, con ella sí. Y a mis 16 años le ponía peros, le ponía objeciones en algunas ideas y debatíamos horas y horas. Padre estaba en un sillón leyendo pero levantaba la vista y nos miraba. Y yo sé que escuchaba pero no me perturbaba porque me sentía segura.

 

A mis 17 años ya le ganaba debates a madre y ella ya era una famosa política, una de las principales políticas de Grafeng.

 

A mis 18 años entré en la política. Me molestaba entrar en la política por llamarme Bahuer pero en realidad no.

Un político de otro partido me dijo:

-Tú eres muy valiosa, eres muy valiosa, Erna. Quizá sea genético lo tuyo por tu respetable madre, la respetable Ina, pero eres valiosa por ti misma. Tenemos grabados los debates escolares y los debates incluso del alto colegio. Hay jóvenes de 26, 27 años muy preparados a los que tú has vencido en debate y tienes un programa de economía muy importante.

Porque, obvio, también era experta en economía, en finanzas, en administración. Y sí, era algo que me gustaba porque eso era lo primordial, me tenía que gustar.

 

A mis 20 años madre ya estaba casi retirada de la política porque una rival de otro partido había vencido en las internas hasta que a mis 22 años esa rival llegó a ser la Primera Dama Ministro de Grafeng. Varias veces tuve oportunidad de conversar con ella y me servía para prepararme porque, bueno, aspiraba a seguir avanzando. Tuve muchos reveses, muchas contradicciones. Personas menos preparadas que por tener más conocidos, más contactos lograban puestos que no se lo merecían pero eso no me impedía seguir estudiando, profundizando.

Estudiaba economía de otros países y me servía para hacer comparaciones. Había regiones donde la igualdad escaseaba o casi no existía, regiones pobres.

 

Aproveché una beca para viajar. Viajé al nuevo continente, conocí 11 países, hablé con otros políticos. Aprendí mucho, me sentía curtida por dentro y por fuera.

Conocí a un joven, un joven del país del norte, Bjorn, con el que habré salido unos meses pero no me sentía preparada para tener una relación afectiva, sentía como que entorpecía mi carrera.

Recuerdo que el joven me dijo:

-Eres muy buena persona. -Cuando se iba.

Y a lo último se da la vuelta y me dice:

-Pero te percibo demasiado fría.

Quedé meditando toda la tarde. Yo no quería ser un clon de Ina, mi madre, no quería parecerme a lo que tanto había criticado de niña, el polo sur y el polo norte, no. Si se puede decir, quería ser más humana.

 

Lo que pasa es que la política y la economía me absorbían tanto que a los demás les daba la sensación de frialdad pero no era así, no era así; yo tenía sentimientos, quería ayudar, quería que el país, que el planeta mejorara y la única manera de lograrlo era llegar a destacarme políticamente. Es más, a mis 22 años anhelaba llegar a lo que llegó mi madre. A mis 25 años me parecía que lo que había alcanzado mi madre era poco y tenía miedo de cometer el pecado de la vanidad y eso no me lo permitiría. Tener una sana ambición no es vanidad. Jamás treparía a costa de nadie ni por conocer gente ni por tener contactos, ganaría por derecho, porque me lo merecería y esa era mi aspiración.

 

Paradójicamente, mientras yo me mostraba más dura, más segura, más fuerte, más sólida con mis casi 26 años mamá Ina y papá Erik estaban más cálidos. Padre ya no era aquel fanático de cuando yo era niña; era más abierto, a madre la veía más humana. O eran iguales y yo tenía otro tipo de percepción o ellos habían cambiado en calidez y yo había cambiado en frialdad. No, no, no, simplemente yo estaba abstraída en mi estudio y no me daba permiso.

 

Una amiga, Helga, me dijo:

-Erna, ¿cuándo vives?

-Discúlpame; estudio, leo...

-Sí, ¿pero cuándo vives? Sales poco, no vienes con nosotras a ninguna fiesta.

-Bueno, pero tengo que preparar distintas materias.

-Y en las vacaciones, ¿qué haces?

-Bueno, en las vacaciones voy a otros países a conocer sus costumbres, a hablar con otros dirigentes.

 

Estaba terminando de escribir un libro sobre economía. A mis 27 años me lo editaron y fue lo que vosotros llamaríais un best seller, la ecónoma más joven. Y eso me dio un impulso en Grafeng, me dio un impulso muy grande y pude entrar en lo que vosotros llamáis la cámara baja. Y apuntaba a la cámara alta, en realidad apuntaba un poco más arriba pero aún, aún no era el tiempo.

 

Pero es cierto: ¿Cuándo viviría? Porque podría perder cualquier cosa pero no quería perder mi humanidad porque era lo más valioso que tenía. No, no quería perder eso. Dependía de mí, obviamente que dependía de mí, de la señorita Erna Bahuer, la que todos veían distante a pesar de la sonrisa en las fotos y en las últimas revistas. Sí, porque fui tapas de revistas gracias al best seller. Pero el anhelo interno, lo que me decía mi amiga:

-¿Cuándo vas a vivir, Erna?

 

¿Cuándo iba a vivir? La vida física es un soplo. ¿Cuándo iba a vivir? Era para pensarlo y no para pensarlo demasiado. No para pensarlo demasiado.

 

Gracias.

 

 


Sesión del 16/10/2014

Médium: Jorge Raúl Olguín

Interlocutor: Karina

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Angels

Sabía que a través de la política podía encontrar la manera de ayudar al pueblo, al planeta. Y llegó a primer ministro de Grafeng. Ocurrió que el software más usado en Gaela, hecho en otro gran país, tenía un defecto que de saberse podría producir un cataclismo económico. Visitó este país y con su conocimiento informático resolvió este punto negro que se cernía sobre el planeta.

Sesión en MP3 (1.078 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido.

 

Entidad: Tengo muchas cosas para contar. Recuerdo que cuando cumplí 30 años empecé a estudiar informática superior. Si bien siempre me interesó la política mi intención no era llegar a superar los pasos de mi madre, Ina, ni llegar a un alto cargo en Grafeng. Mi intención era crecer, tratar de ayudar en lo que podía en mi país, al planeta en general, pero a su vez tenía la avidez de conocer todo lo que era la informática.

 

Interlocutor: Coméntame, ¿en qué época fue eso?

 

Entidad: Eso fue en el siglo XXI en Gaela. Y fíjate lo más extraordinario, que seguí avanzando en la parte política. Diez años después con diferencia de poco tiempo padre y madre desencarnan. Yo ya tenía un nombre en la política.

 

Interlocutor: ¿Cómo te llamabas?

 

Entidad: Erna, Erna Bahuer, hija de Erik Bahuer. Y lo más importante era que me respetaban. La que había sido rival de mi madre, que había llegado a Primer Ministro de Grafeng, poco tiempos después también desencarnó. Hubo elecciones y ganó un varón, por primera vez en casi medio siglo ganó un varón.

 

Interlocutor: Con respecto a tu misión en aquella encarnación, ¿consideras que cumpliste con tu misión o hay algo que debas hacer en esta vida? ¿Qué te haya quedado por hacer en esta vida?

 

Entidad: Yo creo que sí que la cumplí con creces la misión, porque a los 49 años, casi llegando a los 50, sin habérmelo propuesto en mi partido me eligieron para candidata y una mujer volvió a recuperar la Primera ministratura. Logré lo que mi madre no pudo, fui Primera Ministro de Grafeng a los casi 50 años.

Y viví con muchos problemas, el principal problema fue la segunda potencia económica del mundo Kwan, porque Kwan basaba su economía en un producto informático que se vendía a un altísimo valor, ¿me sigues?

 

Interlocutor: Sí, te sigo.

 

Entidad: Grafeng tenía, al igual que muchos otros países, espías informáticos y llegó a mí una alarma roja. Aparentemente ese producto informático que Kwan había vendido a todo el mundo y su bolsa de valores estaba por las nubes tenía tremenda fallas, tremendos agujeros informáticos. Prácticamente el valor de ese producto era superior a todo el capital de un país pequeño. Si el resto del mundo se enteraba las bolsas caerían en picado, hasta el gran país del norte del nuevo continente, que era la potencia más alta económica también caería en picado.

Armé con mis ministros un viaje de intercambios en distintos lugares y como de casualidad elegí Kwan como segunda escala, que era lo que a mí me interesaba pero para disimular y que el resto del mundo no se entere estuve también en otras regiones.

Llegué a Kwan, pedí hablar con el primer ministro. Las relaciones con Lizun no eran ni buenas ni malas, al contrario a ellos les sorprendió mi visita. Tenía un traductor, yo también llevé el mío que sabía el idioma de Kwan. En un momento determinado se acerca al primer ministro y le pregunta si su traductor es de confianza. Le respondió:

-Es mi hijo.

-Perfecto.

Le dije en forma directa, con diplomacia pero en forma directa, que se corría el rumor que su producto informático, que estaba esparcido en todo el mundo a un coste de miles de millones, tenía fallas. No precisó negarlo ni afirmarlo, su rostro pálido lo dijo todo y me di cuenta de que los rumores eran ciertos. Me preguntó que cómo me había enterado y le dije que eso no tiene importancia. Intentó ofenderme diciéndome:

-Debe querer algo a cambio para no esparcir ese rumor.

No me ofendí, al contrario, me sonreí y le dije:

-No, mis intenciones son opuestas, porque Grafeng también caería en desgracia si el mundo se colapsara económicamente.

-¿Entonces qué propone? -me dijo el primer ministro de Kwan.

-Yo soy experta en informática.

-Como muchos -me dijo.

Y le dije:

-No, soy experta desde hace más de 20 años y conozco todo tipo de programas.

Habló con su hijo al oído y al rato me dice:

-Tenga el favor de acompañarme.

Fui con mi traductor. Fuimos con un coche tipo limusina y fuimos a un laboratorio. Me mostró todos los componentes del programa que era un secreto de estado pero en menos de tres horas descubrí donde estaba el agujero.

 

Interlocutor: ¿Pudiste solucionarlo?

 

Entidad: Se lo pude solucionar. Le solucioné el parche y crearon una segunda edición que inmediatamente la difundió virtualmente a todo el planeta, la economía no iba a colapsar.

Se lo veía, al Primer Ministro de Kwan, muy emocionado y me dijo:

-Primera ministra Erna Bahuer, ¿qué desea?

-Lo que deseaba ya lo conseguí, la estabilidad planetaria. A Gaela le hubiera costado décadas que la economía mundial levantara, regiones hubieran perecido en la miseria. Hasta tal punto un programa informático mundial con agujeros hubiera afectado a la economía.

De la misma manera que se había esparcido el rumor de que el programa de Kwan tenía fallas, de la misma se esparció el rumor de que la Primera Ministra de Grafeng viajando a Kwan lo solucionó.

Cientos de periodistas estaban en la capital de Grafeng cuando regresé. No desmentí el rumor, tampoco dije que sí, que la prensa dijera lo que quisiera. Mi misión estaba alto cumplida, había salvado al planeta de un desastre económico, algo que ni yo misma lo imaginaba. ¿Por qué? Porque mi fuerte era la política, y cuando a los 30 años empecé a estudiar informática, algo que me atrapó, no pensé que 20 años después iba a tener ese gran logro.

Seguí hasta los 60 en la política, luego me retiré.

Siempre fui popular. Grafeng amigo de todos los países. Fui adogmática. Si bien Gaela ya no era tan religioso de la Orden del Rombo como tiempo atrás pero intenté formar una sociedad laica, ese fue otro logro, porque si bien siempre creí en un ser superior fui enemiga de dogmas, de doctrinas, de fundamentalismos, porque fui una gran estudiosa de la historia y sabía que con la excusa de la Orden del Rombo hubo miles y miles y miles de muertos a lo largo de más de 2000 años. La religión destruyó vidas.

Esperaba que Gaela fuera un mundo espiritual, sabía que no era sencillo porque en el futuro se desarrollarían nuevas técnicas pero en ese presente, donde fui Primera Ministra de Grafeng, mi acción superó las más altas expectativas y me siento muy bien por eso.

Gracias por escucharme.

 

Interlocutor: Gracias a ti por estar aquí. Un abrazo de Luz.

 

 


Sesión del 15/04/2015

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Angels

En el tiempo de Ragnar, como sacerdotisa iniciaba a los jóvenes guerreros con ritos y pruebas. Antes de ser guerreros debían saber valerse en determinadas situaciones difíciles por lo cual templar su carácter era necesario, era un seguro de vida. Aunque ayudó a muchos quedó con insatisfacción. En los últimos momentos de su vida comprendió que fue un rol y que volvería otra vez.

Sesión en MP3 (2.705 KB)

 

Entidad: Fijaos que no siempre como entidad espiritual tengo la seguridad, como decís vosotros, de que la barca llegue a buen puerto por la sencilla razón de que la barca sería el símil de aquellos seres que buscan la Luz y hazte cuenta de que ese mar no está calmo, tiene un tremendo oleaje y puede hacer zozobrar esa barca para que no llegue a puerto. Las frustraciones, a veces, hacen que esos cometidos que no logras te dejen muescas en tu interior haciendo que te invada el desánimo, un desánimo que se aferra a tu corazón.

 

Viví en la época de Ragnar, era una de las sacerdotisas que participaba de la iniciación de su hijo. Valina me llamaba. Con V, Valina.

Llevaba puesta una túnica negra, el rostro pintado, prácticamente no se me reconocía.

 

Tomé al hijo de Ragnar, le até las manos a la espalda, le vendé los ojos y con mi maestro, el Sumo Sacerdote, lo dejamos en una cueva, una cueva donde había todo tipo de alimañas, hasta reptiles grandes.

Y le explicábamos a la gente del poblado que era designio de Odín el que saliera vivo o no.

Al día siguiente lo sacamos aterido de frío, su ropa con heces. Se bañó en el río con temperaturas bajo cero, se le puso otra ropa.

 

La segunda prueba era caminar descalzo por el sendero de las rocas donde había piedras cortantes que podían abrirte el pie en dos hasta desangrarte por completo. Pero también fue designio de aquel ser superior que saliera indemne.

 

El segundo sacerdote le hizo la tercera prueba: Le sumergió en las aguas del rio durante más de un minuto. Podía salir vivo o no. Salió vivo.

 

Faltaba la prueba del hielo solamente con una ropa que le cubriera los genitales.

Casi desnudo trepaba a la gran montaña, a la cima de hielo hasta que decidiéramos irlo a buscar. Lo bajamos casi desmayado

 

Y la última prueba, la del fuego. La prueba de las antorchas donde desfilaba en medio de los guerreros que trataban de quemarlo y él esquivaba. Su cuerpo tuvo algunas llagas que tardaron más de una semana en disimularse. Luego prestó juramento y ya era el nuevo guerrero.

 

Fue distinta a otras iniciaciones porque el rostro de este joven se mantuvo imperturbable. Cuando asomó su cabeza del agua abrió la boca chupando aire pero sus ojos eran el mismo que cuando bajó de la montaña de hielo o esquivó las antorchas o cuando salió de la caverna, ojos neutros sin furia, sin miedo, templado, pero me pareció templado incluso de antes de iniciarse. Sentí que era distinto porque ni siquiera en el gran guerrero, su padre, vi un rostro tan imperturbable.

 

La iniciación la había terminado. Ahora tenía que estar 30 amaneceres -yo, la sacerdotisa- explicándole los misterios de los distintos dioses, la función de cada uno, hablándole de los sacrificios, que mucha gente consideraba un regalo a los dioses, otros no, decían que era algo estéril porque ignoraban que sacrificio significa "sacro oficio", oficio sagrado, y era una manera de calmar la ira de los dioses para que nos trajeran suerte en las batallas.

 

El joven aprendía rápido, prestaba atención, no era como otros jóvenes a los que enseñé y se distraían, miraban hacia fuera. Al contrario su mirada era fija de sus ojos a mis ojos, oído atento a mis palabras. Ante la duda le preguntaba y respondía puntualmente habiendo incorporado a su ser todo lo que le explicaba.

 

Mi padre y el padre de mi padre y el padre del padre de mi padre fueron sacerdotes. No les molestó que hubiera nacido mujer pero inmediatamente me separaron llevándome a la escuela de misterios y desde pequeña, descalza en la roca, frágil, cogí fiebre cada invierno como si a propósito hubieran querido que muriese pero no, no.

 

Recién a los 15 años al jurar los votos tuve mi primer par de sandalias y mi ropa de sacerdotisa. Fue cuando me llevaron a conocer a la adivina la cual me miró, me examinó. Nunca me dijo mi futuro.

 

Pasaron tantos años, 30, ahora tenía 45 y miraba al joven hijo de Ragnar como el niño que no tuve. Pero era un hombre, un hombre que nunca estaba de acuerdo con los caprichos de su padre porque Ragnar era impredecible, el pueblo lo amaba, no su hermano. Su esposa estaba resignada de los caprichos de Ragnar, conquistador de pueblos y de amantes.

 

Cuando el joven terminó el estudio de los distintos dioses hizo una reverencia. Le di un pequeño cayado, que obviamente no llevaría con él, era similar a lo que hoy llamaríais un talismán, que seguramente luego lo habrá perdido u olvidado.

 

Recuerdo tiempo después cuando lo vi partir en una de las barcas con otros guerreros y me pareció demasiado joven para ir a combatir y eso iba en contra de mi creencia de que todo iniciado ya era guerrero, y era uno de los jóvenes que mejor había pasado las pruebas, la del agua, la del hielo, la del fuego, la de la caverna.

 

Ya grande, a punto a dejar el plano físico me ponía a pensar "¡Jé! ¿Hasta qué punto era necesario todo eso? Y si es cierto que tantos dioses existían. Y qué raro que no pelearan entre ellos porque según la tradición, la naturaleza humana era parte de la naturaleza de los dioses y la naturaleza del hombre es guerrear, traicionar, conquistar, olvidar. Capricho e indiferencia van de la mano.

¿Por qué cae un imperio de una generación a la otra? Porque cambian los humanos, porque la mano que lleva el timón no es la misma y porque nada es eterno. Y mirándolo desde una altura mental veía que casi todo era ficticio menos el amor. Y me di cuenta de que esa vida había sido una vida donde había servido a otros, a muchos, pero a muchos... Pero no me había servido a mí misma. El sumo sacerdote decía que había ayudado a muchos.

Cuando el hombre murió lo remplazó su sobrino quien me respetaba mucho y me dijo exactamente lo mismo: -Has sido tan útil...

Hasta que me retiraron.

 

En los últimos instantes, yacente, una de las novicias me daba caldo de un tazón, yo no tenía ni fuerzas en la mano para sostenerlo. Elevé mi pensamiento y entendí que volvería en otro cuerpo, en otra época, en otro tiempo o en otra vida.

 

En esa vida me quedé con engramas de insatisfacción, ¿pero por qué?, si había hecho mucho por los otros. Pero veía a todos tan distantes, al sumo sacerdote, a la adivina, incluso a la gente que iniciaba. Sólo el hijo de Ragnar, mirándome a los ojos cuando terminó su clase me dijo: -Gracias. Y se tocó el costado de su pecho con el puño cerrado en señal de agradecimiento y respeto. Fue un instante que lo recordé hasta el último día.

 

 


Sesión del 26/04/2016

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Angels

La entidad, en un rol en Gaela, relata cómo conoció a alguien con quien quedó atrapada por la conexión que hubo entre los dos al punto de abandonar su mundo conocido por otro incierto con él.

Sesión en MP3 (2.017 KB)

 

Entidad: Queridos hermanos, mi nombre es Adriane, de Amarís, por vocación me hice periodista. La forma que conocí a Roland fue causalidad. De pequeña siempre me gustó entender el pensamiento de los demás, me podía haber hecho psicóloga pero me agradaba viajar, conocer gente. Logré trabajar en el mejor periódico de Amarís entrevistando a grandes personalidades políticas, científicas, etcétera.

 

Me tocó un viaje a Karfal, una tierra que nunca había visitado. Había una junta, una junta de científicos que investigaban la raza humana. En ese momento yo pensaba "¿Investigar la raza? ¿Por qué no investigar el espíritu que anima esa raza?". Había un joven antropólogo con una fama creciente, Roland. De causalidad conversamos. Le comenté que era de Amarís, él me dijo que había nacido en Saeta, que entendía que el hombre convivió en Gaela con distintas especies en el pasado, especies que hasta hace diez mil años atrás se mezclaban con el ser humano actual. Me invitó a tomar algo, tomamos un cóctel en un bar del mismo centro y lo escuché hablar. No me miraba, su vista estaba perdida mientras relataba, como si reviviera los viajes que había hecho. Llegó a encontrar restos óseos de civilizaciones perdidas, de allí su fama creciente que en sólo seis años de investigaciones haya logrado descubrimientos que otros antropólogos de más de veinte años de antigüedad en el tema no habían logrado.

 

Ninguno de los dos teníamos compromisos, ambos teníamos familia pero teníamos amor por la aventura, distintos intereses por supuesto. Yo como periodista buscaba entrevistar a las personas para coger su pensamiento, para entender el anhelo interno. Roland no, Roland buscaba el pasado pero no ese pasado de apego, no, para nada, no tenía ese tipo de apegos, hablaba de un pasado más allá, un pasado remoto, milenario.

Yo le preguntaba:

-Roland, ¿cuál es la meta de saber que compartimos espacio con otras razas en el pasado?

-Entender el porqué estamos acá. Tú has nacido en Amarís, Adriane.

-Sí, -le respondí.

-¿Y crees en la Orden?

-Soy espiritualista -le dije-. Creo que Axón era un ser maravilloso pero la Orden se desvirtuó. ¿Tú no crees, Roland, en el espíritu?

Dudó: -Creo que algo anima al ser humano pero creo que la bondad es intrínseca al pensamiento. Yo pienso en el aquí y el ahora a pesar de investigar lo milenario. No soy bueno por creer, no soy bueno por saber que hay algo más allá, soy bueno porque disfruto de poder hacer un favor, tender una mano, ayudar a alguien no porque algo más allá me lo indique.

-Es válido -le respondí-, es válido, es muy válido. Conozco muchos supuestamente espiritualitas que por dentro son indiferentes a todo y a todos.

-¿Vuelves a tu país? -Me preguntó.

-Tengo muchas entrevistas por hacer todavía.

-¿En el día de hoy?

-Espero que sí.

-Mañana voy a Papine, acompáñame. Hay muchas ruinas, muchos lugares hermosos para ver. Dicen que fue la cuna de la sabiduría, Papine.

 

Y no dudé. Fuimos a Papine, estuvimos una semana viendo lugares. Nos hicimos grandes amigos, el afecto del uno por el otro creció potencialmente pero no nos acercamos de manera íntima, simplemente una amistad que nacía del corazón.

Volvimos a nuestros países, prometimos escribirnos. No hay excusas ni de parte mía ni de parte de Roland pero nuestras ocupaciones...

Viajé por distintos lugares, me entrevisté con políticos. Hubo una situación entre dos países que estuvieron a punto de llegar a un conflicto bélico. Roland, por su parte, viajó a altas montañas.

 

Pasó un año, viajé para Mágar. Había un río hermoso que dividía su capital. En Mágar había un científico que estaba trabajando con una enzima que podía inhabilitar a virus peligrosos y causalmente -porque reitero, todo es causal-, volví a encontrarme con Roland. Nos abrazamos. Le expliqué que venía a entrevistar a este científico, él vino a visitar un museo arqueológico en la capital de Mágar. Me propuso ir a Porísido.

Le dije:

-¡Ahí y no en Papine es la cuna de la sabiduría!

 

Estuvimos quince días en Porísido y me dijo:

-Voy a emprender un viaje, un viaje que me va a llevar meses. No te pido que me acompañes porque tu trabajo no te lo permitiría.

-Dime a dónde vas.

-A Arbus.

Arbus era un continente casi inexplorado, selvas, montañas. A pesar de los grandes adelantos había regiones que aún no habían sido exploradas por el ser humano. ¿Qué era mi vida? No digo que era rutina, para nada, amaba mi trabajo, el periodismo era mi vida. ¿Pero qué? ¿Qué más?

-Te acompañaré.

-Disculpa, no te escuché, Adriane.

-Iré contigo, si no te estorbo.

-Para nada -respondió entusiasmado Roland-. El hablar con alguien que te entienda, el dialogar con alguien que hable tu mismo idioma... Sabes en qué sentido lo digo, no hablo de lenguaje, hablo de entender tu pensamiento. Si bien tú no compartes laboralmente lo que yo hago, de alguna manera es como que te atrae, porque lo veo, lo presiento, lo absorbo de ti sin quitarte energía.

-Lo entiendo, lo entiendo, lo entiendo -tres veces le dije-, sé a qué te refieres. Y a mí me pasa lo mismo, sé que tú con el periodismo nada que ver pero sabes que es un tema atrapante el poder aprehender el pensamiento de los otros porque mis entrevistas no son comunes, yo voy más allá y aprendo de todos como aprendo de ti.

 

Y lo acompañé a Arbus. Le habían dicho de un lugar donde había restos óseos de una civilización más que milenaria y había armado una pequeña expedición. Tenía visa, permiso para llevar elementos, y partimos, partimos a Arbus.

 

Sesión relacionada