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Psicoauditación - Blanca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 24/07/2020 Sol III, Betsabé

Sesión del 05/08/2020 Ran II, Trinidad

Sesión del 08/08/2020 Sol III, Betsabé

Sesión del 18/08/2020 Ran II, Trinidad

Sesión del 19/10/2020 Ran II, Trinidad


Sesión 24/07/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Lo siguió hasta Cafarnaúm. Tuvo el privilegio de estar con el Maestro, escuchándole y hablándole. Ella era joven pero entendía las parábolas, estaban hechas para que las entendieran quienes creyeran en el Padre.

 

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Entidad: Me sentía extasiada. Le decía a mi primo Iósale:

-Me han quedado palabras grabadas, pero en mi corazón.

Iósale me decía:

-Betsabé, todo lo que dijo es bonito.

-Sí, sí, pero cuando dijo de "Hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin de que os vean...", hablaba de aquellos que alardean. "Cuando deis limosna no lo vayáis pregonando como los hipócritas en la sinagoga y en las calles, esos que buscan ser alabados". Esa frase... porque vienen muchos amigos de la familia y los escucho hablar y alardean de que se desgarran las vestiduras. Y no es así, no es así.

-Betsabé, somos jóvenes. Hubo frases que no entendí, hubo palabras que se me pasaron por alto. ¿No es hora ya de volver?

-No, ahora van para Cafarnaúm. Quiero escuchar, quiero seguir escuchando. -No podía decir nada de Iósale porque yo era una joven, y sola no podía ir. El hecho de que mi primo me acompañara me hacía sentir bien.

 

En la ciudad había una enorme tienda, por lo menos cabían como cien personas. Entramos acurrucados y nos quedamos a un costado, pero podíamos escuchar al querido Maestro.

El Maestro hablaba y hacía gestos, su expresión, su rostro, sus ojos, su mirada..., una mirada de amor. Pero yo sentía, sentía que por dentro había como un sufrimiento oculto y pensaba "¿Por qué sufre si está transmitiendo la Luz?".

Uno le preguntó:

-Maestro, ¿qué opinas de aquellos que como nosotros sembramos?

-De verdad te digo, hermano... Hubo un sembrador que salió a sembrar, y mientras lo hacía, parte de la semilla cayó junto al camino -Yo escuchaba con atención-, y vinieron las aves y la comieron. Parte de esa semilla cayó entre las piedras donde no había mucha tierra y brotó pronto porque no tenía profundidad, pero claro, luego salió el sol, se quemó y como no tenía raíz se secó. Pero parte cayó entre los espinos, pero los espinos crecieron, y de verdad os digo, la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra y dio fruto a ciento, a sesenta, a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.

El primo Iósale me hablaba al oído:

-¿Lo has entendido? Yo no.

-Primo, habla de ser optimista. A pesar de los fracasos, finalmente la siembra de la semilla será exitosa y echará raíces y producirá frutos.

-¿Cómo sabes eso, prima?

-No es que sepa, es que es lo que veo, es lo que siento que transmite el Maestro.

El sembrador le preguntó de nuevo:

-Pero Maestro, no es fácil, no es fácil. ¿Qué pasa con aquellos que tratan de arruinar tu sembrado echando cizaña? -Lo miró y nos miró a todos.

-De verdad os digo, el reino de mi Padre es semejante al hombre que sembró buena semilla en su campo, pero mientras sus peones dormían vino el enemigo y encima sembró cizaña entre el trigo y se marchó a hurtadillas. Cuando brotó la hierba y produjo fruto apareció también el fruto de la cizaña.

            Los siervos del amo se acercaron a decirle:

            -Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo, cómo es que tienes cizaña?

            El amo les contestó:

            -Seguro que algún enemigo ha hecho esto.

            -¿Quieres que vayamos a recogerla?

            -No, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis a la vez el trigo. Dejad.

            -¿Pero cómo, amo?

            -Dejad que ambos crezcan juntos hasta el momento de la siega y en ese tiempo diré a los segadores "Recoged primero la cizaña, atadla en gavillas para quemarla, y el trigo llevarlo a mi granero".

 

-Eso sí lo entendí, Betsabé -me dijo mi primo.

-Explícate.

-Claro. La cizaña es parecida al trigo en las primeras fases de crecimiento. Dicen que los romanos prohíben sembrar cizaña entre el trigo.

-Lo que no entendí es lo del amo, ¿por qué permitió que siguiera creciendo la cizaña?

-Esto se te escapó a tu entendimiento, primo. -le expliqué-. Es el ejemplo de la tolerancia que hay que tener.

-¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Claro. Yo aprendí a tener tolerancia a personas que son de una creencia distinta.

-¿Y a quién conocemos de una religión distinta a la nuestra?

-Primo... A nuestra propia familia. -Iósale se envaró.

-¡Betsabé, qué dices, pero qué dices!

-Iósale, se trata de comparar a la cizaña con los herejes. Dios tiene que juzgarnos, no nosotros, nosotros debemos ser tolerantes.

-¿Pero por qué dices que nuestra familia tiene otra religión?

-Primo, ¿acaso tú crees en un Dios vengativo?

-No, la verdad que no. Creo en un Dios de amor. Como dijo en el monte de las Bienaventuranzas el Maestro, Dios no puede castigar y si no castiga no tiene porque perdonar. Entonces, ¿por qué en la sinagoga imploran perdón?

 

El Maestro hablaba y hablaba, y reconozco que me perdí muchísimas palabras pero no por no prestarle atención, creo que era al revés, creo que la atención era plena, pero tan plena que miraba la expresión de su rostro, el movimiento de sus labios, el gesto con sus manos, su mirada, el movimiento de su cuerpo. Entonces es como que veía sus labios y sus palabras entraban por mis ojos, no por mis oídos. Pero claro, era mi parecer.

Una señora le dijo:

-Tengo que arreglar un vestido. Sé que para ti, Maestro, es algo quizá que no prestes atención, pero tengo una tela muy buena para ponerle.

-De verdad te digo, de verdad te digo, hermana -le respondió el Maestro-, nadie corta un trozo de vestido nuevo para arreglar un vestido viejo, de hacerlo así echará a perder el vestido nuevo. Además, el trozo nuevo no quedará bien en el vestido viejo. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos porque el vino nuevo hace que los odres revienten, y tanto el vino como los odres se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos. -El Maestro siguió hablando.

Iósale me dijo:

-Betsabé, reconozco que no estoy maduro en mi forma de pensar. -Lo miré con lagrimas en los ojos.

-¿Y tú crees, y tú crees que yo sí?

-¡Pero has entendido esto, Betsabé!

-Sí, el Maestro nos muestra un nuevo sendero en contra de las viejas costumbres de los fariseos y sus escribas. El Maestro ha traído algo nuevo y los rituales y las tradiciones viejas ya no pueden ser parte de las nuevas enseñanzas del Maestro.

 

Nos miramos. Cuando terminó de dar las parábolas se abrazó con mucha gente. Traté de acercarme pero era imposible. Finalmente la gente empezó a salir de la tienda y prácticamente nos empujaron hacia afuera. Nos quedamos a un costado.

En ese momento vimos a un joven.

-¡Betsabé! -Lo miré.

-Juan... -Se abrazó.

-¿Y él?

-Es Iósale, mi primo. -Se estrechó la mano con Iósale.

Iósale le dijo:

-¿Tú quién eres?

-Uno de los discípulos del Maestro.

Iósale le dijo:

-Por favor, Juan, llámalo, queremos estrecharle la mano.

 

El Maestro se acercó, se abrazó con Iósale, se abrazó conmigo y le besé la mano.

-Maestro, siento dentro mío un tremendo dolor en el pecho, ¿por qué me caen lágrimas si tengo una tremenda alegría?

-De verdad te digo, hermana mía, eres joven pero tienes buena raíz, vas a crecer como el trigo, no hay cabida a la cizaña en tu corazón.

-¿Iréis a Jerusalén? -pregunté.

-De verdad os digo, es conveniente que os quedéis, Jerusalén va a estar difícil.

-Maestro, tengo entendido que hay gente en Jerusalén esperando con regocijo.

-De verdad os digo, la gente es muy voluble, pasan de la alegría, del alborozo a la indiferencia. Y al odio.

-¿E iréis igual?

-Es mi misión, debo ir. Mi Padre me pide que vaya y que siga transmitiendo la Palabra.

 

Esa noche nos quedamos en una posada y al día siguiente preguntamos por el Maestro.

-Está en las orillas del mar.

No sé si tuve una visión pero nos acercamos, lo mirábamos al Maestro de lejos y me pareció que entraba en las aguas del mar de Galilea.

-Iósale, dime que estoy viendo visiones, está caminando sobre las aguas.

-No, Betsabé, es un espejismo, es un reflejo del sol, está caminando por la orilla.

-¡Pero lo veo..., lo veo adentro!

-No prima, es un reflejo del sol, es un profeta, no es un mago. -Me refregué los ojos, me acostumbré a la luz del sol y vi que el Maestro estaba hablando con unos pescadores.

-Te juro, Iósale, que lo vi caminando sobre las aguas.

-¡Ahhh, Betsabé, Betsabé! Es como que tu mismo encandilamiento te hace ver visiones.

-Sé lo que vi.

-No te pongas así, Betsabé, no te enojes conmigo.

-No estoy enojada, te digo lo que vi. Pero de todas maneras si fuera cierto te digo que eso no me llega al corazón, sus palabras sí, sus palabras tienen el encantamiento, el hechizo. Pero no, no, no ese hechizo que te ciega, ese hechizo que hace que actuaras como un muñeco dirigido por cuerdas, no, es un encantamiento de amor. Vamos, primo, hasta Jerusalén.

-No, Betsabé, el mismo Maestro dijo que no era buena idea.

-¿Y por qué sus discípulos van? ¿Por qué todos van?

-¿Tú crees en las palabras del Maestro?

-Ciegamente -le respondí.

-Y eso es lo que te dijo, que te quedes, que la gente es voluble, que la gente cambia.

-Lo van a recibir con flores. Y tuve una visión. Tuve una visión de esa misma gente con rostros de desprecio tirándole piedras.

 

Sentí como un vahído, sentí como un tremendo mareo y me tuvo que sujetar Iósale porque casi me desvanezco.

-¿Qué te pasó, prima?

-Tuve una visión. Iré a advertirle, déjame.

-¿Qué le vas a advertir, algo que Él ya te dijo primero? -Respiré hondo.

-Tienes razón, tienes razón.

En ese momento pasó por el lado nuestro, Juan.

-¡Juan! -Nos miró y se acercó-. ¿Correrá peligro el Maestro en Jerusalén?

Nos miró, se quedó pensativo y nos dijo:

-He aprendido mucho en tan poquito tiempo..., a veces he recibido tirones de orejas.

-¿Por contradecirlo?

-No, jamás lo voy a contradecir, pero le indicaba cosas que después me di cuenta que estaban mal, y entonces me sermoneaba y me tironeaba de la oreja cariñosamente.

-¿Y entonces?

-¿Y entonces, qué voy a decirle? Lo voy a seguir hasta el final de nuestras vidas.

Lo miré y le dije:

-Juan, tú eres el más joven de los discípulos...

-Sí, y soy el que más está con el Maestro. A veces conversamos horas enteras, hasta la hora sexta, y a veces se queda en silencio sentado en una roca y yo estoy al lado y me desespero de ganas de hablarle, pero respeto el silencio de mi Maestro. Al cabo de un rato me mira, sonríe y me dice "Vamos". Y nos levantamos y vamos a comer algo. Y sé que con esa sonrisa me agradeció mi acompañamiento a su silencio. Seguramente en ese... en ese no hablar se está comunicando con el Padre.

-¿Y nunca le preguntas? -inquirí.

-No. El Maestro sabe cuando me tiene que decir algo y cuando no.

Nos abrazamos y le dije a Iósale:

-Gracias, es hora de volver para Sícar.

 

Y marchamos de vuelta para casa llevando al Maestro y a su discípulo en nuestro corazón.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 05/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Para ayudar a su amiga comentó el problema que tenía con un profesor genetista, consejero espiritual. Pusieron en práctica sus recomendaciones y su amiga pudo recuperar el prestigio que le había sido robado. Quedó pensando en unas frases...

 

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Entidad: Sentía como un fuerte malestar en el estómago, no lo podía definir como malestar de nervios o de ansiedad, era algo que me corroía por dentro, la injusticia, la depravación. Quizá soy demasiada intolerante ante lo negativo. Me creo espiritual, me creo magnánima pero... pero ante todo soy humana y no me gusta cuando hay víctimas y victimarios.

 

Mi amiga Estela no se había repuesto del desengaño que tuvo con Joaquín. Me llamaba al holoteléfono y me decía:

-Trinidad, no sé si ir a la conferencia de Flagan porque no tengo ánimo.

-Te va a hacer bien. Luego tomaremos algo, hablaremos de muchos temas. -La logré convencer y quedamos en encontrarnos en el salón central.

 

Me quedaba la espina clavada del comportamiento de Joaquín, pero ella sabía que él era casado. Pero a veces..., a veces creemos que los espejismos son reales, a veces creemos que las personas nos prometen amor eterno cuando lo único que buscan es su propia satisfacción, su propio interés, su propio momento de placer, y nada más que eso. Porque no saben amar, porque no saben querer, porque no saben respetar a la otra persona. Porque el amor, la amistad, la hermandad se basan en el respeto por sobre todas las cosas.

¿Pero qué podía reprocharle a Estela? Nada. El ser ingenua, quizá. Pero el amor nos ciega, porque ese espejismo que ella tenía delante de los ojos lo vio como amor. Pero a veces es como que... como que lo tienes todo delante de tus ojos, que te muestra como son las cosas en realidad pero te empacas, te empacas como niño pequeño que demanda o se encapricha con algo y no lo puedes convencer.

Pero Estela no solamente era adulta, era, al igual que yo, una afamada neuróloga y genetista, ¡je!, y tenía el ejemplo de su padre, el profesor Estanislao.

 

Me sentí satisfecha cuando me contó que se había abrazado con su padre y había entendido la necesidad del anciano de poder salir de ese encierro psicológico, de estar en su casa y ir con sus camaradas y tomarse unas pequeñas vacaciones. ¿Qué si se gastó créditos? ¿Y de qué le van a servir esos créditos cuando no esté más en este mundo, cuando vaya a ese mundo invisible en el que mucha gente aún no cree?

 

Y en la conferencia del astrónomo Nambo Flagan también estaba el papá de Estela rodeado con los profesores Alexis Anasio y Raúl Iruti, todos charlaban entre todos luego de la conferencia. Nambo Flagan se asombraba de que había muchos profesionales que no estaban en su tema de astronomía pero eran amigos personales o conocidos.

Recuerdo que me aparté y lo saludé al profesor Raúl Iruti, hablamos de muchísimos temas, de muchísimos temas. Me había comentado que él era una especie de consejero espiritual y aproveché para pedirle una consulta.

 

Me recibió. Me preguntó primero sobre mis anhelos, sobre qué cosas me gustaría cambiar de mi persona.

Le respondí:

-¡Je! Qué respuesta puedo darle, siento que soy una persona que... que quiero cambiar el mundo. Pero sé lo que me va a decir: "Primero debemos cambiar nosotros". Lo tengo reclaro, y en realidad no sé si vengo por mí o por una amiga. -Evité decirle de que era la hija de su profesor, de Estanislao Navarro. Le comenté a grandes rasgos de que se había enamorado de una persona que era casada y que cuando se enteró de que ella se había quedado embarazada, desapareció del mapa, vulgarmente hablando. Pero antes, de su holoordenador le sacó una tesis, por no decir se la robó.

Es la primera vez que el profesor Iruti perdió la sonrisa, esa sonrisa carismática y se puso serio. Me preguntó:

-Trinidad, entiendo que las tesis tienen una especie de sello holográfico.

-Sí.

-Y tú me comentas que esa persona la difundió como si fuera una tesis suya.

-Sí.

-¿Y qué deseas hacer?

-Entiendo que el mal no se puede revertir con el mal.

-Explícate -me pidió el profesor Iruti.

-Claro. Sé que es una persona perversa porque no solo la dejó sino que encima le robó su trabajo, pero dejarlo a la vista de todos, ponerlo en evidencia..., yo creo que su propia familia lo pondría de patitas en la calle. Así que estoy en una encrucijada, no sé qué hacer, no sé cómo resolver esto.

-Es muy sencillo. ¿Tu amiga no tiene ninguna copia?

-No, borró todo lo del holoordenador. ¿En qué se queda pensando profesor?

-Mira, Trinidad, el tema es así: no hay manera de sacar un sello holográfico, y cada sello holográfico tiene aparte un marca holográfica del ordenador de donde se ha sacado, y a su vez cada ordenador tiene una marca de la persona que abonó con sus créditos dicho computador holográfico.

-¿Entonces?

-Entonces es muy sencillo: La tesis de tu amiga debe estar difundida... La bajas del espacio holográfico y en la próxima conferencia tu amiga la presenta.

-Pero es que esta persona ya la presentó.

-Que no se preocupe. Seguramente muchísimos profesionales, periodistas y otros quizá hasta la acusen de que ella le robó a quien fue verdaderamente el ladrón.

-¿Entonces?

-Entonces es muy sencillo, que ella diga: "Disculpad, podéis comprobar el sello holográfico, el sello de mi ordenador. En el mismo ordenador la misma policía puede investigar que fue pagado con mis créditos y no hay manera de que la tesis no sea mía".

-¿Pero eso no es lo mismo que ponerlo en evidencia a la otra persona?

-Mira, Trinidad -dijo Raúl Iruti-, el tema es así: Una cosa es ir, coger un micrófono y acusar a una persona. Otra cosa es hacerlo de manera "inocente": Presentas la tesis, muchos que ya la han escuchado de la otra persona se van a asombrar. Va a haber periodistas, va a haber oficiales de la ley, va a haber otros profesionales que van a querer saber la verdad. ¿Acaso te da pena lo que le pase a esa otra persona?

-No, no, profesor, honestamente no. No me da pena para nada. -Seguimos conversando de muchas cosas más.

 

Y le comenté a Estela la reunión con Raúl Iruti. Lo tomó mal, se sentó, pálida, tenía palpitaciones.

-¡Le has contado de mí, le has contado de Joaquín! ¡Qué va a decir mi padre!

-Tranquila, no te he nombrado, no he nombrado a Joaquín, es tal cual te lo dije, sin dar nombres.

-Pero Trinidad, apenas yo haga bajando del hiperespacio mi tesis y la presente, el profesor Iruti se va a dar cuenta de que era yo y va a saber que soy la hija de su profesor. -Me molesté.

-¿Por qué tienes tantos reparos con todo lo que te hizo?

-¡Pero voy a quedar en evidencia!

-Tú no vas a quedar en evidencia, Estela, es tu trabajo, es un trabajo que te llevó tiempo, es un trabajo que te llevó el poder estudiar, el poder investigar, el poder profundizar. Eso se llana justicia.

-¿Pero estaría siendo buena al ponerlo en evidencia?

-A veces la justicia no es buena, es justa. Lo otro que te queda es resignarte, sentarte en un silla y decir "Soy una pobrecita, me dejé engañar", y dejar que la otra persona lucre que tu tesis. ¿Pero estamos hablando en serio?, ¿estamos hablando en serio, Estela? Te creía más madura.

-Y qué va a pensar mi padre, que me dejé engañar así.

-Tu padre, obviamente que no lo conozco como lo conoces tú, pero es una persona compasiva, te va a apoyar plenamente, cien por cien, no tengo ninguna duda. Es más, el profesor Iruti me dijo que tiene un montón de contactos tan o más poderos de los que puede tener esta persona, Joaquín.

-¿Lo quieres destruir?

-No, no, no, no, Estela, simplemente que recuperes lo que es tuyo. Con respecto al hijo que esperas, honestamente yo también lo pondría en evidencia con eso. Pero sabes que se puede, hoy, con un análisis que dura minutos, ya se puede saber hasta ciento por ciento la compatibilidad de ADN, incluso antes de que nazca la criatura.

 

Y finalmente Estela me hizo caso. Bajó su tesis, la presentó y sucedió tal cual lo había anticipado el profesor Iruti. Hubo averiguaciones, escándalos. La familia lo marginó por completo a Joaquín. Es más; la familia le preguntó "¿En qué momento le has robado la tesis a la señorita Navarro?". No supo que responder.

Y si bien Estela no dijo nada, fue sumar uno más uno dos: La propia esposa de Joaquín habló con Estela. No discutieron, lo único que le dijo:

-Tú eres tan responsable como él, sabías que él estaba casado. -Estela se defendió argumentando:

-Me dijo que estaban por divorciarse. -No es un argumento, lo pensé yo. Hubiera esperado que termine esa relación para involucrarse.

 

Pero los seres humanos somos falibles, no somos perfectos, sólo Dios es perfecto. Y creo que yo estoy firme en mi camino de poder ayudar, de poder dar una mano. Me sirvió de mucho la consulta con el profesor Iruti porque me... me dirigió los pasos sobre lo que tenía que hacer Estela. Obviamente, después tanto Iruti como Alexis Anasio como el profesor Estanislao Navarro se enteraron, y como dijo Iruti, el profesor Estanislao abrazó a su hija y le dijo:

-Te apoyaré en todo lo que sea necesario, en todo. -Estela lloró en su hombro diciendo:

-¿Quién me va a aceptar ahora con un hijo? Quedo con una marca.

-No -le dijo su padre-, las marcas son otra cosa, las marcas son la deslealtad, la traición, el engaño, la perversión. El entregarse por amor no es una marca. -Y me sentí sanamente orgullosa del papá de Estela.

 

Me encontré de vuelta con Raúl Iruti y le dije:

-Salió como usted lo pensaba.

-Era lo lógico -argumentó el profesor-. Eres muy buena persona. Está bien que te comprometas con la gente, pero no permitas que cada espina que saques de alguien te quede pegada a ti.

-¿Y cómo hago? -le pregunté.

-Puedes sacar una espina de aquel que sufre, y déjala que se desvanezca, no te la lleves contigo. No hace falta ser mártir, porque la compasión no es martirio, es parte del amor.

 

Y me quedé con esa frase que me dejó tan llena por dentro: "No eres una mártir, eres compasiva, y la compasión no es martirio, es parte del amor". No está mal sufrir por el otro, pero no te quedes con ese sufrimiento sobre los hombros porque podrás soportar uno, dos, pero no el sufrimiento de todos.

-¿Pero eso no es ser demasiado impersonal?

-Lo impersonal no es algo negativo -dijo Iruti-, impersonal es involucrarse, pero valga la redundancia, que no te dañe el daño.

 

Otra frase de lujo del profesor: "Que no te dañe el daño". Ese es el camino a la espiritualidad, eso es lo que yo tengo seguir.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 08/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

La entidad relata su encuentro con Juan, tiempo después de la partida del Maestro. Hablaron de cómo era Él con sus hermanos, con su madre, con el pueblo y cómo llevó Juan la vida sin Él. Por su parte, transmitió lo que recordaba del Maestro a quien quiso escucharla.

 

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Entidad: Habían pasado muchos años.

Mi primo Iósale era un próspero comerciante, un poco por suerte un poco por astucia, comerciando pieles, pero estaba rodeado de amigos.

Miriam se casó a disgusto. Fue y es feliz con sus cuatro niños -dos varones, en sus nacimientos se hizo una fiesta tremenda-, y dos niñas. La familia del esposo parecía de luto por el nacimiento de las mujeres. Nunca pude adaptarme a la costumbre de la época. Y yo, Betsabé, amaba a Dios por sobre todas las cosas.

 

Me enteré de la partida de Jesús al reino del Padre. Me enteré que su sufrida madre estuvo allí de rodillas en la crucifixión acompañada de otra noble mujer de Magdala, también llamada María. Y me sorprendió que el único de los apóstoles que estuvo presente fuese Juan.

 

Ya no estaban mis padres y tampoco me casé, al igual que el primo Iósale.

Siempre intuí como que el primo gustaba de mí y quizá me esperaba consciente o inconscientemente, pero yo lo amaba como un familiar, no como algo más. De todas maneras era mi protector incondicional, íbamos a todos lados, pues veían mal que una joven judía se paseara sola. Y después de tanto tiempo pudimos viajar y nos encontramos con aquel que en su momento había sido su discípulo amado, el menor de los Zebedeo, Juan. Era más grande pero no había cambiado para nada su rostro. Y cuando me vio me reconoció enseguida, y eso que apenas cambiamos palabras.

-Betsabé, qué alegre sorpresa. -Me tomó la mano y me dio un suave beso en la palma de la mano, se abrazó con Iósale y nos contó que había tenido bajo su cuidado a la madre de su Maestro, que falleció cinco años después de su crucifixión. Nos invitó a comer, nos sirvió un poquito de vino, una hogaza de pan.

Le pregunté:

-Cuéntanos, por favor, cómo era la mamá del Maestro.

-¡Ah! ¿Qué os puedo decir? En vida de Jesús era una mujer muy temerosa, presentía que su hijo corría peligro de muerte, y se lo hizo saber más de una vez. Es más, cada vez que lo veía predicando la palabra, dando sermones le decía que tuviera cuidado.

-¿Y qué es lo que más recuerdas en vida del Maestro con su madre? -pregunté.

-Estábamos reunidos en una enorme carpa donde él predicaba la palabra del Padre y había un poco de agitación en el poblado. María le fue a advertir. Quien guardaba la entrada le avisó: "Raví, Raví, afuera está tu madre y tus hermanos". Y el Maestro le dijo, algo molesto, señalando a la multitud que le escuchaba: "Esta es mi madre, estos son mis hermanos, los que escuchan la palabra de mi Padre". -Me quedé sorprendida y le pregunté:

-¿No la atendió a su madre?

-No. No. Cuando su madre se casó con el viudo José, él ya tenía tres hijos, pero prácticamente nunca formaron parte de la familia, y María tuvo tres hijos más con José, que fue quién le enseñó el arte de la carpintería a mi Maestro. Esos tres hijos menores que el Maestro, no puedo ser irrespetuoso y decir que se burlaban de Jesús cuando predicaba la palabra, pero lo tomaban por un delirante, no le prestaban atención. Y quizá la debilidad de María madre era no censurarlos, es como que los amaba y soportaba sus deslices. Es más, rara vez se enojaba con ellos. Sí con su hijo más grande porque tenía miedo que lo mataran, y finalmente su intuición resultó cierta.

 

Me sentí muy triste, muy solo, no porque el Maestro se fuera sino porque ninguno de los apóstoles estuvo durante el martirio. No soy quien para prejuzgar a nadie. Entiendo que muchos tenían familia y no querían comprometerse, el mismo Simón a quien conocéis como Pedro protegió su familia negándolo seis veces al Maestro. ¡Ah!

-¿Y cómo era la madre luego de la partida de su hijo?

-Callada, sufrida. Me decía hijo. Y yo me sentía estremecer por dentro que la madre del Maestro me considerara su hijo. Y no lo hizo por obediencia a Jesús, quien en la cruz me dijo que cuidara a su madre como si fuera la mía, y a ella le dijo "Juan cuidará de ti como si fuera tu hijo", verdaderamente lo sentía. Y la cuidé. Estuvo enferma un par de veces y pudo sanar, pero la tristeza le embargaba el alma. Y sentí un nuevo dolor cuando partió, un dolor muy muy muy grande, muy muy muy grande, tenía casi cincuenta y seis años. Pero bueno, he tenido la suerte de que me he podido encontrar con vosotros, porque partiré, mi misión es escribir sobre el Maestro, Él es el verbo.

-Explícate, por favor -le pedí a Juan.

-Claro. Él es la palabra del Padre, él es quien transmite los mensajes del Padre, ese es su legado.

Le pregunté:

-¿Y te sientes orgulloso de haber sido su discípulo amado?

-Me siento dolido. Quizá tendría que haber sido un poco más prudente, un poco más moderado. Su palabra de todas maneras igual hubiera llegado, no era necesario agitar tanto las aguas, si se entiende el concepto.

-Lo entiendo, lo entiendo, querido Juan.

-¿Y tú cómo estás? -me preguntó. Me encogí de hombros.

-Rememorando cada palabra de las poquitas que escuché hace años atrás.

-Si quieres te puedo contar más cosas, a ti también Iósale, parte de su vida, lo poco que he compartido con Él en menos de dos años y medio. Y eso poco que he compartido es como que cambió mi vida, llenó mi vida, modificó mi vida. A veces le pedía imposibles, había gente que se portaba muy mal y yo de niño, a los quinde años, le decía "¡Castígala, Maestro!", y me daba un tirón de orejas: "¡Qué me pides, qué me pides, pequeño!". Era mi ímpetu, era mi ímpetu, un ímpetu de adolescente.

-¿Y ahora -pregunté-, eres sabio?

-¿Sabio? No, por suerte no. Por suerte tengo el anhelo de seguir aprendiendo.

-¡Pero no entiendo! -exclamé-, ¿qué puedes aprender, Juan, si el Maestro no está?

-¡Ah! A veces es como que por la noche, antes de dormir cierro los ojos y me pareciera escucharlo, me pareciera escuchar sus mensajes, mensajes nuevos.

-¿De verdad?

-Seguramente es mi imaginación, pero son mensajes de verdad reveladores, mensajes que explican de que hay dos tipos de perdón, el perdón que nace desde el alma, ese perdón que te conmueve hasta las entrañas, y el otro, el otro perdón que veo en la mayoría, ese perdón desde la soberbia, el perdón desde la vanidad. Y veo también que la gente se sigue desgarrando las vestiduras tratando de agradar a ese dios rebelde, a ese dios egoico que muestran las escrituras.

-Eso lo entiendo, lo entiendo y sé que no es así.

-Explícate -pidió Juan.

-Claro. Creo en ese Dios que nos mostró el Maestro, el Dios de amor, de compasión, de misericordia, ese Dios donde... donde... donde hay un reino tan brillante, tan de luz...

-Eres muy intuitiva, como la mamá del Maestro. ¿Y te has casado?

-No, mi primo tampoco. Y veo que tú tampoco.

-No, mi misión es dejar escritos, escritos del Maestro. No aspiro a otra cosa.

-¿Te has cruzado con otros discípulos?

-Me he cruzado con discípulos antiguos, pero la atención que me han prestado es poca. Es como que siempre me consideraron un crio dentro de los apóstoles. Y no entendía por qué Jesús me amaba tanto...

-¿Tal vez piensas que eran celosos?

-¡Ah! Querida Betsabé, hay dos tipos de celos así como hay dos tipos de perdón: Está el celo amoroso, el celo entre hermanos donde dicen "¿A quién quiere más mamá?". Pero es un celo donde uno de los hermanos goza de que la mamá ame a también al otro de la misma manera que a uno, porque entre hermanos se aman. El otro tipo de celos es el más común, el que veo en la mayoría de la gente: el celo envidioso, el celo egoísta. Y eso me rompe el corazón, de verdad que me rompe el corazón. La mayoría de la gente no ha aprendido nada. Cuando mi Maestro llevaba el madero al Gólgota, quienes le tiraban flores cuando entró a lomos de un borrico a Jerusalén eran los mismos que le lanzaban piedras y le escupían. La gente es multitud, la gente es cambiante, la gente es como una oleada expuesta al viento, es como la marea, sube, baja. Me pasa que a veces  empatizas más con una persona que con una multitud, pero hay una explicación del porqué, porque a la persona la reconoces, estás con ella, puedes o no identificarte; la multitud es algo neutro.

-¿El Maestro pensaba igual? -pregunté.

-El Maestro amaba a todos, hasta a sus enemigos. Y alguna vez le dije: "Pero querido Maestro, hay enemigos que son perversos, ¿cómo los puedes amar?". Y me respondía: "¿Y quién soy yo para odiarlos?, el Padre se encargará".

-¿Y tú no pensabas así, Juan?

-No, no, yo no pensaba así. Yo pienso que el que es perverso es perverso y uno no puede ser compatible a la perversidad. Uno no puede ser compatible al egoísmo, uno no puede ser compatible a aquellos que se rasgan las vestiduras aparentando amar a Dios, un poco para mostrarse ante los demás y otro poco por temor al castigo, porque siguen creyendo en aquel dios de las escrituras, ese dios vengativo. Y es una pena, porque nunca lo van a conocer, por lo menos no en vida. -Me caían las lágrimas escuchando a Juan. El mismo Iósale estaba muy emocionado.

Ya era hora de volver y le dije a Juan:

-¿Nos volveremos a ver?

-Partiré, partiré. No tengo un rumbo definido, pero llevaré conmigo lo necesario para poder escribir, y espero que mi mente me ayude y que envejezca menos que mi cuerpo para poder pasar todo lo que tengo aquí. -Y se tocó su frente.

 

Esta vez al estar dentro de la casa y no haber presencia de extraños me pudo dar un abrazo que quizá hubiera sido mal interpretado por el común de la gente. Sentí como una llamarada de amor, pero un amor puro, un amor que brinda.

Cuando nos despedimos dije:

-Gracias al Padre por habernos permitido encontrarte.

Y Juan dijo:

-Gracias a vosotros por haberme buscado. Ve con Dios.

-¿Cómo?

-Haced bien las cosas, que Dios está con vosotros.

-Y contigo -agregué.

-Amén -dijo Juan. Y nos marchamos.

 

Él había hecho el rol de hijo de la madre del Maestro. Los otros tres hijos de ella no estuvieron presentes durante los cinco años que sobrevivió a su hijo mayor. Hicieron su vida, buena o mala, nunca nos enteramos.

 

Pero cada uno elije su camino, cada uno sabe. Hay quien deja huellas muy profundas y hay quien pasa por la vida como una leve brisa. Pero no la brisa que acaricia, la brisa que se ignora.

 

No puedo decir que como Betsabé he dejado huellas, pero con todas las personas, generalmente mujeres con las que hablaba, les trasmitía la palabra del Padre, lo poco o mucho que me acordaba. Algunas me prestaban atención, otras no, y otras directamente apenas hablaba me dejaban de lado porque les resultaba aburrida mi conversación.

 

Recuerdo que Iósale una vez, solamente una vez, me dijo:

-No te preocupes, Betsabé, por quien no te hace caso, ocúpate de quien o quienes te prestan atención, ahí germinará la semilla como germinó en tantos la semilla que dejó el Maestro, y que ahora iba dejando su discípulo Juan.

-Que así sea -agregué.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 18/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Quedó sorprendida de que pudiera pasarse de nuestro universo a uno paralelo. Dos personas lo habían logrado. En aquella reunión estaba extasiada de compartir tanta ciencia, que era la suya también. Pero se interesaba por otra ciencia, conocida por pocos, desconocida por muchos. Había un eximio genetista.

 

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Entidad: Estaba con deseos de conocer más, con ansiedad, con expectativa porque habíamos accedido a una reunión con los más grandes científicos: astrónomos, biólogos, genetistas, gente que había estudiado. Algunos con sus historias, otros con sus miserias, miserias espirituales plagadas de traiciones, de abandonos, porque si bien todos ellos llevaban el sano orgullo del conocimiento y de haberlo transmitido sin mezquindades muchos tuvieron relaciones de pareja, otros de familia donde a lo largo de su vida fueron despreciados o ignorados. Y qué paradoja, ¿no? Sí, reconocidos por la gente, pero no por su propio entorno, no por sus seres queridos. No.

 

Me había encontrado con mi amiga, Estela Navarro, y llegamos al laboratorio de Raúl Iruti y Alexis Anasio, los dos mejores genetistas, que justamente habían estudiado con el padre de mi amiga. Había físicos cuánticos, gente que trabajaba con partículas minúsculas, gente que había cooperado para mejorar los holoordenadores, gente que trabajaba con partículas mínimas de grafeno. Y a muchos los había conocido de conferencias y a otros, de nombre.

Me agradó ver Erin Cobalto con Julius Delfor, que hacía poco estaba en pareja. El admirado Nambo Flagan, un astrónomo de primer nivel. Rendo Javier, Lírica Prano, Osmar Belami, Tadeo Armani, Elmer Dees, Serge Nauer, y un joven llamado Bruno Doyer, que Raúl Iruti me explicó: -Él está en otro tema, él viene como testigo presencial. Entendí que íbamos a hablar de universos alternos.

 

La conversación se puso muy interesante. El laboratorio era muchísimo más grande que el despacho donde atendía Iruti para las conversaciones, llamémosles espirituales. Y hablaban. Me enriquecía tremendamente, me enriquecía tremendamente con las conversaciones.

Y escuché:

-Por singularidades aún no determinadas se han abierto vórtices a otros universos, universos alternos. Aquí con vosotros, Bruno Doyer. Invitamos al joven para que brinde testimonio de cómo una joven llamada Hidden Fazer vino de otro universo. Es más, él mismo pudo ir y regresar de dicho universo donde conoció a su otro yo. -Me quedé alelada, porque una cosa es la teoría y otra cosa es ver verdaderamente a... alguien que ha viajado a otro universo.

Iruti siguió conversando:

-Nos despertó una curiosidad y nos pusimos manos a la obra para formar una singularidad cuántica que nos permitiera percibir eso u otros universos alternos.

Levanté la mano y pregunté:

-¿Y cómo han hecho?

Me explicó:

-Programamos en nuestros holoordenadores las distintas vibraciones cuánticas y logramos abrir un vórtice a otro universo. Pusimos una estructura energética emparejando la vibración de ambos universos... -Fruncí el ceño en señal de interrogación. Y me explicó-: Todos los universos alternos, hemos descubierto que vibran con un timbre distinto, un timbre energético distinto. Es inofensivo, cualquier ser humano puede pasar a un universo alterno sin que le afecte en absoluto, salvo que ese universo esté deteriorado por guerras, por virus o bacterias, de lo contrario no habría ningún problema. -Y continuó-: Obviamente de nuestro lado pudimos hacer, dentro de dichas vibraciones, una barrera energética, con los distintos espines de los cuarks logramos captar parte de esa energía cinética gracias a los holoordenadores que nos han dado determinada clave para captar esos espines de sabor y de color de los cuarks. Sabemos incluso que los mismos fotones por momentos son partícula y por momentos energía ondulatoria, los sumamos a los cuarks y así logramos mantener una barrera cuántica, la misma energía provocada por un tipo de espín modificado puede interactuar entre los distintos cuarks formando una energía que a su vez repele y atrae, y así mantenemos abierto el vórtex. Pero hicimos algo más; agregando una parte más de espín centrípeto mantenemos la estructura de la barrera cuántica, y si bien los cuarks tienen masa, van unidos con gluones, aprovechamos esos gluones para fortalecer o debilitar esa rejilla cuántica que impide el libre paso entre dos o más universos alternos. Si la debilitamos al punto tal con los gluones podemos pasar al otro lado. Si la fortalecemos no podemos pasar pero tampoco pueden pasar de ningún universo hacia nosotros. Y eso es lo correcto, porque no sabemos qué puede haber del otro lado. No sabemos, lo desconocemos por completo. Hasta ahora solamente conocemos un universo alterno, de donde vino la joven Hidden Fazer. -Levanté nuevamente la mano-. Sí, Trinidad, pregúntame.

-¿Esa joven pasó a este universo antes de que formarais con los holoordenadores vuestro vórtex?

-Correcto.

-¿Y cómo?

-Evidentemente hay singularidades provocadas por magnetismos, por situaciones atmosféricas que se puede dar una vez cada mil millones o varios en un mismo día, y ya dejan de ser singularidades, obviamente. La joven le contó a Bruno Doyer que nuestro Ran II, el que nosotros conocemos como el 'original', llamémosle, olía de otra manera, con un aire más puro, distinto, y eso es lo que nos permitió darnos cuenta de que a veces una guerra, como hay en el Ran II de Hidden Fazer, altera el aire, la atmósfera por completo. No es una tarea sencilla el encontrar un universo similar.

Pero aquí tenemos a Bruno Doyer.

-¿Te encuentras intimidado al encontrarte con físicos cuánticos, astrónomos, genetistas, expertos en grafeno? -Se encogió de hombros.

Dijo:

-No, para nada, para nada. Soy joven pero he pasado por muchas cosas. -Se sentó en un sillón mullido y dijo-: Bueno ya sabéis mi nombre, es Bruno Doyer y estuve en un universo alterno. Todo empezó así: Soy practicante de artes marciales mixtas y me sentía muy mal pues había caído derrotado. Era bastante tarde y no quería molestar al profesor Raúl Iruti, que como sabéis, además de genetista es un restaurador de nuestro interior. ¿Y qué hizo mi impulso? Me llevó a verlo a su laboratorio, quería verlo directamente y pedirle una cita para que me vea en su despacho. Llegué a su laboratorio, me recibió un colaborador y entré tras él. El lugar estaba prácticamente en sombras, pero se veía un luz brillante casi incandescente. "¡No avances!", -Escuché una voz-. Miré hacia el costado y distraídamente seguí avanzando hasta que me cogió en ese momento un vértigo que me hizo rodar, y caí a tierra. La misma se impregnó en mis uñas.

 

Hasta que recuperé la capacidad de análisis: ¿Cómo voy a tener tierra en mis uñas si el laboratorio tiene un piso de Turplastic? Levanté la vista y vi unos aparatos extraños parecidos a unos viejos dirigibles que hace siglos había en Ran II. Se escuchaban sirenas, habían luces de reflectores por doquier.

Alguien gritaba:

-¡Atrapad al prisionero, no importa vivo o muerto! -Me sobresalté. ¿Dónde estaba? De repente pegué un respingo, ¿sería el Ran II alternativo de donde vino Hidden Faser?

-¡Atrapad al prisionero! ¿Sería yo el fugitivo? Vi a un joven corriendo hacia mí. Se escucharon estampidos. El joven, sin vida, cayó a mis pies.

Varios militares de uniforme grises armados se acercaron:

-¡Hemos acabado con él!

Me miraron. Cuál fue mi sorpresa cuando se cuadraron e hicieron un signo extendiendo la mano:

-¡Mariscal Doyer!

-Sí -respondí automáticamente.

-Pensamos que lo habían matado, lo atraparon unos insurgentes. ¿Cómo lo logró? -Mi mente trabajaba velozmente.

-Logré escapar -les respondí. Y pensaba, "Así que en este mundo yo era un tirano y tenía poder".

 

La historia continuó, una historia bastante bastante larga, pero tengo que abreviar el relato.

 

Finalmente me encontré con mi otro yo que formaba parte de los insurgentes. ¡Vaya sorpresa! Me quedé un par de días compartiendo cosas con él y me comentó que iba a abrir un vórtice para que regrese a mi universo.

Obviamente, le pregunté:

-¿Cómo sé que es el vórtice que me lleva a mi mundo?

-Es muy sencillo. Te he escaneado, tu vibración corporal es distinta a la mía. Cada universo alterno tiene una vibración o tono. Entonces adaptamos el proyector de vórtex para que vibre en tu misma sintonía y así va a llevarte a tu mundo.

Y aquí estoy. Eso es todo.

 

Pedí permiso para conversar con el joven Bruno y me relató parte de su historia, una historia muy tremenda. En realidad, él y su padre eran los que mandaban pero ellos querían acabar con la guerra, querían acabar con la tiranía y en secreto estaban aliados con los insurgentes. Pero había muchos soldados que los obedecían, que eran cien por ciento fanáticos, y era imposible darse a conocer. La batalla tenía que ser muy sutil para de a poco, de a poco, de a poco ir armando a los insurgentes para que ganaran finalmente esa batalla. La misma Hidden Fazer, que al primero que conoció fue a Bruno Doyer, venía de ese mundo donde había sido entrenada con la mayor rigidez y castigos y maltratos, al punto tal que para ganarse la vida en este universo, se anotó en artes marciales mixtas, venciendo a las mayores oponentes. Solamente una la pudo vencer.

 

Me quedé pensando. Qué cosas sabemos y qué cosas no sabemos. Aquí, entre nosotros, había gente que llenaba auditorios, gente que podía llenar estadios deportivos solamente para ser escuchados aunque se pagara mil créditos la entrada, créditos que luego eran donados a distintas fundaciones de Ran II o para mantener a los niños que eran separados de sus familias en el caso que tuvieran más de dos. Pero mirando toda esta gente, cada uno valía por lo suyo y sin embargo eran tan humildes...

Y se lo comenté a Raúl Iruti. Le digo:

-Profesor, veo esta gente tan sencilla que...

Me dijo:

-Trinidad, ¿qué nos diferencia de los demás? Respiramos el mismo aire, tenemos los mismos problemas... ¿Cuántos de nosotros ha sido aplaudido, vitoreado y a su vez cuántos de nosotros han sido rechazos por sus propias familias?

-Claro, pero no todos -argumenté-. Usted y Alexis Anasio son eximios genetistas, y aparte conocen otros temas, saben de astronomía, saben de física cuántica, saben de neurología.

-Sí, pero también hemos tenido fracasos.

-¿Vosotros? El padre de mi amiga dice que han sido los mejores estudiantes.

-No, no lo digo por eso. Ambos somos divorciados, sin hijos. No voy a darte detalles ahora porque no viene al caso, pero a veces en una relación de pareja uno crece y el otro no, y la comunicación deja de ser tal, la afinidad deja de ser tal, la atracción, el deseo dejan de ser tales.

 

¡Ah! Y me di cuenta que tenía razón. Y me di cuenta de que era cierto.

Pero muy atrevidamente le pregunté:

-Iruti, usted es un reparador de almas, algo así como dijo el joven Bruno Doyer. ¿Cómo no pudo revertir su situación personal?

-Pero la respuesta es sencilla, Trinidad, no depende de uno, depende de dos. Acaso cuántas veces lo he dicho de que tú puedes tenderle la mano al otro y el otro si quiere la coge y si no, no. Y debemos respetar ese libre albedrío. Debemos respetar la manera de ser del otro. Es decir, respetar el camino que elija, no respetar los casos hostiles en el caso de que los cometiese. Quiero que se entienda la diferencia.

-Profesor, le entiendo perfectamente. Hablamos de que yo puedo tener una relación con una amiga y puedo respetar su punto de vista, como pasó con Estela. Yo no hubiera tolerado la décima parte que ha tolerado ella con esa persona que decía llamarse su pareja y que la ha estafado amorosamente y económicamente, aunque ella por supuesto ha sido expuesta. Uno puede tolerar la libre elección del otro, lo que no puede tolerar son los actos hostiles. Y hay mucha gente que comete actos hostiles, que insulta, que denigra, que agravia. Entonces, ¿hasta que punto la tolerancia tiene que ver con el amor?

Iruti me dijo:

-En un cien por ciento tiene que ver con el amor. Yo no puedo amar a alguien que viola a una joven, a alguien que mata una anciana. Si bien en Ran II está casi erradicado el crimen hay holocámaras por todos lados, pero bueno, hay algunos países limítrofes quizá no tan desarrollados donde el índice de delincuencia es diez por ciento mayor al resto del planeta. Trinidad, somos seres humanos, avanzamos. Nambo Flagan ha descubierto un sistema solar a poca distancia de aquí y tiene varios planetas, y el tercero es muy similar a Ran II y seguramente habrá vida como la nuestra, pero todavía nos falta bastante para hacer viajes interestelares. Tenemos colonias en nuestro satélite principal, hemos explorado con naves robot el cinturón de asteroides, pero con eso no alcanza.

-Profesor, pero puede haber otros universos alternos distintos al que fue Bruno Doyer. Había dirigibles como los que había en Ran II nuestro hace siglos atrás y sin embargo tenían un pequeño proyector de vórtice más adelantado que el vuestro. O sea, por un lado un mundo salvaje donde estaban en guerra con aparatos voladores mucho menos sofisticados que los nuestros, pero por el otro habían avanzado en la parte cuántica. ¿No es extraño?

-No, Trinidad -me dijo Raúl Iruti-, no es extraño. Cada mundo, cada civilización es impredecible, impredecible como lo es nuestra conducta. Como seres humanos somos falibles.

-¿Pero no deberíamos ser perfectos por nuestro intelecto?

-¡No, no!, ¡gracias a Dios, no! -Fruncí el ceño.

-¿Cómo gracias a Dios, no?

-Eso significa que podemos seguir aprendiendo. Eso significa que estamos en el camino. Eso significa que tenemos una obligación moral de seguir recorriendo el camino, de seguir entendiendo al enemigo más difícil que tenemos.

-¡Cómo! ¿Cuál es el enemigo más difícil que tenemos, algún virus desconocido, algún universo alterno hostil?

-No. Ven. -Nos apartamos unos pasos. Tomó un espejo-. Mira. -Observé mi rostro-. Ahí tienes a tu enemigo.

-¡Pero soy yo!

-Esto es metafórico. La persona con la que más tienes que luchar es contigo misma, vencer esos anhelos desproporcionados, disfrutar los momentos de éxito, que no es ego el disfrutar las cosas, los logros. No puedes tener complejos de culpa por tener alegrías siendo que al lado hay alguien que tiene tristeza, pues no la has ocasionado tú. Porque con ese criterio todos estaríamos con una escala tonal bajísima y así no podríamos ayudar a nadie.

-Lo entiendo, lo entiendo. Yo puedo sentir compasión por el otro pero si a su vez mi estado anímico cae porque ya en lugar de compasión siento lástima no lo voy a poder ayudar, me voy a sentar a llorar a su lado y eso no le va servir a él, pero por sobre todo no me va a servir a mí.

-¿Ves?, ¿ves Trinidad, lo rápido que aprendes?

-Quiero hacer cursos.

-¿De genética?

-No, de lo espiritual.

-Está bien, lo combinaremos. Juntémonos con los demás y sigamos hablando del tema, que es muy muy interesante.

 

Y seguí escuchando a esa gente. Y tenía la misma sensación como si tomara un licor, de esos licores que te endulzaban el paladar. Así era la conversación, te endulzaba el alma.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 19/10/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

La entidad relata que en la consulta del prestigioso sanador espiritual y genetista dialogaron acerca del valor interior de las personas. Estaban de acuerdo en varios puntos importantes.

 

Sesión en MP3 (4.016 KB)

 

 

Entidad: Estoy gozoso de estar con vosotros, mi nombre es Maradel.

He ayudado mucho al cuerpo causal de muchos seres encarnados en Sol III, tratando de elevarlos. De la misma manera también he sufrido por aquellos que aún no desean ser ayudados, pues están atados a ese lugar de confort que para ellos es más que suficiente, no tienen el anhelo de búsqueda, son conformistas y por más que les pueda enviar conceptos e incluso Luz a su cuerpo causal, que es el más elevado, o a su cuerpo de ideas, es estéril, pues no tienen esa avidez de búsqueda interna, se refugian más en lo concreto no en a lo abstracto, que es a le que tendrían que dar más valor. Entiendo, entiendo bien que en el plano físico lo concreto es valedero puesto que somos unidades biológicas, pero la gran mayoría no se entera o no quiere enterarse de que hay algo más.

 

Y esa labor hermosa, placentera ha hecho que eleve mi subnivel al plano 4 subnivel 9, casi al límite de llegar al plano 5 que es plano de Luz. El plano 4 subnivel 9, que es el más elevado dentro de los planos maestros.

 

Y mis engramas a veces se reactivan por cosas que suceden en la vida actual y que por distintas razones, de alguna manera pueden ser similares a vidas anteriores. Y cuando digo similares no me refiero a hechos circunstanciales parecidos, a veces son emociones similares, y si bien como thetán sé que la emoción forma parte del ego, es muy difícil como ser encarnado no tener emociones.

 

Rememoro el rol de Trinidad. Y voy a permitir por comodidad, incluso para este receptáculo que me alberga tan generosamente, que Trinidad hable en primera persona.

 

Me sentía contenta, satisfecha. El haber estado con Raúl Iruti, con Alexis Anasio, con Erin Cobalto, Julius Delfor, Nambo Flagan, Rendo Javier, Lírica Prano, Osmar Belami, Tadeo Armani, incluso mi amiga tan sufrida Estela Navarro..., Elmer Dess, Serge Nauer y el joven Bruno Doyer, que relató el episodio del universo alterno.

Días después me junté con el afamado Nambo Flagan, hablando sobre astronomía, profundizando. Si bien yo era neuróloga y genetista había despertado mi curiosidad la astronomía, y vivía leyendo libros digitales y libros holográficos. Tenía una facilidad bastante importante como para asimilar los nuevos conocimientos y lo que más me impactaba era las mareas gravitatorias que había en el universo, el mismo Nambo Flagan me había comentado que era uno de los temas que más le interesaba.

Y al día siguiente pedí cita con el sanador espiritual y gran genetista Raúl Iruti. Llegué a su despacho y me saludó con cordialidad:

-Adelante, Trinidad, ponte cómoda. -Justo estaba tomando un café suave-. ¿Aceptas uno? -Asentí con la cabeza y nos sentamos-. Entiendo que vienes a una consulta.

Le respondí:

-Sí, pero más que una consulta sería una... una charla.

Me dijo:

-¡Pero cómo no! ¿Sobre qué tema quieres hablar?

-¡Uf! Primero sobre mi persona. Quiero hacer tanto tanto y a veces me veo atascada como un inmenso mar que busca traspasar a otro mar por medio de un embudo.

Iruti me dijo:

-Mira, Trinidad, entiendo que las cosas hay que hacerlas paso a paso; si te atoras no haces nada, quedas ahí en el medio sin decidirte por donde comenzar.

-Es que quisiera hacer tantas cosas a la vez... ¿Cómo logra usted hacer tanto?

Iruti me miró y sonrió.

-No, no logro hacer tanto, voy... voy haciendo cada día lo justo y necesario. Y depende de muchos factores, hay días que puedo tener más anhelos de hacer cosas y días que no. -Me sorprendió su repuesta.

-O sea, ¿que usted tiene altibajos en sus anhelos?

-¡Je, je! No, Trinidad, no lo llamaría de esa manera, hay días que quizá tengo deseos de escribir ensayos nuevos sobre genética, hay días que quiero profundizar sobre temas espirituales y hay días que me dedico a leer o simplemente me recuesto en un sillón a pensar.

-¿A meditar?

-No, Trinidad, a pensar, no dejo la mente en blanco, rara vez dejo la mente en blanco: pienso.

-¿Le puedo comentar algo? -pregunté.

-Adelante.

-¿Había hablado con el profesor Flagan sobre las ondas gravitacionales?

-Sí.

-Bueno, ¿qué opina?

Iruti me dijo:

-Yo no soy astrónomo, pero entiendo de que cuando tú tiras un objeto al agua se ven ondas circulares que se van agrandando, agrandando, agrandando. Esas ondas las forma el agua, y el objeto que se lanza es el causante de las mismas. Entonces, cuando hay una onda gravitacional es porque hubo un suceso que causó una tremenda gravedad, puede ser un choque de agujeros negros. Ahora bien; si esas ondas del objeto que tú tiras en el agua las vas viendo en el agua -supuestamente el universo está compuesto de un porcentaje muy mínimo de materia, el resto es materia oscura y energía oscura-, ni la materia, ni la energía oscura, ni la materia oscura tienen esa densidad por así llamarlo, por donde puedan navegar esas ondas gravitacionales.

-Eso era lo que yo pensaba Iruti, eso era lo que yo pensaba -le comenté-, y se lo comenté a Nambo Flagan. Él dice lo pensó una y mil veces. Lo que aún no sabemos de qué se trata ese compuesto, de esas ondas gravitacionales.

-Lo he pensado muchísimas veces -me comentó Iruti-. En mi soledad pienso mucho, con la persona que más converso es con mi hermano espiritual Alexis, y intercambiamos ideas.

-¿Puedo hacer una pregunta indiscreta?

-Adelante, Trinidad.

-No es la primera vez que habla de soledad, qué raro que no tiene una relación de pareja. ¡Huy!, fui demasiado indiscreta, ¿no?

-No, no, no tengo porqué tener secretos. Voy a hablar de mí, porque hay otros colegas que están en una situación similar a la mía. Soy divorciado de hace muchos años.

-Lo lamento.

-No, no, no, no lo lamen. A veces uno está con una persona y uno sigue creciendo y la otra persona crece a distinta velocidad o directamente no crece. O peor aún; puede retroceder en su anhelo de elevarse espiritualmente. Estuvimos poco tiempo y paradójicamente la que decidió el divorcio fue la otra persona. -Me sentí como anonadada, me sentí como asombrada a la vez, aparte de anonadada. Y me salió de adentro, y le digo:

-Pero cómo alguien puede dejarlo a usted siendo usted un ser tan maravilloso.

-¡Vaya, je, je, je, je!, gracias por el halago... Pero es tu óptica. Otras personas tienen otra óptica, personas que quizá son más materialistas, personas que buscan crecer económicamente.

-Pero entiendo de que usted es una persona que por su mismo trabajo, por su fama no tiene problemas económicos.

-No, pero tengo otro tipo de aspiraciones.

-Ahí me perdí -confesé.

-Claro, Trinidad. De repente estás con una pareja que le interesa lo material, entonces tú le compras una casa frente a un lago y al poco tiempo no se conforma y quiere de repente una casa en la cima de una montaña, de repente piensa que la cima de la montaña es inestable o hace mucho frío y quiere una casa cerca de la playa.

-¿Pero todo eso pedía su expareja?

-Estoy hablando de manera figurativa. Personas que de repente ven un hololibro y dicen "¡He encontrado un tesoro!", leen algunas páginas y a los cuatro días ya no les interesó más. ¿Has leído sobre los libros de papel?

-Sí -respondí.

-Bueno, hay personas que son amantes de las carátulas.

-Entiendo. Como que el contenido les interesa por la carátula, pero a medida que van viendo el contenido no les resulta tan interesa. A veces tú puedes ver el formato de la carátula de la persona hasta que lees el contenido.

Le dije:

-Ya que fui indiscreta me juego: ¿Y en su caso Iruti, usted estaba convencido del contenido de la persona? -Raúl Iruti se encogió de hombros.

-Estamos hablando de mucho tiempo atrás, quizá mi madurez no era la suficiente y no sabía valorar bien ni carátulas ni contenidos.

Le dije impulsivamente:

-Si yo estuviera en pareja con una persona como usted me aferraría con toda la fuerza del mundo.

-Bueno -respondió Iruti-, tampoco debe ser tan así porque podrías asfixiar a la persona, la persona necesita respirar.

-Claro, pero no hace falta que lo aclare, creo que... creo que usted me entendió. Aferrarme significa cómo dejar ir algo tan noble, alguien tan noble.

-Disculpa. Como dije antes -comentó Iruti-, es el punto de vista de cada uno.

-Me ha sacado de tantas dudas... Y he conversado con otras personas, sin inmiscuirme yo en sus problemas, pero me han dicho lo mismo, ha tendido la mano a tantas personas... Yo pienso que lo aprecian muchísimo.

-Es recíproco; yo también los aprecio a todos.

-¿A mí también?

-¡Je! ¡Qué tonta! No... Entiendo que sí, Trinidad, por supuesto, por supuesto... Mi aprecio por ti es muy grande.

-No creo que tanto como el mío. -Ya se había pasado el tiempo y le digo-: Me voy. Me voy con pudor porque me parece que hoy estuve muy indiscreta en las preguntas.

-No, no, para nada. Si hubiera algún tema que no quisiera responder te lo digo con sinceridad y con la simpatía de siempre. Pero no guardo secretos, es público que soy divorciado, es público que no tengo hijos, es público que la otra persona formó pareja de vuelta y aparentemente no le va bien tampoco. Pero no es mi problema. Yo sigo con mi tarea, que es ayudar.

-Pero no es solitario, ¿no?

-No, al contrario; vivo yendo a reuniones, con amigos...

-No me refiero a eso.

-Lo entiendo, lo entiendo. Simplemente respondo eso para no interiorizar más.

-Seré atrevida... ¿Entonces usted también tiene pudor?

-No, no se trata de pudor, no, no se trata de pudor, pero... -Me di cuenta de que Raúl Iruti se había quedado sin palabras. Me acerqué y lo miré a los ojos, me llevaba media cabeza de alto, y le digo:

-Usted es una persona excelente, usted es un hombre excelente. ¿Cómo alguien no puede ver eso?

-Como dije antes, más de una vez, es la óptica de cada uno.

 

Sé que el impulso es reactivo, pero en ese momento me cogió un impulso y lo tomé con mis dos manos de las mejillas, mejor dicho; le tomé el rostro, acerqué mi boca a la suya y lo besé. Luego retrocedí un par de pasos y le dije:

-Perdón.

-No, no pidas perdón, no pidas perdón. Perdón se pide cuando uno tiene culpa de algo, tú no tienes culpa de nada.

-Sí, tengo culpa de... de mi impulso. Y si bien usted en consulta me enseñó de que...el que hace las cosas sin querer es responsable, no culpable, mi impulso no fue sin querer, fue queriendo.

-Claro, pero hablamos de actos hostiles, esto no fue un acto hostil.

-Me siento avergonzada.

-No.

-Bien. En realidad yo me siento muy segura de mí misma, así que voy a preguntar, ¿cómo se sintió?

Iruti me dijo:

-Si has tenido el impulso para hacer eso, lo menos que puedes hacer es tratarme de tú. ¿Y cómo me sentí? Gratificado.

-¿Entonces puedo volver a hacerlo? -pregunté.

-Mira, Trinidad, te respeto mucho, no... no quiero ilusionarte.

-Entiendo -exclamé-, no le intereso.

-Todo lo contrario, todo lo contrario. Pero aprendí algo en la vida. Cuando uno inicia algo, un trabajo, una amistad, un estudio, una relación tiene que estar seguro. ¿Tú estás segura o lo que sientes es admiración?

-¿Y tú qué sientes?

-¡Je, je!

-Te quedas sin palabras. ¡Vaya!, el profesor Raúl Iruti sin palabras.

-Eres atractiva, de la misma manera que al comienzo tú me has dicho "Tengo tantas cosas por hacer y no sé por dónde empezar" y te respondí "Ve paso a paso", entiendo que en esta situación es exactamente igual ir paso a paso.

-Este fin de semana nos juntamos con varias de las personas en el bar que acostumbramos -exclamé-. ¿Irás?

-Sí.

-¿Te sentarás al lado mío?

-Sí -respondió Raúl Iruti. Esta vez no fue impulsivo, fue analítico: Me acerqué lentamente y posé mis labios sobre los suyos:

-Nos estamos viendo. -Mi corazón palpitaba.

 

La puerta se cerró detrás mío y ¡Aaah!, lancé un suspiro.