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Psicoauditación - Blanca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 23/02/2021 Ran II, Trinidad

 


Sesión 23/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Las dudas se disiparon y necesitaba comentarlo con el genetista. Y todo resurgió con más fuerza y planearon acciones futuras. Para ya mismo. Mientras tanto una amistad suya tenía problemas, los dos tratarías de ayudarla.

 

Sesión en MP3 (4.641 KB)

 

 

Entidad: Mi nombre es Maradel, plano 4 subnivel 1. Muchas veces en el plano físico podemos apresurarnos a prejuzgar antes de visualizar la escena completa, obviamente hay muchas personas que viven viendo escenas parciales permanentemente. En distintas vidas me ha pasado que no he visto la escena completa, pero son muy muy pocas. De todas maneras mi anhelo es seguir perfeccionándome en cada encarnación.

Recuerdo la vida de Ran II, como Trinidad Cabello.

 

Lo fui a ver al querido Raúl Iruti, me recibió con una sonrisa amplia, todavía estábamos, ¡je, je!, en una especie de entre acto, entre una escena y la otra. De todas maneras llegué y lo abracé. Estuve como dos minutos abrazada. Raúl no me preguntaba nada, me rodeaba con sus brazos, esperaba que el abrazo termine y que yo hable.

Finalmente el abrazo terminó y me dijo:

-¿Quieres tomar algo? -negué con la cabeza-. Toma asiento. -Y se quedó mirándome, expectante, sin apuro, sin ansiedad, solamente expectante.

Y le comenté:

-Aparentemente, Alexis no está más con Estela.

-Explícate mejor, Trini. Estaban saliendo, eso no se puede disimular.

-Estaban saliendo, muchísimas veces salieron solos. Yo no soy comedida al igual que tú y no... por ética no le pregunto a Estela "Cuéntame cómo están las cosas, cómo estás con Alexis", no. Y ella no me cuenta. ¿Y tú?

-Raúl se encogió de hombros.

-¿Si me preguntas a mí? No... no le pregunto a Alexis sobre su vida personal.

-Pero el trato es distinto -exclamé-, yo soy amiga de Estela, incluso hemos tenido muchas diferencias cuando ella se portó de forma mezquina con su papá Estanislao, el profesor, pero en cambio Alexis y tú sois más que amigos, son como... como hermanos espirituales de la forma que los veo, como se tratan, a veces es como que uno dice una palabra y el otro la complementa.

Me miró sonriendo y me dijo:

-Así y todo yo espero que las cosas surjan. O sea, si Alexis me quiere comentar por qué no está más con Estela, llegará el momento que me lo dirá o no, pero no suelo estar hurgando en la vida de los demás, como tampoco me gusta que hurguen en la mía.

-Eso se llama tener tacto -le dije.

-Eso se llama tener ética.

-Sí, puedes decirlo así.

-¿Has venido por eso?

-He venido porque me ha extrañado que de repente de un día para el otro no salgan más, quizá se desencantó de ella o no querrá tener compromiso con...

-Continúa.

-Me cuesta...

-Mi amor, estás conmigo.

Lo miré y continué.

-Quizá no quiera tener compromiso con una mujer que espera un hijo de otro.

-No, Trini, no no no, Alexis no es así. Cuando encarnamos, cuando estamos en esta vida física no somos perfectos, es más, interpreto que nuestra alma una vez que no estamos más aquí tampoco es perfecta, pero algunos tenemos una idea más real y acertada de lo que es el camino de la perfección.

-Explícate, por favor -pedí.

-Claro. Voy a empezar por mí: no soy perfecto, a veces tengo mis dudas sobre mí propia vida. -Me extrañó.

-¿Tú?, ¿tú dudas? ¡Asesoras a todo el mundo!

-Quizá es más fácil orientar a los demás que orientarse a uno mismo. Si supieras las veces que he estado desconcertado... Ahora mismo estoy desconcertado.

-No entiendo, el gran Raúl Iruti desconcertado.

-¿Te estás burlando, Trini?

-No.

-Te estás burlando. Sabes de qué hablo. Quiero saber a qué atenerme, ahora estoy cambiando de tema. Hablemos de nosotros. No quisiera que volvieras a tocar el tema de Bruno, de lo que pasó esa noche, de lo mal que has quedado.

Le respondí:

-Tú sabes que a veces, una llama, pero no de las que te purifican sino de las que te queman, de las que te hacen arder la piel, a veces las llamas se reavivan en tu mente cuando ves escenas de violencia. Y son cosas que no soporto.

-Está bien, lo entiendo.

-¿De verdad lo entiendes?

-Mi amor, si bien mi título es de genetista me considero un buen asesor espiritual y te entiendo perfectamente. Lo que no entiendo es el parate (demora) en nuestra relación, sigo pensando que inconscientemente es como que me transfieres una culpa que no tengo. Yo no soy una persona violenta, no maltrato a nadie ni siquiera de palabra. ¿Qué a lo largo de mi vida he hecho cosas negativas? Sería para hablar muchísimo, he tenido que elegir entre acabar con el mal salvando millones de vidas, y eso no me lo voy a olvidar nunca. Pero no estamos hablando de eso, estamos hablando de lo personal. En lo personal son muy pocas las cosas que pueden disgustarme, pero no tiene que ver con una relación de pareja o con amigos o familiares. Me pone mal la injusticia, me pone mal la desigualdad. ¿Pero se entiende que no tiene nada que ver con lo que tú hablas? Siento como que te desquitas conmigo por... por un recuerdo negativo que se te ha reactivado.

-¡Ah! -suspiré lentamente y lo volví a abrazar-. ¿Te puedo decir una cosa? -pregunté.

-Una, dos, mil cosas puedes decirme.

-Para mí no existe otra persona como tú, eres el hombre ideal. -Me separé y lo miré-: ¿Cómo te sientes? -Raúl no perdió la sonrisa, pero veía que sus ojos no acompañaban el gesto de su boca, como si su sonrisa estuviera forzada o triste-. Te escucho -le dije.

-Es sencillo, Trini, obviamente me haces sentir bien que digas que para ti soy el hombre ideal.

-Entonces ¿qué es lo que está mal?

-No, nada está mal; me hubiera gustado que digas "Eres el hombre que amo".

 

Lo miré, miré sus ojos profundos, su rostro claro, sus cabellos oscuros, su aparentemente endeblez, pero por dentro sabía que era tan fuerte, tan fuerte espiritualmente a pesar de todos esos traumas que arrastraba de tiempo atrás.

Y me dijo:

-Yo he estado en pareja, y tú lo sabes, pero a veces uno cree que ama porque no conoce el amor. Y lo he conocido contigo, y puedo decir con absoluta seguridad que eres la mujer que amo. Y como me desconcierta el no saber, porque no soy adivino, el no saber qué piensas, el no saber qué decisiones vas a tomar. Quisiera aclarar las cosas. ¿Soy el hombre que amas?

 

Lo miré y sentí un dolor interno, como de culpa. Y le dije:

-Sí, sí, mi amor, eres el hombre que amo. Eres distinto, eres único.

-Entonces no nos evitemos, salgamos. Quiero que seas mi novia, pero mi novia de verdad.

-¿Y luego qué? -pregunté.

-No tienes por qué preguntar eso, sabes cómo soy, me considero una persona íntegra. El siguiente paso es, si tú lo aceptas, que seas mi esposa.

Lo miré. Exclamé:

-Da la impresión que la palabra novia la has dicho con más énfasis.

-Y hay una explicación.

-Explícamela.

-¡Je! El noviazgo es algo hermoso, decir novia es sentirte otra vez un adolescente.

-Claro, en cambio la esposa es la rutina, el verla todos los días, el convivir, el acostumbrarse.

-¿Qué es lo que dices, Trini?, ¿tú crees que yo pienso así?

-Mira, mi amor, Raúl, sé que eres distinto, pero tengo tanto amigos y amigas que se han casado y se han acostumbrado a la monotonía...

Raúl me respondió:

-Lo lamento por ellos, lo lamento por ellos. Yo no soy así, yo no soy así, para nada. ¿Y tú?

Lo miré.

-Amo la vida, amo estar en pareja con la persona que amo, disfrutar cada día, cada momento, cada instante, cada segundo. Y no solamente disfrutar un abrazo; disfrutar el compartir una copa, disfrutar el ver un espectáculo, disfrutar el ir tomados de la mano como si fuéramos dos adolescentes.

Raúl sonrió, y me dijo:

-Bueno, no eres una adolescente, pero eres más joven que yo.

Le dije:

-¿Y eso te incomoda?

-No, para nada.

-¿Eso te preocupa?

-No, Trini, no, no, me preocupa, para nada. -En ese momento sonó el timbre y-: ¿Quieres fijarte tú?

Miré el visor. Lo miré a Raúl:

-Pensé que era Alexis, es Estela. -Pulsé el botón, se abrió la puerta de entrada y llegó hasta el piso. Presionó el timbre, que sonaba grave y bajo. Abrí.

-Hola, Trini. -Luego lo saludó a Raúl-. ¿Cómo es que no te asombras que estoy aquí?

-En realidad vine para verte a ti. Perdón, Iruti.

-Dime Raúl, por favor.

-Perdón, Raúl, no vengo a ninguna consulta, pero tengo confianza con ambos y les quiero contar que le pedí un tiempo a Alexis Anasio.-Me sorprendí.

-No te quise preguntar, Estela, porque di por sentado como que él se había alejado.

-No, fui yo.

-¿Por qué?

-¡Ah! Porque no quiero forzar a nadie. Estoy embarazada de otra persona y quizás él está conmigo porque es un caballero, y por ética no cortará la relación. La interrumpió Raúl:

-Te equivocas, Estela, te equivocas por completo, mi hermano Alexis no es así. Si de entrada él ve que algo no le convence, directamente no se compromete o no sale con la persona, pero Alexis no es una persona que salga por compromiso, por lástima, por compasión. Y te puedo asegurar que es una persona muy muy compasiva, pero en otros temas en otros aspectos; es compasivo con la persona que ha perdido un trabajo, con la persona que ha perdido un familiar, con la persona que se ha perdido a sí misma porque no encuentra el rumbo, pero no tiene compasión con una luchadora como tú.

-¿Entonces no me compadece?

-¡Ah! Me estoy expresando mal, Estela -exclamó Raúl-. El que no tenga compasión significa que su afecto pasa por otro lado, porque tú le gustas, porque le atraes.

-Hemos tenido nuestras discusiones. -Se sinceró Estela.

-Si las quieres contar puedes hacerlo, pero no tienes obligación -exclamó Raúl.

 

Miraba a ambos expectante. Estela continuó:

-Él se puso mal cuando hablamos de que yo no quería de que papá saliera con sus amigos mayores y que gastara los créditos en las salidas, que guardara para cuando sea más mayor.

Y él me dijo: -Y qué sabes cuánto tiempo más va a vivir tu padre. Lo has querido privar de unas vacaciones con sus amigos... Qué importa los créditos que se gaste si ni siquiera sabes si al mes siguiente va a estar vivo. Y supongamos que fuera así, que te hace caso, que no sale, que se queda encerrado en su casa, en su despacho, en su laboratorio, y por obra y gracia del Creador al mes siguiente ya no está más con nosotros, ¿cómo te sentirías, qué pasaría con tu conciencia?

 

Le dije que tenía razón. Le dije que incluso Trini me había dicho exactamente lo mismo y que por eso cambié de parecer. Es más, le dije que estaba arrepentida de haber pensado de esa manera.

Y luego hablamos del papá de la criatura, del engaño, de la estafa, del robo de los papers. Y ahí me sentí como con rencor. Y le dije: ¿Y eso también me lo vas a reprochar? A ti nadie te ha engañado.

 

Y Alexis me respondió: -No dije nada, eso corre por tu cuenta-. Pero lo sentí molesto, como que yo lo estaba acusando de algo. Y después pensé, si vamos a seguir teniendo ese tipo de discusiones más vale corto la relación ahora.

 

Iba a hablar Raúl y le hice un gesto.

-Permíteme a mí hablar. Y le dije a Estela:

-Creo que te has precipitado, y no es la primera vez que lo haces. Muchas veces te has precipitado; actúas y luego piensas. Lo has prejuzgado a Alexis.

-Lo lamento.

-No, yo lo lamento, porque yo misma en algunos instantes también lo he prejuzgado. Es más, antes de que vinieras pensaba que él había cortado la relación.

-No, nada que ver, fui yo.

Raúl dijo:

-¿Y cómo quedó Alexis?

-Neutro.

-Explícate -le pedí.

-Digamos como que su cara era neutra, no tenía gestos de tristeza, de decepción. Me dijo: -Es tu deseo, lo respeto-. Me dio un beso en la mejilla y se alejó.

-¿Y ahora cómo estás? -pregunté.

-Arrepentidísima.

Estela lo miró a Raúl y le dijo-: ¿Qué hago? -Raúl sonrió.

-¿Qué haces? Salvo que tengas demasiado pudor lo vas a buscar y le dices que no puedes vivir sin él. Salvo que ese no sea tu pensamiento.

-Sí, es mi pensamiento. De verdad que siento un tremendo afecto por él.

-Pero no amor, ¿no? Al papá de la criatura...

Estela levantó la mano interrumpiendo a Raúl y dijo:

-No, sé lo que vas a decir. Al papá de la criatura que se está gestando, lo que sentía por él era un deslumbramiento, y a veces el deslumbramiento aparentemente parece ser más fuerte que el amor, pero entiendo que el amor se va gestando. Podría contarle muchas cosas de lo que ha pasado entre Alexis y yo.

-No no no -dijo Raúl-. Sólo te puedo decir que si estás convencida de que es la persona que con el tiempo puedes amar y que él con el tiempo pueda amarte, no lo pierdas.

-¿Tú le hablarás por mí?

-No, no es mi tarea -dijo firmemente Raúl-, es tú tarea, Estela, es tú tarea.

Se acercó y lo abrazó. Se abrazó conmigo y dijo:

-Gracias a ambos. -Y se marchó.

 

Lo miré a Raúl y le dije:

-Te amo y me gusta mucho la palabra novia, y me gusta mucho que caminemos por la calle tomados de la mano y me gusta mucho que compartamos una copa, un abrazo, un beso, mil besos. Y me gusta mucho estar a centímetros de tu rostro y mirarte los ojos, los labios, tus gestos, tu firmeza. ¿Y a ti?

Raúl me dijo:

-A mí me pasa lo mismo pero de manera distinta: ver tu rostro suave. Nuestro cerebro nos engaña, procesa la imaginación o los sueños como si fuera un recuerdo y a veces no sabes si lo que viviste fue cierto o no. A veces es como que no..., como que no digiero que te he besado, que hemos estado juntos. Siento que fue un precioso sueño.

Lo miré y lo tomé de las mejillas:

-Es un sueño que puedes repetir cada noche. Y espero que no te canses.

-¿Cansarme? Es como tomar agua del manantial, esa agua pura... ¿Y cómo te cansas de beber esa agua? ¿Cómo puedo cansarme de libar tus labios?

Tuve un impulso tan grande que lo abracé y le dije:

-Mi amor, mi amor, mi amor, mi amor... nunca dejes de hablarme así.

-Es que no pienso dejar de hablarte así, pase el tiempo que pase. Mi llama seguirá creciendo, no de las que queman la piel, las que alimentan el interior. -Suspiré.

 

Y esta nueva etapa sería la mejor de todas, con mi gran amor, este ser tan especial llamado Raúl Iruti.