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Psicoauditación - Blanca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 22/11/2021 Términus, Estefanía

Sesión del 25/11/2021 Términus, Estefanía

Sesión del 01/12/2021 Términus, Estefanía

Sesión del 19/01/2022 Gaela, Chiara

Sesión del 03/02/2022 Seiing I, Audora

Sesión del 07/02/2022 Seiing I, Audora

Sesión del 10/02/2022 Seiing I, Audora

 


Sesión 22/11/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Un nuevo actor, megalómano, apareció queriendo tomar el mando de Términus, exigía la aceptación de los países. La entidad relata que tenía en sus manos poder defender el planeta construyendo un arma contra la nave del agresor.

 

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Entidad: -¿Qué sucede, Máximo?

-Todavía nada. Es una hipótesis, Estefanía, pero tengo un presentimiento feo. -Lo miré a Justo y al matemático Irdino, estaban con sus rostros más que serios.

-¿Me podrían poner al día, por favor? -pedí.

Habló Justo.

-Mira, el tema... El tema no es sencillo, hay una región del norte donde su gobernador es débil.

-¿Estamos hablando de Berliche?

-Sí, Estefanía, estamos hablando de Berliche. Prácticamente el doctor Breinsteing es el que dirige la región y es el único que no se ha deshecho de los cascos.

Lo miré a Máximo y le pregunté:

-¿Qué piensas, por qué tiene los cascos?

-Pienso que es una persona no egocéntrica, egomaníaca, tiene apetitos de poder. -Sentí como una especie de indignación, pero no con el doctor Breinsteing sino con la situación.

-No estamos hace dos siglos atrás donde había carencias, desigualdades, muy pocos habitantes de Términus pasan hambre o no tienen trabajo. Y mirad que pasamos por mucho, ¿eh? Los etéreos han atrasado siglos el avance de esta civilización, llegamos a pensar de que toda la raza tenía un problema genético que afectaba la mente y nos volvía locos. ¿O no?

-Siempre pensamos eso -dijo Máximo-, antes de que mi hipótesis se hiciera teoría y fuera comprobada y combatiéramos a los etéreos. Pero continúa.

-Claro -dije-. Hoy hay igualdad, no hay carencias, ya fue superado el tema de los etéreos. ¿Qué sentido tiene el poder, qué sentido tiene someter, qué sentido tiene subyugar, qué sentido tiene todo eso? Porque hoy podemos disfrutar estudiar, podemos disfrutar trabajar, podemos disfrutar el esparcimiento. No digo que sobre todo haya abundancia porque a veces el ser humano es tan complejo que se desmotiva cuando lo tiene todo. Por eso no entiendo el apetito de poder.

-Yo sí.

Lo miré a Máximo:

-Me sorprendes. ¿Tú lo has tenido?

-No, por supuesto que no, pero entiendo por qué.

-¿Piensas que es una mente enferma?

-Pienso que en determinado momento los etéreos le afectaron la mente de manera irreversible.

 

Pasaron dos días y la programación de la holovisión fue interrumpida, como si una serie de piratas informáticos hubieran saboteado la holovisión de todo el planeta.

Y se vio el rostro del doctor Breinsteing:

-Camaradas, entiendo de que Términus ha prosperado a pesar de que muchas mentes fueron esclavizadas, pero veo con pena que el planeta se deja estar, la gente es como que vive en forma automática con una falsa felicidad por haber vencido esos efluvios mentales de esos seres de la oscuridad. ¿Y cómo los veo? Los veo a todos vosotros como una manada descarriada sin conductor, por eso me otorgo el cargo de conductor de todos los habitantes de Términus. No me encontraréis, estoy en un lugar inaccesible y como tengo dinero, que el dinero es poder, he construido una de las naves más modernas que la tripulan tres astronautas, que orbitarán una órbita alta. Esa nave está equipada con un aparato que despide rayos de luz sólida, y si no aceptáis mi conducción dispararé a todos los satélites de protección. Tenéis un día para que las autoridades de todas las regiones acepten mi conducción o los satélites serán destruidos y no tendréis tiempo de armar nuevos cascos de protección contra los etéreos. Por eso guardé una gran cantidad de cascos para mí y para mis colaboradores que son leales, porque saben, porque entienden que necesitan la dirección de alguien superior a ellos, más inteligente, más sagaz y que no se base solamente en el inútil esparcimiento como si fueran animales inferiores.

 

En ese momento se cortó la comunicación. Yo estaba callada. Justo, en ese momento se comunicó con su pareja.

-Querida, te hablo por el holomóvil.

¿Estás con Anacelis?

Bien.

¿Habéis escuchado al doctor Breinsteing?

Sí.

Tenéis dos consorcios.

Sí, querida, la idea es de alguna manera...

Sí, lo entiendo.

Pero debemos tomar...

Lo entiendo.

Pero debemos tomar medidas. Con nosotros está la señorita Ardente, ella puede...

Claro.

Con los aparatos de ultra frecuencia. El tema es que tenemos un día.

Está bien, está bien. Habla con ellos. -Y Justo cortó la comunicación.

 

Me miró a mí:

-¿Tienes la posibilidad (con nuestra ayuda, tenemos un enorme laboratorio con ultrafrecuencia), de inhabilitar el arma de luz sólida?

-Me pondré a trabajar ya. Me pondré a trabajar ya.

 

Sentía mis ojos húmedos, con lágrimas de impotencia, de una emoción mal contenida, de pensar cómo puede ser que un planeta esté tan mal organizado que haya permitido que una persona que no está en sus cabales mentales haya logrado poner en órbita alta una nave armada. ¿Dónde estaban en ese momento los centros de inteligencia con sus aparatos de vigilancia?

 

Por la tarde Máximo vino donde estaba trabajando y me dijo:

-Disculpa que te incomode, Estefanía, ¿pero has avanzado?

-No, un día es poco tiempo. No se trata solamente de ultrafrecuencia, tiene que ser puntualmente dirigida. Como mínimo me puede llevar dos o tres días.

-Espera.

 

Tomó su holomóvil, habló con el gobernador de la región sur:

-Debéis poneros todos de acuerdo y decirle que sí aunque sea para ganar tiempo.

Entiendo, pero tenéis que obrar de manera inteligente.

No, gobernador, no.

Yo sé que no pactan con...

Bueno, sí, en este caso serían terroristas.

Pero estamos hablando del planeta entero y de su seguridad, de sus habitantes.

No, gobernador, no podemos actuar como niños en este momento, no podemos...

 

Me miró.

-¿Qué pasó?

-Me cortó la comunicación. Dice que todos los gobernadores se pusieron de acuerdo en no pactar con el doctor Breinsteing. Son niños, son caprichosos de la misma manera que a Breinsteing lo manipula un ego de poder, un ego irracional, a ellos que parecen más coherentes los maneja un ego infantil. Pero tengo más contactos. Si bien los servicios de inteligencia de cada región obedecen las órdenes de cada gobernador, en casos de fuerza mayor pueden tomar decisiones y cesar en sus cargos a los gobernadores. -Me asusté lo que comentaba Máximo.

 

Se habían acercado Justo y el matemático Irdino.

-¿Estáis escuchando? Prácticamente eso sería un golpe de estado.

Asintieron todos con la cabeza:

-Sí.

 

Vibró el holomóvil de Justo, lo llamaba su esposa. Escuchó cinco minutos y cortó la comunicación:

-Los consorcios no se atreven a enviar naves.

 

Cogió el holomóvil Máximo, habló con una señora.

-Usted ya sabe lo que pienso.

He ayudado mucho con todo esto.

Yo sé que lo que pido es difícil.

Hablé con el gobernador de la región sur y están todos de acuerdo en no ceder.

Sé que tienen razón, y no estoy hablando de ceder.

Señora, necesito que me entienda, estamos hablando de engañar a Breinsteing, pero hay que quitarles poder a los gobernadores. Sé que no es democrático. Va a haber miles y miles de muertos diarios si se pierden las defensas satelitales. Utilice el sentido común, señora.

 

Yo escuchaba en silencio. Estaba como descompuesta, no sé si de miedo, de impotencia por la situación. Me bajó la presión, me sentí como mareada. Me recliné en un sillón, es como que no escuchaba las voces, se me iban por momentos, es como que perdía el sentido.

-Estefanía. -Abrí los ojos, era Máximo-. La jefa principal de inteligencia aceptó, se van a comunicar con Breinsteing y van a aceptar que él ejerza el poder, figurativamente. Tú tienes un equipo de colaboradoras para armar ese arma de ultrafrecuencia. Te queda poco tiempo.

 

Me puse a trabajar. Era joven, recuerdo que hace poco era una estudiante y ahora tenía la responsabilidad de defender al planeta. Me pesaba sobre los hombros esa responsabilidad.

Aclaro que amaba mi trabajo pero no tenía la menta tan fría. Me puse mentalmente en lugar de un cirujano que con robótica trasplantaba órganos, pero por más que ahora la cirugía fuera milimetrada por ordenadores, quien estaba a cargo no se debería permitir ni siquiera sudar de tan fría que debería tener la mente. Pero yo no podía, me costaba. Pero debería hacerlo, debería hacerlo.

 

 


Sesión 25/11/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

En algunos momentos, el bien de muchos pasa por encima del bien de pocos. Es lo que se tuvo que barajar cuando un genio loco iba a eliminar los satélites que protegían a Términus de los etéreos. La entidad recuerda cómo quedó de afectada por esta situación.

 

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Entidad: Tenía mis nervios alterados, me corría la prisa. Si bien los hermanos Justo y Máximo, me habían puesto más de veinte colaboradoras, incluso la mayoría mayor que yo y eran expertas en ultra frecuencia, parecía que el tiempo no pasaba más.

 

Necesitábamos desbaratar los maléficos planes del doctor Breinstein, que había puesto un arma de luz sólida en una nave en órbita alta para destruir los satélites y así quedar en poder de los mentales, los malvados etéreos, y de esa manera el doctor Breinstein creía tontamente que iba a ser el amo de Términus. Pero con el aparato de ultrafrecuencia inutilizaríamos las armas de la nave en órbita. Finalmente, con mi frente todo sudada, terminamos la herramienta.

-Rápido -dijo Máximo-, debemos trasladarla.

 

Fuimos al gran observatorio astronómico, que tenía una cúpula semicircular que abría 180º, y montamos la herramienta. Pusimos las coordenadas en el superordenador y apuntamos a la nave en órbita.

-Decidme cuando -comenté.

-Espera, Estefanía, espera.

 

Máximo cogió el holomóvil:

-¿Steimes...?

Bien.

¿Te has comunicado ya con inteligencia?

Bien.

Te había pasado una coordenadas, unas coordenadas que logré captando la señal que el doctor Breinstein le daba a la nave.

Dime, Steimes. -Miró a Justo-. Consiguió las coordenadas de Breinstein.

¿Era como yo pensaba?, ¿en la cumbre de de Arrendera?

Me imaginé. Es la segunda más alta del continente, 6.900 metros de altura.

Sí.

Sí.

No.

No no no.

La joven Ardente logró terminar el aparato de ultrafrecuencia. Te tengo informado. -Cerró el holomóvil.

 

-¿Qué pasaba con Steimes?

-Nada. Vamos a seguir con el plan. -Iniciamos la cuenta regresiva, como cuando se lanza una nave, del diez al cero. Apuntamos la cúspide de la herramienta de ultrafrecuencia hacia la nave, que estaba en órbita alta. Si todo salía bien la ultrafrecuencia desactivaría las armas de luz sólida y no podrían destruir los satélites.

 

-Listo, listo, ya. -Se apretaron dos botones a la vez por seguridad.

 

Máximo le dijo a Justo:

Fíjate el ordenador, fíjate las coordenadas.

Justo se dio vuelta, miró a Máximo pálido. Negó con la cabeza:

-Nada.

Máximo me miró a mí con gesto de derrotado.

-¿Qué pasó? Contadme.

Habló Justo:

-Las armas de la nave están codificadas contra todo tipo de ultrafrecuencia.

-¡No, no puede ser! ¿Qué hacemos ahora?

-Voy a hablar con Steimes.

-Espera, Máximo, tiene que haber otra posibilidad.

-No. Yo ya lo había dicho.

-¿No creías en Estefanía?

-Sí, sin duda es la mejor, pero no es responsabilidad de ella de que Breinstein se haya adelantado y haya codificado todo para evitar ataques. Voy a pasar al plan dos.

 

-¿Steimes? Fracasó el plan uno, la nave está codificada, sus armas codificadas. Pasemos al plan dos. ¿Me aseguras que te has comunicado con inteligencia? ¿Ellos están de acuerdo?

Bien.

También a la cumbre de Arrendera, es porque lo va a seguir haciendo.

Sí.

Sí, Steimes, yo soy el responsable, tú sólo me obedeces.

Sí, Steimes, hablé con el jefe principal. Nada más quería saber si en tu región inteligencia está de acuerdo.

Bien. ¡Hazlo ya! -Cerró el móvil.

 

-¿Qué has hecho hermano? -comentó Justo.

-No había otra posibilidad.

-¿De qué estáis hablando? -pregunté. Ambos estaban callados-. ¿De qué estáis hablando?

-Espera, espera, Estefanía -comentó Máximo. Fueron al ordenador que tenía coordenadas espaciales. En un momento dado la holopantalla marcó un punto rojo. Otra holopantalla señalaba la cumbre Arrendera, marcó otro punto rojo-. Listo.

-¿Máximo, qué son esos puntos rojos? -pregunté. Máximo se sentó en un sillón, apesadumbrado pero enérgico, estaba encerrado en sí mismo-. ¡Justo, explícame, por favor! -pedí.

-Apreciada Estefanía Ardente, confiábamos en tu trabajo pero existía la posibilidad de que Breinstein hubiera blindado la nave contra todo tipo de ataque ya sea informático, ya sea con luz de ultra frecuencia, ya sea con todo tipo de rayos.

-Está bien. ¿Y cuál es el plan dos?

-Misiles, misiles pequeños. -Empalidecí.

-¡Misiles! ¿Habéis disparado misiles a la nave? -Justo no asintió pero su silencio ya valía para mí-. ¿Y el otro punto rojo?

-La ubicación de Breinstein, en la cumbre de Arrendera.

-Habéis matado a los astronautas y habéis matado con otro misil donde estaba refugiado Breinstein.

-Correcto.

Lo miré a Máximo.

-¿Qué has hecho? Has asesinado a los astronautas. No me importa Breinstein, has asesinado a los astronautas. -Máximo estaba con la cabeza gacha, no levantaba la vista-. ¿Te has dado cuenta lo qué has hecho? ¿Te has dado cuenta lo qué has hecho? -Máximo me miró.

-Absolutamente. -Su rostro más enérgico que nunca-. Dije que me hacía cargo. Hablé con el jefe de inteligencia y estaba de acuerdo.

-¿Y Breinstein, por qué?, ¿por qué no llevarlo a prisión? -Sonrió pero con una sonrisa que era una mueca.

-¿Prisión? No, no, se trata de la humanidad.

-¿Qué les dirás a las familias de los astronautas?, supón que tienen esposas, hijos.

-Ya dije que me hacía cargo.

-No estoy preguntando eso, ¿qué les dirás?

-Que he salvado la humanidad.

-Claro. Y que sus esposos, padres, hijos, la condición que tengan los astronautas, son mártires, ¿no es cierto? -Me miró.

-¿Y tú qué hubieras hecho, Estefanía?

-No sé, vería otra posibilidad, romper el código.

-No había tiempo -Negué con la cabeza.

-Esto quedará en tu conciencia.

-Por supuesto que sí. Y lo digo por enésima vez, yo me hago cargo, soy el único responsable. Mi hermano, Justo, no estaba de acuerdo conmigo, yo soy el responsable. Pero no quiero hablar más del tema.

-Claro, te debe remover la conciencia. -Le recriminé.

Se dio vuelta, con una mirada muy dura:

-Por supuesto que me remuerde la conciencia, seguramente los astronautas eran tres padres de familia. ¿Por qué se ofrecieron a seguir los planes de Breinstein? No lo sé. Yo sólo puedo decir que salvé la humanidad una vez más. Y no quiero seguir hablando del tema. -Salió del observatorio y cerró la puerta.

 

Me senté vencida y me puse a llorar. Justo se acercó a mí y me tomó del hombro.

-Mi hermano tiene razón, no había otra posibilidad.

-No es así -le respondí-, siempre hay otra posibilidad. Unas horas más, un día más quizás y hubiera podido romper ese código. ¿Por qué, por qué hizo eso?

-Porque en cualquier momento Breinstein enviaba la luz sólida a los satélites que nos protegían de los etéreos. El comando no lo tenían los astronautas, ellos lo único que hacían eran estar en los controles de la nave. Los controles de las armas las tenía Breinstein en la cumbre de Arrendera. -Me quedé pensando dubitativa, molesta, enojada.

-Máximo acabó con tres vidas, las de los astronautas. De Breinstein, honestamente, no me interesa, era un genio loco, como esas novelas holográficas de ficción. Y habló con Steimes tan fríamente, tan fríamente... Y ya lo tenía calculado de antes el plan dos, ya tenía todo calculado. Estoy muy muy molesta, muy molesta.

Justo me dijo:

-Te entiendo. Pero te pregunto, ¿estás molesta con Máximo o con las circunstancias?

-No lo sé. Sólo puedo decir que me voy a tomar un descanso, y por un tiempo me voy a alejar de todo. Seguiré estudiando, me comunicaré con Irdino, mi profesor, seguiré profundizando el tema y otros temas.

-Está bien, hazlo si te hace sentir bien.

-¡Je, je! -Sonreí irónicamente-. ¿Sentir bien? No, Justo, no me siento para nada bien, para nada bien. -Le palmeé el hombro porque no estaba enojada con Justo.

 

Pedí un holotaxi y al rato el chófer me pasó a buscar. Le di las coordenadas de mi vivienda y me marché del laboratorio.

 

 


Sesión 01/12/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Comentaba con los investigadores la difícil actualidad de Términus, donde aunque los etéreos ya no manejaban la mente de las personas había otros que se cuidaban de ello.

 

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Entidad: Estaba muy muy preocupada. Es más, estaba molesta por los nuevos incidentes.

 

Me encontré con mi profesor Irdino y le comenté:

-¿Has visto las polémicas?

-Sí, sí, apreciada Estefanía.

-Pero cuando no es una cosa es la otra.

-¿Qué puedo decirte? Yo creo que mucha gente ha quedado alienada, de todo lo que ha pasado con los etéreos.

-No -negué-, no los disculpo, porque hay que separar las cosas.

 

Iba a ir a ver a los hermanos Justo y Máximo, a comentarles. Obviamente ellos estaban enterados seguramente antes que yo. Esta bendita sociedad decía que lo de los etéreos eran una invención y que las redes satelitales que se habían montado para proteger al planeta eran manejadas por un poder oculto, y que manejaba la mente de las personas. Había jefes de redacción, incluso en la holovisión, comentaban de esa posibilidad. Me ponía mal. ¿Cómo pueden ser tan ciegos en su comprensión?

 

Cuando toco el pulsador, inmediatamente me abrieron la puerta y llegué al laboratorio. Me encontré con Justo.

-¿Qué opinas de las noticias?

-Lo mismo que tú, una incoherencia total.

Entró Máximo.

-¿Cómo estás, estás mejor?

-Sí, me encuentro mejor. ¿Qué opinas de las noticias?

-Una incoherencia total. Lo que más me extraña -dijo Máximo-, es que hay holoperiódicos donde los mismos jefes de redacción, gente con experiencia, apoya esa hipótesis. Lo que no se preguntan, apreciada Estefanía, es, ¿cuánto hace que se puso en órbita el primer satélite?

-Según mi historia ciento trece años.

-Bien, ciento trece años un satélite. ¿Cuánto hace que se envió un satélite tripulado?

-Un siglo.

-Bien. Ahora supongamos que tuviéramos la tecnología para poner en órbita satélites con redes, ¿cuánto hace que hay redes de satélites para holovisión, para holomóviles?

-Se calcula setenta años, y no eran como las redes actuales.

-Bien. Ahora dime, Estefanía, ¿cuánto hace que la humanidad es presa de los etéreos?

-Desde los comienzos de la historia, Máximo.

-Entonces, ¿cómo pueden pensar que hay un poder oculto, un poder mundial que quiera manipular al mundo, que quiera manipular las noticias? ¿Sabes cómo les llamo a esa gente?

-No -respondí.

-Conspiranoicos. Es una conspiración de paranoicos, porque no razonan, no entienden. Sabemos que los etéreos han atacado a la humanidad desde sus comienzos. Desde antes de que el ser humano supiera la escritura había ataques infundados, suicidios que no tenían sentido, ataques a sus propios clanes en épocas prehistóricas, ¿cómo pueden decir que los responsables son un poder mundial que manipula los satélites?

Lo miré a Máximo y le digo:

-Dímelo tú, con tu experiencia.

-Lo que te puedo decir es que hay personas que creen en determinada cosa y por más que tú le muestres que no es así te lo van a negar. Incluso muchos de ellos comentan que los supuestos ataques de los etéreos en la historia antigua no está comprobado, simplemente que la civilización era más salvaje. Pero hablemos de hace dos siglos, tres siglos. Ya existían los aviones, los coches avanzados, gente culta y sin embargo había ola de suicidios, ola de asesinatos.

-He leído la historia -le dije a Máximo-, y los negacionistas se lo atribuyen a crisis mentales y que los etéreos no existen. Lo irónico -Lo miré a Justo también-, es que pensé que con los anticascos, al poner la rede satelital terminaba el problema, y ahora, como dices tú, Máximo, los conspiranoicos dicen que hay un poder mundial secreto que manipula regiones, gobiernos de regiones y que la misma red internacional de seguridad está manipulada por el control de esta gente. ¡Je! ¿Sabéis cuál es la ironía de todo esto? Nosotros catalogábamos al doctor Breinstein de querer apoderarse del mundo, ¿cuántos seres humanos tienen una atrofia mental mayor a la de Breinstein? A él lo impulsaba el saborear el poder. Los demás, a que les lavan la mente por un poder oculto. El problema es que esas manifestaciones de gente que verdaderamente cree que la red satelital es la que los manipula, hace que se enfrenten amigos, amigos que se criaron juntos, familias enteras, compañeros de trabajo, los que están en pro y los que están en contra. Pero hay una diferencia -explicó Máximo-, en este momento no hay ola de suicidios, no hay ola de asesinatos, no tienen de donde asirse para sostener esa hipótesis. Si me dijeran "Bueno, la gente sigue alienada y corre por las calles, un carro los atropella o van con su móvil volador y se estrellan contra un edificio, como hacían antes cuando los etéreos los manipulaban...". Ahora no pasa eso.

Justo comentó:

-¿Sabéis cuál es el tema? Que si intervenimos en la redacción de los holoperiódicos o en la holotelevisón van a decir que esto es una tiranía.

-¿Y entonces qué se hace? -pregunté-. Por lo menos hay una a favor: perfeccioné de tal manera mi herramienta de holofrecuencia, que tengo cerca de cien modelos de ultrafrecuencia, y descifran cualquier tipo de código para que el día de mañana otro demente no ponga ningún arma en órbita. Y con respecto a esta gente antisatelital entiendo que cuando vean que no hay una anormalidad, las cosas tenderán a calmarse. Eso no quita que se reprima a quien amenace instituciones, universidades, porque para esta gente todo, televisión, periódicos, universidades, institutos todo está manejado por ese poder mundial, un poder mundial que nunca existió.

Máximo me miró y me dijo:

-No es la primera vez que te lo digo, tienes poca edad pero eres tan madura en tu forma de pensar que de verdad siento admiración por ti.

 

Justo se retiró y me quedé a solas con Máximo, y quizá no era el momento pero cometí el error de coquetearlo.

-¿Y qué más ves en mí? -Máximo sonrió.

-Veo una excelente persona.

-Está bien, pero aparte de persona soy mujer. ¿Qué otros atributos me ves?

-¿Quieres que te diga que eres hermosa? Lo eres. ¿Quieres que te diga que me agradas? Sí, me agradas. ¿Quieres que te diga que cuando me miras siento como que me hundo dentro de tus ojos? Sí, lo admito.

Comenté:

-Entiendo que hay un pero.

-Lo hay. Sí que lo hay. Tú tienes un futuro por delante, yo creo que ya pasé la mitad de mi vida.

-Espera, espera, Máximo -comenté-, la expectativa de vida en este siglo es muy superior a la de hace tres siglos atrás.

-Aun así, aun así, Estefanía, tengo apenas un poquito más del doble de tu edad y tú te mereces tener un futuro con alguien. Yo no me imagino teniendo hijos a esta edad.

-¿Por qué no? -pregunté.

-Porque sería egoísta, sería egoísta. No es lo mismo tener un hijo al que el padre le lleve veinticinco años a que el padre le lleve cincuenta. ¿Cuánto tiempo lo va a disfrutar a ese padre?, ¿cuánto tiempo va a disfrutar la pareja a ese esposo?

-No, no comparto tu punto de vista. Alguna vez te escuché decir: "Hay que disfrutar el momento". -Máximo me miró.

-Sí que lo he dicho, sí que lo he dicho, es uno de mis lemas: "Disfrutar el momento, disfrutar el ahora". Y es cierto, uno no sabe qué le depara el futuro, pero trato de ser racional.

Lo miré y le dije:

-¿Y por qué no vivimos el mientras tanto y después se verá?

-Es que tengo miedo.

-¿Tú, Máximo, teniendo miedo? ¿La persona que ha salvado a Términus?

-¡Je, je! ¿Sabes qué pasa?, tú eres como un remolino, yo soy muy buen nadador, me zambullo en ese remolino y tú me tragas.

-Explícate, porque no lo entiendo -pedí.

-Trato de hablarlo de manera difícil justamente para no ser entendido.

-No no no no, no esquives la respuesta, explícate -pedí.

-Quiero decir que si iniciamos una relación, mi sentimiento va a ser tan fuerte que me olvidaré de todo, de la diferencia de edad, de todo.

-¿Entonces? -pregunté.

-Me dedicaré a disfrutar ese amor.

-¿Entonces? -repetí.

-Y entonces mi mente analítica la dejaré de lado.

-No, no. Sé que el amor es emocional pero no es egoico, no tienes porque dejar tu análisis de lado. Creo que eso es una excusa. No te imaginaba cobarde. Espero no haberte ofendido.

-¡Je, je! No, no, no, claro que no, al contrario, me haces reír. Y quizá sí, quizá tenga cierta timidez.

-¿De?

-De dar el paso. -Lo miré y sonreí.

-¡Vaya las facetas que tienes! Mira las facetas que vengo a descubrir de ti, el héroe no se atreve.

-No es que no me atrevo. No, no es que no me atrevo, me cuesta hilvanar el pensamiento para traducirlo a palabras.

-Yo pienso que lo que te cuesta es jugarte.

Me miró:

-Tradúceme jugarte, Estefanía.

-Arriesgarte.

-¿Te das cuenta?, tú misma lo dices. ¿Desde cuándo el amor es riesgo?

-Espera, espera, espera, no des vuelta a las cosas, yo dije arriesgarte por ti, no por mí. Para ti será un riesgo, no para mí. No acomodes las cosas. Creo que eres muy pillo.

-¡Je, je, je! Me dices cobarde, ahora me dices pillo. ¡Je! ¡Vaya con Estefanía, vaya que audaz que eres!

-Lo reconozco, en algunas cosas soy más audaz que tú. No quiero recordarte cosas negativas, ¿pero te acuerdas cuando has apretado el botón, ese botón que salvó millones de personas? Tuviste coraje, y ahora no tienes coraje para apretar el otro botón, el de tu corazón. Piénsalo, ¡ja, ja, ja! Piénsalo.

 

 


Sesión 19/01/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Gracias a un concierto de dos artistas de la música del momento se dio la posibilidad de conocer más profundamente la persona que la había ayudado anteriormente, un benefactor de la sociedad de Gaela.

 

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Entidad: Siempre se aprenden cosas nuevas o la vida nos hace repasar aquellas cosas que guardamos en el baúl de nuestros recuerdos.

 

Me había pasado a buscar Jorge Clayton para ir al club hípico. A diferencia de todos los fans que buscaban asientos cerca del escenario para ver el recital de Doris Dance y de Brian London, Clayton me dijo:

-Chiara, si no te molesta nos sentamos aquí atrás, en una mesa.

-No, no me incomoda, de todas maneras hay parlantes en todo el salón principal.

Nos sentamos. Y antes de que comenzara el show le pregunté:

-¿Cómo has logrado que dos artistas internacionales actúen aquí?

Me dijo:

-Les hice un favor por medio de un amigo que era excomisario.

 

Me contó que Doris Dance había sido intimada por mucho dinero por una denuncia de plagio y que Brian London había sido denunciado por venta de drogas. Finalmente se demostró que ambos eran inocentes.

Lo que hizo Clayton fue decirles que si querían compensar el favor hagan el recital, cuyo dinero de las localidades, toda la recaudación, salvo las gastos del club iban a ir a un hospital de niños.

Le pregunté:

-¿Qué te parece la música de Doris Dance y cómo toca la guitarra Brian London?

-Mira, permíteme ser sincero. Brian es un excelente guitarrista, pero Daggio lo supera lejos. Daggio, el Liziano, lejos lo supera, Chiara. A ver, aquí en Plena tenemos una música coloquial muy antigua de comienzos del siglo XX y hay un guitarrista muy conocido que se llama Adolfo, es un ídolo de la gente, ya es un hombre grande, tiene más de setenta y cinco años pero es lo máximo para ellos.

-¿Y para ti? -le pregunté.

-Para mí no. Hay uno que se llama Roberto, que digita la guitarra de una manera tan eximia... Bueno, lo mismo pasa con el guitarrista de Liziana, lo supera lejos a Brian, lejos.

-¿Y con respecto a Doris?

-¡Je! Tiene una voz hermosa, Chiara, me gusta su voz pero no es el estilo que me gusta.

-¿El tema es por la música?

-Te voy a confesar algo. En mi apartamento tengo cerca de novecientos discos de 33 simples.

-¡Vaya!

-Y los tengo todos impecables, cada uno en su respectivo sobre y cada siete sobres en un sobre grande de la disquería. Los discos los tomo de las puntas, no vas a encontrar ni una huella de dedos en los surcos. Pero a ver, Chiara, me gusta cierto tipo de música pero yo soy un amante de las letras. La música que no tiene una buena letra, para mí, es una música vacía, salvo que directamente sea música sin letra. He escuchado música de violines que me llenan el alma, pero cuando se trata de cantantes yo quiero buenas letras.

-¿De verdad novecientos discos simples?

-Sí, Chiara. -En ese momento empezó el recital. Tomamos un trago largo, disfrutamos del mismo.

 

Cuando terminó vinieron a saludar. Clayton me presentó:

-Doris, Chiara. Él es Brian London.

-Un gusto. De verdad me ha gustado mucho, y gracias por estar aquí.

Brian dijo:

-No, Chiara, gracias a Jorge.

-¿Qué les parece si comemos algo? -propuso Clayton.

-Bueno. ¿Nos pedimos aquí?

-No no no, aquí no los van a dejar comer, todos van a pedirles autógrafos, los van a volver locos.

 

Salimos en el coche de Clayton y fuimos a un restaurant de la Quinta avenida, un restaurant sobrio pero muy elegante. Comimos tranquilos.

Luego los acercamos hasta el hotel y Clayton me dijo:

-Ven a mi apartamento, te mostraré.

 

Llegamos al apartamento de Clayton:

Mira. -Tenía una biblioteca, pero era una discoteca.

-Impresionante la cantidad de discos simples.

-También tengo long plays con catorce temas, doce temas, quince temas, depende. Tengo un tocadiscos especial y otro tocadiscos más pequeño en el dormitorio.

-¿Y esta?

-Tengo como veinte temas de esta joven, Gina Delitzia.

-Vaya, pero creo que toca romántico.

-No necesariamente, tiene temas rápidos también. Pero sí, tiene temas lentos con una letra que es espectacular.

Lo miré sonriendo y le digo:

-No te imaginaba romántico.

-A ver. Yo, más bien, si tuviera que catalogarme no diría que soy romántico, diría que soy lírico, va un paso más allá de lo romántico.

-¡Vaya, Doménico! ¿Pero Doménico no está pasado de moda, no es de los años cincuenta y algo, sesenta?

-Mira, Doménico empezó a tocar en Lizia, ganó un festival de la canción. Y tiene un tema que no es prácticamente conocido, un tema donde él es un profesor de escuela y se enamora de una alumna, él tiene cuarenta y la alumna veintiuno. Pero es un amor prohibido por dos razones: una porque un profesor no puede salir con una alumna, dos porque él mismo siente como que su vida está en el ocaso.

-¡Qué mal! -comenté-, ¿cuarenta años, vida en el ocaso? Está en la mitad de su vida.

-Claro. Lo que pasa, Chiara, que él hace comparaciones con la alumna de veinte.

-¿Cómo termina el tema?, pero en la vida cotidiana no es así, generalmente. De todos modos, ese tema nunca triunfó en un festival, la gente prácticamente no lo conoce. Yo lo conocí unos meses atrás y te digo que lo escuché como treinta veces.

-Vaya, ¿tanto te pegó el tema?

-Tanto, tanto.

-¿Y este?

-Cherec, de Mágar.

-Cherec de Mágar, no lo conozco. ¡Cantante de Mágar, qué raro!

-¡Je, je! Te voy a contar la verdad, que él me lo contó personalmente y nadie lo sabe en Plena. Él nació en Plena, en las afueras de Ciudad del Plata, un muchacho muy pobre de nombre Roberto. Estuvo en una banda, la banda trabajaba a la gorra, le daban unos billetes y nada más, les alcanzaba para pagar el alquiler y nada más.

-¿Y entonces?

-Yo conocí a un empresario de la música, te estoy hablando de más o menos tres años atrás, yo estaba a punto de cumplir veintidós. Pero bueno, tuve la suerte de tener fortuna y de tener un montón de contactos. Me gustaba como... como cantaba Roberto y hablé con él. En este momento tiene veintiséis años, es un año y medio más grande que yo.

Y le dije:

 

-Mira Roberto, la voz que tienes es espectacular, pero los temas que elijes no me gustan.

-Vaya que atrevido -comentó-, tú corrigiendo al cantante.

-No, a ver, por qué triunfa el cantante, ¿por él o por la gente?

 

-Entiendo -comenté.

-Bien. Le dije que la música ligera estaba de moda pero no le iba a él, y vi que tenía una carpeta con un montón de versos.

Le pregunté:

 

-¿Qué tal andas con la música?

-Muy bien.

-¿Y por qué directamente estos temas no los haces música?

-Pero es música lenta.

-Perfecto. Una música que tenía una melodía parecida a la de Mágar.

El empresario musical le dijo:

-¿Por qué no te cambias el nombre? Te pones Cherec, de Mágar. En el lenguaje coloquial de Mágar, Cherec es hijo. El hijo de Mágar, venido de Mágar a triunfar en Plena.

 

Y no pienses, Chiara, que eso es un engaño, hay un montón de músicos que dicen ser de determinado lugar y no lo son. Eso no es engaño, eso es directamente marqueting. -Me hizo escuchar un par de temas.

-Vaya, es lo mejor que he escuchado en años.

-¿Te das cuenta? Ahora escucha a Gina Delitzia. -Gina era lo máximo-. Mira, Chiara, no desmerezco a Doris Dance, pero escucha las letras de Doris Dance y escucha la letras de Gina Delitzia, es más profundo.

-Sí, pero menos pegadizo -argumenté.

-Está bien, seguramente vende mucho más Doris Dance. Yo no tengo un sólo tema de Doris y tengo muchísimos temas de Gina. Y a veces estoy solo leyendo un libro y pongo temas de Gina muy bajo, con Doris Dance no lo podría hacer.

-Quisiera debatir un poco -pedí.

-A tu disposición -dijo Clayton.

-A ver, a mí también me gustan los temas lentos, los temas para pensar. Y no todos los temas terminan bien, algunos terminan con rupturas, con alejamiento. Me ponen triste. ¿Por qué te gustan tanto?

-No no no -dijo Clayton-, no es que me gusten porque me gustan las rupturas, los alejamientos, la mayoría terminan bien. Pero de no ser así no es que a mí me gusten esos temas porque sean temas sufridos, me gustan porque las letras son profundas, letras profundas; una pareja que se separa -esta es la letra de Cherec de Mágar-, y él cuando ella se está yendo le dice: "Espera, abre la maleta, te has olvidado algo en la misma, de llevar. No te preocupes, no te va a ocupar lugar. Llévate contigo tus miserias, llévate contigo tu deslealtad y llévate también tu egoísmo. Y ahora sí, cierra las maletas y vete a esa neblina sin fin que te espera".

-Entiendo. Entiendo, Jorge, pero me ponen mal esos temas.

-A ver, si esos temas te ponen mal, Chiara, es que hay algo no resuelto en tu persona. A mí me transportan, me transportan a un lugar hermoso.

-Pero cómo, ¿aún los temas sufridos?

-Sí, porque yo no voy por si el tema es sufrido o si el tema termina bien; la letra, la profundidad de la letra. A ver, hablemos de los poetas, ¿te interesan los poemas?

-Sí -admití.

-Bien. ¿La mayoría de los poemas terminan bien?

-No.

-Sin embargo te gustan.

-Absolutamente.

-¿Y entonces, Chiara, ¿por qué los temas no?, al fin y al cabo los temas de Cherec o de Gina Delitzia no son poemas cantados? ¿Vas a sentir que eso tira tu ánimo hacia abajo o te identificas con algún caso? No me lo digas si no quieres, no tienes obligación.

-No no no, espera -le dije-, no pasa porque me identifique o no, ¿a ti no te ha pasado que ves una película triste y te vas con una congoja del cine?

-Sí, pero después se me pasa. Voy a cenar, a tomar algo y sé que es una ficción.

-¿Pero en ese momento no sientes como ese dolor en el pecho o la angustia en la garganta porque te identificas con el personaje?

-Está bien.

-Bien, pero te identificas con el personaje en ese momento -expliqué-. Eso no significa que en tu vida hayas pasado algo como lo del personaje. Con la música es lo mismo -dije-, no es porque una música me haga sufrir significa que yo pasé por eso.

-Bueno.

-¿De qué te ríes, Jorge?

-¡Je, je! Me rio, Chiara, porque no hay una obligación de tener los mismos gustos, quizás a ti te guste más esa música sincopada y con una letra más frívola de Doris Dance y no la de Gina. Y está bien, está bien que así sea para bailar, para divertirse. ¡Vamos Brian London, vamos Doris Dance!, ¿por qué no? Lo que sucede que hablo de mí -me dijo Jorge-. Yo soy más lírico, por ahí la gente no me conoce y me ve en el hípico fumando un pitillo, tomando un trago largo y mirando con aires de suficiencia.

-¡Eres un creído!...

-¡No! No, Chiara, para nada. "Parece" aires de suficiencia, como que estoy por encima de todo. Lo que pasa que no me gusta la mediocridad de muchos grupos, entonces es como que estoy sumido en lo mío, en mis pensamientos. Eso es lo que muchos no entienden. Y es raro porque tú me tratas hace tiempo y sabes que yo no soy así, me muestro así para que no me aborden con tonterías.

-No sé, en algunas cosas pareces un creído. ¡Ja, ja, ja!

-¿Lo dices en serio, Chiara?

-Yo recuerdo el tema de Cuca, en el hípico, que estaba detrás de tuyo y hacía las mil y una para que le hagas caso. Hasta te hizo quedar mal con tu relación anterior para separarte. Y siempre te has mostrado frío y distante con ella, como inhumano.

-¿Y qué querías que hiciera? Los que no se comportan así... Fíjate Pocho, por ejemplo, se le nota a distancia de que está atrás de ella; y ella lo usa, lo tiene de mandadero, de confidente. Y se lo dije mil veces: "No te conviene, no te sirve. Te usa". Pero hablar con Pocho es hablar con la pared, se estrella una y mil veces con Cuca. Entonces mi manera de actuar me parece la correcta, no me gusta que jueguen con nadie, conmigo obviamente no lo hacen. No me gusta que jueguen con nadie, pero yo no puedo obligar a la gente a que me entienda. Así de sencillo. -Lo miré.

-¿Y tú juegas con alguien?

-¿Me preguntas en serio, Chiara? Yo no juego con nadie, simplemente soy como soy. Si me conoces bien me vas a encontrar un millón de defectos. Tengo mi carácter, no soy siempre la persona empática que conocen todos, para nada. A veces tengo mal humor, a veces me frustro cuando las cosas no me salen, y cuando estoy de mal humor hay que aguantarme, no soy míster perfecto, y no me interesa serlo.

-Vaya. Bueno, te agradezco el que te sinceres.

-Es que yo nunca oculto quien soy. No es que tengo un perfil en el club hípico y otro perfil con mis amigos verdaderos. En el fondo soy serio pero también sé divertirme, sé gozar, sé disfrutar de las cosas. Pero sí, volviendo al tema del comienzo, me gusta más lo lírico que lo frívolo, lo frívolo me parece vacío. No tienes que estar de acuerdo, Chiara, pero hay música frívola que me parece vacía, no me llena en absoluto, no me sirve, no me es útil, nada. Únicamente para bailar y tomar unos tragos, y te puedo asegurar que bailo muy bien.

-No me imagino a Jorge Clayton bailando muy bien.

-Hay muchas cosas que no conoces de mi persona, soy más humano de lo que muchos piensan.

-Explícate, porque eso no lo entendí bien.

-Tengo defectos, tengo errores, tengo debilidades...

-Nómbrame una debilidad.

-Que soy demasiado lírico, y eso me hace vulnerable.

-¡Ja, ja, ja!, Jorge Clayton vulnerable.

-No te rías, Chiara, a veces ser frívolo te protege. Mira, tengo un amigo, Nándor Ferenc, al que le he comentado muchas cosas y él me ha comentado cosas suyas. Él sí es de Mágar, verdaderamente de Mágar, no como Cherec, el cantante. Y le dije:

-Si con una varita mágica me hicieran frívolo jamás lo aceptaría.

Nándor me dice:

-Pero así como eres -porque él conoce mi colección de discos-, así como eres, ¿es como que al ser tan lírico, a veces no te hace sufrir con las cosas del mundo?

-Sí, absolutamente, pero no lo cambio por nada.

 

-A ver si te entiendo, ¿te gusta sufrir?, porque eso sí que sería feo -comenté.

-No, Chiara, no me terminas de entender. A nadie le gusta sufrir, a mí menos. Simplemente que el ser lírico, el tener conocimiento de las cosas, el gustarme los poemas, la música profunda, a veces es como que es... como algo que te escarba las entrañas y te hace doler, pero no lo cambio. Pero no me mal entiendas, no me gusta sufrir, el conocimiento es lo que te hace sufrir.

Lo miré y le dije:

-Quisiera seguir con esta conversación, recién ahora te estoy captando, recién ahora estoy entendiendo tu manera de pensar. Tu vulnerabilidad te hace sufrir, Jorge.

-Y sí -admitió-, es verdad. Por eso te digo, hay facetas en mí que nadie conoce. Un poquito conoce Nándor Ferenc, un poco más conoces tú. Mi exnovia no se dignó a conocerme, ella tenía una visión de la persona de dinero, como que era aprovechadora, falsa, hipócrita. Y nunca se quitó esa visión, lamentablemente para ella.

Lo miré y le dije:

-A veces se sufre siendo profundo. Pero tienes razón, tienes razón en algo; alguien que es vacío no sufre, porque de ser vacío en espíritu a ser indiferente hay una línea delgadísima.

 

Puso una placa de Gina y nos quedamos en el sillón, escuchando.

 

Hasta todo momento. Les habló Maradel.

 

 


Sesión 03/02/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

La entidad relata una vida en Seeing I. Era exigente con su formación, que era extensa, desde historia milenaria hasta todas las disciplinas para astronauta. Conocía todo. También era exigente con sus amistades y conocidos, aunque lo que estaba esperando era la misión a Seeing III. Iría.

 

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Entidad: De pequeña siempre fui una soñadora.

 

Mis padres eran historiadores, aprendí muchísimo de historia, tremendos compendios de treinta mil años de civilización.

Pero... pero la historia era pasado. Esto no significa que no importara la historia porque en mí me había enriquecido por dentro y a su vez entristecido de saber que cada siglo de los treinta mil años se vivieron centenares de batallas. Queriendo qué, ¿poder, créditos, satisfacer el ego? ¡Je! Si con todos los adelantos médicos, genéticos no se había podido vencer la muerte, ¿entonces de qué servía esta ambición desmedida? De nada.

Por supuesto, no se trataba de disfrutar la vida y nada más, por lo menos no yo.

 

Mi nombre era Audora, la soñadora. ¡Je, je! Y mi manera de disfrutar la vida era soñar. Pero si me quedaba sólo en eso sería estéril, y mi futuro sería yermo como una semilla en el desierto. No.

De pequeña plasmaba llevar a la realidad mis sueños, que era hacer historia. Pero no para figurar, que los demás vean mi importancia, porque no me interesaba eso, me importaba ser importante en mis conocimientos y en mis logros, por mí y para la humanidad. Porque pensaba en los demás. Pero debería pensar en mí, primero, porque era la única manera de llevar a cabo esos logros que ahora, de pequeña soñaba.

 

Y obviamente estudié historia, me empapé de conocimiento para satisfacción de mis padres, que eran historiadores. Pero estudié astronomía, estudié astrofísica, sabía toda la tabla periódica de los nuevos metales que se habían descubierto en Seeing II y en Seeing III, el gigante rocoso.

Seeing I, nuestro planeta, era hermoso: impresionantes océanos, bosques, selvas y animales, que por suerte después de treinta mil años de civilización habíamos aprendido a respetar, y no solo la fauna sino también la flora, porque hace miles de años casi acabábamos con Seeing I, nuestro mundo.

 

Y fui creciendo. Y fui creciendo y cultivando mi interior, que no es lo mismo que cultivar la mente. La mente la cultivaba con materias. Como ya dije, me conocía todos los metales, conocía todo lo que era la astrofísica.

Y empecé a trabajar, ya de adolescente, como ayudante en un laboratorio de astrofísica. Pero eso no fue todo; aprendí a pilotar aviones, y una vez que saqué la mayor prueba de vuelo fui aspirante para pilotar naves.

Y a mis veintiún años fui la primera astronauta tan joven, seis veces volé a nuestra pequeña luna examinando metales. Y un año después fui la primera joven, ya de veintidós años, en poder volar a Seeing II, un planeta bastante más pequeño que nuestro mundo con una muy débil atmósfera. Mi aspiración obviamente, era llegar al gigante rocoso, que tenía más de seis veces la masa de nuestro mundo y orbitaba a trescientos ochenta millones de kilómetros de nuestra estrella, una estrella roja.

 

A ver, no era conformista, jamás fui conformista. Los pilotos varones me decían:

-Audora, te somos honestos, siempre pensábamos que una mujer era difícil de ser piloto de aeronave porque las consumían los nervios, pero te vemos tan serena, tan fría, en el buen sentido, ¿no? Y aparte tienes la fortuna de haber estudiado los nuevos motores, y encima como eres una gran informática virtual manejas perfectamente los ordenadores virtuales de las naves que enseguida te marcan donde puede haber una falla.

Les respondía a mis compañeros:

-Nunca aprendía a jactarme, al contrario, soy exigente conmigo misma. Exigente, pero a su vez reconozco el valor de vosotros, como compañeros, porque me comprendéis, me contenéis. No soy perfecta, a veces me pongo mal cuando no encuentro una solución a alguna falla que surgiera.

-No te enojes contigo misma, no te enojes contigo misma -me decía un compañero-, eres muy serena. Y si te enojas contigo misma no se nota, tu rostro no lo demuestra.

-Aprendí a estar templada -respondía-. Y mi sueño es llegar a Seeing III, el gigante rocoso. Porque sé que hay iridium, un metal muy valioso, útil, que en nuestro mundo casi no se consigue.

Otro de mis compañeros me dijo:

-Audora, las autoridades te tienen en cuenta, quizás el año próximo organicen un viaje. -Me sorprendí.

-¿Lo has escuchado?

-Lo he escuchado del general principal.

-¡Vaya, buenísimo, buenísimo! Eso es lo que deseo.

 

Y mientras tanto distintas expediciones a nuestra pequeña luna y a Seeing II.

Con el tiempo hice doce expediciones a nuestra luna y cuatro expediciones al pequeño mundo de Seeing II. Quizá pensaréis que no disfrutaba estar en nuestro mundo. No, no, me encantaba estar en tierra. Tenía amigas, hacíamos reuniones, nos divertíamos. Hablábamos de cosas triviales porque se trataba de distendernos, no es que nos juntábamos varias astrofísicas a hablar del tema, no no no, había un momento de estudio, había un momento de trabajo y había un momento de disfrutar el mientras tanto. Y vaya si lo disfrutaba; nos reíamos, contábamos cosas...

Había jóvenes interesantes que se acercaban a nuestra mesa, pero ¡je, je, je!, por lo menos yo, no hablo de mis amigas, los veía tan infantiles... A mis compañeros astronautas no, porque eran mayores de treinta y es como que ya eran maduros, pero jóvenes de nuestra edad los veía, no sé... tan niños... ¡je, je!

 

Y les decía a mis compañeras:

-¿Puede ser que nosotras, las mujeres, maduremos más rápido? Porque yo lo veo así. -Algunas se encogían de hombros.

-¡Ay, Audora, Audora, disfruta! -Y capaz la primera noche salían con un compañero.

 

Y aprendí a no prejuzgar a nadie, y tampoco era de esas antiguas de hace cientos años atrás que "¡Ah, no, no, si yo no lo conozco bien no salgo! No, no, no. ¡Je, je!, no. Son treinta mil años de civilización. Yo era moderna, era práctica pero... pero no significa que era vulgar, corriente, no, no.

Insisto, nunca prejuzgué a mis amigas, pero yo tenía una manera de ser distinta, no es que no hubiese salido con nadie, ¿eh?, tenía compañeros con los que salí.

¿Y Qué? Pero tenía que atraerme mucho. Y no hablo de lo físico, porque había muchos que iban al gimnasio y se pavoneaban, se mostraban como creídos. No no no, eso no me llamaba la atención. A ver, tampoco la tontería. Si había un hombre bien puesto, obviamente me gustaba, pero tenía que escucharlo hablar, porque había algunos galanes que se sentaban a la mesa y abrían la boca... ¿Y para qué? ¡Por favor, por favor! No eran aburridos, porque si fueran aburridos, con cerrar mi mente bastaba. No, eran divertidos, y las chicas se reían de las tonterías que decían. Y eso sí, era algo que... ¡Ahh! eso me aburría más que los discursitos monótonos.

 

Pero de vez en cuando había jóvenes que no eran los galanes de moda, eran apuestos e interesantes, porque eso era lo que me importaba, cultos, profundos, sinceros, que no aparentaban, mostraban sus debilidades sin pudor porque no les importaba la aprobación del otro, exactamente lo que me pasaba a mí. A mí no me importaba la aprobación de los demás, y cuando veía un joven de esa manera, con ese pensamiento, "Este sí, este vale la dicha de conocerlo".

Y con los pocos que he salido eran personas que valían la dicha, pero fuera de los momentos de distracción, ¡ah!, amaba volar.

 

Y el general principal había dicho:

-El próximo año, tú, Audora, eres una de las elegidas.

-¿Cómo piloto, mi general?

-No, serás auxiliar de los dos pilotos y del resto de la nave, por tu conocimiento como experticia en metales.

-Muchas gracias, señor.

-Al contrario, espero lo mejor de ti. Sé que Seeing III no es tan explorado como Seeing II y sé que puede haber riesgos por sus altas montañas, por sus cráteres y por el frío extremo. Obviamente, tenéis trajes de primer nivel.

 

Me cuadré, hice el saludo y me retiré del despacho del general principal ¡eufórica, contenta!, porque la próxima misión era ir al gigante rocoso.

 

Gracias por escucharme.

 

Maradel.

 

 


Sesión 07/02/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

La entidad relata una vida en Seeing I. Era exigente con su formación, que era extensa, desde historia milenaria hasta todas las disciplinas para astronauta. Conocía todo. También era exigente con sus amistades y conocidos, aunque lo que estaba esperando era la misión a Seeing III. Iría.

 

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Entidad: Mi nombre es Audora. Astrofísica, experta en metales, informática virtual... Y astronauta, obviamente.

 

Mis padres, historiadores. Ellos en realidad querían que yo siguiera su carrera. Obviamente no lo hice pero me empapé mucho, si se entiende la expresión, con la historia de Seeing. Una historia de treinta mil años de civilización y aún teníamos una cuenta pendiente que desde hace miles de años pensábamos que iba a ser más sencillo: el viaje interestelar. Sólo logramos viajes interplanetarios al pequeño Seeing II y al gigante rocoso Seeing III muy poquitas veces, más que nada para explotar el iridium, un metal valiosísimo.

 

En la últimas décadas, por fin, con un buen material transparente pudimos lograr armar un sinnúmero de bases en nuestra pequeña luna, bases segurísimas, a pruebas de los meteoritos más grandes, puesto que no había atmósfera que los incendie y los deshaga.

Obviamente costó mucho más poner media docena de bases en Seeing II, un planeta al que había visitado cuatro veces nada más. Y estaba el proyecto de viajar en la próxima misión como auxiliar de vuelo a Seeing III a buscar iridium. Pero el general principal, Dalex, me postergó, argumentó que había un auxiliar de vuelo preparado, un varón. Sentí como que me dejaban de lado por ser mujer.

Mi parte analítica luchaba contra mis emociones y decía "no, no, confío en que el general principal, Dalex, es una persona que busca lo mejor para Seeing". Pero a las pocas semanas de haber partido la nave llegaron noticias de que la misma se había accidentado en un aterrizaje forzoso.

 

Me citó el general principal:

-Audora, irás en la próxima misión pero no como auxiliar sino como copiloto.

-Mi general, no lo defraudaré.

-La misión será doble. Será de rescate, son seis astronautas que están varados, y no dejamos de lado el tema del iridium. Partirán en veinte días.

 

Me preparé. Hice un tremendo balance de dieta de alimentos, de líquidos, ejercicios... me sentía fuerte, me sentía bien. Comprimidos especiales para fortalecer la parte ósea.

 

Y de repente llegó el día, copiloto al gigante rocoso. Partimos con la nave.

En el viaje estudiaba mucho, las naves con computadores virtuales eran fáciles de manejar, habíamos logrado ya hace un par de siglos armar campos energéticos en contra de meteoritos. Leía mucho durante el viaje en mi pequeño ordenador virtual.

 

Mis otros cinco compañeros eran varones. Hablábamos durante las comidas, el resto del tiempo cada uno estudiaba. Obviamente, mientras el piloto principal comía o se daba una ducha higienizante con un vapor especial que luego la nave lo reciclaba, yo estaba a cargo de los mandos con mis ojos puestos en el computador principal virtual: objetivo Seeing III, el gigante rocoso, un gigante que orbitaba nuestra estrella Seeing, la estrella roja, a trescientos ochenta millones de kilómetros. La orbitaba en un lapso de diez años. Un gigante rocoso que tenía poco más de seis veces la masa de Seeing I, nuestro mundo, a un lugar que lo decidimos por computadora para aterrizar a dos kilómetros de donde se había accidentado la otra nave de nuestros compañeros.

 

Llegamos por fin al gigante rocoso. Me sentí viendo las estrellas desde esa superficie tan inhóspita, tan oscura, como intimidada, con lo vasto que era nuestra galaxia. Pudimos rescatar con vida a todos nuestros compañeros y pudimos salvar a dos de las computadoras. La tercera, la que había fallado, que fue la que provocó el aterrizaje, había sido supervisada antes de partir. Lamentablemente se informaría quien la supervisó y lo suspenderían o directamente lo cesarían del cargo al experto.

Enseguida vi la falla y lo comenté a mi piloto principal. Lo informaron a Seeing, y el general principal, Dalex, ordenó que me dejen a mí, Audora, a cargo de toda la informática de la nave. Pero sigo siendo la copiloto.

 

Aprovechando que ahora éramos dos los tripulantes, ocho hombres fueron a buscar el iridium con microexcavadoras y con trajes mucho más fuertes y presurizados que los que se usaban en la pequeña Seeing II. Además, el frío que hacía en Seeing III era insoportable para la vida humana.

De todas maneras tuve tiempo libre y dentro de mi traje había improvisado un visor lateral con un ordenador especial donde me marcaba temperatura, presión y, obviamente, un muy pequeño campo de fuerza en mi traje. Y durante varios días recorrí el gigante rocoso, obviamente no había señales de ningún tipo de vida, ni siquiera microbiana.

 

Me alejé bastante de nuestra nave pero estaba comunicada por una onda especial con los demás tripulantes y compañeros cuando de repente vi una luz que brillaba: era una nave, una nave que aterrizó lentamente. Una nunca sabe, y en mi traje llevaba un arma de luz sólida por cualquier emergencia, que incluso podía perforar rocas, metales y también podía servir para defensa.

De la nave bajó una figura que obviamente ya me había detectado. Hizo una señal con una linterna especial enviando tres luces, saqué mi linterna y le envié también tres luces. Nos acercamos lentamente.

 

Habló. No entendí lo que hablaba y sí, sé que su voz era aguda, sibilante, siseante. Me señaló su nave, entendí que me invitaba a entrar. Acepté.

Analicé con mi ordenador virtual la atmósfera dentro de la nave y era totalmente respirable. Ordené a mi pequeño computador que recoja mi escafandra.

El visitante recogió la suya y me sorprendí, era un rostro muy similar al humano pero parecía más bien una raza evolucionada de reptil; el color de piel era verde-amarillento, la nariz era como dos fosas nasales, apenas una pequeña protuberancia. Sus ojos de lagarto. Sus oídos, dos pequeños orificios con una protuberancia semejando pequeñas orejas. Sin cabello. Tenía más o menos la misma altura que cualquier varón de Seeing.

Tomó algo de un escritorio y saqué mi arma; me mostró que era un cuadrado con un botón y me hizo señas que 'No'. Entendí que no era un arma.

No dejé de apuntarle con mi arma de luz sólida y lentamente apretó un botón.

-¿Me entiendes? -Me sorprendió.

-Sí, te entiendo. ¿Qué es eso?

-Es un traductor.

-¡Tan pequeño! No tiene diez centímetros.

-Es un microordenador que analiza todo tipo de voces, y las puede traducir a mi idioma de la misma manera que tú me entiendes a mí aunque yo hable en mi idioma.

-¡Vaya!, eso no lo tenemos nosotros. ¿Quién eres?

-Mi nombre es Rumper, de la raza lézard.

-Mi nombre es Audora.

-¿Eres hembra?

-Decimos mujer.

-Disculpa. Yo sería el equivalente a varón.

-¿Quiénes sois?, ¿quiénes son los lézard?

-Lo que queda del imperio reptiliano.

-Vaya. O sea, que sois de raza reptil.

-Lo éramos hace millones de años, millones y millones. Hemos evolucionado, pienso, que más que vosotros. He analizado desde mi nave vuestras dos naves y no tienen computador interestelar. -Fruncí el ceño.

-O sea, tú, Rumper, vienes de otro sistema estelar.

-Nuestro imperio tenía centenas de sistemas estelares bajo su dominio, pero lamentablemente teníamos un emperador demasiado obcecado por el poder e ignoraba que nuestra vida es limitada y que con nuestra vida se acaba el poder. Pero como hay una cadena de mandos muy fuerte no había manera de hacerlo entrar en razón y los que le seguían en el cargo eran más que obsecuentes y teníamos que obedecer o nos ejecutaban. -Lo miré.

-Has hablado de sobreviviente. ¿Qué pasó con vuestra raza lézard?

-Fuimos vencidos por la federación Sargón.

-Ponme al tanto, porque no entiendo.

-En una parte de la galaxia nuestro imperio abarcaba muchísimos sistemas estelares, lo mismo la federación Sargón. Nuestro emperador, obcecado, obsesionado diría yo de poder, le declaró la guerra.

Comenté:

-¿Y ellos, los de Sargón eran superiores?

-No, pero tenían otro tipo de estrategia de guerra. En realidad hubo siglos de lucha y nos vencieron. Si tuviera que decirte la cantidad de muertes de nuestra raza lézard, te diría un 90%. Nos quedamos en nuestro sistema estelar.

-Disculpa, Rumper, pero vuestra raza eran los malos, porque si hablas de quedar en vuestro sistema estelar significa que tenían sometido a otras razas.

-Sí, lo reconozco. Pero yo simplemente era un soldado y obedecía órdenes.

-¿Y por qué no estás en tu sistema?

-Quería conocer otros mundos y no me agradaba el pensamiento del nuevo emperador.

-Después de haber perdido un 90% de vuestra gente, ¿querían volver a conquistar mundos?

-No, pero quería someter nuestro mundo. Evidentemente ya la raza, de por sí, no aprende la lección. Había muchos que lo apoyaban, yo simplemente me ofrecí como explorador. -Y en ese momento mientras Rumper hablaba es como que una luz llenó mi mente.

-¡Espera! ¿Vuestra nave tiene un computador que detecta brechas espaciales para viajes interestelares?

-Absolutamente.

-¿Tienes armas?

-Sí, las tengo.

-¿Qué tipo de armas?

-Similar a la tuya.

-¿Sabes cómo es la mía?

-Sí. En mi traje también, al igual que en el tuyo, tengo un ordenador, mucho más sofisticado.

 

Yo me considero una persona sin ego pero nuestra raza que tenía treinta mil años de civilización se sentía orgullosa de sí misma, y escucho a Rumper, un lagarto evolucionado de la raza lézard diciendo que sus computadoras virtuales eran mucho más sofisticadas que las nuestras, que podía detectar computadoras de otros trajes, y no sólo eso, ya sabía el armamento y todo lo que tenía la nave en que vinimos a Seeing III.

-¿Cuál es tu idea?, habla sin engañarme. Si atentas contra mí, por más que tu ordenador sea más sofisticado, mi gente acabará contigo.

-Mi deseo no es luchar -dijo Rumper-, mi deseo es cooperar. Al fin y al cabo buscaba otra raza que me acogiera.

-Nunca hemos visto un ser de otro mundo.

Rumper me miró y dijo:

-Has dicho que te llamas Audora.

-Correcto.

-¿Qué garantía tengo de que en vuestro mundo...?

-Continúa.

-Pueden pasar dos cosas: que me pongan en prisión o que directamente vuestros médicos me estudien hasta matarme.

-No somos salvajes, si a eso te refieres. Al fin y al cabo, Rumper, es vuestra raza la que ha peleado con otra raza durante siglos.

-¿Vosotros no?

-No voy a mentirte; sí entre nosotros mismos a lo largo de siglos.

-Veo que todas las vidas inteligentes hacen lo mismo.

-¿No hay problema que vaya con mi nave a vuestro mundo?

-Mira, nuestro general principal, si vienes a nuestro mundo no te dejará partir. Es más -volví a apuntarle con mi arma-, yo tampoco te dejaré partir aunque no visites nuestro mundo, porque puedes ser parte de una avanzada reptiliana para invadirnos.

-No, en mi nave tengo un arma en la proa que no solamente podía haber acabado contigo en segundos sino también con vuestras dos naves. Además, tengo la tecnología para reparar esa segunda nave, porque sé que le falló un par de computadores.

-Le falló uno.

-No, hay un segundo ordenador, que es el que marca la dirección, que también falla. Lo miré. Me considero una de las mejores informáticas virtuales y se me pasó por alto lo de ese segundo ordenador-. Hagamos una cosa, iré contigo, diré que es lo que falla y podréis volver con la segunda nave también a vuestro mundo. Y tú podrás acompañarme en mi nave a vuestro mundo. Te enseñaré a manejar los controles, veo que eres lista. -Lo miré.

-Sabes que todavía no confío en ti, no sé tus intenciones. Te pido disculpas pero está en juego mi raza; puedes ser una persona que no está de acuerdo con su emperador y fingiendo explorar escapó. A propósito, ¿a cuántos años luz está tu mundo?

-Más de cinco mil años luz. Y además tengo un contraordenador. -Fruncí el ceño.

-Explícate.

-Nuestros ordenadores espaciales marcan el rumbo, marcan la estela de rumbo. Yo tengo un contraordenador que borra la estela.

-Explícate.

-En vuestro mundo debe haber senderos de tierra.

-Obviamente.

-Y debe haber carros antiguos que anden por esa tierra.

-Obviamente.

-Y dejan surcos.

-Claro, de la misma manera dejamos huella con nuestros pies andando por el fango.

-Bien. Las naves dejan huellas con su estela, como también dejan las vuestras. Tengo un contraordenador que borra las estelas.

-¿Entonces?

-Entonces, mi gente no sabe qué rumbo he tomado porque apenas partí de mi sistema estelar mi nave no dejó ninguna estela. Lo comento para que os sintáis seguros de que mi raza no me ha seguido. Vengo de verdad con buenas intenciones.

 

Mis compañeros lo conocieron a Rumper, de la raza lézard. Al comienzo se impresionaron y se asombraron de ver que había un aparato traductor de idiomas.

 

Y me permitieron viajar, por orden del general principal, Dalex, en la nave con el reptiliano lézard. Mi idea era estudiar el ordenador para viajes interestelares, teníamos la puerta abierta a nuevos sistemas.

 

Pero me quedé con las últimas palabras que me dijo Rumper:

-No estés tan contenta, Audora. El hecho de que vuestra raza, ¿Seeing se llama vuestro mundo, no?

-Sí.

-El hecho de que vuestra raza de Seeing conozca otros sistemas estelares va a permitir que otros sistemas estelares conozcan el vuestro. Lo demás... espero que entiendas a qué refiero. A veces puede ser grato conocer otros mundos y a veces puede ser ingrato que otros mundos conozcan el vuestro.

 

 


Sesión 10/02/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Iba conociendo al reptiliano, dialogaban fluidamente. Lo presentó a su jefatura, quedaban absortos de los avances que tenía su raza y, a la vez, lo poco adelantados que estábamos. Comentó que las razas inteligentes también tienen mente reactiva, portadora de egos, conflictos y guerras.

 

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Entidad: Recuerdo que el general principal Dalex me había comentado que la nave que habían enviado a Seeing III se había accidentado. Y fui como copiloto en el siguiente viaje.

 

Veo una luz que aterriza en el gigante rocoso y me sorprendo cuando veo a un ser de otro mundo, se presenta como Rumper, de la raza lézar. Era un fugitivo del imperio reptiliano, fugitivo de una batalla que había durado generaciones y que habían perdido contra la Federación Sargón.

Obviamente yo estaba aturdida, desconfiada, asombrada. Por un momento tenía como un sentido de negación, por otro lado me sentía como con un ego frustrado, como treinta mil años de civilización y nunca habíamos salido de nuestro sistema planetario y encontramos una raza que conoce cientos de mundos en cientos de sistemas estelares. Pero claro, le apunté con mi arma y mi mente dudaba: ¿un fugitivo o un espía?

 

Me sorprendí cuando habló en mi idioma con una voz sibilante, una voz siseante. Más me sorprendió su rostro porque con mucha cautela acepté la invitación a su nave y al cerrar las compuertas automáticamente su casco se abrió y vi su rostro, un rostro como de reptil humanizado, no sé cómo explicarlo mejor. El rostro era como el nuestro pero no tenía nariz, solamente dos agujeros. Tampoco tenía orejas y su boca era más grande. Su piel verde-amarillenta, se notaban apenas como unas microescamas. Tenía tantas preguntas para hacerle...

 

Se presentó como Rumper de la raza Lézar, le pregunté:

-¿Has venido aquí por accidente?

-No, no, he venido aquí porque escapé de mi raza, del imperio reptiliano, que durante generaciones luchó con la Federación Sargón, y nuestra raza ha perdido. No voy a decir que soy un excelente sujeto pero siempre estuve en contra de la guerra, y más de las guerras expansionistas. Dominábamos cientos de mundos y ¿para qué? Lo que vive un individuo es nada comparado con la historia.

 

Le comenté que teníamos treinta mil años como generación inteligente y sin embargo no habíamos logrado los viajes interestelares. También me sorprendía el que hablara mi idioma. Y obviamente no dejaba de apuntarle con mi arma. Rumper me dijo:

-¿Me permites hablar? Te explicaré todo. Primero, tengo incorporado en mi casco un micro ordenador con un procesador tan o más potente que el mayor de vuestros ordenadores. -Mi ego se sintió herido.

-Tenemos treinta mil de nuestros años de civilización y tú dices que tienes un aparato diminuto más potente que el mayor de nuestros ordenadores virtuales.

-Así es. En este momento la nave averiada ya está arreglada, a través de mi microordenador pude ver la falla y repararla.

-¡Pero cómo!

-¿Conoces de mecánica?

-Tengo nociones de mecánica cuántica.

-Esto va más allá todavía.

-¿Cómo hablas mi idioma?

-Mi microordenador procesa tus frases, las decodifica, las codifica a mi lenguaje y viceversa, y por eso podemos conversar. La voz que escuchas es la mía pero en tu idioma, eso no significa que el día de mañana pueda aprender tu idioma.

-¿Cómo han logrado -pregunté-, los viajes interestelares?

-¡Ah! Tenéis una gran civilización, y con vuestros ordenadores no han logrado encontrar los puntos.

-¿Tú te refieres a las membranas espaciales?, cómo las localizo, no hemos podido hacerlo.

-A veces no tiene que ver con los ordenadores sino cómo son programados. A nadie de vuestros científicos se le ha ocurrido pensar que el universo tiene una vibración.

-Explícate.

-Los mundos vibran, los mundos tienen una sintonía. Y ni hablar de las estrellas. Tenéis radiotelescopios, podéis escuchar a las estrellas.

-Sigue -pedí.

-En mucha menor medida, en muchísima menor medida, la composición del universo también vibra. Con nuestros ordenadores podemos captar las... ¿cómo explicarlo?, las uniones cuánticas, allí está eso que tú llamas membranas, y puedes calcular mediante los potentes procesadores a qué distancia quieres ir, a cuántos de vuestros años luz queréis ir.

-¡Va a ser excelente!

-Explícate tú -pidió Rumper.

-El general principal, Dalex, te va a preguntar todo, todo lo que tu raza sepa.

-¿Me va a preguntar o me va a interrogar en condición de prisionero?

-Disculpa si todavía no confiamos.

-Te comentaré algo...

-Dime.

-Tu arma ya no es efectiva. -La miré y vi que mi arma estaba en rojo, no en verde.

-¿Qué has hecho?

-Audora, no insultes mi inteligencia, te acabo de decir que he arreglado a distancia la nave vuestra averiada, ¿y no voy a poder inutilizar vuestras armas?

-¡Vaya! ¿Y cómo os han vencido vuestros rivales, esa Federación Sargón?

Obviamente, la raza Sargón, que son humanos como vosotros, tienen cómo impedir que inutilicemos sus armas. -Mi ego se sentía cada vez más herido, treinta mil años de civilización y parecemos prehistóricos comparados con estos reptilianos que se llamaban lézar-. Obviamente que voy con vosotros, quiero no ir en calidad de refugiado sino de ciudadano, y no tengo ningún problema en darle a tu general toda la información pero no como prisionero. Podéis hacerme trampa; obviamente me sacaré mi casco, me sacaré mi traje espacial y estaré indefenso, pero confío en vuestra integridad moral.

 

Me quedé pensando en lo del universo y la vibración.

-¿Qué es lo que vibra? -pregunté.

-Audora, el componente del universo.

-El universo es vacío.

-¿Ah, sí? Y si es vacío, ¿cómo miden las ondas gravitacionales?, entiendo que esto lo puede hacer vuestra civilización.

-Por supuesto, de hace miles de años.

-¿Veis? ¿Y sobre qué se forman esas ondas gravitacionales?

Me quedé pensando y dije:

-¡Claro, entiendo! Si el vacío fuera un vacío total y absoluto no habría ondas. De todos modos hay muchas cosas que me cuesta entender; el calor de nuestro sol que baña nuestro mundo por radiación, esa radiación llega al mismo tiempo que llega la luz, pocos minutos, en aproximadamente cinco minutos la luz de nuestro sol baña nuestro mundo y al mismo tiempo que llega la luz, llega el calor, y es algo difícil de entender científicamente.

-Parecéis infantes. -Rumper hizo una mueca, torció la boca hacia arriba lo interpreté como una sonrisa.

-Espero que no uses sarcasmo -comenté.

-No, por supuesto que no, apenas algo de ironía.

-Te burlas.

-No, trato de ser simpático.

-Evita la ironía cuando hables con el general. No todos lo van a entender y la confianza no se gana en un segundo. -Me miró con sus ojos con iris verticales.

Y me dijo:

-La información que os voy a dar adelantará vuestro mundo como si hubieran vivido el doble de tiempo.

-¿Cómo lo interpreto eso? -pregunté.

-Decís que tenéis treinta mil años de civilización inteligente. No es por ofenderos pero hemos conocido mundos que en menos de cuatro mil años, en menos de tres mil años de civilización inteligente lograron viajes interestelares, quizá porque tenía otro tipo de matemáticas, otra forma de buscar lo que he comentado de las vibraciones del supuesto vacío.

-O sea, que podremos adaptar nuestros ordenadores a ese microordenador que tú tienes.

-No digo de que tengáis que empezar de cero, pero quizá los modos, las formas de vuestros ordenadores no sea compatible con mi microordenador, pero eso se verá. -De repente mi mente sintió como asombro y a su vez pánico.

-Si... Si tú portas en ese casco un microordenador tan potente como para poder solucionar nuestro ordenador de la nave averiada, ¿cuán grande es el ordenador de vuestra nave?

-Inmenso.

-Y por otro lado, ya estamos por llegar a nuestro mundo, por otro lado si tú dices que no somos compatibles en cuanto a nuestros ordenadores con tu microordenador, y quizás haya que empezar de cero o quizá no, ¿cómo has logrado reparar el ordenador de la nave averiada si supuestamente tu microordenador quizá no era compatible?

-Eso es muy fácil, ¡ay, cómo explicarlo!

-Habla normalmente -pedí.

-Haz de cuenta que mi microordenador tiene un proceso de ondas y esas ondas se van acoplando y amoldando a vuestro ordenador.

-¿Cómo?

-No preguntes cómo, directamente déjame terminar. Se amoldan, se ajustan y permiten esa reparación.

-Me cuesta entender todo eso. Pero claro -continué-, ¿por qué me miras tan fijamente?

-Porque te vas a hacer famosa.

-¿Cómo?

-Vas a ser la primera habitante de Seeing... ¿se llama tu mundo?

-Seeing I.

-Vas a ser la primera habitante de Seeing I que contactó con otra raza de otro sistema estelar.

 

Me quedé pensando, quizás eso me sea útil para mi carrera. De todos modos había una lucha interna, mi ego agrandado por la futura fama pero mi ser interno incómodo por ser tan conocida. Y a veces una quiere pasar desapercibida, pero a partir de ahora sería imposible.

 

Rumper no había interrumpido la conexión con mis compañeros, es más, pudieron escuchar todo lo que hablamos. Y estaban de acuerdo en que Rumper no sería un prisionero sino un visitante, él también quería saber cosas de nosotros, cómo evolucionamos.

Le contamos de las guerras internas y me dijo que la mayoría de los mundos que ha conocido tuvieron guerras internas, que parecía inherente a cada civilización.

 

Cuando conoció al general principal Dalex lo trató como a un igual. Para él no era un superior, él era un lézar del eximperio reptiliano, y el general accedió a tratarlo como a un visitante, con respeto. Pero obviamente tenía sus dudas. Rumper le enseñaría a trabajar con los microordenadores, ver ser si podían ser compatibles con los ordenadores de Seeing y evitar que las armas sean anuladas.

El general me permitió participar junto con otros generales de menor rango, era la única astronauta investigadora que estaba en la reunión por haber sido quien conoció a Rumper.

 

El lézar le dijo al general principal:

-¿De verdad vuestra raza quiere darse a conocer?

-¿Por qué no?, queremos investigar otros mundos de otros sistemas. ¿Cómo sabremos cuales son los que tienen vida?

Rumper le dijo al general:

-Generalmente la mayoría de los planetas con vida inteligente tienen lunas grandes, lunas importantes para su mundo.

-Nuestra luna es una luna pequeña.

-Pero es importante, es un octavo de vuestro mundo. He visto mundos con lunas de un décimo de masa y sin embargo son importantes para que el mundo pueda albergar vida.

El general preguntó:

-¿Por qué?, ¿es una condición para tener vida que el mundo tenga una luna aunque sea un décimo de masa?

-General, yo soy un excelente piloto; sí, soy científico; sí, soy historiador; sí, también soy soldado, he participado en batallas. No soy un físico astrónomo, eso lo tienen que desvelar vuestros astrónomos, el por qué. Si bien soy una raza avanzada no sé todo de todo. Si no hay vuelta atrás de que queréis conocer otros mundos también necesitarán ordenadores con borraestela.

-¿Qué significa eso?

-Si no queréis que razas belicosas os sigan el rastro, la nave deja estela, estela vibratoria, los ordenadores de esa nave pueden borrar esas estelas para que el rastro se haga invisible. -El general se sentía perturbado por todo este nuevo conocimiento.

 

Hablamos de qué comían, comían lo mismo que nosotros. Levanté la mano y le pregunté al general si me permitía hacerle una pregunta al lézar Rumper: Asintió con la cabeza.

Lo miré a Rumper.

-Nosotros tenemos aquí pequeños reptiles para nada inteligentes, son menos inteligentes que los pequeños mamíferos que tenemos...

Me miró e hizo la mueca de sonrisa, y me dijo:

-En nuestros mundos también tenemos mamíferos no inteligentes y también tenemos reptiles no inteligentes. Pero querías preguntar algo, Audora...

-Sí. ¿Vosotros cómo os reproducís?... O sea, estudiando a vuestros mamíferos sabéis como nos reproducimos nosotros. Quiero decir... digo cría o digo hijos, prefiero decir hijos, puesto que sois una raza inteligente: ¿cómo nacen vuestros hijos, como los mamíferos o ponéis huevos? -Hizo una mueca, que otra vez la tomé como una sonrisa.

-Nuestras mujeres ponen lo que vosotros llamáis huevos, blandos, como si fuera una gelatina, y en menos de un día vuestro se endurecen y la cría se va desarrollando dentro del huevo. Como los reptiles básicos que tenéis en vuestro mundo.

-¿Pero os apareáis?

-Como vosotros.

-Vaya.

-Fíjate que no tenemos hocico, fíjate que no tenemos cola, fíjate que nuestras escamas prácticamente han desaparecido. Sí, no tenemos vuestras orejas, no tenemos esa protuberancia en la nariz pero nuestro cerebro no es un cerebro básico del de vuestros reptiles básicos, el cerebro reptiliano, no; tenemos un cerebro tan desarrollado como el vuestro, con corteza cerebral, con córtex prefrontales. Y tenemos un pensamiento muy sutil. Pero al igual que vosotros tenemos una amígdala cerebral y como la mayoría de los mundos y la mayoría de las razas, somos guerreros por naturaleza. Y no prejuzguéis porque vuestra historia dice lo mismo de vosotros. De la misma manera que hay humanos expandidos en muchos mundos de la galaxia, también hay lézars como nosotros expandidos en muchísimos mundos, y que ni siquiera formaron parte del imperio reptiliano, que fue nada más en una pequeñísima parte de esta galaxia de vuestros cien mil años luz, en vuestras medidas.

 

Rumper tenía mucho más para decir, muchísimo más, muchísimo más.