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Psicoauditación - Blanca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 22/11/2021 Términus, Estefanía

Sesión del 25/11/2021 Términus, Estefanía

Sesión del 01/12/2021 Términus, Estefanía

 


Sesión 22/11/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Un nuevo actor, megalómano, apareció queriendo tomar el mando de Términus, exigía la aceptación de los países. La entidad relata que tenía en sus manos poder defender el planeta construyendo un arma contra la nave del agresor.

 

Sesión en MP3 (3.202 KB)

 

 

Entidad: -¿Qué sucede, Máximo?

-Todavía nada. Es una hipótesis, Estefanía, pero tengo un presentimiento feo. -Lo miré a Justo y al matemático Irdino, estaban con sus rostros más que serios.

-¿Me podrían poner al día, por favor? -pedí.

Habló Justo.

-Mira, el tema... El tema no es sencillo, hay una región del norte donde su gobernador es débil.

-¿Estamos hablando de Berliche?

-Sí, Estefanía, estamos hablando de Berliche. Prácticamente el doctor Breinsteing es el que dirige la región y es el único que no se ha deshecho de los cascos.

Lo miré a Máximo y le pregunté:

-¿Qué piensas, por qué tiene los cascos?

-Pienso que es una persona no egocéntrica, egomaníaca, tiene apetitos de poder. -Sentí como una especie de indignación, pero no con el doctor Breinsteing sino con la situación.

-No estamos hace dos siglos atrás donde había carencias, desigualdades, muy pocos habitantes de Términus pasan hambre o no tienen trabajo. Y mirad que pasamos por mucho, ¿eh? Los etéreos han atrasado siglos el avance de esta civilización, llegamos a pensar de que toda la raza tenía un problema genético que afectaba la mente y nos volvía locos. ¿O no?

-Siempre pensamos eso -dijo Máximo-, antes de que mi hipótesis se hiciera teoría y fuera comprobada y combatiéramos a los etéreos. Pero continúa.

-Claro -dije-. Hoy hay igualdad, no hay carencias, ya fue superado el tema de los etéreos. ¿Qué sentido tiene el poder, qué sentido tiene someter, qué sentido tiene subyugar, qué sentido tiene todo eso? Porque hoy podemos disfrutar estudiar, podemos disfrutar trabajar, podemos disfrutar el esparcimiento. No digo que sobre todo haya abundancia porque a veces el ser humano es tan complejo que se desmotiva cuando lo tiene todo. Por eso no entiendo el apetito de poder.

-Yo sí.

Lo miré a Máximo:

-Me sorprendes. ¿Tú lo has tenido?

-No, por supuesto que no, pero entiendo por qué.

-¿Piensas que es una mente enferma?

-Pienso que en determinado momento los etéreos le afectaron la mente de manera irreversible.

 

Pasaron dos días y la programación de la holovisión fue interrumpida, como si una serie de piratas informáticos hubieran saboteado la holovisión de todo el planeta.

Y se vio el rostro del doctor Breinsteing:

-Camaradas, entiendo de que Términus ha prosperado a pesar de que muchas mentes fueron esclavizadas, pero veo con pena que el planeta se deja estar, la gente es como que vive en forma automática con una falsa felicidad por haber vencido esos efluvios mentales de esos seres de la oscuridad. ¿Y cómo los veo? Los veo a todos vosotros como una manada descarriada sin conductor, por eso me otorgo el cargo de conductor de todos los habitantes de Términus. No me encontraréis, estoy en un lugar inaccesible y como tengo dinero, que el dinero es poder, he construido una de las naves más modernas que la tripulan tres astronautas, que orbitarán una órbita alta. Esa nave está equipada con un aparato que despide rayos de luz sólida, y si no aceptáis mi conducción dispararé a todos los satélites de protección. Tenéis un día para que las autoridades de todas las regiones acepten mi conducción o los satélites serán destruidos y no tendréis tiempo de armar nuevos cascos de protección contra los etéreos. Por eso guardé una gran cantidad de cascos para mí y para mis colaboradores que son leales, porque saben, porque entienden que necesitan la dirección de alguien superior a ellos, más inteligente, más sagaz y que no se base solamente en el inútil esparcimiento como si fueran animales inferiores.

 

En ese momento se cortó la comunicación. Yo estaba callada. Justo, en ese momento se comunicó con su pareja.

-Querida, te hablo por el holomóvil.

¿Estás con Anacelis?

Bien.

¿Habéis escuchado al doctor Breinsteing?

Sí.

Tenéis dos consorcios.

Sí, querida, la idea es de alguna manera...

Sí, lo entiendo.

Pero debemos tomar...

Lo entiendo.

Pero debemos tomar medidas. Con nosotros está la señorita Ardente, ella puede...

Claro.

Con los aparatos de ultra frecuencia. El tema es que tenemos un día.

Está bien, está bien. Habla con ellos. -Y Justo cortó la comunicación.

 

Me miró a mí:

-¿Tienes la posibilidad (con nuestra ayuda, tenemos un enorme laboratorio con ultrafrecuencia), de inhabilitar el arma de luz sólida?

-Me pondré a trabajar ya. Me pondré a trabajar ya.

 

Sentía mis ojos húmedos, con lágrimas de impotencia, de una emoción mal contenida, de pensar cómo puede ser que un planeta esté tan mal organizado que haya permitido que una persona que no está en sus cabales mentales haya logrado poner en órbita alta una nave armada. ¿Dónde estaban en ese momento los centros de inteligencia con sus aparatos de vigilancia?

 

Por la tarde Máximo vino donde estaba trabajando y me dijo:

-Disculpa que te incomode, Estefanía, ¿pero has avanzado?

-No, un día es poco tiempo. No se trata solamente de ultrafrecuencia, tiene que ser puntualmente dirigida. Como mínimo me puede llevar dos o tres días.

-Espera.

 

Tomó su holomóvil, habló con el gobernador de la región sur:

-Debéis poneros todos de acuerdo y decirle que sí aunque sea para ganar tiempo.

Entiendo, pero tenéis que obrar de manera inteligente.

No, gobernador, no.

Yo sé que no pactan con...

Bueno, sí, en este caso serían terroristas.

Pero estamos hablando del planeta entero y de su seguridad, de sus habitantes.

No, gobernador, no podemos actuar como niños en este momento, no podemos...

 

Me miró.

-¿Qué pasó?

-Me cortó la comunicación. Dice que todos los gobernadores se pusieron de acuerdo en no pactar con el doctor Breinsteing. Son niños, son caprichosos de la misma manera que a Breinsteing lo manipula un ego de poder, un ego irracional, a ellos que parecen más coherentes los maneja un ego infantil. Pero tengo más contactos. Si bien los servicios de inteligencia de cada región obedecen las órdenes de cada gobernador, en casos de fuerza mayor pueden tomar decisiones y cesar en sus cargos a los gobernadores. -Me asusté lo que comentaba Máximo.

 

Se habían acercado Justo y el matemático Irdino.

-¿Estáis escuchando? Prácticamente eso sería un golpe de estado.

Asintieron todos con la cabeza:

-Sí.

 

Vibró el holomóvil de Justo, lo llamaba su esposa. Escuchó cinco minutos y cortó la comunicación:

-Los consorcios no se atreven a enviar naves.

 

Cogió el holomóvil Máximo, habló con una señora.

-Usted ya sabe lo que pienso.

He ayudado mucho con todo esto.

Yo sé que lo que pido es difícil.

Hablé con el gobernador de la región sur y están todos de acuerdo en no ceder.

Sé que tienen razón, y no estoy hablando de ceder.

Señora, necesito que me entienda, estamos hablando de engañar a Breinsteing, pero hay que quitarles poder a los gobernadores. Sé que no es democrático. Va a haber miles y miles de muertos diarios si se pierden las defensas satelitales. Utilice el sentido común, señora.

 

Yo escuchaba en silencio. Estaba como descompuesta, no sé si de miedo, de impotencia por la situación. Me bajó la presión, me sentí como mareada. Me recliné en un sillón, es como que no escuchaba las voces, se me iban por momentos, es como que perdía el sentido.

-Estefanía. -Abrí los ojos, era Máximo-. La jefa principal de inteligencia aceptó, se van a comunicar con Breinsteing y van a aceptar que él ejerza el poder, figurativamente. Tú tienes un equipo de colaboradoras para armar ese arma de ultrafrecuencia. Te queda poco tiempo.

 

Me puse a trabajar. Era joven, recuerdo que hace poco era una estudiante y ahora tenía la responsabilidad de defender al planeta. Me pesaba sobre los hombros esa responsabilidad.

Aclaro que amaba mi trabajo pero no tenía la menta tan fría. Me puse mentalmente en lugar de un cirujano que con robótica trasplantaba órganos, pero por más que ahora la cirugía fuera milimetrada por ordenadores, quien estaba a cargo no se debería permitir ni siquiera sudar de tan fría que debería tener la mente. Pero yo no podía, me costaba. Pero debería hacerlo, debería hacerlo.

 

 


Sesión 25/11/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

En algunos momentos, el bien de muchos pasa por encima del bien de pocos. Es lo que se tuvo que barajar cuando un genio loco iba a eliminar los satélites que protegían a Términus de los etéreos. La entidad recuerda cómo quedó de afectada por esta situación.

 

Sesión en MP3 (2.438 KB)

 

 

Entidad: Tenía mis nervios alterados, me corría la prisa. Si bien los hermanos Justo y Máximo, me habían puesto más de veinte colaboradoras, incluso la mayoría mayor que yo y eran expertas en ultra frecuencia, parecía que el tiempo no pasaba más.

 

Necesitábamos desbaratar los maléficos planes del doctor Breinstein, que había puesto un arma de luz sólida en una nave en órbita alta para destruir los satélites y así quedar en poder de los mentales, los malvados etéreos, y de esa manera el doctor Breinstein creía tontamente que iba a ser el amo de Términus. Pero con el aparato de ultrafrecuencia inutilizaríamos las armas de la nave en órbita. Finalmente, con mi frente todo sudada, terminamos la herramienta.

-Rápido -dijo Máximo-, debemos trasladarla.

 

Fuimos al gran observatorio astronómico, que tenía una cúpula semicircular que abría 180º, y montamos la herramienta. Pusimos las coordenadas en el superordenador y apuntamos a la nave en órbita.

-Decidme cuando -comenté.

-Espera, Estefanía, espera.

 

Máximo cogió el holomóvil:

-¿Steimes...?

Bien.

¿Te has comunicado ya con inteligencia?

Bien.

Te había pasado una coordenadas, unas coordenadas que logré captando la señal que el doctor Breinstein le daba a la nave.

Dime, Steimes. -Miró a Justo-. Consiguió las coordenadas de Breinstein.

¿Era como yo pensaba?, ¿en la cumbre de de Arrendera?

Me imaginé. Es la segunda más alta del continente, 6.900 metros de altura.

Sí.

Sí.

No.

No no no.

La joven Ardente logró terminar el aparato de ultrafrecuencia. Te tengo informado. -Cerró el holomóvil.

 

-¿Qué pasaba con Steimes?

-Nada. Vamos a seguir con el plan. -Iniciamos la cuenta regresiva, como cuando se lanza una nave, del diez al cero. Apuntamos la cúspide de la herramienta de ultrafrecuencia hacia la nave, que estaba en órbita alta. Si todo salía bien la ultrafrecuencia desactivaría las armas de luz sólida y no podrían destruir los satélites.

 

-Listo, listo, ya. -Se apretaron dos botones a la vez por seguridad.

 

Máximo le dijo a Justo:

Fíjate el ordenador, fíjate las coordenadas.

Justo se dio vuelta, miró a Máximo pálido. Negó con la cabeza:

-Nada.

Máximo me miró a mí con gesto de derrotado.

-¿Qué pasó? Contadme.

Habló Justo:

-Las armas de la nave están codificadas contra todo tipo de ultrafrecuencia.

-¡No, no puede ser! ¿Qué hacemos ahora?

-Voy a hablar con Steimes.

-Espera, Máximo, tiene que haber otra posibilidad.

-No. Yo ya lo había dicho.

-¿No creías en Estefanía?

-Sí, sin duda es la mejor, pero no es responsabilidad de ella de que Breinstein se haya adelantado y haya codificado todo para evitar ataques. Voy a pasar al plan dos.

 

-¿Steimes? Fracasó el plan uno, la nave está codificada, sus armas codificadas. Pasemos al plan dos. ¿Me aseguras que te has comunicado con inteligencia? ¿Ellos están de acuerdo?

Bien.

También a la cumbre de Arrendera, es porque lo va a seguir haciendo.

Sí.

Sí, Steimes, yo soy el responsable, tú sólo me obedeces.

Sí, Steimes, hablé con el jefe principal. Nada más quería saber si en tu región inteligencia está de acuerdo.

Bien. ¡Hazlo ya! -Cerró el móvil.

 

-¿Qué has hecho hermano? -comentó Justo.

-No había otra posibilidad.

-¿De qué estáis hablando? -pregunté. Ambos estaban callados-. ¿De qué estáis hablando?

-Espera, espera, Estefanía -comentó Máximo. Fueron al ordenador que tenía coordenadas espaciales. En un momento dado la holopantalla marcó un punto rojo. Otra holopantalla señalaba la cumbre Arrendera, marcó otro punto rojo-. Listo.

-¿Máximo, qué son esos puntos rojos? -pregunté. Máximo se sentó en un sillón, apesadumbrado pero enérgico, estaba encerrado en sí mismo-. ¡Justo, explícame, por favor! -pedí.

-Apreciada Estefanía Ardente, confiábamos en tu trabajo pero existía la posibilidad de que Breinstein hubiera blindado la nave contra todo tipo de ataque ya sea informático, ya sea con luz de ultra frecuencia, ya sea con todo tipo de rayos.

-Está bien. ¿Y cuál es el plan dos?

-Misiles, misiles pequeños. -Empalidecí.

-¡Misiles! ¿Habéis disparado misiles a la nave? -Justo no asintió pero su silencio ya valía para mí-. ¿Y el otro punto rojo?

-La ubicación de Breinstein, en la cumbre de Arrendera.

-Habéis matado a los astronautas y habéis matado con otro misil donde estaba refugiado Breinstein.

-Correcto.

Lo miré a Máximo.

-¿Qué has hecho? Has asesinado a los astronautas. No me importa Breinstein, has asesinado a los astronautas. -Máximo estaba con la cabeza gacha, no levantaba la vista-. ¿Te has dado cuenta lo qué has hecho? ¿Te has dado cuenta lo qué has hecho? -Máximo me miró.

-Absolutamente. -Su rostro más enérgico que nunca-. Dije que me hacía cargo. Hablé con el jefe de inteligencia y estaba de acuerdo.

-¿Y Breinstein, por qué?, ¿por qué no llevarlo a prisión? -Sonrió pero con una sonrisa que era una mueca.

-¿Prisión? No, no, se trata de la humanidad.

-¿Qué les dirás a las familias de los astronautas?, supón que tienen esposas, hijos.

-Ya dije que me hacía cargo.

-No estoy preguntando eso, ¿qué les dirás?

-Que he salvado la humanidad.

-Claro. Y que sus esposos, padres, hijos, la condición que tengan los astronautas, son mártires, ¿no es cierto? -Me miró.

-¿Y tú qué hubieras hecho, Estefanía?

-No sé, vería otra posibilidad, romper el código.

-No había tiempo -Negué con la cabeza.

-Esto quedará en tu conciencia.

-Por supuesto que sí. Y lo digo por enésima vez, yo me hago cargo, soy el único responsable. Mi hermano, Justo, no estaba de acuerdo conmigo, yo soy el responsable. Pero no quiero hablar más del tema.

-Claro, te debe remover la conciencia. -Le recriminé.

Se dio vuelta, con una mirada muy dura:

-Por supuesto que me remuerde la conciencia, seguramente los astronautas eran tres padres de familia. ¿Por qué se ofrecieron a seguir los planes de Breinstein? No lo sé. Yo sólo puedo decir que salvé la humanidad una vez más. Y no quiero seguir hablando del tema. -Salió del observatorio y cerró la puerta.

 

Me senté vencida y me puse a llorar. Justo se acercó a mí y me tomó del hombro.

-Mi hermano tiene razón, no había otra posibilidad.

-No es así -le respondí-, siempre hay otra posibilidad. Unas horas más, un día más quizás y hubiera podido romper ese código. ¿Por qué, por qué hizo eso?

-Porque en cualquier momento Breinstein enviaba la luz sólida a los satélites que nos protegían de los etéreos. El comando no lo tenían los astronautas, ellos lo único que hacían eran estar en los controles de la nave. Los controles de las armas las tenía Breinstein en la cumbre de Arrendera. -Me quedé pensando dubitativa, molesta, enojada.

-Máximo acabó con tres vidas, las de los astronautas. De Breinstein, honestamente, no me interesa, era un genio loco, como esas novelas holográficas de ficción. Y habló con Steimes tan fríamente, tan fríamente... Y ya lo tenía calculado de antes el plan dos, ya tenía todo calculado. Estoy muy muy molesta, muy molesta.

Justo me dijo:

-Te entiendo. Pero te pregunto, ¿estás molesta con Máximo o con las circunstancias?

-No lo sé. Sólo puedo decir que me voy a tomar un descanso, y por un tiempo me voy a alejar de todo. Seguiré estudiando, me comunicaré con Irdino, mi profesor, seguiré profundizando el tema y otros temas.

-Está bien, hazlo si te hace sentir bien.

-¡Je, je! -Sonreí irónicamente-. ¿Sentir bien? No, Justo, no me siento para nada bien, para nada bien. -Le palmeé el hombro porque no estaba enojada con Justo.

 

Pedí un holotaxi y al rato el chófer me pasó a buscar. Le di las coordenadas de mi vivienda y me marché del laboratorio.

 

 


Sesión 01/12/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Comentaba con los investigadores la difícil actualidad de Términus, donde aunque los etéreos ya no manejaban la mente de las personas había otros que se cuidaban de ello.

 

Sesión en MP3 (3.165 KB)

 

 

Entidad: Estaba muy muy preocupada. Es más, estaba molesta por los nuevos incidentes.

 

Me encontré con mi profesor Irdino y le comenté:

-¿Has visto las polémicas?

-Sí, sí, apreciada Estefanía.

-Pero cuando no es una cosa es la otra.

-¿Qué puedo decirte? Yo creo que mucha gente ha quedado alienada, de todo lo que ha pasado con los etéreos.

-No -negué-, no los disculpo, porque hay que separar las cosas.

 

Iba a ir a ver a los hermanos Justo y Máximo, a comentarles. Obviamente ellos estaban enterados seguramente antes que yo. Esta bendita sociedad decía que lo de los etéreos eran una invención y que las redes satelitales que se habían montado para proteger al planeta eran manejadas por un poder oculto, y que manejaba la mente de las personas. Había jefes de redacción, incluso en la holovisión, comentaban de esa posibilidad. Me ponía mal. ¿Cómo pueden ser tan ciegos en su comprensión?

 

Cuando toco el pulsador, inmediatamente me abrieron la puerta y llegué al laboratorio. Me encontré con Justo.

-¿Qué opinas de las noticias?

-Lo mismo que tú, una incoherencia total.

Entró Máximo.

-¿Cómo estás, estás mejor?

-Sí, me encuentro mejor. ¿Qué opinas de las noticias?

-Una incoherencia total. Lo que más me extraña -dijo Máximo-, es que hay holoperiódicos donde los mismos jefes de redacción, gente con experiencia, apoya esa hipótesis. Lo que no se preguntan, apreciada Estefanía, es, ¿cuánto hace que se puso en órbita el primer satélite?

-Según mi historia ciento trece años.

-Bien, ciento trece años un satélite. ¿Cuánto hace que se envió un satélite tripulado?

-Un siglo.

-Bien. Ahora supongamos que tuviéramos la tecnología para poner en órbita satélites con redes, ¿cuánto hace que hay redes de satélites para holovisión, para holomóviles?

-Se calcula setenta años, y no eran como las redes actuales.

-Bien. Ahora dime, Estefanía, ¿cuánto hace que la humanidad es presa de los etéreos?

-Desde los comienzos de la historia, Máximo.

-Entonces, ¿cómo pueden pensar que hay un poder oculto, un poder mundial que quiera manipular al mundo, que quiera manipular las noticias? ¿Sabes cómo les llamo a esa gente?

-No -respondí.

-Conspiranoicos. Es una conspiración de paranoicos, porque no razonan, no entienden. Sabemos que los etéreos han atacado a la humanidad desde sus comienzos. Desde antes de que el ser humano supiera la escritura había ataques infundados, suicidios que no tenían sentido, ataques a sus propios clanes en épocas prehistóricas, ¿cómo pueden decir que los responsables son un poder mundial que manipula los satélites?

Lo miré a Máximo y le digo:

-Dímelo tú, con tu experiencia.

-Lo que te puedo decir es que hay personas que creen en determinada cosa y por más que tú le muestres que no es así te lo van a negar. Incluso muchos de ellos comentan que los supuestos ataques de los etéreos en la historia antigua no está comprobado, simplemente que la civilización era más salvaje. Pero hablemos de hace dos siglos, tres siglos. Ya existían los aviones, los coches avanzados, gente culta y sin embargo había ola de suicidios, ola de asesinatos.

-He leído la historia -le dije a Máximo-, y los negacionistas se lo atribuyen a crisis mentales y que los etéreos no existen. Lo irónico -Lo miré a Justo también-, es que pensé que con los anticascos, al poner la rede satelital terminaba el problema, y ahora, como dices tú, Máximo, los conspiranoicos dicen que hay un poder mundial secreto que manipula regiones, gobiernos de regiones y que la misma red internacional de seguridad está manipulada por el control de esta gente. ¡Je! ¿Sabéis cuál es la ironía de todo esto? Nosotros catalogábamos al doctor Breinstein de querer apoderarse del mundo, ¿cuántos seres humanos tienen una atrofia mental mayor a la de Breinstein? A él lo impulsaba el saborear el poder. Los demás, a que les lavan la mente por un poder oculto. El problema es que esas manifestaciones de gente que verdaderamente cree que la red satelital es la que los manipula, hace que se enfrenten amigos, amigos que se criaron juntos, familias enteras, compañeros de trabajo, los que están en pro y los que están en contra. Pero hay una diferencia -explicó Máximo-, en este momento no hay ola de suicidios, no hay ola de asesinatos, no tienen de donde asirse para sostener esa hipótesis. Si me dijeran "Bueno, la gente sigue alienada y corre por las calles, un carro los atropella o van con su móvil volador y se estrellan contra un edificio, como hacían antes cuando los etéreos los manipulaban...". Ahora no pasa eso.

Justo comentó:

-¿Sabéis cuál es el tema? Que si intervenimos en la redacción de los holoperiódicos o en la holotelevisón van a decir que esto es una tiranía.

-¿Y entonces qué se hace? -pregunté-. Por lo menos hay una a favor: perfeccioné de tal manera mi herramienta de holofrecuencia, que tengo cerca de cien modelos de ultrafrecuencia, y descifran cualquier tipo de código para que el día de mañana otro demente no ponga ningún arma en órbita. Y con respecto a esta gente antisatelital entiendo que cuando vean que no hay una anormalidad, las cosas tenderán a calmarse. Eso no quita que se reprima a quien amenace instituciones, universidades, porque para esta gente todo, televisión, periódicos, universidades, institutos todo está manejado por ese poder mundial, un poder mundial que nunca existió.

Máximo me miró y me dijo:

-No es la primera vez que te lo digo, tienes poca edad pero eres tan madura en tu forma de pensar que de verdad siento admiración por ti.

 

Justo se retiró y me quedé a solas con Máximo, y quizá no era el momento pero cometí el error de coquetearlo.

-¿Y qué más ves en mí? -Máximo sonrió.

-Veo una excelente persona.

-Está bien, pero aparte de persona soy mujer. ¿Qué otros atributos me ves?

-¿Quieres que te diga que eres hermosa? Lo eres. ¿Quieres que te diga que me agradas? Sí, me agradas. ¿Quieres que te diga que cuando me miras siento como que me hundo dentro de tus ojos? Sí, lo admito.

Comenté:

-Entiendo que hay un pero.

-Lo hay. Sí que lo hay. Tú tienes un futuro por delante, yo creo que ya pasé la mitad de mi vida.

-Espera, espera, Máximo -comenté-, la expectativa de vida en este siglo es muy superior a la de hace tres siglos atrás.

-Aun así, aun así, Estefanía, tengo apenas un poquito más del doble de tu edad y tú te mereces tener un futuro con alguien. Yo no me imagino teniendo hijos a esta edad.

-¿Por qué no? -pregunté.

-Porque sería egoísta, sería egoísta. No es lo mismo tener un hijo al que el padre le lleve veinticinco años a que el padre le lleve cincuenta. ¿Cuánto tiempo lo va a disfrutar a ese padre?, ¿cuánto tiempo va a disfrutar la pareja a ese esposo?

-No, no comparto tu punto de vista. Alguna vez te escuché decir: "Hay que disfrutar el momento". -Máximo me miró.

-Sí que lo he dicho, sí que lo he dicho, es uno de mis lemas: "Disfrutar el momento, disfrutar el ahora". Y es cierto, uno no sabe qué le depara el futuro, pero trato de ser racional.

Lo miré y le dije:

-¿Y por qué no vivimos el mientras tanto y después se verá?

-Es que tengo miedo.

-¿Tú, Máximo, teniendo miedo? ¿La persona que ha salvado a Términus?

-¡Je, je! ¿Sabes qué pasa?, tú eres como un remolino, yo soy muy buen nadador, me zambullo en ese remolino y tú me tragas.

-Explícate, porque no lo entiendo -pedí.

-Trato de hablarlo de manera difícil justamente para no ser entendido.

-No no no no, no esquives la respuesta, explícate -pedí.

-Quiero decir que si iniciamos una relación, mi sentimiento va a ser tan fuerte que me olvidaré de todo, de la diferencia de edad, de todo.

-¿Entonces? -pregunté.

-Me dedicaré a disfrutar ese amor.

-¿Entonces? -repetí.

-Y entonces mi mente analítica la dejaré de lado.

-No, no. Sé que el amor es emocional pero no es egoico, no tienes porque dejar tu análisis de lado. Creo que eso es una excusa. No te imaginaba cobarde. Espero no haberte ofendido.

-¡Je, je! No, no, no, claro que no, al contrario, me haces reír. Y quizá sí, quizá tenga cierta timidez.

-¿De?

-De dar el paso. -Lo miré y sonreí.

-¡Vaya las facetas que tienes! Mira las facetas que vengo a descubrir de ti, el héroe no se atreve.

-No es que no me atrevo. No, no es que no me atrevo, me cuesta hilvanar el pensamiento para traducirlo a palabras.

-Yo pienso que lo que te cuesta es jugarte.

Me miró:

-Tradúceme jugarte, Estefanía.

-Arriesgarte.

-¿Te das cuenta?, tú misma lo dices. ¿Desde cuándo el amor es riesgo?

-Espera, espera, espera, no des vuelta a las cosas, yo dije arriesgarte por ti, no por mí. Para ti será un riesgo, no para mí. No acomodes las cosas. Creo que eres muy pillo.

-¡Je, je, je! Me dices cobarde, ahora me dices pillo. ¡Je! ¡Vaya con Estefanía, vaya que audaz que eres!

-Lo reconozco, en algunas cosas soy más audaz que tú. No quiero recordarte cosas negativas, ¿pero te acuerdas cuando has apretado el botón, ese botón que salvó millones de personas? Tuviste coraje, y ahora no tienes coraje para apretar el otro botón, el de tu corazón. Piénsalo, ¡ja, ja, ja! Piénsalo.