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Psicoauditación - DSG

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 13/12/2018

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Sesión 01/02/2019

Sesión 13/06/2019

Sesión 14/07/2019

Sesión 16/07/2019

Sesión 19/08/2019

 


Sesión 13/12/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Recogió una mujer inconsciente en el camino, había sido abusada por varios guerreros de la gran batalla en Villarreal. Le reconfortó y aumentó su autoestima. Tenía esperanzas.

 

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Entidad: De alguna manera todo había terminado bastante bien. Émeris acompañó a Núria y volverían a Villarreal. Ligor, con el juicio nublado había ido en busca de Andahazi y Randora. Aranet volvía a su isla. Yo había atravesado el desierto con mi hoyuman y marchaba solo para el castillo de Anán.

 

Dejé que el resto de los soldados se adelantaran, quería estar solo, pensar, no me sentía satisfecho. Por un lado me cuestionaba de no haber participado de la batalla, pero bueno, dos veces salvé a la joven Mina del secuestro y luego pude acabar con esa bestia llamada Kazán. Mina se quedó con Rébel cuidándolo hasta que recupere sus heridas, y las jóvenes se marcharon en rumbo desconocido.

Antes de irse recuerdo que Axara me dijo, y no me conocía, pero me dijo:

-Tú mismo a veces no te das cuenta de lo importante que eres. -La miré frunciendo el ceño más que nada extrañado, ¿no?, porque no me conocía de nada, salvo que fuera una gran intuitiva.

 

Estaba como molesto, como enojado. A ver, enojado con la vida, insatisfecho. Sé que Aranet tenía un gran aprecio por mí, estoy convencido, pero el otro tipo de amor, el amor de una mujer es como que al no tenerlo quizás eso es lo que me dejaba vacío. En algún momento Fondalar me dijo:

-Si necesitas de otra persona para sentirte pleno, algo no está bien en ti.

Le pregunté: -¿Por qué?

-Porque primero debes sentirte pleno contigo mismo, con tu propio ser, si no tu plenitud depende de otra persona.

-¿Cómo, no entiendo?

-Claro, es como que estarías dependiente, casi esclavo del afecto de un tercero para sentirte bien tú y no es así, uno debe sentirse pleno para compartir su plenitud con la otra persona. Tampoco al revés, que la otra persona se sienta vacía y "te use" a ti para sentirse plena ella, no, no, no. En una pareja ambos tienen que estar plenos y compartir esa plenitud, pero no depender del otro para sentirse pleno uno.

 

Entonces sí, incorporé ese conocimiento a través de una explicación amplia. ¡Je, je!, pero mi parte analítica lo entendía, mi parte reactiva no. Sentirme pleno conmigo mismo... Pero honestamente no, no, no podía, no podía, lo pensaba, lo volvía a pensar, lo repensaba. En ese momento mi hoyuman se encabritó, había una persona tirada en el camino. Frené mi equino y até las riendas a una rama y me acerqué, era una joven bellísima pero se le veía muy muy maltrecha, con las ropas desgarradas, la cara marcada e incluso el vestido desgarrado y una herida que sangraba en el hombro.

-¿Qué te ha sucedido? -Lloraba, no me contestaba-. ¿Entiendes lo qué te digo? -Sí, asentía con la cabeza pero no hablaba. Me fijé en mis alforjas, tenía algunas vendas y por gracia de aquel que está más allá de las estrellas Fondalar me había dejado un poco de polvo curativo, el mismo que había usado con Rébel y se lo puse en el hombro a la joven. Me miró y rompió más en llanto. -¿Por qué lloras?, te estoy ayudando. -Y balbuceó:

-Porque... porque nunca nadie me ayudó.

-¿Qué te ha pasado?

-Unos guerreros me han ultrajado, me golpearon, uno de ellos me clavó un puñal aquí en esta herida que tú me estás curando.

-Me imagino, pero les ganamos.

-¿A quién?

-A los guerreros de Andahazi.

-No.

-¿No, cómo no?

-No fueron los guerreros esos, fueron de la resistencia, esa gente que estaba con un tal Aranet.

-¿Qué dices? -Me puse pálido- ¿Cómo?, ¿en qué momento?

-Estaban yendo para la fortaleza y me vieron. Traté de escapar, uno de ellos me tiró un lazo y me cogió del cuello con el lazo y me tiró de mi cabalgadura, y el que los mandaba, ese tal Aranet, fue el primero que...

-¡Cuenta, mujer!

-Fue el primero que me ultrajó.

-¡Pero Aranet!... Está bien, tenía una pareja que lo dejó, pero lo conozco bien...

-¡Je!, eso crees tú, eso crees tú. Tres bárbaros que estaban con él también me poseyeron. Cuatro personas me ultrajaron.

-Pero tengo entendido que había mujeres en el grupo.

-Sí y se reían y siguieron marcha mientras ellos saciaban sus instintos bestiales. Cuando el que los mandaba, ese tal Aranet, marchó, uno de los bárbaros me clavó un puñal en el hombro, me golpearon hasta darme por muerta. No perdí el conocimiento pero fingí que... fingí que no tenía vida y me dejaron. -Estaba pálido, desconcertado.

-No te ofendas joven, no te ofendas, ¿pero estás segura que era Aranet?

-Yo no lo conozco -me dijo la joven-, pero otro de los bárbaros lo nombró.

-¿Has comido algo?

-No, hace dos amaneceres que no pruebo bocado.

-Tengo algo en mis alforjas y tengo agua en la cantimplora, tengo algunas ropas en mi otra alforja pero te van a ir grandes, me alejo si quieres cambiarte.

-Apenas puedo moverme.

-¿Ese es tu hoyuman? -pregunté.

-Sí.

-¿Tienes algo para cambiarte?

-No, honestamente no.

-¿Quieres que me fije en tus alforjas?

-No, no, está bien. -Me quedé con ella. Se lanzó a llover y la levanté como pude y nos refugiamos debajo de unos árboles. Bebió y comió, yo comí un poco para no debilitarme.

 

Al atardecer.

-¿Estás en condiciones de montar? -pregunté. Asintió con la cabeza. Le miré bien el rostro, bellísima, un cabello claro casi pelirrojo. La ayudé a montar.

-¡Ah! -Se quejó de la herida del hombro.

-¿Quieres que vayamos al poblado más cercano?

-¿Tú dónde ibas?, no quiero interrumpirte.

-No, no hay problema -le comenté-, hay una posada donde podemos alojarnos. -Me miró y detuvo su equino-. No -le dije-, no, no es lo que piensas, no somos todos iguales. Te alquilo una habitación para ti y otra para mí. No pienses mal, no pienses mal, he tenido fracasos afectivos pero me considero una persona de bien. Mi nombre es Donk. ¿Tú cómo te llamas?

-Eudora -me dijo la joven-. No tengo familia, mataron a mis padres, no tengo ningún pariente.

-Al costado de tu equino veo que tienes una espada.

-Sí, pero ¿cómo iba a intentar defenderme contra esos bárbaros? ¡Ay! Donk, quisiera morirme.

-No, Eudora, no pienses eso.

 

Y fuimos al paso. A Eudora le dolía todo el cuerpo de los golpes, de la herida. Llegamos casi al anochecer a un poblado, cenamos un abundante guisado, la joven comía con desesperación, pobre mujer. Me quedé pensando en lo de Aranet, quizá, tal vez el hecho de... de que Mina lo haya dejado lo volvió reactivo y... Pero no, no me entraba en la cabeza que pudiera atacar a una mujer. Pero la tenía allí al lado mío consumida, destruida, pálida. Cuando iba a pagar las habitaciones me dijo:

-No hace falta Donk que gastes, alquila una sola, confío en tu persona.

-Gracias -le dije-, no te defraudaré.

Terminamos de comer. Subimos al piso alto, había dos catres.

-Puedes cambiarte, no te miraré, apaga la vela si quieres.

 

Dormimos. Por la mañana la encontré más animada. Desayunamos. Me tomó la mano y me dijo:

-Eres un buen hombre. -Me encogí de hombros.

-Estoy un poco decepcionado de la vida, nunca encontré el amor.

-¿Cómo puede ser? -me dijo Eudora-, eres apuesto, te veo atractivo.

Sonreí, pero con pudor le dije:

-¡Por favor! No me mientas. -Me tomó las dos manos con sus manos mirándome a los ojos.

-No te miento, eres atractivo. Ojalá todos los hombres fueran como tú, tan dadivosos, tan amables. Daría cualquier cosa por encontrar un hombre así.

 

Y yo entre mí pensaba "Y yo daría cualquier cosa por encontrar una joven tan bella como ella". Paseamos un rato por el poblado, los hoyumans en el establo, dejé un par de metales para que los cuiden. Noté que ella tenía sus alforjas consigo.

-¿Por qué no las dejaste en el establo?

-Tengo cosas personales que valen más que cualquier metal, dibujos de cuando era pequeña, y para mí tienen un valor único.

-Está bien -le dije. Almorzamos al mediodía y vi que estaba cabeceando-. ¿Qué te pasa?

-Me siento mareada, ¿no te molesta si voy a la habitación a recostarme otro rato?

-No, cómo me va a molestar. -Subimos juntos, me tomó de la mano y me empujó hacia ella, me tomó del cuello y me dio un beso largo, largo, largo. En ese momento sentí la necesidad de estar con ella pero retrocedí y me senté en mi catre.

-¿Por qué te alejas? -me preguntó Eudora.

-¿Cómo no me voy a alejar? Te encontré en el camino y de repente cómo voy a acercarme a ti, te han ultrajado, no quiero que me tomes por uno más.

-Pero en este caso es distinto, Donk, es mí decisión, encuentro a una persona que me auxilia, que me ayuda, me has encontrado indefensa casi muerta en el camino y...

-Tampoco quiero que estés conmigo por agradecimiento, no, no me serviría -le confesé.

-Pero eres atractivo, me atraes.

-Pero no estás bien.

-No prejuzgues. -Me tiró de los brazos y me acercó de nuevo a ella. Me recosté a su lado y empezó a besarme y me trastorné, sentía como que estaba en otro mundo. Tomó uno de los hilos de mi chaleco y me lo fue desprendiendo y se desprendió de su ropa.

-¿Estás segura? -le pregunté.

-Claro que estoy segura.

 

Nuestros cuerpos quedaron desnudos e intimamos. Me sentí distinto, nuevo, tenía a mi lado a una mujer que para mí era la más bella y por primera vez alguien me veía importante. Entiendo lo que dijo Fondalar "Tú te tienes que sentir importante, no debes depender del otro". Que Fondalar dijese lo que dijese, en ese momento sólo pensaba en Eudora, la mujer más bella. Nos quedamos toda la tarde hasta el anochecer besándonos, queriéndonos. Eudora era mi esperanza.

 

 


Sesión 17/01/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Se sentía bien con ella pero más tarde descubrió que le había tendido un engaño. Se encontraba inestable y solo, de nuevo.

 

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Entidad: Me sentía pleno, exultante. No podría decir mejor que nunca, pero recuerdo cuando en aquel valle me curaron de mis quemaduras, es como que hubiera nacido de nuevo, me miraba en el arroyo y tenía de vuelta la cara limpia, fresca gracias a esas hierbas mágicas que me habían sanado mis quemaduras. Y había adoptado por un tiempo la identidad de Novo, ya no era más Donk.

Hoy con Eudora me sentía de la misma manera, como que hubiera renacido, como que fuera una persona nueva. Había encontrado alguien que sentía algo por mí, alguien a quien yo le era importante, alguien a quien yo le significaba algo. Lastimada y todo como estaba, apenas recuperada se había acercado a mí, me había hecho el amor, me había colmado de besos.

 

Tenía hambre, me sentía bien.

-¿Eudora, bajamos a desayunar a la posada?

-Ahora bajo, mi amor -me dijo Eudora-. Me voy a higienizar en el fontón de madera, y me cambio y bajo.

-Sí, mi amor. -La cogí del rostro y le di un beso apasionado, que fue correspondido ampliamente. Me miró sonrió. Me di media vuelta y me marché para abajo.

 

Me pedí una enorme hogaza de pan, una leche de ovino y saboreé el desayuno, me devoré el pan. Me sentía como nuevo, pero luchaba conmigo mismo porque -yo no creo en la suerte, no, no, no creo en la suerte- de repente me encuentro con una persona y al día siguiente es el gran amor.

Tomé un trago más de leche y por apurarme, por apurarme tosí y me clamé. No, no puede ser, no creo en las casualidades, creo en las causalidades. ¿Se apiadó de mí aquel que está más allá de las estrellas? De ser una persona solitaria rechazado por su expareja, con complejos de no poder lograr cosas... Hasta había perdido confianza en el manejo de la espada habiendo sido Novo, el justiciero. Pero ahora con Eudora era distinto, no sé qué pasaría, ignoro cómo era su vida antes de que la atacaran, quizá quiera seguir siendo independiente y no estar conmigo, quizá fue un momento de agradecimiento al haberla recogido en el camino herida, lastimada, golpeada, ultrajada, y esas caricias íntimas fueron un agradecimiento. Eso me hacía sentir mal. Y otra vez y otra vez y otra vez y me molestaba conmigo. ¿Por qué no aceptar que me querían de verdad?, ¿por qué dudar? Y si era agradecimiento solamente, ¿no la pasé bien?, ¿no tuve en mis brazos a la mujer más bella de Umbro?

 

Pero no me bastaba, no, no me bastaba. No sé, algo no cerraba en todo esto.

-¿Qué te pasa que tienes ese rostro? -Me sobresalté. Miré hacia arriba y estaba ella de pie mirándome con unos ojos indescifrables, una mirada que te perforaba. Se sentó y sonrió. Al sonreír su semblante cambió. Sí, cambió.

-Te cuento qué pensaba... Qué será de ti, ya estás casi restablecida. No sé cómo era tu vida...

Me contestó:

-Donk, mi vida era una vida buena, tranquila. Tuve pérdidas, muchas pérdidas, familia, amigos, pero esto colmó todo que me hayan ultrajado, que los bárbaros les caía la saliva hacia mi rostro, y su jefe, Aranet, se reía, él había sido el primero en poseerme.

-Eudora, lo conozco a Aranet, es una persona noble.

-¿Qué tan bien lo conoces?

-Bueno, he estado muchas veces a su lado.

-Pero ¿qué tan bien lo conoces?

-Se que tuvo fracasos; tuvo una pareja que lo dejó, se quiso vengar y una guerrera del norte lo hirió y casi lo mata. ¿En qué piensas?

-En lo que me cuentas. ¿Así que casi lo mata? ¡Hubiera muerto!, no me hubieran ultrajado. Y no me mires así, Donk, ponte en mi lugar, ponte en mi lugar.

 

En ese momento entró en la posada una joven distinta a Eudora, pero igual de bella, con unos ojos que te causaban escalofríos. Mi instinto es como que me hacía sentir como un rechazo. Randora me miró -luego digo por qué dije su nombre-, y la miró a la recién llegada.

-¡Stega, tanto tiempo!

-Querida Eudora... -Y se abrazaron. Me presentó.

-Este es Donk. -Me dio un beso en la mejilla y sentí como un olor a flores.

-Siéntate con nosotros. ¿No hay problema, Donk?

-No, no hay problema.

Eudora dijo:

-Nosotras éramos muy amigas, muy, muy amigas. Ella también pasó por... ¿Me permites contarle, Stega?

-Cuéntale.

-A ella le pasó mucho tiempo atrás algo muy parecido a lo que me pasó a mí ahora.

-¿Qué te pasó? -preguntó Stega.

-Me ultrajaron unos hombres de la resistencia, y este querido, hermoso ser me rescató. Yo ya me daba por muerta, desangrada, me habían clavado un puñal y fingí estar muerta para que me dejen. Cuatro me ultrajaron, el jefe y tres bárbaros más.

-¡Pobre, mi amiga! Pero estábamos hablando con Donk...

-Quiero desquitarme, quiero encontrarlo.

-Te ayudaré, mi amiga -dijo Stega-. A mí de pequeña me han ultrajado varias veces. Sola, sin familia me adoptó una comunidad que era un patriarcado y los hombres tenían a sus mujeres, ¡a todas!, a su disposición aunque fueran criaturas, no importaba, las poseían igual. He pasado por algo inenarrable, no quiero contar mi vida para no causarle impresión a este joven que te ha socorrido.

-¿Puedo contarle algo nuestro? -Eudora le dijo a Stega. Stega se encogió de hombros. Me miraron-. Ambas tuvimos desencanto con los hombres, nunca tuve quien me amara -dijo Eudora-, hasta que te conocí a ti, y seguramente lo que voy a decirte te va a alejar de mí.

-No -negué yo.

-Déjame terminar porque no sabes lo que te voy a contar. Mucho tiempo atrás, cuando éramos más jóvenes, Stega y yo fuimos más que amigas porque no queríamos estar con varones, por brutos, por bestias.

-O sea, que vosotras...

-Sí, pero ahora te... te he conocido a ti y no quiero dejarte. -Me acarició el rostro. Stega se puso mal. La miré y le dije:

-¿Estás triste porque ella me quiere?

-No, soy feliz de que ella haya encontrado un varón que la quiera, estoy triste porque yo necesito un varón que me quiera también. -Eudora la tomó de la mano a Stega y le dijo:

-Yo no tengo problemas que Donk te quiera. -Me eché para atrás en mi asiento.

-¡Cómo! No, no, no entiendo...

-Donk...

-Sé que eres una persona solitaria, pero el amor no se comparte, Eudora. -Me miraron ambas a los ojos. Comieron algo rápido.

-En mis alforjas tengo ropa para cambiarme. Puedo cambiarme... -No la dejó terminar Eudora.

-Arriba tenemos una habitación. -Subimos los tres.

-Yo espero abajo.

-No, quédate -dijo Eudora.

-Pero...

-Quédate. -Stega se sacó la ropa polvorienta y no tenía ademán de vestirse con otra ropa. Eudora me tomó de la mano-. Ven con nosotras.

-No... Nunca tuve esa experiencia tan rara.

-¿Por qué rara?, es amor.

 

Me fue desabrochando los hilos de mi chaqueta y me desnudó. Se sacó la ropa Eudora y los tres nos acostamos en el catre. Si a la noche había tenido una experiencia maravillosa, esta experiencia de la mañana era... ¡ah!, distinta, extraña; ambas besándome...

En un momento de pasión Stega me mordió levemente el cuello, sentí como un cosquilleo agradable y la besé, y la besé mientras Randora me besaba a mí. -Y por segunda vez explico por qué digo ese nombre-. Quedé extenuado pero con mi mente un poco perturbada, me ardía donde me había mordido Stega.

-Tengo sed -dijo Eudora-, voy a bajar. Os espero abajo. -Y aquí viene la explicación: Stega quedó conmigo y me dijo:

-Eres una buena persona. Si no te molesta podremos estar los tres juntos, tú, Randora y yo. -Asentí.

 

Y comenzamos a vestirnos. Yo de espaldas a Stega, de esa manera no miraba mi rostro. Randora era la mujer que se había aliado con Andahazi, Stega inconscientemente se había descubierto. Entonces si se había aliado con Andahazi y era enemiga de la resistencia no existió lo del ultraje, lo de la violación; quizá la propia Stega le causó esa herida para hacerme entrar en un engaño. Por un lado me sentía más tranquilo, había empezado a dudar sobre la honestidad de Aranet y me sentía enojado conmigo mismo. Pero mi rostro no podía disimular todo esto y cuando levanto la vista Stega estaba a mi lado.

-¿Qué?

-Donk, me di cuenta que me equivoqué.

-¿En qué?

-Había quedado con Randora en llamarle... en llamarle Eudora y no me di cuenta que pronuncié su nombre verdadero, y sé que tú no eres tonto. -Me tocó el cuello y me salía sangre.

-Estoy un poco atontado. Tú eres una vampir -asintió con la cabeza.

-Hacía mucho tiempo que un hombre no me conformaba tanto, pero estás con Randora.

-Estáis aliadas.

-No quiero que mueras.

-¿Quién me va a matar? Tengo mi espada.

-Estás un poco atontado, parte de mi saliva puede ya estar en tu sangre y te atonta, pero me caes bien.

-Guardemos el secreto, no diré nada.

-No, eres inteligente pero no sabes fingir, Randora se dará cuenta que sabes algo. Hay otra escalera que va para la parte de atrás de la posada, estás un poco inestable, te acompañaré hasta el establo y te dejaré marchar.

-¿Por qué haces esto?

-Te dije, me he sentido muy bien.

-¿Y la traicionas a tu amiga de tanto tiempo?

-No es mi amiga de tanto tiempo, nos conocimos hace un par de amaneceres, ¡je!, fue todo preparado.

 

Bajamos por la parte de atrás, fuimos a los establos, monté mi hoyuman y cuando estoy a punto de salir estaba ella, la diabólica belleza.

De arriba de mi montura le digo:

-Sé quién eres.

-Me imaginé -dijo Randora-, supuse que la tonta de Stega se equivocaría de nombre.

-No importa, no podrás detenerme.

-Sí que podré. -Tenía un puñal en la mano-. ¿Ves este puñal?, lo puedo lanzar a treinta líneas de distancia. Apenas te muevas te lo clavo en el pecho.

-Eres perversa. Eres perversa, como había dicho Aranet -le respondí. Bajé del hoyuman-. Lánzame el puñal, yo no le escapo a la muerte, no soy cobarde-. En ese momento Stega se puso delante mío.

-Déjalo ir, Randora.

 

Randora ya había lanzado el puñal que se clavó sobre el pecho de la vampir. Monté de nuevo rápidamente, espoleé y salí a todo galope sin mirar para atrás. Stega había dado su vida por mí. Tendría que ir a buscar a Aranet, pero ¿por qué no enfrentarla ahora? Me sentía obnubilado, la saliva de la mordida de Stega me hacía lento de reacciones y no podía arriesgarme. Seguí galopando, me mantenía como podía arriba del hoyuman, tomaba por un camino, luego por otro, luego por otro para evitar que Randora me encontrara. Había tenido una experiencia maravillosa basada en un engaño, y a la que verdaderamente le había interesado, a Stega, estaba muerta. ¡Je, je!, parece que mi destino era ese, el seguir solo.

 

 

 


Sesión 01/02/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

De camino hacia el castillo repasaba los días anteriores, en que había pasado malos momentos. Al llegar encontró que todavía no estaban del todo bien.

 

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Entidad: Había aminorado la marcha, iba al paso, no quería agotar a mi hoyuman. Por dentro todavía me sentía agitado, me sentía molesto. En realidad tenía sentimientos encontrados, Eudora había resultado ser la cruel Randora. ¡Cómo me conocía! ¡Cómo logró hacerme caer en la trampa!, estar tirada en el camino y mentirme de que había sido atacada, ultrajada. Y todo había sido en combinación con la vampir Stega, que luego... No, no le encuentro explicación a su manera de actuar, terminó salvándome la vida y pude escapar.

 

Quedaba menos de mediodía de marcha para llegar al castillo del rey Anán, quería contar todo lo que había vivido. Por otro lado me sentía como... extraño sería poco. No, no sé cómo explicarlo. Estuve al borde de la muerte sin embargo me recordaba de que tuve a ambas en mi lecho, ¿tampoco les interesaba su intimidad que se entregaban con tal de obtener un resultado?, vaya, vaya. ¿Si me sentía eufórico por haber intimado con dos bellezas distintas? Es absurdo ¿no?, sentir euforia y a su vez estar aterrado de saber que si no fuera por Stega ahora estaría muerto. Y no sé qué pasaba en mí que tenía la ansiedad de contar todo lo que me había pasado. ¿Qué es eso, un rol protagónico?

 

Había pasado por tantas cosas: el rescate de Mina, luego el acabar con ese monstruo... no sé de qué otra manera llamarlo, el ver actuar a Fondalar proyectando miedo con su mente en la mente de los demás. ¡Vaya, vaya! ¡Que había sido una larga jornada compuesta de tantos amaneceres! A veces la aventura no está solamente en una batalla, puedo sacar tantas anécdotas de lo que he vivido desde que Aranet me dijo de hacerme el ingenuo y acompañar a uno de los secuaces de quien tenía secuestrada a Mina Valey.

 

Por fin divisé el castillo. La zona estaba alborotada, varios soldados me cerraron el paso pero allí estaba el príncipe Gualterio que les ordenó que me dejaran pasar. Me alarmé al ver su cara, sus ojos llorosos, su semblante. Inspiraba una pena tremenda. Desmonté rápidamente.

-¿Qué ha pasado?

-Es Marya, la atacaron. -Lo acompañé dentro de la fortaleza. Estaba Anán, iba y venía, iba y venía por el salón del trono. Me vio y me abrazó y lloró sobre mi hombro.

-¿Qué pasó con la dama Marya?

-Está muy mal herida y embarazada. -Pegué un respingo.

-¿Perdió la criatura?

-No -negó Anán-, pero si muere, mueren ambos. -Lo llamé a Gualterio y le dije-:

En una de mis alforjas, búscalas por favor, tengo un poco de polvo sanador de hongos que me dio Fondalar, con eso le salvó la vida a Rébel. Desconozco la gravedad de las heridas de la dama Marya pero comprobar con el polvo, la situación no se va a agravar, os lo juro.

 

El príncipe fue corriendo, trajo las alforjas de mi hoyuman, saqué un paquete con el polvo de hongos y una de las damas de compañía junto con el rey Anán le aplicaron a la dama Marya en la herida. El rostro de Marya estaba pálido, había perdido muchísima sangre, su respiración era lenta pero a la vez agitada, tosía, y desvanecida como estaba igual su rostro se retorcía de dolor.

Obviamente no conté nada de lo que me pasó, lo mío era secundario ahora. El rey Anán estaba como disperso en sus pensamientos, casi no hablaba, el príncipe Gualterio por el contrario hablaba y hablaba y hablaba.

Fuimos a la cocina grande y le pedí una bebida fuerte, él también se sirvió.

-Cuéntame por favor -le pedí.

-Estábamos distraídos y nos atacaron, era una guarnición pequeña.

-¿Pero tú piensas que venían del lado de Andahazi?

-No, Donk, no, lamentablemente fue un grupo de leales a mi madre.

-¡Tu madre! ¡Planificó el ataque de la nueva novia de tu padre!

-Ya estaba organizada la boda pero espero que solamente sea una postergación.

-Y lo será, verás que el polvo de hongos la sanará.

-Donk, ha perdido muchísima sangre. Aparte no me extraña lo de mi madre porque en combinación con una supuesta cocinera le dio a padre hongos alucinógenos y llegó a desvariar.

-Por eso la conducta de tu padre diciendo que era inútil la batalla y que no era necesario mandar soldados de su parte y que Aranet igual se llevó bastantes.

-Así es Donk. Y lo peor es que sin querer yo también comí de eso, me afectó de distinta manera.

-¿Cómo?

-Perdí la memoria. No sabía quién era, aparecí en otro pueblo y conocí a una bella joven. Y la iba a ir a buscar cuando sucedió esto.

-Disculpa que te pregunte, pero ¿tu madre estaba encerrada?

-Así es, así es Donk, y no perdí tiempo, estaba tan enfurecido que fuimos con unos soldados y el castigo hubiera sido muy severo pero...

-¿Pero qué? -pregunté.

-La encontramos ahorcada colgando de una cuerda.

-Vaya. Lo lamento, Gualterio.

-No, no, no, yo no lo lamento, yo creo que hay un mal entendido en el significado de las palabras madre, padre. Ser madre, te embarazas y tienes un hijo, ser padre pones una semilla y embarazas a alguien. Pero va mucho más allá, tiene que ver con el amor, con la crianza, con la lealtad, con la forma de educarte, con muchas cosas. Y a mí, quien fuera mi madre no me demostró nada de eso.

-¿Sientes odio?

-No, quizá me hubiera hecho bien sentir odio.

-¿Entonces sientes dolor?

-No, Donk, ¡je, je, je! No. No por ella, siento dolor por mí porque no supe lo que era tener una madre, porque entiendo que mi padre por momentos se desvió del camino, perdió la confianza en sí mismo.

-Gualterio, eso me ha pasado a mí cien veces.

-Entiendo, Donk, pero mi padre no me defraudó conscientemente, pudo haberme defraudado inconscientemente, pero yo separo lo es a propósito de lo que es sin querer. Quizá la forma de pensar mía sea un poco egoísta pero mi madre al atacar a mi padre no pensó en mí, y es cierto que con lo que yo estoy diciendo no estoy pensando en mi padre si no estoy pensando en qué me hubiera pasado a mí, reconozco que estoy hablando de manera egoísta pero bueno es para que se entienda mi manera de ser y de pensar y de que... y de todo.

-Lo entiendo perfectamente príncipe, lo entiendo perfectamente. No sientes dolor porque tu madre se haya ahorcado, tampoco sientes odio por lo que hizo, sientes dolor porque lo que tendría que haber sido y no fue.

-Bien, Donk, esas son las palabras, me las has quitado de la boca. Siento dolor por lo que tendría que haber sido y no fue.

 

Obviamente me quedé allí. Esa noche hablamos de cosas banales. Anán prácticamente estaba recluido en la alcoba con la dama Marya, le iban poniendo pequeñas dosis de polvo, tenía más de una herida. Le dije que le preparen un batido con leche de cabra y le pongan polvo adentro. Y hablamos.

La segunda noche que estuvimos con Gualterio le contaba todo lo que me había pasado, le conté de los urgos, le conté cuando secuestraron a la pareja de Aranet, finalmente le conté de Randora y Stega. Y dentro del dolor que sentía el príncipe Gualterio lanzó una carcajada.

-¿Te ríes príncipe?, estuve al borde de la muerte.

-¡Ja, ja, ja! ¡Ay, Donk!, hay muchas maneras de morir. También te podían haber matado cuando estabas en el lecho con ellas, bien que en ese momento no te quejabas.

Por un momento me sentí molesto, el muchacho se estaba riendo de mí.

-¿Te estás burlando, príncipe?

-No, ¿tú piensas que yo me burlaría de ti?

-Y la verdad que sí.

-Bueno, entonces no te equivocas, ¡ja, ja, ja!

 

La dama Marya estaba mejorando, el rey estaba más distendido y mucho más distendido Gualterio. El cuarto amanecer me dijo:

-Vamos al patio de armas, a ver qué tan bueno eres con la espada.

-Discúlpame, mi príncipe, pero... discúlpame, mi príncipe, pero tú aún no estás maduro para cambiar golpes conmigo con la espada. -Me miró y sonrió irónicamente.

-Por las dudas no te descuides. ¿Buscamos espadas de madera?

-Donk, eso es para niños.

-Entonces le ponemos un tapón en la punta.

-No, es a primera sangre.

-Tu padre me va a colgar si te hiero.

-Diré que te obligué.

 

Fuimos a intercambiar, por supuesto traté de medirme. No quería lastimar al príncipe y no vi venir el golpe con tanta velocidad que apenas me hincó en un costado del cuerpo. Apenas, pero sangré.

-¿Ves?, ¿ves que nunca hay que confiarse?

-Pero yo me medía, yo me contenía para no herirte.

-No, no, no, quedamos en que era a primera sangre. Perdiste.

-Vaya con el muchacho. ¿Me darás revancha?

-Con el tiempo, ahora dejaremos que cure tu herida. Por las dudas, ¿te quedaron más polvos de hongos?

-Esos son para la dama Marya. Además, es un pinchacito. ¡Qué polvo! ¡No preciso nada!

-Bueno, Donk, vamos a comer algo, no quiero que te debilites por la pérdida de sangre.

-¡Pero Gualterio, si no estoy perdiendo sangre! -Y lo miré-. Te estás burlando otra vez.

-Donk, ¿tú piensas que yo puedo burlarme de ti? Sí, tienes razón puedo burlarme de ti.

 

Y me abrazó de vuelta. Era tan comprador, Gualterio, tan fácil de caer simpático... Lo adoptaría como si fuera un hermano menor. Y se lo dije.

-¿Tú serías mi hermano mayor?

-¿Por qué no?

-Porque puedes ser mi padre.

-¡Caramba, no soy tan grande! -protesté-. Ya sé, no digas nada, te estás burlando de vuelta.

-No, Donk esta vez no, esta vez lo dije en serio. -Y salió corriendo para la cocina.

 

Fui caminando despacio, el ejercicio me había abierto el apetito. Me toqué el costado y, ¡será posible!, me dolía, pero no iba a decir nada, no quería que el príncipe se siguiera burlando.

Por suerte la dama Marya se estaba recuperando y el embarazo seguía su curso.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 13/06/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Ni el mayor bien puede justificar el menor mal. A veces es difícil justificar acciones que a pesar de ser para bien de unos producen mal para otros. Y mal para uno mismo. Iban a una batalla.

 

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Entidad: Es verdad que cada uno mide sus problemas con una vara más pequeña haciendo que los problemas de los demás parezcan menores que las contingencias que uno está pasando, pero es cierto que a veces la realidad nos supera y a veces, aunque parezca una paradoja, una paradoja hipócrita, aún los problemas graves externos son momentáneamente -yo sé que está mal dicho pero no voy a callarme-, son momentáneamente bienvenidos para despejar la mente de las trabas internas.

 

Muchas veces me califiqué -sí, lo hice-, me prejuzgué a mí mismo, me condené por ser demasiado permisivo, por no atreverme muchas veces a decir que no, por dar otras oportunidades cuando no debía hacerlo porque aquellas personas que tienen un ego más grande que el tuyo tú les tiendes la mano para sacarlos de la ciénaga y en lugar de aferrarse para salir, te jalan hacia abajo para que tú también caigas a la ciénaga. Entonces, ¿dónde está la ayuda? Entonces te pones a pensar si las cosas que hiciste las hiciste por favor, por caridad, por compasión o verdaderamente por amor. ¿Difícil, no? Difícil.

 

Estábamos yendo de vuelta con un contingente de soldados del rey Anán. Al lado mío cabalgaban Fondalar de un lado y Aranet del otro para buscar en lo del herrero Raúl esas espadas hechas de una piedra que cayó del espacio y que mataba a los mal llamados "renacidos", esos hombres que habían bebido o ingerido una mezcla de hongos extraños, plantas sanadoras y otro líquido desconocido preparado por alguien llamado "el albino", y que a diferencia de lo que me pasó a mí, que bastante tiempo atrás en esa aldea lejana, en ese valle perdido ese ungüento de plantas me curó las quemaduras del rostro y de parte del cuerpo. En este caso esta mezcla los curaba muchísimo más rápidamente incluso de graves heridas, por eso la mayoría de las aldeas pensaban que estos saqueadores que ultrajaban, que raptaban y que mataban gente revivían una vez muertos. Y hoy eso no lo logra nadie salvo aquel que está más allá de las estrellas. Sucedía que estaban mal heridos y se sanaban "milagrosamente".

 

Pero -porque siempre hay un pero-, paradójicamente el metal que vino de aquel que está más allá de las estrellas tenía una composición tan rara que al entrar en contacto con la sangre de los "renacidos", la descomponía y estos morían por más plantas y hongos sanadores que hayan ingerido. Y no tenía sentido que hable de mis problemas, no en este momento, entonces escuchaba.

 

Íbamos al paso para no cansar los hoyumans. Bueno. Aranet decía:

-El hecho de que vayamos contigo, Fondalar, y que sepamos que pueden atacar, la aldea Armaria es la más segura que ataquen de acuerdo a como van desarrollándose lo acontecimientos. Con tu don podrás embrollar la mente de los llamados "renacidos" y podremos acabar con ellos fácilmente, ¿no es así?

 

Fondalar no respondía, estaba con una lucha interna. Era la primera vez que lo veía con una lucha interna. La primera vez que lo veía desconcentrado, como aturdido, como en un dilema.

Y pregunté: -¿Algo pasa por tu mente, Fondalar? -Me miró e hizo una mueca que semejaba una sonrisa, pero más bien era tristeza.

-En realidad ninguno de estos "renacidos" merece piedad porque tenemos el testimonio de varios aldeanos sobrevivientes en distintos poblados, esta gente ultraja mujeres y niños y niñas, mata a ancianos, incendia aldeas. -Aranet se mostraba como impaciente por no entender qué le pasaba a Fondalar.

-¿Entonces, cuál es el problema? -dijo este gigante rubio.

Fondalar respondió:

-Mi razonamiento es correcto; no merecen piedad, pero algo en mi interior es como que se reactiva, pero no en una función impulsiva sino en una función de piedad.

-Te contradices -exclamó Aranet casi tajante.

-Lo sé, lo sé -dijo el viejo mento-, lo sé. Pero fíjate de repente los domino mentalmente, los atemorizo, les hago ver visiones como hice con los urgos y quedan casi indefensos y entonces nuestros soldados los matan, los matan a todos sin arriesgar una sola vida. ¿Pero qué estoy haciendo, qué estoy provocando, una matanza en masa? ¿Qué estoy provocando?

-¿Y qué es peor -preguntó Aranet-, que no intervengas, qué nuestros soldados arriesguen la vida? Porque es cierto que ese metal del cielo los va a matar, pero ellos luchan bien y también tienen espadas, van a caer soldados nuestros que no se lo merecen porque muchos tienen familia, hijos y son gente buena.

-Lo entiendo perfectamente. A veces rememoro que soy otra persona -exclamó Fondalar.

-No entiendo -dijo Aranet.

-Claro, a veces sueño despierto, o a veces no, a veces estoy soñando realmente dormido y me veo en otro lugar con otra forma, con otro cuerpo, en otro lado.

-De verdad que no entiendo -insistió Aranet.

-Es como que... es como que cuando morimos volvemos a nacer aquí, en otra región o en otro mundo.

-Y eso no lo puedes recordar porque es algo que no pasó -insistió Aranet.

-No, claro que no pasó, pero quizá yo recuerdo lo que ya pasó otras vidas, donde pasé por cosas similares, donde tenía que elegir.

Hablé yo:

-Fondalar, siempre tenemos que optar por el bien mayor y a veces el bien mayor exige que haya pérdidas, y quienes tienen que perder son los malos, no los buenos, en el caso que podamos elegir, y tú puedes elegir.

-Lo entiendo Donk -me respondió-, pero va a quedar en mi conciencia la muerte de...

-¿De qué? -insistió Aranet-, ¿de inocentes? Pues no, no lo son. ¿De personas cabales, honestas? No, no lo son. No entiendo cuál es tu duda. ¿Qué parte de tu conciencia te dice que tienes que tener piedad con gente que no la merece? Porque ni tú, ni Donk, ni yo hemos visto lo que han hecho a nivel presencial, pero sí lo que nos han relatado.

-Lo entiendo, Aranet -asintió Fondalar-, y en mi mente está de repente dos guerreros despiadados cogiendo del cabello a una niña y sometiéndola, si no...

-¿Sí o no?

-No, quiero decir; es una forma de expresarme. Claro, tienes razón, no tengo que tener una lucha interna, no se lo merecen y no me lo merezco yo, simplemente que los urgos que nos iban a atacar, les infundí temor en sus mentes y pudimos irnos. Está en la naturaleza de ellos ser así, pero bueno, no es que viven saqueando aldeas, incluso muchos se comportan civilizadamente, pero estos... no se trata de infundirles terror y luego dejarlos marchar.

Dije yo:

-¿Y no hay manera de cambiarles la manera de pensar?

-No, Donk, puedo infundirles respeto, puedo hacerles creer otra cosa, pero lo que está dentro de ellos, su carácter, su personalidad, su manera, sus modales, eso es muy interno, está muy dentro de ellos, eso no se cambia.

Aranet seguía impaciente.

-Entonces, Fondalar, cero dudas.

-Podría decir que casi cero dudas, pero quedaos tranquilos, haré lo que se deba hacer.

 

Llegamos a lo del herrero y ya tenía todas las espadas preparadas.

-Me quedo con algunas -dijo Raúl-. Me quedo con algunas porque hay gente que al igual que vosotros también combate el mal y merecen tener una espada buena. -Todos los soldados fueron armados con las nuevas espadas.

Raúl preguntó: -¿Y tú? -A Fondalar.

-No, no preciso. A veces llevo un báculo, me siento pleno con el báculo.

-¿Te representa algo? -preguntó Raúl, el herrero.

Fondalar se encogió de hombros y respondió:

-Para mí representa un contacto con aquel que está más allá de las estrellas.

Yo fruncí el ceño y le dije:

-¿Te contactas a través del báculo?

-No, no, ¡je, je! No, no, es algo metafórico, tómalo como algo simbólico, no, no, no. Hay gente que relaciona lo oscuro con el mal, lo claro con el bien. Yo de repente relaciono el báculo con aquel que está más allá de las estrellas. Otros relacionan la espada con la guerra, la azada con el campo. Es algo mío, interno.

-Lo entiendo perfectamente -dijo Raúl.

Aranet se abrazó con el herrero. Desmonté y también me abracé.

Fondalar quedó frente a Raúl, se miraron.

-Has pasado por muchas cosas Raúl, pero sigue firme, de pie, fuerte.

El herrero lo miró a los ojos y dijo:

-Otra no queda, o avanzas o te quedas en el camino.

 

Raúl no era un mento, pero era muy intuitivo. Me miró:

-¿Y tú, Donk? Sé que tienes luchas internas, pero dentro tuyo está la respuesta.

-¿Puedes ser más... claro?

-No, eso... eso se lo dejo a Fondalar -dijo el herrero, como esquivando una probable respuesta. Nos abrazamos y continuamos camino.

 

Pero tenía razón Raúl, mis luchas internas eran muchas, la principal era la permisividad, y ser permisivo con el error es no respetarme, y el respeto pasa por uno, porque si tú no te respetas no te respetan los demás. Las veces que Fondalar me habrá dicho eso en el pasado.

Recuerdo que Fondalar me decía:

-Si tú no te quieres, ¿cómo puedes lograr el amor de los demás?

Yo le respondía:

-¡Pero cómo no me voy a querer, claro que me quiero!

-¿Y entonces porqué eres tan permisivo?, porque una cosa es ser atento, generoso, gentil y otra cosa es dejarse abofetear, figurativamente; porque hay muchas maneras de dejarse abofetear en la vida. ¿Lo entiendes, Donk?

-Sí -le respondía yo-, lo entiendo, sólo que a veces me cuesta llevarlo a la práctica. Mi mente lo razona, mi corazón es como que... ¡Oh! Él es el permisivo.

 

Un amanecer después llegamos a la aldea que supuestamente iban a venir a atacar los "renacidos". Nos escondimos y sí, habíamos acertado. Se acercaban riendo, gritando, algunos ebrios. Y en la calle principal nos enfrentamos.

Se asombraron al ver un ejército y sacaron sus espadas. No tenían ningún tipo de temor, sabían que aún heridos podían volver a sanarse inmediatamente.

Fondalar tenía los ojos enrojecidos, como un llanto interno. Desmontó de su cabalgadura y se acercó al grupo. Tenía el poder de asustar incluso a los equinos, que la mayoría se encabritó y volteó e hizo caer a sus jinetes. Los jinetes molestos, enojados quisieron atacar a Fondalar y en ese momento se tomaron todos la cabeza, gimieron, cayeron de rodillas. Fondalar se corrió a un costado con la cabeza baja y los soldados de Anán atacaron.

¿Hablar de masacre?, no sé, no... no sé, de verdad, para mí masacre es otra cosa, es saquear aldeas, matar inocentes.

 

Aranet y yo nos quedamos, dejando los soldados adelante.

Lo miré a Aranet. Aranet me miró y pensé "Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago". Aranet lo azuzó a Fondalar a que deje indefensos a los "renacidos", pero ni él ni yo participamos de la matanza.

Por supuesto que no me callé, se lo dije.

Se encogió de hombros y me dijo:

-¡He visto tantas muertes!

-Yo también -le respondí. Pero siguió diciendo:

-He visto tantas muertes causadas por mi persona... ¡Ah!

-Pero tú dijiste que esto era necesario.

-Claro, Donk, lo dije. pero también tengo un alma interna, al igual que Fondalar.

-Y yo también la tengo, pero quedamos en que no habíamos que tenerles piedad, ¿o estás arrepentido?

-Para nada, para nada. ¿Acaso no hablamos del bien mayor?

 

No quedó uno solo vivo. Sus cuerpos se iban descomponiendo.

Los aldeanos, asombrados, salieron de sus casas.

Fondalar les dijo:

-Se acabó el peligro. -Le dio a los aldeanos y al sepulturero bastantes monedas plateadas-. Ayudad al hombre a enterrar estos cuerpos. No os asustéis, no volverán a la vida. Nunca volvieron a la vida, simplemente estaban mal heridos y había algo que los sanaba, pero ahora ya no.

-¿Pero por qué?, ¿qué pasó?

-Porque teníamos untadas nuestras espadas con un líquido especial que los mata de verdad.

 

Los aldeanos constataron que, valga la frase, que esa mentira era cierta. Mentira porque no era ningún líquido, pero Fondalar no les quería explicar que las espadas estaban hechas con otro tipo de metal. Y verdad porque no iban a renacer.

Uno de los aldeanos dijo:

-Son demasiados metales dorados y plateados que nos has dado.

-Para que tengáis también. No nos sobra, pero vosotros estáis pasando por una época de sequía en esta región y os va a ayudar tener algunos metales. Y cooperad con el sepulturero para enterrar estos cuerpos.

 

Nos agradecieron de mil maneras, nos invitaron a comer.

Les dijimos:

-No, no, tenemos que volver a nuestra región. Y regresamos.

 

¿Cómo estaba nuestra conciencia limpia, sucia, arrepentida? Pero hay una frase que sirve tanto para los "renacidos" como para decisiones en nuestra propia vida, repito, una frase que sirve para todo lo que se ha hecho como para decisiones a hacer en nuestra propia vida: "Hicimos lo que teníamos que hacer. Hicimos lo que teníamos que hacer, no había otra salida".

 

Y eso sirve incluso para lo personal. Cuando no hay salida se hace lo que se tiene que hacer, no hay otra.

 

Es todo.

 

 

 


Sesión 14/07/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

La entidad relata una de las muchas psicointegraciones que disfrutó en Ran II con el querido asesor espiritual Raúl Iruti. Las disfrutaba.

 

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Entidad: Muchas veces me preguntaba cuál es la verdadera importancia del ser humano. Salía en holorevistas, en holovisión, iba a distintas reuniones, daba conferencias... "Mirad, allí llega Nambo Flagan". ¿Pero cómo lo puedo explicar? Me desempeñaba bien en mi trabajo, no era de estas personas que se llenan de falsa humildad no, no, yo reconocía y entendía que era bueno en lo que hacía, me gustaba mi trabajo, me gusta. Mis descubrimientos llevaron a que conocieran un sistema solar a poquísima distancia sideral, a diez años luz. El tema era lo personal, el tema era el encontrarme conmigo mismo, el tema era el entenderme.

 

Recuerdo que en una de las conversaciones con el querido asesor espiritual Raúl Iruti, él me comentaba: "No es tan sencillo entenderse, pero se puede lograr, claro que se puede lograr". Y más de una vez me decía: "Se trata de entrar en tu interior".

¿Y cuál es la diferencia entre mi interior y mi exterior?, porque yo soy así, apocado, no sé si tímido en la expresión que le da el común denominador, tímido, temeroso. No, no, no para nada, de ser así no podría coger un micrófono y dar conferencias o teleconferencias ante millones de espectadores. No, no, no. No pasa por ahí. Era apocado.

En lo social, de repente una persona me interesaba y me costaba enhebrar, ¡je!, un diálogo, si se me permite la palabra. ¿Inconscientemente tenía miedo al rechazo? No, no, no, no porque adelante mío iba mi imagen, creo que se interpreta lo que quiero decir, mi imagen me acompañaba, pero iba un par de pasos delante de mi ser, de mi yo, de mi humanidad, y esa imagen era la que todos admiraban.

 

He platicado con algunas mujeres que me llamaban la atención por lo inteligentes, aparte de su agradable aspecto físico, y fuera del tema de astronomía o de física astronómica o de distintas teorías. Me era más difícil llevar una conversación, no es que no supiera otros temas; sabía de música, sabía de pintura, me gustaban los cuentos, es más, los cuentos infantiles me parecían algo maravilloso para desarrollar la imaginación de los niños para que después fueran buenos escritores o eso les sirviera para investigación. Como pasó conmigo. Me he criado leyendo cuentos, visualizando mundos en mi imaginación pero los pude aplicar a la realidad, los pude aplicar a la realidad siendo estudiante.

Siendo estudiante explicaba como en la luna más cercana podríamos hacer una base de sustento para que pudiera ser habitada, y eso iba más allá de la astronomía. No es que me encerraba en un concepto, en una idea, en una materia, sería muy sencillo; mi horizonte mental estaba abierto, se cerraba únicamente en las conversaciones, en el 'atreverse'.

 

Raúl Iruti me decía: "Nambo, tú puedes atreverte una vez que te conozcas".

¡Je! ¿Qué es conocerme? Tengo memoria desde mi niñez hasta mi edad actual: La incomprensión de algunas amistades cuando era pequeño, ya siendo adolescente me enfocaba más en las materias que en la diversión, amigos que me decían aburrido, otros dudaban hasta de si me gustaban las jóvenes, lo cual no sería problema porque uno tiene libertad de elección, pero sí que me gustaban, el tema era entablar una conversación.

Y Raúl Iruti me decía: "Entonces es allí donde surge tu timidez porque ya no te está precediendo tu fama como astrónomo, ya eres tú, ese hombre desnudo, ese hombre que se tiene que mostrar tal cual es y que no tiene que dar conferencias ni seminarios ni talleres. Eres tú, tú Nambo".

Y ahí entendía, ahí entendía. Ahí ya no estaba el profesional, ese profesional que se escondía tras la capa de fama, ahí ya estaba el ser humano indefenso.

Y Raúl Iruti me decía: "¿Porqué indefenso? Porque te sientes expuesto cuando eres tú". Y no, no lo sabía, era como un inconsciente porque yo me sentía seguro hablando de lo que había estudiado. Es más, tenía muchos libros escritos, había hecho crecer en todo Ran II el conocimiento astronómico, y eso me daba seguridad, consistencia.

 

Y es verdad que nunca fui soberbio con el tema, no, era humilde, dado. Algunos me decían que era cortado. La palabra cortado la interpreto como que mi vanidad me alejaba de la gente: "Mira, Flagan se corta solo". No, no, no, era mi carácter. Quizá sí introvertido o falta de carácter.

Y Raúl Iruti me decía:

-Pero ¿no interpretas como que esa falta de carácter tiene que ver con una inseguridad?

Y yo le preguntaba:

-¿Y por qué?, ¿inseguridad por qué? Nadie me va a devorar, a comer con cuchillo y tenedor. ¡Je! Si me disculpas el humor. -Raúl Iruti sonreía.

-Entiendo. Pero tú mismo lo estás diciendo, nadie te va a comer. Entonces ¿por qué ese temor?, ¿porque de repente piensas que si hablas con alguien, ese alguien no te va a entender? Pues hablas de manera más sencilla y listo. ¿O piensas que ese alguien, ese supuesto alguien, te va a rechazar?

-Y quizá sí -admití.

E Iruti me dijo:

-Pero eso nos pasa a todos.

-¿Cómo a todos?, ¿a ti te pasa? -Y pedí disculpas-. Está bien, no estábamos hablando de ti, estábamos hablando de mí.

Iruti me dijo:

-Primero, no pidas disculpas porque no has hecho nada incorrecto para pedir disculpas. Y no hay problema, te puedo responder. Sí, yo tampoco le puedo caer bien a todo el mundo, pero es algo que no se puede obligar.

Entonces me atreví a preguntarle:

-Pero si tú, Iruti, eres un ser con carisma, eres carismático, ¿por qué puede haber gente a la que no le caigas bien?

-Habrá muchas razones, pero tampoco me interesa analizarlas porque sería como depender de la aprobación de los demás. Y eso te lo he dicho más de una vez. Habrá personas a las que uno no le caes bien por envidia, no porque tengas posición o porque seas un gran astrónomo o porque salgas en holorevistas o en la holovisión, no. Hay gente que te envidia las amistades o tu forma de ser. Y lo peor del caso es que esas personas envidiosas quizá tienen muchas cosas a favor, pero hay gente que envidia lo que no tiene.

-Claro -asentí-, pero quizá nos desviamos del tema. De repente me interesa una joven y la joven me rechaza quizá porque no le gusta mi tema o porque la aburro con mis cosas. ¿Eso no es envidia?

-No -dijo Iruti-, no es envidia. Es lo que tú dijiste, no le interesa tu tema.

-¿Y cómo la puedo convencer para que le interese mi tema?

-Acuérdate, Nambo, lo que dijimos antes, no se trata de convencer ni de imponer una forma de ser, la persona tiene otro punto de vista, le agradan más otras conversaciones más básicas o más profundas, porque las hay, y tú no encajas en ese perfil. ¿Y por qué hacerte drama?, hay otras personas que quizás encajen en ese perfil.

-Correcto -asentí-, pero quizás ellas no encajen en lo que yo busco.

-Nambo, el tema es así: No es sencillo encajar como las piezas de un rompecabezas, los humanos somos mucho más complejos que piezas de rompecabezas. Es más, cambiamos.

-Explícame, por favor.

-Claro, Nambo. Tú de repente encajas con alguien, si se entiende mi expresión, y al poco tiempo o a los diez años no son los mismos, para mejor o para peor. Los dos pueden evolucionar pero a distinta velocidad, o uno evoluciona y el otro involuciona o se queda donde está porque está en su lugar de confort.

-Bueno, yo no tengo un mal concepto -dije-, del lugar de confort, es como que el lugar de confort me hace sentir protegido.

-Claro, entiendo. Tienes un buen trabajo, tienes fama, tienes conocimiento, ganas buenos créditos, pero a veces el lugar de confort puede ser la soledad, el silencio.

-Iruti, el silencio no me disgusta.

-¿Y la soledad?

-Y a veces es bueno estar solo con uno mismo.

-Sí, correcto. ¿Pero siempre? ¿A veces no es bueno debatir, interactuar?

-Pero eso también lo hago, me junto con vosotros, con todos, vamos a cenar, a tomar algo...

-Pero tu casa está vacía, te gustaría tener una pareja que te comprenda con la cual puedas dialogar.

-¿Tú dices una pareja que sea mi otra mitad?

-No, terminantemente no, no. Nadie es la mitad de nadie, nadie es la mitad del otro, somos enteros. La otra persona puede ser un espíritu complementario o viceversa, tú un espíritu complementario de la otra persona. Y no solo pasa con las parejas, pasa con las amistades, se complementan, pero nadie es la mitad del otro. Eso es menospreciarse. No somos mitades, somos seres enteros.

-Entiendo, entiendo. ¡Uff! Voy a analizar todo esto, lo voy a desglosar y lo voy a ir absorbiendo lentamente. -Nos dimos la mano.

Le dije:

-Luego te pasaré los créditos de la consulta. -Me hizo un gesto como diciendo "No hay problema, no hay apuro".

 

Me despedí de Raúl Iruti y antes de llegar a mi vehículo pensé "Todavía no me quedó claro mi interior, el conocerme, el estar dentro mío. Todavía no me quedó claro la diferencia entre este ser que yo soy y ese ser que está dentro mío, que es parte de mí". ¡Vaya que hay tiempo para analizar!

Pero bueno, si tuviera que nombrar un defecto mío es que no me gusta esperar, quiero todo ya, y eso es algo muy difícil de lograr, ¿no?

 

Y sí, quizá soy impaciente. Ahora no utilizaría el fonovisor, pero cuando llegue a casa ya estaré pidiendo otro turno, porque si tengo que decir qué cosas me hacen bien son las conversaciones con Raúl Iruti.

 

Gracias.

 

 

 


Sesión 16/07/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG y Johnakan Ur-El

Psicointegración tenida lugar entre el asesor espiritual y el afamado astrónomo.

 

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Sesión de Johnakan Ur-El en el rol de Raúl Iruti dialogando con Nambo Flagan.

 

Escuché el zumbido del timbre y directamente fui a abrir la puerta.

-¿Cómo estás?

-Bien, tratando de continuar nuestras conversaciones, conversaciones que habían quedado pendientes. ¿Pasamos al despacho?

-No, no, está bien -exclamé-. Nos sentamos aquí en recepción, no vendrá nadie, estaremos cómodos. ¿Quieres tomar algo?

-No, no, está bien. Estoy ansioso por comenzar.

-¿Recuerdas lo que habíamos hablado?

-Sí, casi todo.

-Repasemos entonces lo de la esencia perdida.

-Extiéndelo, por favor.

-Lo extenderé. Vamos a profundizarlo. Y justamente esta palabra 'profundizar', viene a colación, porque las enseñanzas dicen que hay que bucear en el propio interior para buscar esa esencia perdida y así renacer, pero faltó un detalle: para bucear, primero hay que aprender a nadar.

-¿Aprender a nadar?

-Sí. Por eso la gran mayoría se ahogó y no se dio cuenta, y no están renacidos sino muertos en vida sin saberlo y sólo resaltan sus sombras con brillos artificiosos.

-Explícame, por favor, el tema de nadar en nuestro interior.

-Bien. Mira, nadar en el propio interior sería conocernos a nosotros mismos sin que el ego nos desdibuje la imagen.

-¿Por qué el ego nos desdibujaría la imagen?

-Justamente porque nuestro ego lo que busca es el impedir que nos conozcamos en profundidad, y es una forma de manipularnos.

-Okey, gracias por la aclaración. ¿Pero no es ya un pequeño avance el que intentemos conocernos a nosotros mismos a pesar de no tener integrado el ego?

-Es un pequeño avance -exclamé-, por supuesto que sí. De todos modos el hecho de intentar conocernos mejor es una manera de ir integrando esos roles tan perniciosos.

-Entiendo, de todas maneras es complicado. Es bastante complicado por lo menos para mí. ¿O acaso a veces es mejor no intentarlo por no arriesgarse a perder el control y volverse uno más reactivo?

-¿Has pensado bien tu comentario interrogativo? Vamos a desglosar esa frase: "O acaso a veces es mejor no intentarlo por no arriesgarse a perder el control y así volvernos más reactivos". Pero justamente si no lo intentas, si no intentas el conocerte, si no te arriesgas, ¿cómo vas a integrar esos roles que tanto te afectan?, ¿que te volverás más reactivo estando encerrado en posición fetal, figurativamente hablando, en esa zona de control?

-¿Pero no se le dice zona de confort?

-Sí, ¿pero qué es una zona de confort?, una zona donde tus propios roles te controlan, te mantienen cómodo: "¿Para qué voy a asumir el riesgo si aquí estoy bien?". ¿Pero qué sucede?, te vas marchitando espiritualmente. Por supuesto que hay que intentar, por supuesto que hay que arriesgarse.

-Ahora, ese riesgo del que tú hablas, ¿tiene un cien por ciento de garantía de que podremos lograr nuestros objetivos?

-No, nada tiene un cien por ciento de garantía. Pero no por ti, por distintas razones, por determinadas circunstancias, por situaciones que escapan a nuestro control, por el mismo entorno que nos rodea. Y a veces por tu propia inseguridad.

-¿Entonces?

-Entonces debes arriesgarte igual.

-Pero no tengo seguridad de lograr la meta que voy a buscar arriesgándome.

-Está bien. Pero vamos a hacer una comparación. De la manera que tú hablas es como si fueras a participar en una carrera y tú dices "¿Para qué anotarme en la misma?, no voy a ganar". Y es cierto, tienes muchas posibilidades de no ganar, supongamos un cincuenta por ciento. Pero si no participas, ¿cuáles son tus posibilidades? Cero. Y esa zona de confort en la que te envuelves, donde no quieres participar va encogiendo todo tu ser.

-Explícame bien lo de encoger mi ser.

-Claro; abarcas menos perspectivas: descartas esto, descartas aquello, descartas lo otro. Tu perspectiva se encoge, tu ser se encoge, figurativamente hablando.

-Entiendo, pero no es fácil. Yo, a veces, más de las que debería, hago esto último, no me arriesgo y creo que a largo plazo no me hace bien, pues muchas veces no salgo de esa zona de confort y no aprendo a pesar del riesgo de hacerlo mal o dejarme llevar por los distintos roles.

-Mira, desglosemos esto. Tú dices "A pesar del riesgo de hacerlo mal". El riesgo es oportunidad y cambio. No tenemos un camino trazado, el camino lo trazamos nosotros con nuestras decisiones, con nuestros riesgos tratando de hacerlo mejor y nos mentalizamos en hacerlo mejor. La frase "A pesar del riesgo a hacerlo mal" ya te está condicionando. Y luego agregas "O dejarme llevar por los distintos roles". Claro, porque los roles son impulsivos.

-¿Y por qué son impulsivos?

-Porque no son maduros.

-Pero tú sabes que puedo equivocarme y luego tendré complejos de culpa. Y a veces... ¿Y a veces no hay situaciones que me superan? ¿Y a veces no es el entorno el que te pone trabas?

-Mira, todo lo que tú dices es posible, pero la primera traba, el obstáculo más grande es tu inseguridad, tu indecisión.

-¿Por qué?

-Porque dices "Dejarte llevar por los distintos roles". Supón que te equivocaras en una decisión a tomar, ¿te harías cargo del error?, ¿asumirías esa responsabilidad?

-Sí, obviamente.

-Repítelo.

-Sí, por supuesto, asumiría la responsabilidad.

-Bien. ¿Eso de qué habla? De que has madurado.

-¿En qué sentido?

-En que solamente una persona madura se hace cargo de sus errores, de sus equivocaciones, o bien de proyectos que sin darse cuenta ha encarado mal y se hace cargo de los mismos. El ego jamás haría eso. El ego es infantil, el ego buscaría dónde echar culpas: "Fue el entorno, mis amistades, mis relaciones, mi empleador, mi jefe, mi familia"... El ego siempre busca echar culpas, jamás se hace responsable porque el ego es un niño. Entonces si tú te haces cargo de los supuestos errores que podrías tener, ¿cómo no vas a asumir el riesgo? ¿Y por qué lo harías mal? Y si lo hicieras mal te harías cargo, pero no te dejarías llevar por distintos roles porque encararías todas las cosas que hagas de una manera madura, y allí los roles quedan afuera porque son infantiles, ¿se entiende?

-Sí, eso lo tengo claro. Entiendo también que para integrar esos roles hay que salir de la zona de confort y confrontar situaciones con las que podamos estar incómodos a veces.

-Bueno, de eso se trata. La zona de confort es como que te va oxidando el espíritu; tú te quedas allí, es como que de alguna manera si me permites la expresión, vegetas pero no vives. Vivir en el sentido de conocer, de vivenciar. En la zona de confort no vivencias, estás. Y no es lo mismo, no es lo mismo. Para nada.

-Bueno, hay otra manera, ¡je! Entiendo que desde la comodidad del sofá de casa vamos a lograr integrarnos más despacio.

-No estoy de acuerdo.

-¿Por qué?

-Porque desde la comodidad del sofá de tu casa no te integras, tus roles están exaltados, ellos gozan, disfrutan que tú estés allí. Te manipulan, exaltan tu soledad.

-Pero tú has dicho alguna vez que a veces es bueno estar en casa, el silencio te rodea y puedes elucubrar, pensar, proyectar.

-Sí, cuando esa soledad es amiga. ¿Pero qué pasa si tienes inseguridad y esa inseguridad te crea temor, temor a esa soledad, una soledad que te inunda, que te asfixia, que no te deja respirar? No, ahí te das cuenta que no existe esa zona de confort, es una zona que te ahoga, esa zona de confort es un consuelo para aquellos que no se animan a arriesgarse al cambio. La comodidad del sofá de tu casa no va a lograr integrarte más despacio. Al contrario; tus roles del ego van a ser cada vez más fuertes.

-Lo entiendo. Quisiera hacer un comentario.

-Dime.

-A pesar de que cualquier ser pueda en teoría llegar a la iluminación solamente con contemplar la Creación sin más y reflexionar, ¿sería eso correcto?

-No, no, no. No en absoluto. Con contemplar, llegar a la iluminación es imposible. Primero tienes que pasar por el estadio de despierto.

-Explícamelo.

-Claro. Es el estar alerta. El estadio de despierto es el estar atento a ti mismo, a todo tu ser, a todo lo que hagas.

-¡Ajá!

-Pero hay más. Mucha gente lo mal interpreta. Muchos me han dicho "Pero esto es un infierno. Estar pendiente de mí todas las horas del día termino con un estrés tremendo". Y mi respuesta es "No, no es así, porque el estar alerta, el estar atento termina siendo una adaptación". Ejemplo: ¿Tú estás pendiente de cuando respiras?

-No, es automático.

-Bien, digámoslo de esa manera aunque no es exactamente automático. Pero llega un momento en que tu atención hacia tu propio ser pasa a ser algo normal, y allí es cuando estás despierto.

-¿Pero y qué es la iluminación?

-Un paso más allá: el poder desidentificarte de tu ser y ver la contemplación del Todo.

-¡Ah! Pero entonces no es que contemplando me ilumino.

-No, es al revés. Al llegar a esa iluminación puedes tener la contemplación del Todo. Es lo opuesto a lo que muchos os han enseñado.

-Ahora lo tengo mucho más claro. Ahora lo tengo muchísimo más claro.

-De todos modos me quedó, como decís vosotros, me quedó algo en el tintero: ¿Cuál es la mejor manera de conocerse uno mismo?

-Yo creo que sufro mucho de esto, o más bien de la falta de ello. Es como que no sé ni que es lo que me gusta, al menos laboralmente, y para mí es un problema.

-Mira, a veces podemos ser los mejores astrónomos del planeta, ser famosos, pero si en lo personal en el ser hay una falencia, una inseguridad, el pensar inconscientemente debido a esos roles del ego "Esto no lo podré hacer, Quisiera estar con tales amistades pero no sé si me aceptarán. Me interesa esa persona pero quizá me rechace", uno mismo ya se está desvalorizando como ser humano y obviamente eso se traslada a lo laboral. Aunque seas la mejor persona en tu trabajo siempre verás dificultades, siempre percibirás objeciones que quizás estén en tu mente y te condicionen más y más, pero pasa por ti.

-¿Y con respecto a cómo conocerse a uno mismo? ¿Cómo es nadar en el interior realmente?

-Bueno, profundizando en nuestro ser sin que los roles del ego intervengan. Porque los roles del ego hacen trampa, trampa en el sentido de encandilarte con falsos brillos y eso es un espejismo porque tu Luz interna, la verdadera, esa Luz que forma parte de nuestro Creador no encandila, te muestra el camino, el camino analítico y allí te percibes en toda tu intensidad, en toda tu forma majestuosa de ser porque eres parte del Creador que está dentro de cada uno de nosotros. ¿Lo entiendes?

-Sí. Por último, por lo menos por ahora, ¿no?, el otro tema es que me equivoco constantemente en mis elecciones, muchas de esas difícilmente reversibles.

-¿Pero por qué piensas que te equivocas en tus elecciones?: Porque tú te catalogas a ti mismo. De repente conoces a una persona y piensas, y no hablo desde la parte profesional, hablo desde la parte humana "Esa persona es importante, no se va a fijar en mí para llevar una conversación a nivel amistad". ¿Entonces qué haces? Apuntas, hipotéticamente, más abajo. Quizá ves a una persona más simple, a tu parecer simple, porque no se trata de ser prejuiciosos, y piensas "Esa persona me va a prestar atención". Entonces tú mismo, de acuerdo a como catalogas a otra persona, consciente o inconscientemente, te estás catalogando a ti mismo. De acuerdo a lo que yo valgo, piensas, voy a buscar a una persona acorde.

-¿Y qué es una persona acorde?

-Una persona que no sea tan importante. Porque tú te miras al espejo y no te consideras importante, y eso no es así. Como dije antes, tienes esa Luz que te guía, la Luz del Creador.

-Lo entiendo. Esto significa que puedo buscar a la persona más importante del planeta para conversar y podrá debatir conmigo.

-Quizá sí, quizá no.

-¡Ah! Pero entonces...

-Eso me pasa a mí también.

-¡A ti!

-¿Por qué no? puede haber personas que se fijen en mí, personas a las que no le caiga bien y personas a las que le sea indiferente, ¡je, je! No podemos obligar a que todos nos acepten, cada uno vive en determinada sintonía. Podemos tener compatibilidad con unos y cero afinidad con otros, pero es así. Si te ofendes con quienes le eres indiferente es tu ego el que se ofende, no tu ser. Pero ten en cuenta esto, la primera aceptación pasa por ti, por tu ser. Todo pasa primero por ti, siempre. Y cuando hablas de equivocarte en las elecciones de forma constante, elige analíticamente, no reactivamente. Y puede ser cierto que haya elecciones que sean difícilmente reversibles, pero la vida no es una elección, la vida es una tremenda variedad de elecciones. Todos podemos tener fracasos, pero vayamos por el triunfo. Mientras tú te desalientas por un fracaso, delante de tuyo, tu pena, esa pena egoica, no te deja ver todas las oportunidades que tienes en ese momento, y las dejas pasar mientras te lamentas ese fugaz fracaso. De eso el estadio de estar despierto, el estar atento a las oportunidades.

 

Nos dimos la mano.

Me quedé nuevamente solo en la recepción. ¡Ah! Satisfecho una vez más de poder elucubrar cada día algo nuevo, cada día algo distinto, cada día algo mejor. Sí.

 

Toda la Luz.

 

 


Sesión 19/08/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Vivía con baja autoestima, pero tenía sobradas razones para ello. Se encontró con alguien que tenía sobrada paciencia, y la emplearía con él.

 

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Entidad: ¿Saben cuánta gente dice: "Me siento distinto a los demás, no encuentro mi lugar de pertenencia, la gente no me entiende, me llevo mal con o tal persona y no encuentro el motivo, pues trato de hacer las cosas bien"?

Lo he escuchado tantas veces... Y sin embargo tengo que decirlo: a mí me ha pasado de verdad, no es una fantasía de la mente ni algo traumático. O sentirme perseguido en mi imaginación.

 

Aprendí herrería. Mi nombre es Petre. Mi espíritu es de aldeano, siempre fui aldeano. Podría decir que aprendí herrería de casualidad porque me encontré con un hombre muy muy bueno que no discriminaba.

Al comienzo me miró, me lo dijo de una manera directa pero no por ofenderme:

-¿Eres un piel cobriza?

-Sí -asentí, ya con temor de ser rechazado.

-Ven. ¿Quieres aprender a forjar el metal?

-Sí, me gustaría mucho.

-Entonces te enseñaré.

-No tengo para pagarte.

-No me tendrás que pagar, te daré un albergue detrás de mi casa y te daré comida, pero mientras aprendes serás mi ayudante.

-No tengo como agradecerle -exclamé. Me dijo que se llamaba Elías, le dije que mi nombre era Petre. Le conté mi historia. Teníamos una comunidad en un valle y vinieron unos soldados y nos atacaron. Yo era pequeño, masacraron a todo el valle.

El herrero Elías me miró.

-¿Por qué?

-No me olvido del rostro de algunos de ellos a pesar de que pasaron tantos años. Era un niño, me había escondido en unas parvas de heno y no me vieron. Dijeron: "El rey blanco debe estar contento de que acabamos con todos los pieles cobrizas".

-Lo lamento, hijo -me dijo el herrero, no se puede volver al pasado, no se puede hacer nada.

 

El hombre era viudo sin hijos, y mientras me enseñaba el arte de la herrería, un oficio digno y valioso, me dijo:

-Con esto seguramente tendrás un buen futuro. Hay dos cosas que piden: espadas y herraduras para los caballos. Mientras tú cumplas nadie se meterá contigo. Los herreros somos valiosos, nadie los mata. Adopta un perfil bajo, no te metas con nadie. No hace falta que seas servil pero sí atento.

-¿Y qué hago con mi interior? -le pregunté.

-No entiendo, Petre.

-Claro, en mi cabeza tengo mil ideas; siempre quise ser noble, tener una buena vida, vivir en un lugar cálido en invierno y fresco en verano, poder bañarme en una tina con agua tibia cuando cae la nieve, tener ropa para cambiarme, botas nuevas.

-¿Estás disconforme con tu vida, Petre?

-¡Ay! No sé, no sé lo que siento por dentro.

-¿Has tenido pareja?

-He salido con un par de chicas pero no... no les habré caído en gracia. Una era muy afectuosa, me acariciaba el cabello y me decía: "Eres un buen joven".

Elías frunció el ceño y me dijo:

-¿Eso te parece mal?

-Sí, me parece mal, me parece mal porque me da la impresión que cuando una mujer te acaricia y te dice: "Eres una buena persona, qué bueno que eres", te está mirando con ojos de hermana, ¡je, je! Si le atraes a una mujer no te dice "Qué bueno que eres".

-¡Vaya, tienes experiencia!

-¡No! No... ¡Je, je, je!

-Te has ahogado de la risa.

-¡Je, je, je! Claro... No, maestro Elías, no, no, no tengo nada de experiencia, simplemente tengo sentido común, una mujer a la que le gustas no te dice: "Que buenito", es como que ya te está viendo de otra manera.

El hombre me dijo:

-¿Pero has salido con otras?

-Sí, salí con otra que era muy demandante:

        -No tienes una moneda, lo único que sabes hacer es sembrar y cosechar, eres un vulgar aldeano.

        Yo le preguntaba:

        -¿Y por qué has estado conmigo?

       -De curiosidad.

        -¡Ah! -le dije irónicamente-. ¿Y te defraudé?

        -No, no me defraudaste, directamente he satisfecho mi curiosidad y ya está. No tienes nada para brindarme.

        -Puedo brindarte amor.

        -Con eso no compras una bebida en la posada.

-¡Vaya, qué experiencias que has tenido! Evidentemente la segunda fue peor.

-No, no, no -aclaré-, es como que me lastimó más la primera. Prefiero que me digan "Eres un labriego, eres bueno para nada, eres pobre, qué me puedes dar", porque no hay nada que no sepa.

-Bueno, ahora estás aprendiendo un oficio que te va a dejar dinero. ¿Pero por qué dices que te lastimó más la primera?

-Porque uno está preparado para el desprecio. Mataron a toda mi gente por orden de alguien que es el rey blanco, que no sé si existe, si es una leyenda.

Elías me dijo:

-He escuchado hablar del rey blanco pero nadie sabe dónde está su castillo... Sí, parece una leyenda.

-Lo que pasa -exclamé- es que las leyendas no mandan a soldados a matar a una raza, así que el rey blanco existe.

-Pero volvamos a lo de antes -dijo el maestro herrero-, ¿por qué sientes que te lastimó más la que te trató mejor?

-Por mi orgullo.

-¿Tienes ego?

-Sí, lo reconozco. Como dije antes estoy acostumbrado al desprecio, estoy acostumbrado al rechazo porque sé quién soy. Quiero ser un noble, pero es un sueño estúpido de mi mente. Pero que haya tenido una intimidad con la persona y luego la joven me acaricia y me diga: "Qué bueno que eres, qué buena persona...".

-¿Y qué esperabas que te dijera? -Lo miré, me encogí de hombros y le dije:

-Tú tienes el doble de edad que yo. Está bien, lamento que hayas quedado viudo, pero tienes experiencia. Creo que a ningún hombre le gusta que le digan "qué buenito", me hubiera gustado que me diga: "Me has hecho temblar de pasión". No entiendo porqué te estás riendo.

-No me rio para burlarme, Petre, te lastima más, ¿analizándote, no?, te lastima más una caricia de amistad que una ofensa.

-Parezco tonto, ¿no? -le pregunté-. O parezco una persona que su mente no le funciona bien, porque es muy difícil de entender, hasta incluso si me hubiera dicho: "No eres bueno ni siquiera en la intimidad, me alejo de ti", me hubiera encogido de hombros y hubiera dicho: "Bueno, quizás a esta persona no la conforme ni el más feroz de los guerreros", pero me molestó el "Qué bueno que eres".

-O sea -me dijo Elías-, ¿tú no te sientes bueno?, ¿no piensas que eres buena persona?

-¡Ay!, ¡cómo lo explico! Claro que me siento buena persona; me quema el pecho de deseo de venganza contra los que acabaron con mi raza de piel cobriza, pero no he lastimado a nadie, o sea, soy bueno, por lo menos he ayudado a gente. Es la forma. Si tú de repente me abrazas y me dices: "Que buen ayudante que eres", me voy a sentir halagado, conformado, como que verdaderamente estoy aprendiendo el arte de la herrería, porque es lo que esperaría de ti como maestro, que me incentivaras, o en el caso de que fuera torpe me dijeras: "Mira, debes corregir esto o aquello", pero la palabra "bueno" de tu boca me sería... me sería como un néctar. Pero en esa joven dicho de esa manera lo sentí como que... como que ella era la mecha para encender y yo no era la chispa, por lo menos no la chispa que la encendiera a ella.

-Pregunto -dijo el maestro herrero-: ¿Por qué te persigues tanto con eso? Hay miles de mujeres en Aerandor, ¿piensas que todas van a ser iguales?, unas te dirán qué buenito y otras te dirán eres un harapiento. ¿Por qué no te ocupas de ti?

-Espera, esta última parte no la entendí.

-Claro, ocúpate de tu persona, ocúpate de aprender el oficio, ocúpate de ser un señor herrero. ¿Quieres ser noble? No conozco el destino, algunos dicen que lo trazamos nosotros, otras veces son oportunidades que se nos dan. ¿Qué sabemos del mañana? Tú tienes más ventaja que yo, Petre, eres mucho más joven, tienes muchas más posibilidades... Quizás en un año sepas el oficio tanto como yo; avanzas bastante, sabes templar bien el metal de una espada, sabes armar bien una herradura, no precisas otra cosa. Y coges bien los utensilios, manejas bien las herramientas... No te persigas, ocúpate de ti.

-¿A qué le llamas -pregunté- ocuparme de mí?

-A no... a no perseguirte, a no dudar de que puedes lograr cosas. ¿Pensabas antes de conocerme que ibas a ser herrero? -Me encogí de hombros.

-No, honestamente no.

-Puedes ser muchas cosas más, tienes habilidad. Lo que te consume, ese dolor en el pecho es el haber perdido a tu gente. Supón que el día de mañana estás frente a frente al rey blanco y le atraviesas una espada, ¿recuperas a tu gente?

-No -respondí-, pero por lo menos me habré vengado.

-¿Te sentirás mejor?

-Sí.

-¿Estás seguro?

-Sí.

-De todos modos es una suposición -dijo Elías.

-¿Por qué?

-Suponiendo que ese rey, que aparentemente es una leyenda, existiera de verdad, estaría en una fortaleza. ¿Cómo entrarías?

-Supongo que me ofrecería como herrero.

-¿Y te piensas que un herrero entra a palacio?, estarías en el costado de las caballerizas vigilado por los soldados. Ocúpate de pensar en cosas buenas, la venganza te carcome por dentro, te hace mal.

-¡Uf! Siento tantas cosas por dentro... Me molesta el rechazo de la gente, me molesta el rechazo de esa joven que me dijo que yo era un pobre labriego, me molesta el cariñoso saludo de la otra que era como si acariciara a un primo.

-¿Pero habéis intimado?

-Sí, pero reaccionó como... como si nada.

-¿Y eso te hace sentir mal?

- ¿Mal? Me hace sentir con una estima por debajo del piso.

-Y todo eso porque dos mujeres, una te despreció y otra te habló cariñosamente. ¿Y tú qué piensas de ti mismo? -De vuelta me encogí de hombros.

-No sé, hasta hace poco me sentía que no servía para nada. Agradezco a Dios el haberte conocido, maestro Elías, pienso que es un paso, pienso que es un gran paso,

Elías me preguntó:

-¿Nunca has llevado una espada? -Me asombró su pregunta.

-No.

-Porque veo que la manejas con mucha facilidad.

-¡Je, je, je!, cada vez que... cada vez que me rio, toso. ¿Tú piensas, maestro, que porque la manejo con facilidad soy un experto en espada?, no duraría ni diez segundos combatiendo con un guerrero.

-Puedo enseñarte. -Me asombré.

-¡Pero tú eres maestro herrero!

-Bueno, pero también he practicado con la espada.

-¡Vaya! Bueno, mañana temprano practiquemos.

-Mira, ahora ya está cayendo el sol, te voy a preparar un brebaje caliente, no hace tanto frio para que tengas esa tos. Varias veces te has reído y has tosido, tienes bastante flema en el pecho, tienes que abrigarte mejor y comer un poco más.

-Siempre he comido poco.

-Bueno, desde que estás conmigo te veo como más relleno, más corpulento. El mismo trabajo de herrería te hace sacar músculos, pero te voy a dar un tónico con un brebaje, no te va a gustar pero por lo menos lo vas a tomar diez días seguidos, te va a aflojar toda la flema del pecho y dejarás de toser.

-¿Tendrás algún tónico para cambiar mi color de piel? -pregunté.

-Nunca digas eso, Petre, han exterminado a tu raza pero no sientas vergüenza de ser piel cobriza, no te desmerezcas a ti mismo, no te lo permitas, porque creo que viene por ahí la cosa, tienes como una especie de sensación de inferioridad por tu color de piel. No te lo permitas, el hombre es más que la piel, el hombre es más que su aspecto, el hombre es más que su carácter.

-Eres sabio.

-No -negó Elías-, es como tú has dicho antes, tengo más experiencia por la edad. No te desmerezcas porque luego te quejas de que los demás te desmerecen siendo tú el primero en hacerlo.

-No lo había pensado de esa manera. Gracias, maestro Elías.