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Psicoauditación - DSG

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 13/12/2018

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Sesión 01/02/2019

 


Sesión 13/12/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Recogió una mujer inconsciente en el camino, había sido abusada por varios guerreros de la gran batalla en Villa Real. Le reconfortó y aumentó su autoestima. Tenía esperanzas.

 

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Entidad: De alguna manera todo había terminado bastante bien. Émeris acompañó a Núria y volverían a Villa Real. Ligor, con el juicio nublado había ido en busca de Andahazi y Randora. Aranet volvía a su isla. Yo había atravesado el desierto con mi hoyuman y marchaba solo para el castillo de Anán.

 

Dejé que el resto de los soldados se adelantaran, quería estar solo, pensar, no me sentía satisfecho. Por un lado me cuestionaba de no haber participado de la batalla, pero bueno, dos veces salvé a la joven Mina del secuestro y luego pude acabar con esa bestia llamada Kazán. Mina se quedó con Rébel cuidándolo hasta que recupere sus heridas, y las jóvenes se marcharon en rumbo desconocido.

Antes de irse recuerdo que Axara me dijo, y no me conocía, pero me dijo:

-Tú mismo a veces no te das cuenta de lo importante que eres. -La miré frunciendo el ceño más que nada extrañado, ¿no?, porque no me conocía de nada, salvo que fuera una gran intuitiva.

 

Estaba como molesto, como enojado. A ver, enojado con la vida, insatisfecho. Sé que Aranet tenía un gran aprecio por mí, estoy convencido, pero el otro tipo de amor, el amor de una mujer es como que al no tenerlo quizás eso es lo que me dejaba vacío. En algún momento Fondalar me dijo:

-Si necesitas de otra persona para sentirte pleno, algo no está bien en ti.

Le pregunté: -¿Por qué?

-Porque primero debes sentirte pleno contigo mismo, con tu propio ser, si no tu plenitud depende de otra persona.

-¿Cómo, no entiendo?

-Claro, es como que estarías dependiente, casi esclavo del afecto de un tercero para sentirte bien tú y no es así, uno debe sentirse pleno para compartir su plenitud con la otra persona. Tampoco al revés, que la otra persona se sienta vacía y "te use" a ti para sentirse plena ella, no, no, no. En una pareja ambos tienen que estar plenos y compartir esa plenitud, pero no depender del otro para sentirse pleno uno.

 

Entonces sí, incorporé ese conocimiento a través de una explicación amplia. ¡Je, je!, pero mi parte analítica lo entendía, mi parte reactiva no. Sentirme pleno conmigo mismo... Pero honestamente no, no, no podía, no podía, lo pensaba, lo volvía a pensar, lo repensaba. En ese momento mi hoyuman se encabritó, había una persona tirada en el camino. Frené mi equino y até las riendas a una rama y me acerqué, era una joven bellísima pero se le veía muy muy maltrecha, con las ropas desgarradas, la cara marcada e incluso el vestido desgarrado y una herida que sangraba en el hombro.

-¿Qué te ha sucedido? -Lloraba, no me contestaba-. ¿Entiendes lo qué te digo? -Sí, asentía con la cabeza pero no hablaba. Me fijé en mis alforjas, tenía algunas vendas y por gracia de aquel que está más allá de las estrellas Fondalar me había dejado un poco de polvo curativo, el mismo que había usado con Rébel y se lo puse en el hombro a la joven. Me miró y rompió más en llanto. -¿Por qué lloras?, te estoy ayudando. -Y balbuceó:

-Porque... porque nunca nadie me ayudó.

-¿Qué te ha pasado?

-Unos guerreros me han ultrajado, me golpearon, uno de ellos me clavó un puñal aquí en esta herida que tú me estás curando.

-Me imagino, pero les ganamos.

-¿A quién?

-A los guerreros de Andahazi.

-No.

-¿No, cómo no?

-No fueron los guerreros esos, fueron de la resistencia, esa gente que estaba con un tal Aranet.

-¿Qué dices? -Me puse pálido- ¿Cómo?, ¿en qué momento?

-Estaban yendo para la fortaleza y me vieron. Traté de escapar, uno de ellos me tiró un lazo y me cogió del cuello con el lazo y me tiró de mi cabalgadura, y el que los mandaba, ese tal Aranet, fue el primero que...

-¡Cuenta, mujer!

-Fue el primero que me ultrajó.

-¡Pero Aranet!... Está bien, tenía una pareja que lo dejó, pero lo conozco bien...

-¡Je!, eso crees tú, eso crees tú. Tres bárbaros que estaban con él también me poseyeron. Cuatro personas me ultrajaron.

-Pero tengo entendido que había mujeres en el grupo.

-Sí y se reían y siguieron marcha mientras ellos saciaban sus instintos bestiales. Cuando el que los mandaba, ese tal Aranet, marchó, uno de los bárbaros me clavó un puñal en el hombro, me golpearon hasta darme por muerta. No perdí el conocimiento pero fingí que... fingí que no tenía vida y me dejaron. -Estaba pálido, desconcertado.

-No te ofendas joven, no te ofendas, ¿pero estás segura que era Aranet?

-Yo no lo conozco -me dijo la joven-, pero otro de los bárbaros lo nombró.

-¿Has comido algo?

-No, hace dos amaneceres que no pruebo bocado.

-Tengo algo en mis alforjas y tengo agua en la cantimplora, tengo algunas ropas en mi otra alforja pero te van a ir grandes, me alejo si quieres cambiarte.

-Apenas puedo moverme.

-¿Ese es tu hoyuman? -pregunté.

-Sí.

-¿Tienes algo para cambiarte?

-No, honestamente no.

-¿Quieres que me fije en tus alforjas?

-No, no, está bien. -Me quedé con ella. Se lanzó a llover y la levanté como pude y nos refugiamos debajo de unos árboles. Bebió y comió, yo comí un poco para no debilitarme.

 

Al atardecer.

-¿Estás en condiciones de montar? -pregunté. Asintió con la cabeza. Le miré bien el rostro, bellísima, un cabello claro casi pelirrojo. La ayudé a montar.

-¡Ah! -Se quejó de la herida del hombro.

-¿Quieres que vayamos al poblado más cercano?

-¿Tú dónde ibas?, no quiero interrumpirte.

-No, no hay problema -le comenté-, hay una posada donde podemos alojarnos. -Me miró y detuvo su equino-. No -le dije-, no, no es lo que piensas, no somos todos iguales. Te alquilo una habitación para ti y otra para mí. No pienses mal, no pienses mal, he tenido fracasos afectivos pero me considero una persona de bien. Mi nombre es Donk. ¿Tú cómo te llamas?

-Eudora -me dijo la joven-. No tengo familia, mataron a mis padres, no tengo ningún pariente.

-Al costado de tu equino veo que tienes una espada.

-Sí, pero ¿cómo iba a intentar defenderme contra esos bárbaros? ¡Ay! Donk, quisiera morirme.

-No, Eudora, no pienses eso.

 

Y fuimos al paso. A Eudora le dolía todo el cuerpo de los golpes, de la herida. Llegamos casi al anochecer a un poblado, cenamos un abundante guisado, la joven comía con desesperación, pobre mujer. Me quedé pensando en lo de Aranet, quizá, tal vez el hecho de... de que Mina lo haya dejado lo volvió reactivo y... Pero no, no me entraba en la cabeza que pudiera atacar a una mujer. Pero la tenía allí al lado mío consumida, destruida, pálida. Cuando iba a pagar las habitaciones me dijo:

-No hace falta Donk que gastes, alquila una sola, confío en tu persona.

-Gracias -le dije-, no te defraudaré.

Terminamos de comer. Subimos al piso alto, había dos catres.

-Puedes cambiarte, no te miraré, apaga la vela si quieres.

 

Dormimos. Por la mañana la encontré más animada. Desayunamos. Me tomó la mano y me dijo:

-Eres un buen hombre. -Me encogí de hombros.

-Estoy un poco decepcionado de la vida, nunca encontré el amor.

-¿Cómo puede ser? -me dijo Eudora-, eres apuesto, te veo atractivo.

Sonreí, pero con pudor le dije:

-¡Por favor! No me mientas. -Me tomó las dos manos con sus manos mirándome a los ojos.

-No te miento, eres atractivo. Ojalá todos los hombres fueran como tú, tan dadivosos, tan amables. Daría cualquier cosa por encontrar un hombre así.

 

Y yo entre mí pensaba "Y yo daría cualquier cosa por encontrar una joven tan bella como ella". Paseamos un rato por el poblado, los hoyumans en el establo, dejé un par de metales para que los cuiden. Noté que ella tenía sus alforjas consigo.

-¿Por qué no las dejaste en el establo?

-Tengo cosas personales que valen más que cualquier metal, dibujos de cuando era pequeña, y para mí tienen un valor único.

-Está bien -le dije. Almorzamos al mediodía y vi que estaba cabeceando-. ¿Qué te pasa?

-Me siento mareada, ¿no te molesta si voy a la habitación a recostarme otro rato?

-No, cómo me va a molestar. -Subimos juntos, me tomó de la mano y me empujó hacia ella, me tomó del cuello y me dio un beso largo, largo, largo. En ese momento sentí la necesidad de estar con ella pero retrocedí y me senté en mi catre.

-¿Por qué te alejas? -me preguntó Eudora.

-¿Cómo no me voy a alejar? Te encontré en el camino y de repente cómo voy a acercarme a ti, te han ultrajado, no quiero que me tomes por uno más.

-Pero en este caso es distinto, Donk, es mí decisión, encuentro a una persona que me auxilia, que me ayuda, me has encontrado indefensa casi muerta en el camino y...

-Tampoco quiero que estés conmigo por agradecimiento, no, no me serviría -le confesé.

-Pero eres atractivo, me atraes.

-Pero no estás bien.

-No prejuzgues. -Me tiró de los brazos y me acercó de nuevo a ella. Me recosté a su lado y empezó a besarme y me trastorné, sentía como que estaba en otro mundo. Tomó uno de los hilos de mi chaleco y me lo fue desprendiendo y se desprendió de su ropa.

-¿Estás segura? -le pregunté.

-Claro que estoy segura.

 

Nuestros cuerpos quedaron desnudos e intimamos. Me sentí distinto, nuevo, tenía a mi lado a una mujer que para mí era la más bella y por primera vez alguien me veía importante. Entiendo lo que dijo Fondalar "Tú te tienes que sentir importante, no debes depender del otro". Que Fondalar dijese lo que dijese, en ese momento sólo pensaba en Eudora, la mujer más bella. Nos quedamos toda la tarde hasta el anochecer besándonos, queriéndonos. Eudora era mi esperanza.

 

 


Sesión 17/01/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Se sentía bien con ella pero más tarde descubrió que le había tendido un engaño. Se encontraba inestable y solo, de nuevo.

 

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Entidad: Me sentía pleno, exultante. No podría decir mejor que nunca, pero recuerdo cuando en aquel valle me curaron de mis quemaduras, es como que hubiera nacido de nuevo, me miraba en el arroyo y tenía de vuelta la cara limpia, fresca gracias a esas hierbas mágicas que me habían sanado mis quemaduras. Y había adoptado por un tiempo la identidad de Novo, ya no era más Donk.

Hoy con Eudora me sentía de la misma manera, como que hubiera renacido, como que fuera una persona nueva. Había encontrado alguien que sentía algo por mí, alguien a quien yo le era importante, alguien a quien yo le significaba algo. Lastimada y todo como estaba, apenas recuperada se había acercado a mí, me había hecho el amor, me había colmado de besos.

 

Tenía hambre, me sentía bien.

-¿Eudora, bajamos a desayunar a la posada?

-Ahora bajo, mi amor -me dijo Eudora-. Me voy a higienizar en el fontón de madera, y me cambio y bajo.

-Sí, mi amor. -La cogí del rostro y le di un beso apasionado, que fue correspondido ampliamente. Me miró sonrió. Me di media vuelta y me marché para abajo.

 

Me pedí una enorme hogaza de pan, una leche de ovino y saboreé el desayuno, me devoré el pan. Me sentía como nuevo, pero luchaba conmigo mismo porque -yo no creo en la suerte, no, no, no creo en la suerte- de repente me encuentro con una persona y al día siguiente es el gran amor.

Tomé un trago más de leche y por apurarme, por apurarme tosí y me clamé. No, no puede ser, no creo en las casualidades, creo en las causalidades. ¿Se apiadó de mí aquel que está más allá de las estrellas? De ser una persona solitaria rechazado por su expareja, con complejos de no poder lograr cosas... Hasta había perdido confianza en el manejo de la espada habiendo sido Novo, el justiciero. Pero ahora con Eudora era distinto, no sé qué pasaría, ignoro cómo era su vida antes de que la atacaran, quizá quiera seguir siendo independiente y no estar conmigo, quizá fue un momento de agradecimiento al haberla recogido en el camino herida, lastimada, golpeada, ultrajada, y esas caricias íntimas fueron un agradecimiento. Eso me hacía sentir mal. Y otra vez y otra vez y otra vez y me molestaba conmigo. ¿Por qué no aceptar que me querían de verdad?, ¿por qué dudar? Y si era agradecimiento solamente, ¿no la pasé bien?, ¿no tuve en mis brazos a la mujer más bella de Umbro?

 

Pero no me bastaba, no, no me bastaba. No sé, algo no cerraba en todo esto.

-¿Qué te pasa que tienes ese rostro? -Me sobresalté. Miré hacia arriba y estaba ella de pie mirándome con unos ojos indescifrables, una mirada que te perforaba. Se sentó y sonrió. Al sonreír su semblante cambió. Sí, cambió.

-Te cuento qué pensaba... Qué será de ti, ya estás casi restablecida. No sé cómo era tu vida...

Me contestó:

-Donk, mi vida era una vida buena, tranquila. Tuve pérdidas, muchas pérdidas, familia, amigos, pero esto colmó todo que me hayan ultrajado, que los bárbaros les caía la saliva hacia mi rostro, y su jefe, Aranet, se reía, él había sido el primero en poseerme.

-Eudora, lo conozco a Aranet, es una persona noble.

-¿Qué tan bien lo conoces?

-Bueno, he estado muchas veces a su lado.

-Pero ¿qué tan bien lo conoces?

-Se que tuvo fracasos; tuvo una pareja que lo dejó, se quiso vengar y una guerrera del norte lo hirió y casi lo mata. ¿En qué piensas?

-En lo que me cuentas. ¿Así que casi lo mata? ¡Hubiera muerto!, no me hubieran ultrajado. Y no me mires así, Donk, ponte en mi lugar, ponte en mi lugar.

 

En ese momento entró en la posada una joven distinta a Eudora, pero igual de bella, con unos ojos que te causaban escalofríos. Mi instinto es como que me hacía sentir como un rechazo. Randora me miró -luego digo por qué dije su nombre-, y la miró a la recién llegada.

-¡Stega, tanto tiempo!

-Querida Eudora... -Y se abrazaron. Me presentó.

-Este es Donk. -Me dio un beso en la mejilla y sentí como un olor a flores.

-Siéntate con nosotros. ¿No hay problema, Donk?

-No, no hay problema.

Eudora dijo:

-Nosotras éramos muy amigas, muy, muy amigas. Ella también pasó por... ¿Me permites contarle, Stega?

-Cuéntale.

-A ella le pasó mucho tiempo atrás algo muy parecido a lo que me pasó a mí ahora.

-¿Qué te pasó? -preguntó Stega.

-Me ultrajaron unos hombres de la resistencia, y este querido, hermoso ser me rescató. Yo ya me daba por muerta, desangrada, me habían clavado un puñal y fingí estar muerta para que me dejen. Cuatro me ultrajaron, el jefe y tres bárbaros más.

-¡Pobre, mi amiga! Pero estábamos hablando con Donk...

-Quiero desquitarme, quiero encontrarlo.

-Te ayudaré, mi amiga -dijo Stega-. A mí de pequeña me han ultrajado varias veces. Sola, sin familia me adoptó una comunidad que era un patriarcado y los hombres tenían a sus mujeres, ¡a todas!, a su disposición aunque fueran criaturas, no importaba, las poseían igual. He pasado por algo inenarrable, no quiero contar mi vida para no causarle impresión a este joven que te ha socorrido.

-¿Puedo contarle algo nuestro? -Eudora le dijo a Stega. Stega se encogió de hombros. Me miraron-. Ambas tuvimos desencanto con los hombres, nunca tuve quien me amara -dijo Eudora-, hasta que te conocí a ti, y seguramente lo que voy a decirte te va a alejar de mí.

-No -negué yo.

-Déjame terminar porque no sabes lo que te voy a contar. Mucho tiempo atrás, cuando éramos más jóvenes, Stega y yo fuimos más que amigas porque no queríamos estar con varones, por brutos, por bestias.

-O sea, que vosotras...

-Sí, pero ahora te... te he conocido a ti y no quiero dejarte. -Me acarició el rostro. Stega se puso mal. La miré y le dije:

-¿Estás triste porque ella me quiere?

-No, soy feliz de que ella haya encontrado un varón que la quiera, estoy triste porque yo necesito un varón que me quiera también. -Eudora la tomó de la mano a Stega y le dijo:

-Yo no tengo problemas que Donk te quiera. -Me eché para atrás en mi asiento.

-¡Cómo! No, no, no entiendo...

-Donk...

-Sé que eres una persona solitaria, pero el amor no se comparte, Eudora. -Me miraron ambas a los ojos. Comieron algo rápido.

-En mis alforjas tengo ropa para cambiarme. Puedo cambiarme... -No la dejó terminar Eudora.

-Arriba tenemos una habitación. -Subimos los tres.

-Yo espero abajo.

-No, quédate -dijo Eudora.

-Pero...

-Quédate. -Stega se sacó la ropa polvorienta y no tenía ademán de vestirse con otra ropa. Eudora me tomó de la mano-. Ven con nosotras.

-No... Nunca tuve esa experiencia tan rara.

-¿Por qué rara?, es amor.

 

Me fue desabrochando los hilos de mi chaqueta y me desnudó. Se sacó la ropa Eudora y los tres nos acostamos en el catre. Si a la noche había tenido una experiencia maravillosa, esta experiencia de la mañana era... ¡ah!, distinta, extraña; ambas besándome...

En un momento de pasión Stega me mordió levemente el cuello, sentí como un cosquilleo agradable y la besé, y la besé mientras Randora me besaba a mí. -Y por segunda vez explico por qué digo ese nombre-. Quedé extenuado pero con mi mente un poco perturbada, me ardía donde me había mordido Stega.

-Tengo sed -dijo Eudora-, voy a bajar. Os espero abajo. -Y aquí viene la explicación: Stega quedó conmigo y me dijo:

-Eres una buena persona. Si no te molesta podremos estar los tres juntos, tú, Randora y yo. -Asentí.

 

Y comenzamos a vestirnos. Yo de espaldas a Stega, de esa manera no miraba mi rostro. Randora era la mujer que se había aliado con Andahazi, Stega inconscientemente se había descubierto. Entonces si se había aliado con Andahazi y era enemiga de la resistencia no existió lo del ultraje, lo de la violación; quizá la propia Stega le causó esa herida para hacerme entrar en un engaño. Por un lado me sentía más tranquilo, había empezado a dudar sobre la honestidad de Aranet y me sentía enojado conmigo mismo. Pero mi rostro no podía disimular todo esto y cuando levanto la vista Stega estaba a mi lado.

-¿Qué?

-Donk, me di cuenta que me equivoqué.

-¿En qué?

-Había quedado con Randora en llamarle... en llamarle Eudora y no me di cuenta que pronuncié su nombre verdadero, y sé que tú no eres tonto. -Me tocó el cuello y me salía sangre.

-Estoy un poco atontado. Tú eres una vampir -asintió con la cabeza.

-Hacía mucho tiempo que un hombre no me conformaba tanto, pero estás con Randora.

-Estáis aliadas.

-No quiero que mueras.

-¿Quién me va a matar? Tengo mi espada.

-Estás un poco atontado, parte de mi saliva puede ya estar en tu sangre y te atonta, pero me caes bien.

-Guardemos el secreto, no diré nada.

-No, eres inteligente pero no sabes fingir, Randora se dará cuenta que sabes algo. Hay otra escalera que va para la parte de atrás de la posada, estás un poco inestable, te acompañaré hasta el establo y te dejaré marchar.

-¿Por qué haces esto?

-Te dije, me he sentido muy bien.

-¿Y la traicionas a tu amiga de tanto tiempo?

-No es mi amiga de tanto tiempo, nos conocimos hace un par de amaneceres, ¡je!, fue todo preparado.

 

Bajamos por la parte de atrás, fuimos a los establos, monté mi hoyuman y cuando estoy a punto de salir estaba ella, la diabólica belleza.

De arriba de mi montura le digo:

-Sé quién eres.

-Me imaginé -dijo Randora-, supuse que la tonta de Stega se equivocaría de nombre.

-No importa, no podrás detenerme.

-Sí que podré. -Tenía un puñal en la mano-. ¿Ves este puñal?, lo puedo lanzar a treinta líneas de distancia. Apenas te muevas te lo clavo en el pecho.

-Eres perversa. Eres perversa, como había dicho Aranet -le respondí. Bajé del hoyuman-. Lánzame el puñal, yo no le escapo a la muerte, no soy cobarde-. En ese momento Stega se puso delante mío.

-Déjalo ir, Randora.

 

Randora ya había lanzado el puñal que se clavó sobre el pecho de la vampir. Monté de nuevo rápidamente, espoleé y salí a todo galope sin mirar para atrás. Stega había dado su vida por mí. Tendría que ir a buscar a Aranet, pero ¿por qué no enfrentarla ahora? Me sentía obnubilado, la saliva de la mordida de Stega me hacía lento de reacciones y no podía arriesgarme. Seguí galopando, me mantenía como podía arriba del hoyuman, tomaba por un camino, luego por otro, luego por otro para evitar que Randora me encontrara. Había tenido una experiencia maravillosa basada en un engaño, y a la que verdaderamente le había interesado, a Stega, estaba muerta. ¡Je, je!, parece que mi destino era ese, el seguir solo.

 

 

 


Sesión 01/02/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

De camino hacia el castillo repasaba los días anteriores, en que había pasado malos momentos. Al llegar encontró que todavía no estaban del todo bien.

 

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Entidad: Había aminorado la marcha, iba al paso, no quería agotar a mi hoyuman. Por dentro todavía me sentía agitado, me sentía molesto. En realidad tenía sentimientos encontrados, Eudora había resultado ser la cruel Randora. ¡Cómo me conocía! ¡Cómo logró hacerme caer en la trampa!, estar tirada en el camino y mentirme de que había sido atacada, ultrajada. Y todo había sido en combinación con la vampir Stega, que luego... No, no le encuentro explicación a su manera de actuar, terminó salvándome la vida y pude escapar.

 

Quedaba menos de mediodía de marcha para llegar al castillo del rey Anán, quería contar todo lo que había vivido. Por otro lado me sentía como... extraño sería poco. No, no sé cómo explicarlo. Estuve al borde de la muerte sin embargo me recordaba de que tuve a ambas en mi lecho, ¿tampoco les interesaba su intimidad que se entregaban con tal de obtener un resultado?, vaya, vaya. ¿Si me sentía eufórico por haber intimado con dos bellezas distintas? Es absurdo ¿no?, sentir euforia y a su vez estar aterrado de saber que si no fuera por Stega ahora estaría muerto. Y no sé qué pasaba en mí que tenía la ansiedad de contar todo lo que me había pasado. ¿Qué es eso, un rol protagónico?

 

Había pasado por tantas cosas: el rescate de Mina, luego el acabar con ese monstruo... no sé de qué otra manera llamarlo, el ver actuar a Fondalar proyectando miedo con su mente en la mente de los demás. ¡Vaya, vaya! ¡Que había sido una larga jornada compuesta de tantos amaneceres! A veces la aventura no está solamente en una batalla, puedo sacar tantas anécdotas de lo que he vivido desde que Aranet me dijo de hacerme el ingenuo y acompañar a uno de los secuaces de quien tenía secuestrada a Mina Valey.

 

Por fin divisé el castillo. La zona estaba alborotada, varios soldados me cerraron el paso pero allí estaba el príncipe Gualterio que les ordenó que me dejaran pasar. Me alarmé al ver su cara, sus ojos llorosos, su semblante. Inspiraba una pena tremenda. Desmonté rápidamente.

-¿Qué ha pasado?

-Es Marya, la atacaron. -Lo acompañé dentro de la fortaleza. Estaba Anán, iba y venía, iba y venía por el salón del trono. Me vio y me abrazó y lloró sobre mi hombro.

-¿Qué pasó con la dama Marya?

-Está muy mal herida y embarazada. -Pegué un respingo.

-¿Perdió la criatura?

-No -negó Anán-, pero si muere, mueren ambos. -Lo llamé a Gualterio y le dije-:

En una de mis alforjas, búscalas por favor, tengo un poco de polvo sanador de hongos que me dio Fondalar, con eso le salvó la vida a Rébel. Desconozco la gravedad de las heridas de la dama Marya pero comprobar con el polvo, la situación no se va a agravar, os lo juro.

 

El príncipe fue corriendo, trajo las alforjas de mi hoyuman, saqué un paquete con el polvo de hongos y una de las damas de compañía junto con el rey Anán le aplicaron a la dama Marya en la herida. El rostro de Marya estaba pálido, había perdido muchísima sangre, su respiración era lenta pero a la vez agitada, tosía, y desvanecida como estaba igual su rostro se retorcía de dolor.

Obviamente no conté nada de lo que me pasó, lo mío era secundario ahora. El rey Anán estaba como disperso en sus pensamientos, casi no hablaba, el príncipe Gualterio por el contrario hablaba y hablaba y hablaba.

Fuimos a la cocina grande y le pedí una bebida fuerte, él también se sirvió.

-Cuéntame por favor -le pedí.

-Estábamos distraídos y nos atacaron, era una guarnición pequeña.

-¿Pero tú piensas que venían del lado de Andahazi?

-No, Donk, no, lamentablemente fue un grupo de leales a mi madre.

-¡Tu madre! ¡Planificó el ataque de la nueva novia de tu padre!

-Ya estaba organizada la boda pero espero que solamente sea una postergación.

-Y lo será, verás que el polvo de hongos la sanará.

-Donk, ha perdido muchísima sangre. Aparte no me extraña lo de mi madre porque en combinación con una supuesta cocinera le dio a padre hongos alucinógenos y llegó a desvariar.

-Por eso la conducta de tu padre diciendo que era inútil la batalla y que no era necesario mandar soldados de su parte y que Aranet igual se llevó bastantes.

-Así es Donk. Y lo peor es que sin querer yo también comí de eso, me afectó de distinta manera.

-¿Cómo?

-Perdí la memoria. No sabía quién era, aparecí en otro pueblo y conocí a una bella joven. Y la iba a ir a buscar cuando sucedió esto.

-Disculpa que te pregunte, pero ¿tu madre estaba encerrada?

-Así es, así es Donk, y no perdí tiempo, estaba tan enfurecido que fuimos con unos soldados y el castigo hubiera sido muy severo pero...

-¿Pero qué? -pregunté.

-La encontramos ahorcada colgando de una cuerda.

-Vaya. Lo lamento, Gualterio.

-No, no, no, yo no lo lamento, yo creo que hay un mal entendido en el significado de las palabras madre, padre. Ser madre, te embarazas y tienes un hijo, ser padre pones una semilla y embarazas a alguien. Pero va mucho más allá, tiene que ver con el amor, con la crianza, con la lealtad, con la forma de educarte, con muchas cosas. Y a mí, quien fuera mi madre no me demostró nada de eso.

-¿Sientes odio?

-No, quizá me hubiera hecho bien sentir odio.

-¿Entonces sientes dolor?

-No, Donk, ¡je, je, je! No. No por ella, siento dolor por mí porque no supe lo que era tener una madre, porque entiendo que mi padre por momentos se desvió del camino, perdió la confianza en sí mismo.

-Gualterio, eso me ha pasado a mí cien veces.

-Entiendo, Donk, pero mi padre no me defraudó conscientemente, pudo haberme defraudado inconscientemente, pero yo separo lo es a propósito de lo que es sin querer. Quizá la forma de pensar mía sea un poco egoísta pero mi madre al atacar a mi padre no pensó en mí, y es cierto que con lo que yo estoy diciendo no estoy pensando en mi padre si no estoy pensando en qué me hubiera pasado a mí, reconozco que estoy hablando de manera egoísta pero bueno es para que se entienda mi manera de ser y de pensar y de que... y de todo.

-Lo entiendo perfectamente príncipe, lo entiendo perfectamente. No sientes dolor porque tu madre se haya ahorcado, tampoco sientes odio por lo que hizo, sientes dolor porque lo que tendría que haber sido y no fue.

-Bien, Donk, esas son las palabras, me las has quitado de la boca. Siento dolor por lo que tendría que haber sido y no fue.

 

Obviamente me quedé allí. Esa noche hablamos de cosas banales. Anán prácticamente estaba recluido en la alcoba con la dama Marya, le iban poniendo pequeñas dosis de polvo, tenía más de una herida. Le dije que le preparen un batido con leche de cabra y le pongan polvo adentro. Y hablamos.

La segunda noche que estuvimos con Gualterio le contaba todo lo que me había pasado, le conté de los urgos, le conté cuando secuestraron a la pareja de Aranet, finalmente le conté de Randora y Stega. Y dentro del dolor que sentía el príncipe Gualterio lanzó una carcajada.

-¿Te ríes príncipe?, estuve al borde de la muerte.

-¡Ja, ja, ja! ¡Ay, Donk!, hay muchas maneras de morir. También te podían haber matado cuando estabas en el lecho con ellas, bien que en ese momento no te quejabas.

Por un momento me sentí molesto, el muchacho se estaba riendo de mí.

-¿Te estás burlando, príncipe?

-No, ¿tú piensas que yo me burlaría de ti?

-Y la verdad que sí.

-Bueno, entonces no te equivocas, ¡ja, ja, ja!

 

La dama Marya estaba mejorando, el rey estaba más distendido y mucho más distendido Gualterio. El cuarto amanecer me dijo:

-Vamos al patio de armas, a ver qué tan bueno eres con la espada.

-Discúlpame, mi príncipe, pero... discúlpame, mi príncipe, pero tú aún no estás maduro para cambiar golpes conmigo con la espada. -Me miró y sonrió irónicamente.

-Por las dudas no te descuides. ¿Buscamos espadas de madera?

-Donk, eso es para niños.

-Entonces le ponemos un tapón en la punta.

-No, es a primera sangre.

-Tu padre me va a colgar si te hiero.

-Diré que te obligué.

 

Fuimos a intercambiar, por supuesto traté de medirme. No quería lastimar al príncipe y no vi venir el golpe con tanta velocidad que apenas me hincó en un costado del cuerpo. Apenas, pero sangré.

-¿Ves?, ¿ves que nunca hay que confiarse?

-Pero yo me medía, yo me contenía para no herirte.

-No, no, no, quedamos en que era a primera sangre. Perdiste.

-Vaya con el muchacho. ¿Me darás revancha?

-Con el tiempo, ahora dejaremos que cure tu herida. Por las dudas, ¿te quedaron más polvos de hongos?

-Esos son para la dama Marya. Además, es un pinchacito. ¡Qué polvo! ¡No preciso nada!

-Bueno, Donk, vamos a comer algo, no quiero que te debilites por la pérdida de sangre.

-¡Pero Gualterio, si no estoy perdiendo sangre! -Y lo miré-. Te estás burlando otra vez.

-Donk, ¿tú piensas que yo puedo burlarme de ti? Sí, tienes razón puedo burlarme de ti.

 

Y me abrazó de vuelta. Era tan comprador, Gualterio, tan fácil de caer simpático... Lo adoptaría como si fuera un hermano menor. Y se lo dije.

-¿Tú serías mi hermano mayor?

-¿Por qué no?

-Porque puedes ser mi padre.

-¡Caramba, no soy tan grande! -protesté-. Ya sé, no digas nada, te estás burlando de vuelta.

-No, Donk esta vez no, esta vez lo dije en serio. -Y salió corriendo para la cocina.

 

Fui caminando despacio, el ejercicio me había abierto el apetito. Me toqué el costado y, ¡será posible!, me dolía, pero no iba a decir nada, no quería que el príncipe se siguiera burlando.

Por suerte la dama Marya se estaba recuperando y el embarazo seguía su curso.

 

Gracias por escucharme.