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Psicoauditación - Edgar Martínez

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 06/11/2018

 

 


Sesión 06/11/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

De repente se les presentó un ejército a las puertas del castillo. Miles de soldados. En la primera escaramuza quedaron igualados, pero sólo era el principio.

Sesión en MP3 (2.385 KB)

 

Entidad: A veces hay vivencias extrañas debido a los acontecimientos, pero también a eso que flota en el aire, a la intuición, al presentimiento.

 

Estaba recostado y sentía como una electricidad en el aire y el cielo estaba despejado, pero mis vellos de la nuca se erizaban como bestias salvajes, también los de los brazos, había como un magnetismo. Me levanté, me calcé las botas, me puse el cinto, la espada. Caminé por los pasillos todos dormían.

Llegué a la sala principal, había unos murmullos en el balcón, me asomé...

-¡Vosotros!

Donk se dio vuelta:

-¡Aranet!

La miré a Núria:

-¿No escuchas nada?, ¿no sentís como una electricidad en el aire? -Núria se miró las manos-. Siento que mis manos pican, como que quieren lanzar electricidad. ¡Ah! No estoy tranquilo.

Donk me miraba.

-¿Tú, Aranet, no estás tranquilo?

-No, no estoy tranquilo. -Salí para el patio de armas, Núria y Donk me siguieron. Afuera estaba Fondalar como escuchando, como al acecho. Me miró.

Y le pregunté:

-¿Tú también sientes como una electricidad?

-Siento... siento como voces en mi cabeza.

-¿Y qué piensas? -pregunté.

-Siento que se acerca gente.

Estaba Albano. Le dije:

-Toca la campana grande, la de la alarma. -La tocó tres veces, los soldados estaban bien entrenados.

Se asomó Anán.

-¿Qué sucede?

-Parece que viene gente hacia el castillo.

-Tradúceme gente.

-Un ejército.

Núria dijo:

-¡Randora! ¡Es Randora!

Anán dijo:

-¡Pero cómo se atreve! Por más que haya reclutado gente los vamos a aniquilar. Esta vez los vamos a aniquilar a todos.

 

Ya estaba casi amaneciendo, ordené que apagaran todos los faroles de aceite.

Luego le dije a Anán, sonriendo:

-Discúlpame por pasar por encima tuyo.

Anán sonrió.

-Era necesario y urgente.

 

Se prepararon arqueros en los muros. Se despertó toda la gente, incluso los civiles.

Marché para la feria feudal.

-Dejen guardada la mercadería y enciérrense en sus casas, parece que se acercan para atacarnos. Pero quedaros tranquilos, los rechazaremos.

 

Estábamos todos preparados rápidamente.

Vi dos vigías a lo lejos, vieron un ejército, un ejército que tanto Fondalar como yo lo habíamos presentido, Fondalar en su mente, yo en mi piel.

Se acercó Ezeven.

-Siento que me cosquillea todo el cuerpo.

-Sí, sí.

-Para vosotros es normal, pero yo no tengo esas habilidades vuestras, mi vello se erizó por mi instinto, mi instinto salvaje.

Fondalar era bastante más grande que todos nosotros pero su vista seguía siendo muy muy aguda y nos dijo:

-Es increíble.

Se acercó Émeris:

-¿Qué?

-¡Mira! -Y a Núria-. Mirad adelante del ejército. -Estaban todos los practicantes, todos los que estaban en la academia de mentos.

-No puede ser -dijo Fondalar.

 

Divisé al lado de Randora a un hombre que aparentemente los dirigía a todos los de la academia de la exfortaleza de Villareal.

-Me imagino lo que sucede -comenté.

-Yo también -dijo Fondalar-, el que está al lado de Randora debe ser un poderoso mento, y es tan astuto que no mató a nadie, los pone adelante, adelante del ejército que trae.

Me dirigí a Albano:

-Dad orden a los arqueros que no disparen.

-¡Pero Aranet!

-Adelante va gente inocente son estudiantes, estudiantes de Fondalar y de Émeris. -Me sentí desconcertado. Yo, el guerrero, desconcertado.

Le pregunté a Fondalar:

-¿Qué hacemos?, ¿qué podemos hacer?

Fondalar me miró.

-Vamos a hacer una cosa, abriremos el portón principal y saldremos con Ezeven, trataremos de dominar a los estudiantes.

-Iré con vosotros -exclamó Ciruela.

-No, eres muy pequeña -dijo Fondalar.

-No importa, no es para los estudiantes, si ese hombre es un mento poderoso lo incineraré.

-Me distraerás -dijo Fondalar-, estaría preocupado por ti, pequeña Ciruela.

-Déjala, déjala que venga -pedí yo-, estará detrás mío.

-Iré con vosotros -dijo Donk-, estaré detrás vuestro, pero alerta.

Albano dijo:

-Aunque sea, llevad una pequeña guardia de veinte soldados.

 

A veces para preparar una batalla se precisa estrategia, táctica, tiempo, pactan las partes, no se ponen de acuerdo, lo que sea, pero aquí fue todo tan tan sorpresivo...

Con nosotros también salieron las dos mujeres, Núria y Émeris. Y en ese momento cientos de flechas partieron de detrás de los jóvenes académicos.

Ezeven y Fondalar se pusieron delante: la mayoría de las flechas cayeron sin llegar a tocarnos.

Ya estaban cerca. Fondalar, lo primero que hizo fue mirar a los académicos que titubeaban, no sabían si seguir avanzando o no.

Miré al hombre que estaba al lado de Randora, ese era el mento.

Cogí de otro soldado un arco y una flecha y apunté: ¡Aaah! En ese momento sentí una flecha en el hombro. Miré para el costado: otra flecha a Núria. Otra flecha a Émeris y otra flecha a Fondalar.

Ciruela se asomó de detrás mío y dirigió una mirada al hombre que estaba al lado de Randora: el hombre titubeó, la miró a Ciruela y Ciruela cayó de rodillas.

Vi que entre los académicos se escurría Donk. En el tumulto no lo vieron. Se acercó detrás del hoyuman del mento y pegando un salto le clavó un puñal en la espalda.

De alguna manera, no sé cómo, pudo eludir el contraataque y se acercó hacia nosotros. Núria, herida y todo se acercó hacia Randora. Randora habló con el mento herido, dieron vuelta y marcharon a todo galope hacia atrás.

Desconcertados los jóvenes académicos, los estudiantes de la academia de mentos no sabían qué hacer.

 

Donk llegó, no estaba ileso, tenía una pequeña herida también en el hombro. Los jóvenes mentos recuperaron la conciencia fuera del poder del poderoso mento. Inmediatamente se percibieron de que su maestro Fondalar estaba herido y lo fueron a socorrer.

 

Los miré a todos.

-¿Estáis bien?

-Sí.

-¿Estáis conscientes?

-Sí.

-Venid adentro. Cargar a Fondalar, cargar a las damas, vamos a dentro del castillo. -Las heridas no eran graves, quizá la más dolorosa era la de Fondalar, al costado del estómago. La mía en el hombro, las de las damas también en el hombro.

Donk manaba sangre, pero dijo:

-No es nada grave. -Nos atendieron a todos.

Anán se dirigió a Donk:

-Ha sido muy heroico lo que has hecho.

-Hice lo que pude.

-Podías haber perdido la vida.

-Era una vida contra la de todos vosotros -respondió Donk.

 

Y tenía razón, porque Fondalar había llegado a dominar a sus alumnos que había estado bajo el control de ese mento, pero una vez herido, el mismo dolor hizo que el poder de su mente parara en ese momento y el mento hubiera aprovechado para arrojar hostilmente a los estudiante contra nosotros. El hecho de que Donk lo hiriera emparejó las cosas: el mento también en ese momento salió del trance mental y los estudiantes quedaron libres.

Todo ocurrió tan de repente, tan de repente... Muy astuto el dejar adelante los estudiantes para que no disparáramos nuestras flechas. Ahora habían perdido la ventaja, los jóvenes mentos estaban con nosotros y le relataron a Fondalar lo que había pasado en la fortaleza de Villareal.

 

Esto recién empezaba, pero sería momento de terminarlo de una vez por todas.

 

Gracias por escucharme.