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Psicoauditación - Edgar Martínez

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 06/11/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

De repente se les presentó un ejército a las puertas del castillo. Miles de soldados. En la primera escaramuza quedaron igualados, pero sólo era el principio.

Sesión en MP3 (2.385 KB)

 

Entidad: A veces hay vivencias extrañas debido a los acontecimientos, pero también a eso que flota en el aire, a la intuición, al presentimiento.

 

Estaba recostado y sentía como una electricidad en el aire y el cielo estaba despejado, pero mis vellos de la nuca se erizaban como bestias salvajes, también los de los brazos, había como un magnetismo. Me levanté, me calcé las botas, me puse el cinto, la espada. Caminé por los pasillos todos dormían.

Llegué a la sala principal, había unos murmullos en el balcón, me asomé...

-¡Vosotros!

Donk se dio vuelta:

-¡Aranet!

La miré a Núria:

-¿No escuchas nada?, ¿no sentís como una electricidad en el aire? -Núria se miró las manos-. Siento que mis manos pican, como que quieren lanzar electricidad. ¡Ah! No estoy tranquilo.

Donk me miraba.

-¿Tú, Aranet, no estás tranquilo?

-No, no estoy tranquilo. -Salí para el patio de armas, Núria y Donk me siguieron. Afuera estaba Fondalar como escuchando, como al acecho. Me miró.

Y le pregunté:

-¿Tú también sientes como una electricidad?

-Siento... siento como voces en mi cabeza.

-¿Y qué piensas? -pregunté.

-Siento que se acerca gente.

Estaba Albano. Le dije:

-Toca la campana grande, la de la alarma. -La tocó tres veces, los soldados estaban bien entrenados.

Se asomó Anán.

-¿Qué sucede?

-Parece que viene gente hacia el castillo.

-Tradúceme gente.

-Un ejército.

Núria dijo:

-¡Randora! ¡Es Randora!

Anán dijo:

-¡Pero cómo se atreve! Por más que haya reclutado gente los vamos a aniquilar. Esta vez los vamos a aniquilar a todos.

 

Ya estaba casi amaneciendo, ordené que apagaran todos los faroles de aceite.

Luego le dije a Anán, sonriendo:

-Discúlpame por pasar por encima tuyo.

Anán sonrió.

-Era necesario y urgente.

 

Se prepararon arqueros en los muros. Se despertó toda la gente, incluso los civiles.

Marché para la feria feudal.

-Dejen guardada la mercadería y enciérrense en sus casas, parece que se acercan para atacarnos. Pero quedaros tranquilos, los rechazaremos.

 

Estábamos todos preparados rápidamente.

Vi dos vigías a lo lejos, vieron un ejército, un ejército que tanto Fondalar como yo lo habíamos presentido, Fondalar en su mente, yo en mi piel.

Se acercó Ezeven.

-Siento que me cosquillea todo el cuerpo.

-Sí, sí.

-Para vosotros es normal, pero yo no tengo esas habilidades vuestras, mi vello se erizó por mi instinto, mi instinto salvaje.

Fondalar era bastante más grande que todos nosotros pero su vista seguía siendo muy muy aguda y nos dijo:

-Es increíble.

Se acercó Émeris:

-¿Qué?

-¡Mira! -Y a Núria-. Mirad adelante del ejército. -Estaban todos los practicantes, todos los que estaban en la academia de mentos.

-No puede ser -dijo Fondalar.

 

Divisé al lado de Randora a un hombre que aparentemente los dirigía a todos los de la academia de la exfortaleza de Villareal.

-Me imagino lo que sucede -comenté.

-Yo también -dijo Fondalar-, el que está al lado de Randora debe ser un poderoso mento, y es tan astuto que no mató a nadie, los pone adelante, adelante del ejército que trae.

Me dirigí a Albano:

-Dad orden a los arqueros que no disparen.

-¡Pero Aranet!

-Adelante va gente inocente son estudiantes, estudiantes de Fondalar y de Émeris. -Me sentí desconcertado. Yo, el guerrero, desconcertado.

Le pregunté a Fondalar:

-¿Qué hacemos?, ¿qué podemos hacer?

Fondalar me miró.

-Vamos a hacer una cosa, abriremos el portón principal y saldremos con Ezeven, trataremos de dominar a los estudiantes.

-Iré con vosotros -exclamó Ciruela.

-No, eres muy pequeña -dijo Fondalar.

-No importa, no es para los estudiantes, si ese hombre es un mento poderoso lo incineraré.

-Me distraerás -dijo Fondalar-, estaría preocupado por ti, pequeña Ciruela.

-Déjala, déjala que venga -pedí yo-, estará detrás mío.

-Iré con vosotros -dijo Donk-, estaré detrás vuestro, pero alerta.

Albano dijo:

-Aunque sea, llevad una pequeña guardia de veinte soldados.

 

A veces para preparar una batalla se precisa estrategia, táctica, tiempo, pactan las partes, no se ponen de acuerdo, lo que sea, pero aquí fue todo tan tan sorpresivo...

Con nosotros también salieron las dos mujeres, Núria y Émeris. Y en ese momento cientos de flechas partieron de detrás de los jóvenes académicos.

Ezeven y Fondalar se pusieron delante: la mayoría de las flechas cayeron sin llegar a tocarnos.

Ya estaban cerca. Fondalar, lo primero que hizo fue mirar a los académicos que titubeaban, no sabían si seguir avanzando o no.

Miré al hombre que estaba al lado de Randora, ese era el mento.

Cogí de otro soldado un arco y una flecha y apunté: ¡Aaah! En ese momento sentí una flecha en el hombro. Miré para el costado: otra flecha a Núria. Otra flecha a Émeris y otra flecha a Fondalar.

Ciruela se asomó de detrás mío y dirigió una mirada al hombre que estaba al lado de Randora: el hombre titubeó, la miró a Ciruela y Ciruela cayó de rodillas.

Vi que entre los académicos se escurría Donk. En el tumulto no lo vieron. Se acercó detrás del hoyuman del mento y pegando un salto le clavó un puñal en la espalda.

De alguna manera, no sé cómo, pudo eludir el contraataque y se acercó hacia nosotros. Núria, herida y todo se acercó hacia Randora. Randora habló con el mento herido, dieron vuelta y marcharon a todo galope hacia atrás.

Desconcertados los jóvenes académicos, los estudiantes de la academia de mentos no sabían qué hacer.

 

Donk llegó, no estaba ileso, tenía una pequeña herida también en el hombro. Los jóvenes mentos recuperaron la conciencia fuera del poder del poderoso mento. Inmediatamente se percibieron de que su maestro Fondalar estaba herido y lo fueron a socorrer.

 

Los miré a todos.

-¿Estáis bien?

-Sí.

-¿Estáis conscientes?

-Sí.

-Venid adentro. Cargar a Fondalar, cargar a las damas, vamos a dentro del castillo. -Las heridas no eran graves, quizá la más dolorosa era la de Fondalar, al costado del estómago. La mía en el hombro, las de las damas también en el hombro.

Donk manaba sangre, pero dijo:

-No es nada grave. -Nos atendieron a todos.

Anán se dirigió a Donk:

-Ha sido muy heroico lo que has hecho.

-Hice lo que pude.

-Podías haber perdido la vida.

-Era una vida contra la de todos vosotros -respondió Donk.

 

Y tenía razón, porque Fondalar había llegado a dominar a sus alumnos que había estado bajo el control de ese mento, pero una vez herido, el mismo dolor hizo que el poder de su mente parara en ese momento y el mento hubiera aprovechado para arrojar hostilmente a los estudiante contra nosotros. El hecho de que Donk lo hiriera emparejó las cosas: el mento también en ese momento salió del trance mental y los estudiantes quedaron libres.

Todo ocurrió tan de repente, tan de repente... Muy astuto el dejar adelante los estudiantes para que no disparáramos nuestras flechas. Ahora habían perdido la ventaja, los jóvenes mentos estaban con nosotros y le relataron a Fondalar lo que había pasado en la fortaleza de Villareal.

 

Esto recién empezaba, pero sería momento de terminarlo de una vez por todas.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 14/11/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

La entidad relata que en Aerandor III estaba siendo perseguido por los soldados, pero que en un momento dado aceptó enseñar a defenderse a los habitantes de un pueblo, temerosos de los saqueadores y guerreros.

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Sesión relacionada

 

Entidad: Siempre fui duro. Estaba absolutamente solo pero no sufría esa angustia como quizá puedan sufrir otros. Trataba de rehacer mi vida, no era fácil, no era fácil habiendo perdido a mis padres, no era sencillo.

 

Había cambiado mi vestimenta y me vestía todo de oscuro, a veces con una capucha. Me miraban de una forma extraña, como teniéndome miedo, pero prefería eso y no estar a rostro descubierto. Muchas veces en tres o cuatro poblados me crucé con soldados pero no tuve inconvenientes. En algunos pueblos habían puesto dibujos de mi rostro, pero que no se parecían a mí. Una vez sólo, una pequeña delegación de cuatro soldados me preguntó si yo era Tago.

Les dije:

-No.

-¿Cómo te llamas? -Me molestaba que me interrogaran.

-Mi nombre no importa, no soy Tago. -Me rodearon los cuatro tocando sus espadas. Les advertí-: No las saquen, no me hagan lastimarlos. -Lanzaron una carcajada.

-Eres muy presumido. Vendrás con nosotros.

-Seguramente alguno de vosotros tendréis familia, hijos..., no hagáis que pese vuestra muertes en mi conciencia. -Se molestaron más con mis palabras. Sacaron sus espadas pero no alcanzaron a ver mis movimientos, en cuarenta segundos yacían los cuatros en el piso (suelo) sin vida.

 

Un hombre vio la escena, abrió los ojos con una tremenda sorpresa, pero no se alejó. Enfundé mi espada y me alejé. Vi que el hombre me seguía, me di vuelta y le dije:

-¿Qué quieres?

-Me llamo Juan, necesitaría hablar contigo.

-Dime directamente qué quieres -insistí.

-Bueno, yo vine a comprar unos materiales en mi carro, y donde vivimos siempre asolan la aldea, nos roban.

-Lo siento pero no... no sirvo para estar cuidando un pueblo por más que me paguen bien.

-No, no, no queremos que cuides, hace tiempo que estaba buscando a alguien muy bueno para que nos enseñe a defendernos.

-¿Y pensáis que el manejo de la espada es de un día para el otro? -argumenté.

-No -dijo el hombre-, por supuesto que no, pero algo es algo. Te daremos casa, comida, te quedas el tiempo que tú lo desees.

-No, no me interesa.

-Una moneda plateada al día, por favor.

-Vaya, pagáis bastante, estáis desesperados. -Se encogió de hombros.

-De verdad que estamos desesperados.

-Está bien. ¿A cuánto tiempo queda vuestro pueblo?

-Medio día de viaje, llegaremos casi al atardecer. ¿Tienes caballo?

-No -negué-, no tengo, voy a pie.

-¡A pie! Hay mediodía de distancia entre un pueblo y el otro. -Me encogí de hombros.

-No tengo hogar, no tengo familia. No tengo nada.

 

Y fui con este hombre llamado Juan a otro poblado, era más pequeño pero más agradable. Había bastantes granjas, un mercadito donde vendían aves, cerdos. Y bastante gente. Lo que no tenían era un almacén grande de ramos generales, por eso Juan había ido al otro pueblo.

Le dije a mi interlocutor:

-¡Pero aquí no hay riquezas para que puedan asolar la aldea! ¿Qué se pueden llevar unos corderos, unos puercos, unas aves?

El hombre me miró y me dijo:

-Y a veces pequeños jóvenes que los tendrán como esclavos. O niñas, que imagínate para qué las quieren.

-¡Ah! Ahora es tarde. ¿Dónde me alojo?

-Allí, en aquella casa, en la mitad del poblado.

-Normalmente me alojo al final de un poblado, pero está bien. ¿Y dónde como?

-En la taberna. Te presentaré a todos, los llamaré a todos.

 

Mientras comía fue apareciendo gente. La taberna era bastante grande pero no cabían todos, había como treinta personas.

-¿Cómo te llamas?

-Mi nombre es Tago. ¿Alguno tiene experiencia con la espada o con un hacha? -Dos levantaron la mano.

-Con la espada no, con el hacha podemos talar árboles.

-¡Je! No, estoy hablando en combate. El hacha también se usa para matar. En el norte incluso usan hachas de dos filos.

-No las conocemos.

-Me imagino que no. Bueno entiendo que tenéis trabajo pero a la mañana, un par de horas, les enseñaré. Y a los que se desocupen temprano, a la tarde, también.

 

Y al día siguiente desayuné y empecé a enseñarles a los torpes granjeros. Muy torpes, muy lentos.

Pero yo era exigente, muy exigente. El primer día los tuve como tres horas. Eran dieciocho jóvenes, apenas podían caminar.

-Lo siento -dijeron-, pero no podemos ir a trabajar en estas condiciones.

-Bueno. Entonces, a partir de mañana trabajaréis y a media tarde practicaremos. Tampoco quiero que faltéis al trabajo.

 

Al cuarto día eran como cuarenta personas practicando una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

-¿Cuándo nos darás espadas de verdad?

-No, no, que el herrero se quede tranquilo por ahora, no quiero que os lastiméis. Les voy a enseñar, aparte, lucha cuerpo a cuerpo.

-¿Cómo es eso?

-Tomarse, a ver quien vence al otro con las manos sin golpearse. No hablo de riña hablo de lucha.

-Pues aquí tenemos a uno que se llama Sam. -El hombre se acercaba, no parecía ser un hombre de muchas luces pero me llevaba una cabeza-. A Sam nadie lo vence. Así que muéstranos lo que sabes.

Me reí, rara vez me reía pero me reí: -¿Acaso me estáis probando?

 

Lo saludé a Sam. Le tendí la mano y me la apretó, tenía bastante bastante fuerza.

-¿Podemos mostrarle a tus amigos lo que es Lucha?

Sam me replicó:

-No sé luchar, sé pelear a puño limpio.

-Pero también sabes tomar del cuello.

-Sé tomar del cuello y levantar un hombre sobre mi cabeza y lanzarlo a metros de distancia.

-Bien, mostrémosles.

-¡Pero se van a quedar sin maestro!

-No, por mí no te preocupes. -Me saqué el cinto, la espada y le dije a Juan-: Me la cuidas. -Armaron un círculo.

 

Sam arremetió: lo esquivé. ¡Buf! Se molestó. Arremetió de vuelta: lo esquivé. Sam dijo:

-¡Pero eso no es lucha, te escapas!

-No me escapo, te estoy esquivando. Tú eres más pesado que yo, eres fuerte, ¿por qué ir al encontronazo, por qué ir al choque contigo?, eso sería torpeza por mi parte. Pero está bien, no te voy a esquivar.

 

Arremetió de nuevo: me agaché, pasó por encima mío y me paré (levanté). Me paré (levanté) y con mi hombro, sobre su ingle, lo hice dar una vuelta en el aire y cayó de espaldas. Apenas podía levantarse.

-¿Cómo has hecho eso?, peso ciento cuarenta kilos.

-En realidad yo no te he levantado -le dije-, pienso que con mi físico puedo levantar ese peso, pero no te he levantado, fue tu impulso. Me agaché, me paré (levanté) y con mi hombro lo que hice es darte más impulso: diste una voltereta en el aire y caíste. Pero está bien. ¿Estás dolorido, puedes levantarte?

-Estoy dolorido, pero puedo levantarme y puedo tumbar un toro con mi puño.

-Bien. ¿Quieres intercambiar golpes?

-¡Si no se quedan sin maestro...!

-¡Je, je! -Volví a reír-. La verdad que la estoy pasando bien aquí. Intercambiaremos golpes.

-O sea, ¿dejarás que te pegue?

-No, lo de intercambiar -expliqué-, es una manera de decir; yo te golpearé.

-O sea, ¿que no permites que yo te golpee? -dijo Sam.

-No, no, no; tú intenta golpearme todas las veces que quieras, sólo que no podrás. -Lanzó uno, dos, tres golpes: un golpe mío seco a la parte hepática. Se puso de rodillas. Otro golpe al mentón y cayó de espaldas.

 

Se levantó hecho una furia: -Has tenido suerte. -Me encogí de hombros.

-Sigamos. -Arremetió de vuelta: lo esquivé una, dos, tres veces, golpe al estómago: otra vez cayó de rodillas-. Sam, estás muy mal preparado, tienes un cuerpo que muchos envidiarían por tu fortaleza, por tu altura, por tu peso. Puedes levantar un tronco y capaz sí puedas derribar un toro, pero no tienes estado físico, no pego tan fuerte y sin embargo te derribo.

-Pero un golpe en el estómago derriba a cualquiera.

-No, no es así.

-Claro que sí. -Y lanzó un golpe a mi estómago. Lo vi venir, no lo esquivé. Su mano me pegó, de verdad que me dolió pero no me movió. Quedó sorprendido, igual que toda la gente-. ¿Que tienes el estómago de hierro?

-No, hago algo que se llama abdominales, hago ejercicios con el estómago. Obviamente permití esta vez que me pegues pero tranquilamente podías haberme quebrado una costilla también. Eres muy fuerte, Sam, pero dejarás que yo te prepare para que seas más fuerte todavía.

-Con todo gusto, ahora también eres mi maestro.

 

Y siguieron los días. Veinte, treinta días, cuarenta días. El herrero ya había hecho algunas espadas, pero las hacía ir despacio para que no se lastimen entre ellos. También les hice practicar lucha cuerpo a cuerpo.

 

A Sam le decía:

-Ten cuidado con los demás, no los rompas en dos pedazos. -Se reía, me daba flor de palmada en la espalda que me hacía tambalear. Era una bestia pero era simpático, se asombraba más que nada de mi dureza, era el único de la aldea al que no podía doblegar, por eso me respetaba.

Un día me dice:

-¿Sabes lo que es Pulso?

Le digo:

-Sí, en mi región le llamaos pulseada, nos tomamos de la mano y a ver quien vence al otro.

-Ni dos a la vez pueden conmigo -me dijo Sam. Hice un gesto como diciendo "Ese no es mi problema"-. Te invito.

 

Sacó las cosas de una mesa con rudeza y clavó su codo. La gente me miraba. Sonreí, acepté el reto.

Juntamos las manos. Empezó a hacer fuerza, y traspiraba. Yo no hacía fuerza, yo tenía el codo clavado y me mentalizaba en tener el brazo recto, recto, recto, recto, recto. Cerré los ojos. Sentía que seguía haciendo fuerza, apenas respiraba. De repente abrí los ojos y vi la cara de sudor que tenía Sam, el agotamiento. Y empecé a hacer fuerza, fuerza, fuerza, fuerza, y lo llevé.

En el pueblo no lo podían creer, había vencido con la fuerza de brazo a una bestia de ciento cuarenta kilos y dos metros de altura.

 

Esa noche fuimos a tomar algo todos.

-Invito yo con mi moneda de plata, la que me gané ahora.

Me preguntaron.

-¿De dónde eres?

-De muchos lados. Mis padres eran granjeros, los acusaron injustamente por un robo y yo tengo la culpa de que los hayan matado, porque me enfrenté a los soldados.

-¿Los venciste?

-Los vencí. Eran como ocho, pero mientras yo luchaba con unos, los otros me dejaron huérfano. Pero bueno, es historia vieja.

-¿Y esos soldados de dónde eran?

-De un condado vecino a donde estábamos. Me buscaron y han puesto precio a mi cabeza. Saben que me llamo Tago. Pero rara vez pueden vencerme, tienen que ser muchos para lograr herirme.

-¿Pero dónde has aprendido el arte de la espada? -preguntó Sam.

-Es historia vieja. Sé que tengo instinto, sé que tengo reflejos, es como que hubiera nacido con la espada, como que fuera una extensión de mi brazo. No voy a quedarme mucho tiempo aquí, voy a seguir viaje, no me gusta estar en un lugar.

-¿No has tenido mujer nunca?

-¡Je! -Sonreí con pena-. Había una joven, una joven llamada Triana, nunca tuve nada con ella pero no me olvido nunca su rostro.

-¿Y qué pasó con ella?

-Sus padres, su madre mejor dicho, fue la que acusó a mis padres de robo.

-¿Y no los has matado?

-No, no. Triana, además, no tuvo nada que ver. Me pone mal recordarme ese capítulo. Estaré unos días más con vosotros y voy a seguir viaje, me molestan los abusos, las tiranías, me molesta mucho todo eso. Amo la justicia, pero la justicia de verdad, no las justicias oportunas de hombres con intereses espurios, oscuros.

-No te entendemos.

-No importa, lo importante es que aprendan a defenderse antes que me vaya. Vamos, sigamos tomando un poco más.

 


 

Sesión 19/12/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

La entidad relata cómo cayó preso por unos asaltantes y obligado a trabajar como otros esclavos. Más tarde, una gente de una Orden acabó con los asaltantes. Él seguía sin armas.

Sesión en MP3 (2.496 KB)

 

Entidad: Estaba tan satisfecho de haber instruido a esa gente con las armas...

 

No me interesa formar guerreros, pensaréis que lo hablo con ironía pero detesto la violencia. ¡Je! Pensaréis "¡Qué dice este hombre, es una máquina de matar!". No, me interesa hacer justicia, me interesa que los vulnerables puedan defenderse. No, no me interesa la violencia, cuando ejercí la violencia perdí a mis padres. No era lo que yo quería, entendí que no podía hacer otra cosa y lo pensé una, dos, mil veces, y no, no podía hacer otra cosa.

 

La gente no quería que me fuera. Me despedí, tenía que seguir mi camino.

Siempre estuve alerta ante asaltantes del camino pero nunca me imaginé que de las alturas podían lanzar una piedra con una onda a tanta distancia y pegarme en la cabeza. Caí de mi montura, no llegué a perder el conocimiento pero estaba muy aturdido, muy muy aturdido. La piedra cayó de la altura con mucha velocidad, podía haberme abierto el cráneo. Dentro de todo, aquel que está más allá de las estrellas me ayudó, evidentemente mi misión no había terminado.

Estaba con una semiinconsciencia cuando recobre mis sentidos, estaba amarrado y me llevaban. Miré hacia los costados, había más de cincuenta prisioneros amarrados, y un hombre montado a los que quedaban rezagados les daba latigazos en la espalda.

Miré hacia mis costados y no tenía peso obviamente me habían sacado el cinto con las espadas, también mi puñal. En este momento me sentía bastante indefenso.

 

Llegamos a un costado del camino. No tenía sentido rebelarme, había más de cincuenta soldados, la misma cantidad que prisioneros. La diferencia que nosotros estábamos todos desarmados. Nos liberaron, nos desataron las muñecas de las cintas de cuero, que estaban muy apretadas. Nos sirvieron un guiso y comimos, nos permitieron beber agua.

Llegamos a un camino, había muchas mulas, gente que agarraba piedras de las canteras y las embolsaba en unas bolsas de cuero. Miré las piedras y vi que tenían un brillo como plateado, aparentemente era plata. No entendía el idioma, era similar al que yo hablaba pero no exactamente el mismo. Nos hicieron cargar las piedras.

Había hombres muy grandes, muy vulnerables, grandes en edad, y caían de rodillas, dos de ellos murieron a latigazos. Evitaba mirar fijamente a mis captores.

 

Las mulas estaban sobrecargadas de peso. Hombres y animales, ambos éramos esclavos de esa gente que no sabía quién era. ¿Si se me cruzó por la cabeza hablar con los otros esclavos para rebelarnos? No. Los veía, de los cuarenta y ocho que quedábamos, dos, tres a más tardar podían defenderse, los demás estaban muy débiles, y además no parecían guerreros; granjeros, gente de las estepas, algunos beduinos..., éramos una hilera silenciosa. Era tremendo.

Y me fijé en algo. Los últimos, mirando disimuladamente hacia atrás, con ramas con hojas espesas iban borrando nuestros rastros, parece que querían eliminar las huellas. ¡Ajá, ja, ja! O sea, que alguien nos seguía. Lo ideal sería que nos alcanzaran... o acaso estaríamos peor.

Seguimos caminando, más gente siguió cayendo, no podían con el peso.

Miraba de reojo hacia todos los captores y había uno de piel negra que era uno de los que mandaba también, que portaba mis espadas. Yo miraba hacia el piso, cargaba la piedra que me tocó sin quejarme, evitaba llamar la atención.

 

En mi vida muy pocas veces he tenido momentos de paz, de armonía: Gente seguía cayendo, mucha gente seguía cayendo.

 

Anduvimos prácticamente hasta cuando el sol se estaba poniendo. Descansamos de vuelta. A ellos no les importábamos nosotros, quedábamos cuarenta y dos esclavos vivos. Mis palabras sonarán muy fuertes, pero había dos o tres viejos que prácticamente reventaron por dentro del esfuerzo que les imponían, otros vomitaban sangre. Muchos cayeron extenuados.

Nos dieron de vuelta de comer. Comí toda mi ración aunque sabía a rancio y bebí el líquido que me dieron, que era agua con alguna planta con un olor extraño, a menta, pero comí y bebí todo, se trataba de no debilitarme. Nos permitieron descansar y antes de que saliera el sol salimos nuevamente.

 

A lo lejos se escuchó un griterío, galope, más griterío. Me di vuelta y muchos guerreros desconocidos se abalanzaron sobre nuestros captores, una lucha tremenda. Me quedé como encogido esperando, agazapado, pero con nosotros no se metieron. Pasó lo que tenía que pasar, ganaron los atacantes. Acabaron con los cincuenta captores y ellos no eran muchos más, sería sesenta, setenta hombres, pero muy bien entrenados. Hablaban mi idioma.

Uno preguntó:

-¿De dónde sois? -Los cuarenta y dos sobrevivientes bajaban la cabeza. Me puse de pie, le comenté que me habían golpeado con una piedra lanzada con una onda desde lo alto y me atraparon-. ¿Quién eres?

-Mi nombre es Tago, y ese cadáver tiene mis armas.

-¿Sabes quienes somos?

-No -negué.

-Somos de la Orden Blanca.

-No conozco la Orden Blanca -comenté.

-Tratamos de combatir todo tipo de tiranía.

-¡Je!

-¿Te ríes?

-No, simplemente hice un sonido irónico. Justamente yo soy una persona que busco justicia por todos lados.

-¿Cómo sabemos que no eres de los que matamos y que te has camuflado de esclavo?

-¡Je! Les puedes preguntar a los demás. Además, no tengo porque mentir.

-¿Quién tenía tus armas?

-Aquel de piel morena, ese cadáver.

-Cógelas. -Me calcé el cinto con mis espadas, busqué entre la ropa del hombre y tenía también mi puñal, que me lo calcé. Y mis botas. Le saqué mis botas y me las calcé. Y el abrigo de cuero con la capucha. Ahora sí, era nuevamente yo.

Mis ojos acerados miraron al hombre.

-Puedo hacer dos cosas: Seguir mi camino o unirme a vosotros.

El hombre que llevaba la palabra me dijo:

-¿Qué tan bueno eres?

-No puedo hablar por mí. Mis vencidos tampoco pueden hablar por mí.

Repitió:

-¿Qué tan bueno eres?

-Nunca nadie me ha vencido en combate con espada.

-¡Vaya! Parece que hemos encontrado a alguien valioso.

-Si tus palabras son irónicas guárdatelas. No soy presa de halagos, también me resbalan las críticas. -El hombre miró hacia atrás.

-¡Radón! -Miré hacia atrás, un hombre joven de cabello muy corto, musculoso con dos espadas. Se bajó de su montura-. ¿Cómo dijiste que te llamabas?

-Mi nombre es Tago.

-¿Te animas a cruzar espadas con Radón?

-Espero que sea un intercambio de golpes no quiero dejarte sin hombres.

Lanzó una carcajada:

-No, será a primera herida.

 

Saqué mis espadas. Radón sacó las suyas, lazó dos golpes de prueba. Los frené sin esfuerzo.

Los golpes fueron ganando en intensidad y en velocidad, lo seguí frenando sin esfuerzos. Estuvimos varios minutos así hasta que el hombre dijo:

-Listo, basta. -Radón frenó. El hombre me miró-: ¿Qué pasa contigo?

-No entiendo...

-Te ha lanzado como cien golpes, Radón.

-Lo sé y los he frenado todos, eso te ha demostrado que soy diestro.

-Pero no has lanzado ninguno.

-No quería herir a tu hombre.

 

Radón hizo un gesto de furia y se lanzó contra mí con toda la fuerza: Lo esquivé, puse el pie y cayó al piso. Quiso levantarse y mi espada estaba en su cuello.

-A eso me refiero. Radón es bueno, pero es muy arrebatado. -Le tendí la mano y me la dio.

-Eres muy bueno, vi que por lo menos en siete ocasiones pudiste haberme cortado y no lo has hecho.

-Para qué lastimarte, no tiene sentido. -Miré al hombre que dirigía la palabra-: ¿Cómo te llamas?

-Omén.

-Omén, ¿voy con vosotros o sigo mi camino?

-Puedes unirte a nosotros.

-A propósito, ¿quiénes eran mis captores?

-Unos rebeldes que asolan aldeas y explotan una mina de plata.

-¿Qué hacemos con estos esclavos?

-Nada.

-Dejémosles raciones.

-Están libres -dijo Omén-, que sigan su camino. No digo que se unan a nosotros, no son valiosos.

 

Tomé una montura buena y me uní a esta Orden Blanca. Algo haríamos si es cómo decían, que combatían tiranos. Me sería útil. Lo único que le dije a Omén es:

-Siempre fui muy independiente, no... no sirvo para estar sometido a las órdenes de nadie.

Se encogió de hombros.

-Entiendo que todos luchamos por lo mismo, así que quédate tranquilo, Tago.

 

Espoleamos las monturas y seguimos viaje.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 13/01/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

La entidad relata una vida en Umbro, que ya de niño, de huérfano estaba como rechazado por el pueblo y que había tenido atentados. Se hacían sacrificios al volcán. Un anciano le contaría por qué.

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Entidad: Qué puedo decir de mis padres, ¡je, je!... Mi padre era muy alto, de cabello oscuro, se llamaba Vernet, con la 'V'. Mi madre Alcira, alta, de cabello claro casi dorado, una mujer bellísima. Pero prácticamente no los conocí. Me contó de ellos el anciano Matías -que quería que le dijeran Mati-, era prácticamente mi confidente. No es que me crié con él pero las veces que iba al poblado él me confiaba cosas.

 

De niño me sentía incómodo, la gente me miraba con recelo, trataba de no tener contacto conmigo. Y después me di cuenta por qué. El brujo Mubiro no quería que me hablen, decían que yo era una abominación, que no tendría que estar vivo. Y no entendía por qué.

 

Recuerdo que una vez caminando a orillas del bosque, mis oídos, muy agudos escucharon una jabalina deslizándose. Me agaché instintivamente y la jabalina se clavó en un árbol.

Otra vez durmiendo en un granero -porque la casa de mis padres, la casa de mis padres la habían incendiado-, abrieron muy despacio en portón y me lanzaron varias víboras venenosas en un canasto. Instintivamente rodé hacia un costado escapando por segunda vez de la muerte.

Y la tercera también en el granero: Trabaron la puerta con unos maderos y por la ventana lanzaron varias antorchas. Me trepé por una cuerda a la parte alta del granero, seguí trepando por unos maderos que había y me asomé por el techo; la distancia al suelo era bastante alta, como de veinte líneas y a seis o siete líneas de distancia un gran árbol. Tomé impulso como si fuera a emprender una carrera y pegué un salto cayendo entre las ramas del árbol. No me pude sostener, caí de rama en rama hasta llegar al suelo. Mi piel acerada en algunas partes sangrando... Por suerte no pasó de raspones, no se produjo ninguna herida grande, ningún tajo en la espalda, en el pecho o en los brazos. Sí rasguños por las ramas.

 

Tres veces intentaron matarme. Me refugié provisoriamente en el bosque y por la noche deslizándome entre las sombras llegué a la vivienda del anciano Mati.

Le golpeé suavemente y abrió, se puso el dedo índice en la boca me tomó del brazo y me hizo pasar. Apagó un par de velas, solamente dejó una vela encendida.

-No te tienen que ver, el brujo Mubiro quiere matarte.

-¿Pero por qué, Mati?

-Aranet, siéntate, te prepararé una sopa nutritiva. Y tendrás que marcharte, ahora no es época para que pases para el continente, pero más al verano bajan las aguas y hay como un brazo de tierra y puedes pasar de Krakoa al gran continente del norte. -Tomé con ansias la sopa con hogazas de pan y le pregunté:

-¿Por qué me odia?

-No sé si te odia, quizá te tenga miedo. Él decía que tus padres eran demonios de la oscuridad.

-¡Pero Mati, tú me los has descrito! Padre era muy alto de cabello oscuro y madre prácticamente como una enviada del cielo.

-Aranet, sabes que el brujo Mubiro hace sacrificios para calmar el volcán.

-Soy pequeño, Mati, pero esas son tonterías, no creo que aquel que está más allá de las estrellas esté contento con los sacrificios.

-¡Ah! Qué te puedo decir Aranet, no conozco muy bien por qué el brujo Mubiro mató a tus padres, Vernet y Alzira, pero se corre el rumor de que cuando una pareja tiene mellizos, uno de los dos tiene que ser sacrificado.

-Mati, ¿yo...yo tuve un hermano y Mubiro lo sacrificó para calmar al volcán?

-No, no hubo sacrificio, tampoco hubo pruebas de que tus padres tuvieran otro hijo.

-Pero si en la aldea hay rumores por algo será.

-Quizá... quizá sí has tenido un hermano y tus padres para salvarlo lo habrán lanzado en una pequeña barca al mar.

-Pero... hay una enorme tormenta siempre cuando no está el brazo para ir al continente.

-No, hay una isla más pequeña, Laskar. Pero Aranet, nadie sobrevive, son miles de líneas hasta Laskar, y una pequeña barca con una criatura, un bebé, es imposible que llegara a la otra orilla.

Yo era pequeño pero razonaba:

-¿Pero entonces, Mati, piensas que el brujo Mubiro los mató a mis padres por haber evitado el sacrificio? -El anciano se encogió de hombros.

-Quizá. Pero decían que era una abominación. Primero por su altura, tu padre medía casi dos líneas de altura y tu madre era apenas un poco más baja y tú cuando crezcas seguramente vas a tener la altura de tu padre Vernet. Fíjate en todos los de la aldea.

-Yo los veo normales.

-Claro, porque no conoces otros. A tu padre le llegaban por el hombro, yo mismo si me pongo de pié mido apenas un poco más de una línea y media.

-¡Lo mataré, cuando crezca lo mataré!

-¿De quién hablas?

-Del bujo Mubiro. Te agradezco, anciano Mati, porque has enriquecido mi infancia, no me has criado pero me has instruido, me has llenado de cuentos, de anécdotas, me has hablado de historias extrañas, de otras tierras.

-Lamento no haberte criado, pero... fui cobarde, fui cobarde, Aranet, no quería estar como punto de mira del brujo Mubiro. Pero mi cariño por ti es como si fueras, no digo un hijo porque soy muy grande, como si fueras un nieto.

-Yo también te tengo aprecio Mati. -Y me abracé a él-. Sé que muchas noches invernales, más en Krakoa, que tú me has enseñado que al estar tan al sur hace más frío que en otras zonas. Sé que muchas veces me has traído canasta con comida al granero, sé que has sido tú.

-Descansa un rato pero te tendrás que ir antes de que amanezca, te han intentado matar dos veces.

-No, Mati, tres veces. Aparte del incendio y las víboras me lanzaron a las orillas del bosque una jabalina que me hubiera atravesado el cuerpo y me hubiera matado al instante.

 

Y ya de mañana, apenas empezó a clarecer, escondido entre las casas, me marché para el bosque. Había muchas leyendas de que quien se internaba en el bosque oscuro no salía con vida, había animales extraños y había seres que no eran humanos, eran más grandes que los humanos y comían gente. Se ha visto en las orillas del bosque restos humanos, restos óseos. Pero aún era pronto para ir al continente grande y aún yo era muy pequeño.

 

Y entré al bosque. Por lo menos no me iba a morir de hambre, nunca vi árboles con tantos frutos y con tantas ramas. Y había otro tipo de árboles, tipo arbustos, con infinidad de raíces que eran más fáciles para trepar, pero no tenían frutos. Y vi un montón de animales extraños, pequeños roedores, algunos animales con pequeños cuernos pero inofensivos. Aprendí que los animales que tienen los ojos hacia los costados no son depredadores, pero también vi de los predadores, un animal pequeño parecido a un zorro, pero escapaban de mi presencia. Había también aves extrañas, un ave como de media línea de tamaño, predadora, porque tenía los dos ojos al frente, pico pequeño, pero vi sus patas, las garras eran casi tan grandes como mis manos, se alimentaría de roedores o de otros pequeños mamíferos. Y vi sombras, pero no se acercaban a mí, sombras extrañas.

 

Mi vista se fue agudizando, podía observar entre los árboles y veía como un animal enorme de dos líneas de altura y caminaba en dos patas, no llegaba a tener pelo pero tenía bastante vello y la piel muy oscura, muy, muy oscura, ¿serían esos los seres espantosos que comían a gente de la aldea? Recuerdo que el anciano Mati me decía "A veces uno tiene que adaptarse a las circunstancias", ¡je, je, je! Pero yo era un niño, un niño, ¿cómo iba a adaptarme en un bosque de predadores y de una raza de seres que decían que se comían a los humanos?

 

Finalmente llegué a un claro. A pesar de tener un oído tan fino no escuché, me di vuelta y detrás de mío uno, dos, tres, cuatro..., como diez seres de dos líneas de altura, imponentes. Pero no tenían rostro de bestia, tenían rostro humano, pero muy peludos, tenían una pequeña ropa encima y un tapa rabos, y en su mano lanzas, no parecían tan feroces.

El más grande se acercó a mí y habló en mi idioma:

-¿Quién eres? -No tenía miedo, tampoco respondí con voz desafiante.

Respondí normalmente:

-Aranet.

 


 

Sesión 14/01/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

De niño pasó un tiempo con una raza distinta, un pueblo donde imperaba la sinceridad. Aprendió números, letras y también aprendió a defenderse. Años después regresó a su entorno, tenía algo pendiente que resolver.

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Entidad: Levanté la cabeza y miré su rostro, su cuerpo me triplicaba en tamaño no en altura, en musculatura, en ancho, en todo. Luego que me preguntó mi nombre, respondí:

-Me llamo Aranet.

Él dijo:

-Mi nombre es Gomán. -Me sorprendió que hablara mi idioma. Me miró, hizo una mueca que parecería una sonrisa irónica si supiera interpretar los gestos de su rostro. Pero es como que me leyera el pensamiento.

-Te imaginabas que éramos unas bestias. -Me encogí de hombros-. Dicen que la verdad no molesta.

Dije:

-Sí, también se cuenta en la aldea que comen seres humanos.

-Mira -Me tomó del hombro y me dio vuelta, volvió a darme vuelta, quedé frente a él-, eres tan pequeño que nos quedaríamos con hambre.

 

Quise descifrar de nuevo las muecas de su rostro para saber si hablaba en serio o era una broma y escuché que todos rieron, su risa no era una risa como la nuestra, era mitad risa mitad como un grito de algunos simios que he visto en el límite norte de Krakoa, una especie de 'ja ah, ja ah'

Y fui con ellos, adentrándome en el bosque oscuro. Vi mujeres y vi niños, se podría decir, porque eran como los otros pero pequeñitos, niños normales, jugaban, tomaban ramas y trataban de golpearse como si estuvieran jugando con espada

Quise presumir y le dije:

-Una espada partiría en dos cualquiera de esas ramas.

-¿A sí? -dijo Gomán-. Ven. -Pasamos por una aldea, había casas de madera bien construidas. Me miró, y de nuevo es como que supiera lo que pensaba-. Ya ves que no somos tan brutos.

-¿Quiénes sois? -pregunté.

-Arudanos, somos una raza antiquísima de bosquimanos.

-¿Antiquísima?

-Antigua. Antes de que vosotros habitaran Laskar, Krakoa, nosotros ya estábamos aquí. Es más; habitábamos el sur del gran continente pero los humanos como vosotros fueron creciendo y multiplicándose, y nos refugiamos aquí.

-¿No son ciertas las leyendas? -hablé, casi preguntando.

-No, pero nos hacen bien porque nos temen. ¿Quieres buscar a los malos? Búscalos en tu pueblo.

 

Llegamos a una parte del bosque donde había hombres trabajando la madera. Había tipo varillas más gruesas que el brazo de un hombre y de poco menos de dos líneas de tamaño. También había más pequeñas de una línea.

Le dije:

-Parecen jabalinas pero no tienen punta.

-No. -Llamó a uno de los hombres. (Había que llamarlos así, para mí eran humanos aunque de otro tipo, de otra variedad). Le lanzó a Gomán, que parecía ser quien mandaba en la tribu, una varilla de madera de casi dos líneas y él tomó otra-. Ponte a un costado, Aranet, y mira. -Empezaron a tratar de golpearse. Gomán era muy hábil. Luego hizo un gesto con la mano-: Cambiemos. -Tomaron dos varillas de una línea-. Las podemos usar como espada con una mano o como si fuera de doble empuñadura, con dos manos. Y mira. -Y se atacaron. Me sorprendió la tremenda habilidad, ninguno de los guerreros donde yo vivía tenía esa habilidad. Pararon-. ¿Has visto? -asentí con la cabeza-, esto que has visto lo puedes hacer perfectamente con una espada grande.

 

Le quería contar cosas, quería preguntar mil cosas...

-Espera, ¿has comido? -negué con la cabeza-, come algo. -Era un plato de vegetales con carne.

-¿Qué es?

-Si tienes hambre no preguntas qué es, comes. ¿Tienes hambre de verdad? -asentí con la cabeza y empecé a comer. Busqué una especie de cuchara de madera... Me miró.

-¿Y tus manos?, ¿para qué las quieres? -Y empecé a comer con los dedos. Me miré.

-¿Tienes algún paño?

-Vaya, el jovencito. Aquí no tenemos cerca un arroyo, sécate en la ropa, luego te la lavas.

 

Me sequé la grasa en la ropa y luego hablamos con Gomán y con otros de esos bosquimanos. Me dijeron que hace miles por miles de amaneceres que estaban allí.

Le dije:

-Explícame lo de miles por miles, ¿es dos veces mil?

-No, es mil veces mil.

-Eso es mucho.

-Eso no es nada, Aranet. ¿No te han enseñado a sumar y a restar?

-Claro que sí, y eso que soy pequeño. Soy mucho más avanzado que otros jóvenes de mi aldea.

-Pues te enseñaré a multiplicar y a dividir.

-¿Qué es multiplicar?

-Eso que te he dicho antes, mil veces mil, mil por mil.

-¿Y qué es dividir?

-Lo contrario; sería como partir en cifras menores. Pero ya te lo explicaré.

 

Les conté que me interné en el bosque oscuro porque me querían matar. Aprendí a leer sus gestos a pesar de tener rostros distintos a los nuestros.

Gomán me decía:

-¡Je! Y nosotros éramos los malos.

 

Aprendí con ellos a leer, a escribir, y aparte de sumar y restar, a multiplicar y a dividir.

Pero disfruté, disfruté de la vida salvaje sin tapujos, sin hipocresías, sin mentiras. A veces se retaban a duelo por cosas y el que perdía no guardaba rencor. Para ellos la vida era sagrada. Cuando mataban a un animal para comer. Primero le pedían permiso a aquel que está más allá de las estrellas. Quise ser irónico y le dije a Gomán:

-¿Y cómo sabes que te da permiso? -Cogió una varilla pequeña y me golpeó en la cabeza.

-Deja de hacerte el gracioso. -Sonreí porque me golpeó levemente. Lo tomé como una muestra de afecto más que como un castigo.

 

Y fui creciendo y ganando en musculatura y aprendiendo el arte de combatir con la varilla larga de casi dos líneas y con la corta de una línea. Gané en velocidad, en destreza, mis músculos se fueron endureciendo, y así estuve hasta pasada la adolescencia.

Mi cabello rubio claro, mi enorme musculatura obviamente no podía compararse a la de ellos pero sí la altura.

 

Gomán ya era un anciano para su raza. Recuerdo que me dijo:

-Me has sorprendido, Aranet.

-¿En qué?

-En tu físico. Hemos visto otros aldeanos que nos llegan por el hombro, tú prácticamente eres de nuestra altura, mides casi dos líneas. -Me encogí de hombros.

-Sé que soy distinto, como lo eran mis padres. Mi padre se llamaba Vernet, era de cabello oscuro, medía dos líneas. Supongo que mi cabello claro se debe a mi madre Alcira, que tenía el pelo casi dorado. -Me miró, me dijo:

-Falta una cosa. A mí me queda poco tiempo de vida pero nuestro guerrero Zarcos te enseñará el arte de lucha cuerpo a cuerpo. Sé que has practicado, pero nada de varillas de madera.

 

Yo sabía que era fuerte para mi raza, podía coger a un hombre del cuello y levantarlo a una línea del piso y lanzarlo a cuatro líneas de distancia, pero era distinto con los arudanos, tenían otro tipo de musculatura, por más fuerte que yo era ellos eran más que yo.

Pero aprendí con Zarcos en la lucha cuerpo a cuerpo, y estuve más de trescientos amaneceres practicando la lucha cuerpo a cuerpo. Se sorprendieron cuando vencí a Zarcos. Entre los bosquimanos, los arudanos no había rencor. Cuando lo vencí me abrazó.

-Te felicito Aranet. -Lo miró a Gomán-. Has criado a una buena persona.

 

Y en ese momento es como que sentí un dolor en el pecho, un dolor emocional, porque de verdad, si bien cuando era pequeñito mi confidente era el anciano Mati, en la aldea, él nunca se arriesgó a criarme por miedo al brujo Mubiro.

Gomán me enseñó todo: el respeto por la vida, no lamentarse si una muerte era necesaria para salvar más vidas, querer a los animales, dar gracias a aquel que está más allá de las estrellas si nos servían de alimento. Lo mismo con los vegetales.

Me explicó que los vegetales eran la mayor obra de aquel que está más allá de las estrellas porque purificaban el aire, e incluso había plantas que sanaban.

Aprendí muchísimas cosas. La más importante, el valor por la vida y el respeto, la lealtad. Me explicó: "La venganza no es buena. Si el día de mañana tienes que acabar con el mal, que no sea a través de la venganza sino a través de la justicia".

 

No pasaron cien amaneceres que Gomán murió. Lo sucedió Zarcos, era tan bueno y justo como él. Me miró y me dijo:

-Aranet, tu ciclo aquí ha acabado, debes ir con tu gente.

-Lo sé, tengo temas pendientes. -Me abracé con todos, saludé respetuosamente a las mujeres arudanas. Me dieron una varilla de una línea-. Llévala contigo hasta que puedas tener una espada, porque sé que vuestra raza la usa.

 

Me había ido siendo un niño pequeñito y ahora era un hombre de casi dos líneas de altura. En la aldea nadie me reconoció, solamente vieron a un hombre gigante, para ellos, que salió del bosque oscuro.

Un anciano me preguntó:

-¿Quién eres? -No le respondí.

-¿Dónde está Mubiro?

-¿Mubiro, el brujo?

-Sí, el de las costumbres estúpidas.

-Pero no puedes ir contra esas costumbres.

-¿Quién me lo va a impedir? -Y seguí avanzando hacia el centro de la aldea seguido por decenas de pueblerinos. Y en el centro de la aldea, el lugar donde vivía Mubiro, abrí la puerta: Un hombre muy anciano yacía en un catre.

-Te conozco.

-¿Me conoces?

-Sí -dijo Mubiro-, te conozco por tu cabello, eres el hijo de Alcira. Me alegro de verte a pesar de que estoy al borde de la muerte. -Me encogí de hombros y le dije:

-Parece que aquel que está más allá de las estrellas me liberó de que te matara, ya que estás a punto de morir. -Me miró con unos ojos como con lágrimas, y me dijo:

-Aranet, Aranet, es cierto que de pequeñito a veces te ignoré, a veces te he tratado mal pero era para... para que no me castigaran. -Fruncí el ceño.

-No entendí... ¿Qué no te castigaran? ¡Si tú eres el brujo jefe, eres el que mandabas a sacrificar si nacían dos criaturas iguales de un mismo vientre!

-No, no era yo. -Lo miré.

-¿Cómo no eras tú?

-Nuestro jefe estaba en las sombras, nuestro jefe era el mayor simulador que había. Y la pasaba bien. Es más; a las niñas jovencitas él las ultrajaba y luego las sacrificaba.

-¿Quién iba a hacer semejante bestialidad?, que lo degollaré con mis propias manos.

-Es tarde -dijo Mubiro-, ya ha muerto.

-¿De quién hablas?, ¿quién era tal bestia si no eras tú?

-Matías. -Me invadió la ira. Estuve a punto de cogerlo del cuello y apretar-. No hables así del anciano Mati, él fue mi confidente.

-Qué tonto. En realidad no; eras pequeño, eras fácil de engañar. Fue el anciano Matías el que mató a tu padre Vernet y a tu madre Alcira porque dejaron ir a tu hermano mellizo.

-¿Era cierto entonces que tenía un hermano?

-Sí, le habían puesto de nombre Ernet.

-El anciano Mati.

-El anciano Mati murió.

-¡Ja, ja, ja! ¡Ah!, qué fácil es acusar a los que no se pueden defender. -Miré para atrás y dentro de la casa había varios lugareños. Me miraron.

-Aranet, lo que dice Mubiro es cierto, nosotros ya éramos adultos cuando tú eras un pequeño. El anciano Matías era el... el peor de los religiosos, decía que la contraparte de aquel que está más allá de las estrellas estaba en el fondo de la tierra, el que activaba los volcanes, y que si no sacrificábamos gente toda Krakoa podía hundirse en el mar, lo mismo la pequeña isla de Laskar. -Todos no iban a mentir.

-Te odié toda mi vida -le dije a Mubiro-, y amé a un símbolo que no era tal, como el anciano Matías. ¿Cómo puedo reparar todo eso ahora?

 

Y me acordé de las palabras del bosquimano Gomán también fallecido: "No busques venganza, busca justicia". Pero estaba muy reactivo, hubiera querido que aquel que está más allá de las estrellas no se lo hubiera llevado todavía para matarlo yo. Y después razoné como me enseñaron los bosquimanos, los arudanos: "¿Cuál es la diferencia que lo mates tú a que a Matías se lo haya llevado aquel que está más allá de las estrellas?", ¿un placer?, eso es venganza, no es justicia.

-¿Y qué hago con todo ese odio que tuve tanto tiempo por ti, Mubiro?

-Nada, déjalo ir. Por otro lado no pienses que soy bueno, yo también fui cómplice, así que me merezco sufrir en estos últimos días.

-¿Y por qué en el granero me daba de comer?, ¿por qué hacía que me cuidaba?

-Aranet -dijo Mubiro-, no conoces la mente de los hombres, tan retorcidas. Para él era un placer, un divertimiento, un juego el hacerse el bueno contigo y por atrás ser el peor de todos.

-Entonces no debo confiar en nadie.

-No, no dije eso; hay maneras de profundizar en la gente a través de los ojos. -Y era cierto.

 

Pasaron nada más dos amaneceres y Mubiro falleció. Pero era cierto, cuando me interné en el bosque oscuro no sabía descifrar los gestos de los arudanos porque eran distintos, eran casi más parecidos a los simios que a los humanos que yo conocía. Pero ¿qué significa ser humano? Los arudanos demostraron tener lealtad, respeto, comprensión y nada de rencor. ¿Qué era ser humano?

Ya no tenía nada que hacer allí, se aproximaba la época de bajamar y apenas estuviera el brazo para el gran continente me iría, no sería el único.

 

Le pregunté al que sucedió a Mubiro, a Dabiro:

-¿Qué otras cosas han pasado mientras no estuve?

-Hubo ataques del gran continente en el verano pasado y en el anterior, pero tú no te enteraste porque estabas dentro de ese bosque. ¿Cómo has salido indemne de las bestias que allí viven? -Lo miré y le dije:

-Porque las he esquivado, si no seguramente me hubieran devorado.

-Que aquel que está más allá de las estrellas nos libre, jamás iremos a ese bosque.

 

Sonreí para mis adentro, pronto me iría de Krakoa.

 

Gracias por todo.

 


 

Sesión 23/01/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

Seguía ganando en robustez y práctica con las armas al punto de ganar un torneo, pero debía seguir su camino al continente.

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Entidad: Mi padre era muy alto como lo soy yo ahora, mi madre casi tan alta como él, de cabello casi dorado. Mi color de cabello salió al de mi madre Alcira, no al de mi papá Vernet.

Uno de mis compañeros lugareños se me acercó y me dijo:

-¿Quieres mucho a tus padres?

Hice una mueca, un esbozo de sonrisa y le dije:

-No los conocí, todo lo que sé lo sé porque me lo dijeron.

 

Le comenté a grandes rasgos la traición, de quien era, supuestamente, con quien me fui formando, el anciano Mati y resultó ser el alma más torcida. Y había cosechado -seré honesto, no hipócrita-, un deseo de venganza, no de justicia contra el brujo Mubiro. Si el anciano Matías no hubiera muerto, con mis fuertes manos le hubiera arrancado literalmente la cabeza del cuerpo. Y me daba consejos.

Pero me doy cuenta de que hay gente buena y no tiene que ver la raza. Gomán, el jefe de los arudanos era justo. Quien lo sucedió, Zarcos, quizás era un poquito más vehemente, más impulsivo, pero aprendí mucho de ellos. Llevaba conmigo una vara de madera con la cual había aprendido.

 

Estaba esperando la bajante para marcharme al continente grande. Recorrí otras aldeas de Laskar.

Laskar era algo nuevo para mí, la gente me miraba de forma extraña. Me quedé pocos amaneres y volví a Krakoa.

Krakoa era bastante más grande que la pequeña Laskar. Había un poblado agradable y me establecí por unos días pero me di cuenta que faltaba todavía para la bajante, así que me quedé bastante más tiempo de lo que pensaba. Era distinto a mi poblado natal, hacían torneos con espada y con una bola con clavos atada con una cadena a un mango, lo llamaban mangual. Un hombre de mediana edad pero muy delgado Flavo, con la 'V', Flavo, era quien lo fabricaba.

Le decía:

-¿Cómo haces para no golpearte con la propia bola?

-Acompañas directamente con el brazo el movimiento de la cadena y la bola va por inercia. O si estás apretado entre varios rivales mueves la muñeca, dejas el brazo quieto. -Sería buen alumno porque en tres amaneceres dominaba perfectamente el manejo del mangual-. ¿Has probado con una espada? -me dijo Flavo.

-Tengo mi vara.

-Pero aquí nadie tiene vara, debes aprender a usar la espada. Cuando yo era más joven -me dijo Flavo-, le enseñé a muchos buenos espadachines. -Me lanzó una espada y la cogí del mango-. Probemos. -Lanzó un golpe, lo frené, otro, otro..., quizá tenía el reflejo de haber usado la vara con los arudanos y manejaba la espada con la misma capacidad-. ¿Nunca has usado una espada?

-De más pequeño tenía una espada de madera y sí, he usado espada pero era torpe y luego aprendí con otra gente. -Omití hablar de los arudanos. Incluso quienes me preguntaban por la varilla les dije que la fui haciendo yo de una gruesa rama en los linderos del bosque.

-¿Has estado en Laskar?

-Sí, pero hay bastantes más aldeas en Krakoa, no me quedé mucho tiempo allí.

-Dentro de dos amaneceres hacemos un torneo, es un torneo exclusivo, se entra pagando un metal plateado.

-¡Vaya! -Me asombré-. ¿Y el que gana?

-Diez metales de oro. Es un torneo paralelo, uno con espada, uno con mangual. Aparentemente eres bueno, por lo menos la espada, la manejas como si fuera una continuación de tu mano, tal vez por esa varilla que tú usas te es más fácil. No será lo mismo con el mangual, es algo nuevo para ti. -Me encogí de hombros. Tenía un metal plateado así que me anoté.

-¿Esto termina en un par de amaneceres?

Flavo me dijo:

-Sí, acá no hay descanso, es por eliminatorias.

-¿Cuántos hay anotados?

-Ciento veinte y ocho. Quedan eliminados sesenta y cuatro, luego quedan eliminados treinta y dos, luego dieciséis, luego ocho y quedan cuatro para la semifinal, y paralelamente puede haber quien haya quedado eliminado con mangual y siga adelante en el torneo paralelo de espada.

 

Estado físico no me faltaba. He visto muchos que eran muy buenos pero en la tercera ronda ya quedaban eliminados por el cansancio y eran heridos, era a primera sangre. Es cierto que me costó mucho más el combate con mangual pero me defendía. Recuerdo que cuando ya quedábamos dieciséis me tocó con uno de los mejores en mangual: lo paré con mi brazo izquierdo el golpe del mangual, la cadena se enrolló en mi brazo, lo golpeé con el puño derecho y cayó, me di como ganador.

Pero dijeron:

-¡No! -dijo el público-, es a primera sangre, fijaos que Aranet tiene sangre en el brazo y su rival está caído pero no tiene un solo rasguño.

Le di un pequeño golpe con el mangual en la pierna y sangró.

-Ya está.

-Pero tú has sangrado primero.

-¿Pero quién de los dos está inconsciente?, en un combate de verdad él estaría muerto y no yo. -Deliberaron y me dieron por ganador.

 

En espada era mucho más fácil, para mí eran como principiantes. Llegué primero a la final de espada y en menos de un minuto herí a mi contrincante y gané el torneo. Si bien yo era alto y la gente de Krakoa era más pequeña, mi rival era muy robusto casi tan robusto como los arudanos, sus brazos eran más fuertes que los míos y manejaba muy bien el mangual. Esquivé uno, dos, tres, cuatro, cinco golpes..., trataba de ver como lanzaba los golpes, en círculo de adelante hacia atrás. Me fui dando cuenta. Hice girar mi mangual en otro sentido; horizontal, en círculo, de izquierda a derecha hasta que finalmente esquivé el último golpe y le rasgué la cara. Lamentablemente uno de los clavos del mangual le abrió toda la cara hasta el labio. Me dieron ganador.

Inmediatamente -yo en las alforjas tenía un hilo de unas plantas y un pequeño metal en forma de aguja-, yo mismo me tomé el trabajo de coserle el rostro.

Le dije:

-Amigo, te va a quedar una cicatriz pero vas a estar bien. -La costura de la piel fue casi impecable.

Me dio la mano y me dice:

-Vayamos a beber juntos una bebida espumante, eres el doble campeón.

 

Con parte de los metales dorados me hice hacer una muy buena espada con uno de los mejores herreros de Krakoa. Obviamente no sería mi última espada pero en ese momento era la que me servía.

 

Ya faltaba poco para la bajante, y ahora sí, me iría para el gran continente a empezar una nueva vida. Me até un cinto de cuero donde podía portar mi espada, me fui al borde del bosque y con todas mis fuerzas lancé la varilla hacia lo profundo del mismo. Llevaría mi espada y un puñal. Y mis recuerdos. Y mi memoria. Y la imagen de unos padres que no conocí. ¡Je, je!

 

De verdad, gracias por permitirme vivenciar nuevamente este recuerdo.

 


 

Sesión 03/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

Era niño. Aprendió armas en el tiempo que estuvo en un pueblo escondido y era hora de marchar a su lugar de origen. Pero lo capturaron unos caballeros. Lo querían como esclavo.

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Entidad: Mi nombre es Aranet. He vivido muchas experiencias en Umbro, he vivido tantas experiencias que a pesar de que aún me siento joven a veces mi memoria no es suficiente para recordar todos los detalles, las circunstancias, las vicisitudes, todo lo que he pasado.

 

Pero vamos al comienzo. Recuerdo que en Krakoa me llamaban 'el crimán', el hombre del cabello claro. De pequeño he tenido que usar todos mis recursos para no ser encontrado, sobreviviendo como podía, creciendo en mi inteligencia, mi astucia, mi estrategia, ¡je!, mi táctica de vida.

Recuerdo que todavía era un niño, y por esa curiosidad que tenemos los pequeños dejé la tribu de los arudanos y regresé a mi aldea natal. Pero había mucha neblina, no me orienté bien, me perdí, llegué a otro poblado. Me sorprendió, había luchas, gritos y me di cuenta que estaba siendo saqueado por caballeros del continente. Me di cuenta que habían llegado en barcazas, traté de meterme de nuevo en la espesura y tuve mala suerte me vieron, me rodearon entre varios caballeros y me apresaron. No me resistí, me hubieran golpeado o me hubieran ejecutado en el instante. Y fui prisionero junto con otros jóvenes.

 

Cerca de la orilla, junto a un costado del brazo que se formaba en el verano, habían instalado un enorme campamento que parecía una pequeña fortificación. ¡Je! Las veces que pensé en escaparme, pero era imposible. Y me fui adaptando.

A los caballeros les servíamos como entretenimiento, pues nos hacían combatir con otros jóvenes. Así aprendí a usar la espada, el hacha y también el tiro con arco.

 

Recuerdo que la primera vez que participé en un torneo salí tercero por mi inexperiencia, mi falta de práctica. Me esmeré, vivía practicando. Los dos torneos siguientes los gané. Es más, organizaron luchas sin armas, los gané también. A partir de allí era difícil que perdiera un combate con o sin armas, con jóvenes de mi edad o incluso un poco mayores que yo.

Los de Krakoa no eran mejores que los caballeros del continente. Supe que de otras tribus raptaban niñas para hacerlas esclavas sexuales o niños para ser sirvientes. ¡Je! Si tuviera que decir, si tuviera que dar una opinión, una opinión buena sobre esta gente del continente, es que asolaron varias de esas aldeas donde habitaban esas tribus de mente tan retorcida. El jefe de esa gente del continente era un caballero con armadura, me sorprendía, me sorprendía por el metal brilloso y me ponía a pensar cómo se podía mover con algo tan pesado.

 

El hecho de haber ganado los combates me puso en su punto de mira y me eligió como su paje, o sea estaba a su servicio. No me podía quejar comía bien, otros caballeros también tenían niños de Krakoa como pajes. Una tarde, a orillas del mar, encontré el cuerpo de uno de los niños. Me quedé mirándolo, lo conocía, era uno de los que habían combatido conmigo y había sido paje de otro caballero. En ese momento escuché voces me escondí tras unas rocas y escuché que uno de los caballeros le decía a otro "Sí, Richard, el granuja se resistió a mis encantos y lo terminé matando". Me costaba asimilar lo que estaban diciendo, "Se resistió a sus encantos", pero me horrorizaba porque de otras tribus de Krakoa raptaban niñas para hacerlas esclavas sexuales y estos caballeros hacen de sus pajes esclavos sexuales. El otro hombre, Richard, que era a quien yo le servía respondió "¡Ja, ja! ¡Qué tonto!, lo hubieras golpeado. Para qué lo has matado. Este Aranet parece manso, hoy le daré de beber alguna bebida fuerte y lo someteré". Yo era niño pero entendía todo, me escabullí entre las rocas y volví a donde estaba montada la avanzada de los caballeros del continente, pero me sentía alerta. Por la noche cogí un cuchillo, lo escondí entre mis ropas.

Recuerdo que me sirvió una cena abundante con licor:

-Aranet, puedes tomar licor, ya eres grande.

 

Tomé un sorbo y disimuladamente derramé el resto y comí muy frugalmente, no perdía mi estado de alerta. Hice como que me dolía la cabeza.

El hombre puso la mano sobre uno de mis muslos, me recostó en el catre y cuando se quiso acercar y estar encima de mío lo degollé con un movimiento rápido, sin dudarlo. Cayó sangre de su garganta sobre mi pecho, sobre mi rostro. ¿Pensáis que me dio impresión? No, en ese momento pensaba en sobrevivir, el hecho de degollarlo tan rápidamente, a ese Richard, impidió que gritase.

Me asomé en la carpa y vi que todos estaban durmiendo o comiendo o tomando algún licor. Salí corriendo en la oscuridad, agazapado, sin que nadie me viese. El bosque oscuro estaba cerca, pero para mí, por temor a que me viesen, parecía que estuviese a cientos de líneas de distancia, cuando no era así. Finalmente llegué a la espesura y me metí al bosque oscuro, donde estaría mucho más seguro que con esa gente, ¡je!, supuestamente civilizada.

 

Me senté en el barro, sobre un tronco respaldándome y temblaba, no sabía si de temor, de ansiedad, de angustia por todo lo que había pasado. ¿Qué dirían cuando vean a su jefe muerto?

Dormité un rato. No era un cansancio físico era un cansancio de la misma ansiedad o desesperación o miedo. ¿Y si hubiera errado y no lo hubiera degollado de una? Era niño, había enfrentado con otros niños pero no podía enfrentarme con un hombre, pero fui previsor al haber escondido entre mis ropas el puñal.

Emprendí la caminata hacia el centro del bosque oscuro. Casi amanecía cuando llegué a la tribu de Gomán, el jefe de los arudanos. De verdad que pensé que me iba a retar pero sólo me dijo:

-Faltaste varios amaneceres. -Asentí con la cabeza, me caían lágrimas pero de impotencia-. Cuéntame qué sucedió -dijo Gomán-, te escucho.

 

Le relaté todo entre lágrimas de desesperación. Me entendió. Sólo me dijo:

-Has sido bastante imprudente en volver a la aldea, los niños curiosos terminan mal, como le pasó a tu compañero y otros más.

-¡Pero ve! Ve con tu tribu a exterminar a esa gente del continente, mátalos a todos, son torpes para pelear, más con esas armaduras.

-No, no Aranet. -Se negó argumentando que la única manera de estar protegidos era que nadie supiese de ellos y que mi experiencia me serviría como aprendizaje-. Ya crecerás, ya te enseñaré a usar otras armas más potentes que la espada, eso no significa que dejes la espada de lado.

-¿Qué otras armas?

-Las que usamos aquí en la tribu. Aún eres pequeño pero te fortalecerás, te fortalecerás.

 

¡Ahhh! Prácticamente no había dormido en toda la noche pero no tenía sueño. Gomán me miraba, crucé mi vista con la suya.

-¿Qué? -Se acercó a mí y me dijo:

-¡Eres tan alto para tu edad, tan alto! Cuando crezcas del todo vas a ser tan alto como nosotros, por lo menos una cabeza más alto que la gente de Krakoa, eres distinto.

-Entonces, ¿soy especial?

-No -negó Gomán-, nadie es especial, todos morimos, todos cometemos errores, todos nos ponemos reactivos en los momentos en que no debemos estar reactivos.

-No entiendo muy bien.

-Lo entenderás con el tiempo, lo entenderás con el tiempo, Aranet. ¿Estás cansado?

-Para nada, agotado de ansiedad pero no físicamente.

-Perfecto. Pues entonces a practicar. -Los jóvenes de la tribu se acercaron-. Ha vuelto Aranet, practicad con él. Formad parejas de combare, ¡vamos!

 

En Sol III se diría "A mi juego me llamaron".

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 13/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

Sabía que iban a atacar el castillo de su amigo, el rey. Planeó una estrategia para que no muriera la gente que atacaría primero. Deberías esperar en la obscuridad.

Sesión en MP3 (2.604 KB)

 

Entidad: Había una... una especie de dualidad en mi persona. Mientras comía una pata de puerco en la cocina, porque allí me sentía mucho más cómodo que en el salón principal, meditaba sobre mi vida.

Por un lado me sentía como cansado, me sentía joven, era joven, pero había pasado por tantas cosas... Tres veces me dieron por muerto, ¡había pasado por tanto! Pero por otro lado me sentía con una tremenda ansiedad, pero no ansiedad de esas que te debilitan, una ansiedad que te recorre el estómago, el pecho, que te da fuerzas, que te da ganas de planificar, elucubrar, ir haciendo cosas.

 

Llegó mi querido amigo Gualterio:

-¡Aranet!, ¿qué haces en la cocina? -Las cocineras miraban y todas se quedaban paralizadas que el rey Anán estuviera en la cocina-. Seguid haciendo vuestras tareas -dijo mi amigo.

Digo:

-Mir, Anán, el tema es así, tengo que planificar.

-¿Tu vida?

-No, estamos esperando una batalla.

-Hay que fortificarse.

-No. Espera, que termino de comer. -Lancé un fuerte eructo y las cocineras miraron espantadas al rey Anán. Éste me miró, lanzó una tremenda carcajada y dijo:

-Aranet, eres el caballero más salvaje que conozco. -Me encogí de hombros, cogí un mantel limpio, me sequé de grasa las manos, la boca, los brazos. Una de las matronas, d las más grandes de las cocineras iba a decirme algo. La miré, le tiré en sus manos el mantel y le dije:

-Que se encarguen las jóvenes. -La volví a mirar-. ¿Ves esto? -Me toqué mi espada-, lucho también por vosotras, no os quejéis. -Me puse de pie, tomé del hombro a mi amigo el rey Anán y marchamos hacia el salón.

Mi amigo me dijo:

-Estás raro, Aranet, estás raro, las mujeres no tenían nada que ver con tu malhumor.

-No -negué-, no tengo malhumor en absoluto, no tengo malhumor en absoluto, me juego la vida a diario. No había con que secarme las manos, la boca de la pierna de puerco y cogí un mantel limpio; me miraban como si hubiera cometido una atrocidad. No sé cómo explicarlo, entiendo que todo trabajo es útil, entiendo que todo trabajo es digno, pero si de repente alguien se está jugando la vida por ti déjale pasar algunas cosas. Además, no tengo tiempo de meterme en una tina con agua tibia perfumada, no ahora, no en este momento. ¡Fondalar! -Fondalar me miró-. Ven, vamos a sentarnos, tenemos que hablar.

Anán preguntó:

-¿Puedo estar presente? -lo miré con una sonrisa muy torcida y le dije:

-Si el rey te deja puedes quedarte. -Lanzó una tremenda carcajada. Cogió una botella del mejor licor y la trajo a la mesa, estábamos los tres Fondalar, Anán y yo.

Fondalar me dijo:

-Te noto muy irónico.

-¡Jo, jo! Eres el segundo. No, en realidad el primero, el querido Gualterio me dijo que estaba de malhumor. -Le conté el episodio de la cocina.

Fondalar me dijo:

-Tienes que ser más tolerante, las mujeres trabajan todo el día, cocinan también para la tropa. -Cogí otro mantel del salón principal, fingí que me quitaba las lágrimas.

-Fondalar, me vas a hacer llorar. Bueno, vamos a lo nuestro, vamos a lo nuestro. Pero antes, entiendo todo lo que me dices y sé que todo trabajo vale, ya lo dije antes, no a ti, al querido Gualterio. Entiendo lo que va a pasar. -Anán nos miraba y nos dejaba hablar.

Fondalar dijo:

-Yo también. Sé lo que va a hacer Zizer, ya probó con los académicos, con los estudiantes de mento.

Agregué:

-Y sé lo que va a hacer ahora, va a dominar granjeros y los va a poner adelante.

-Exactamente -dijo Fondalar-, eso es lo que va a hacer, es muy fácil deducirlo y no vamos a poder atacarlo. Es más...

Levanté la mano interrumpiéndolo y dije:

-Sé lo que vas a decir. Va a traer catapultas, las va a hundir en aceite y les va a prender fuego y luego las va a lanzar contra los muros.

Anán interrumpió:

-¿Cómo nos protegemos?

-Muy simple -dije-. El castillo mira para el sur, el portón principal mira para el sur, es un portón fuerte, y hay un segundo portón pasando el primer patio. No es un castillo tan fuerte como la fortaleza de Villarreal pero es un castillo fuerte. Ellos van a venir del norte. En el norte hay portones más pequeños, entonces sería prudente que los soldados se vayan preparando.

-Para cuidar los muros -insinuó Anán.

-No -dijo Fondalar. Como leyéndome la mente agregó-, para hacer una estrategia.

-Exacto -afirmé-, vamos a armar una estrategia. Yo mismo, en momentos libres, entrené tus soldados, en este momento van a ser mucho más prácticos que los bárbaros que están conmigo porque tienen una conducta más marcial, más... más de soldado, no sé cómo explicarlo mejor.

Fondalar lo explicó mejor:

-Los bárbaros no están tan acostumbrados a la disciplina y son muy impulsivos. Tus soldados, Anán, son más obedientes, y en este caso va a hacer falta eso. Quién es en este momento la mejor espada de tus soldados, ¿Albano, el consejero?

-No, no, uno que se llama Amador.

-¡Vaya, qué nombre!

-Es un muchacho joven apenas un poquito más grande que mi hijo Gualterio. Vamos -Fondalar se paró.

-Mi querido Gualterio, quédate, no hace falta que vayas al patio de armas. -El rey se encogió de hombros y se quedó tomando una copa de licor.

 

Llegamos al patio de armas, hablé con Albano.

-¿Dónde está Amador?

-Es aquel. -Estaba entrenando con otro joven, le mostraba los distintos toques con la espada.

-Llámalos a todos. -Formaron un cuadrado toda la guarnición de soldados menos los que estaban en los muros-. ¿Hablas tú o hablo yo? -le pregunté a Fondalar.

-No, habla tú.

-Mirad, se prepara una gran batalla, Zizer y Randora van a volver. Como en este momento tenemos con nosotros a los cien jóvenes mentos, Zizer se va a apoderar mentalmente de granjeros y los va a traer adelante para que no disparemos flechas pero ellos van a venir con catapultas, no tengo ninguna duda ¿Cómo andan con el arco y flecha? -asintieron-. Bien. Amador, me dijeron que tú eres el mejor en este momento con la espada.

-Sí, señor.

-Dime Aranet. Veamos que tan bueno eres. -Saqué mi espada.

-¿Una práctica liviana?

-No, como si fuera con todo, como si fuera a primera sangre.

-¡Pero señor! -Lo miré a Albano. Albano le dijo:

-Hazlo.

 

Empezamos a espadear como si fuera un combate de verdad: Muy bueno, muy bueno, excelente. Los movimientos de Amador eran tremendamente rápidos, me costaba horrores esquivarlo. Estuvimos bastante tiempo sudando, traspirando.

En determinado momento dije:

-Está bien, ya está. ¿Hay muchos como tú?

-Sí. Señor... Sí, Aranet, bastantes.

-Bien. Vamos a hacer así: Preparad todos alforjas con bastante bebida y comida. Saldréis por la noche, iréis hacia el norte abriéndose noventa grados, unos para el noreste, otros en el medio, otros para el noroeste. Tenemos la ventaja de que el castillo está rodeado de bosques a los costados ¿No entendéis todavía, no? -Amador dijo:

-Sí, creo entender.

-A ver, explícalo, y explícale a los demás soldados.

Amador levantó la voz:

-Lo que está queriendo decir Aranet es que vamos a estar acechando a mil líneas de distancia del castillo cuando vengan los enemigos. -Me miró.

-Sigue, sigue.

-Primero van a estar los granjeros, son los que van a pasar adelante. Los van a poner para que no disparen las flechas del castillo, pero nosotros vamos a estar detrás a mil metros de distancia.

-Bien, eso es exactamente el plan. -Lo miré a Fondalar.

Fondalar aprobó y dijo:

-Muy bien, Amador, muy rápido mentalmente. -Amador sonrió pero no se mostró como un creído orgulloso, seguía concentrado. Eso me gustaba, no era una persona pagada de sí misma, creída, era una persona bien instruida.

-Bien. Entonces vamos a hacer así. Tenemos tiempo. Preparen todo, alforja...

-¿Cómo hacemos con los hoyumans? -preguntó Albano.

-No, no, nada de hoyumans, no, sin equinos. Pueden intranquilizarse, relinchar y con un sólo relincho basta que lo enemigos se den cuenta de que hay gente acechando en la espesura de los bosques. Vamos a hacer así, vamos a ir avanzando escondiéndonos, porque nosotros también estaremos con vosotros. -Lo miré a Fondalar.

-Ezeven viene con nosotros, Donk también, Ligor también, Borius también. Una vez que pasen los granjeros y queden los verdaderos enemigos atrás, atacamos.

-Lo lógico sería que tú, Fondalar, te encargues de Zizer, es el único rival que está a tu nivel. Los demás nos ocupamos nosotros con los soldados. -Y prepararon las cosas, alimentos, agua, armas, ansiedad, respiración agitada-. ¿Tienen botas livianas?

-Tenemos botas livianas, las botas de ejercicio.

-Bien, sería prudente que lleven ellas, las botas de montar son muy pesadas para batalla, van a entorpecer vuestro accionar. Fijaos en Amador, las botas livianas, fijaos lo bien que le permitieron espadear. Bueno, cambiamos: botas livianas para todos. Antes de que anochezca salimos por los portones del norte distribuidos en todas las zonas boscosas, pero os aclaro una cosa, la impaciencia va a jugar en vuestra contra porque quizá no vengan mañana, ni pasado, ni al tercer amanecer, tendréis que estar ahí. Haced en el bosque vuestras necesidades, llevad bastante comida. Si pasan tres amaneceres y no hay nada, algunos soldados irán por la noche a los distintos destacamentos a llevar más comida. No enceréis faroles, no armaréis carpas ni nada, estaréis a la intemperie. Si llueve os mojaréis, pero por eso son soldados, una lluvia no puede derrotarlos.

-Nosotros también nos prepararemos. -Lo miré a Fondalar-. Nos despediremos de nuestras esposas y estaremos junto con los soldados dándoles ejemplo.

Fondalar me dijo:

-No esperaba menos. Hablemos con Donk, con Ligor y con Borius.

-Y con Ezeven -agregué yo-. Tenemos que vencerlos, esta estrategia no puede fallar, no debe fallar.

 

Salimos del patio de armas y fuimos de vuelta a los salones del castillo a hablar con el resto de la gente.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 28/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

Llegó el momento esperado, la batalla esperada por los dos bandos. La planificación fue exacta, todo ocurrió según lo esperado, pero no se consiguió lo definitivo.

Sesión en MP3 (3.064 KB)

 

Entidad: Era la tercera noche que estábamos apostados. La estrategia era buena pero las provisiones se acababan y no teníamos la menor idea de cuándo vendría Zizer, está mujer, Randora, y quienes los acompañan.

 

Me sentía intranquilo. El propio Ligor me preguntaba:

-¿Qué sucede Aranet? Tu rostro está muy concentrado.

-Pensando -le respondí-. No... no entiendo porqué está Burden aquí.

Ligor dijo:

-Fondalar explicó que como tiene ese metal prácticamente pegado al cráneo es casi inmune al poder mental.

Negué con la cabeza, explicando:

-No tiene sentido. ¿En qué momento se va a acercar a Zizer? Va a recibir infinidad de flechazos antes de que se acerque. No... no le encuentro el sentido práctico. Y además, el hecho de que haya congeniado con Mina hizo que ella también viniera. Y creo que nos hace más vulnerables, por lo menos a mí, porque voy a estar prestando atención a lo que le pueda suceder en lugar de concentrarme en la batalla.

Ligor me miró y exclamó:

-¡Cómo me hubiera gustado traer los dracons! -Lo miré.

-Sigue.

-Claro, pasando la región de los dracons, los que nos ayudaron en la fortaleza de Villarreal, los hombres alados, que también congenian con los dracons, tranquilamente podríamos haber diezmado a la tropa de Zizer.

-Continúa -le pedí.

-Ya sabes lo que pienso. No lo hice por dos razones: Una, porque si traen granjeros como rehenes captados por la mente de Zizer, el dracon les puede lanzar vapor hirviente y no va distinguir entre las verdaderas tropas y los inocentes granjeros. Y por otro lado, sé cómo actúa Fondalar, sé que con su mente puede infundir terror en seres pensantes, y estoy convencido que también lo puede hacer en seres menos pensantes como los dracons, y no sé si Zizer podría hacer lo mismo con los dracons y ponerlos a favor suyo.

Le respondí:

-Supongamos que así fuera, está Fondalar, sería un duelo de mentes. De todas maneras me parece que el no haberlos traído es bueno porque es... es demasiado para manejar, es demasiado en una batalla. Además, a diferencia del ataque de Villarreal, Zizer va a traer inocentes. Es otra cosa, es otra estrategia. Entonces está bien la idea de dejar pasar a los granjeros y atacar a los que siguen.

Ligor dijo:

-Pensé que también podría haber soldados disfrazados de granjeros.

-Sí, yo también lo pensé, pero más que esto no podemos hacer. Insisto, no entiendo lo de Burden, tampoco entiendo por qué Donk se fue.

Ligor me dijo:

-Donk tiene una batalla más importante.

-¿Lo dices de una manera irónica? -inquirí.

-Claro. La batalla contra él mismo importante para él, no... no nos afecta a nosotros. Sí me incomoda que haya planteado esto ahora en su mente y no hubiera esperado a que se definiera la batalla. Pero bueno. -Lo miraba a Ligor, miraba su rostro y muy pocas veces lo había visto tan pensante, tan profundo. Como adivinando mi pensamiento me dijo-: Son momentos de definición, Aranet, son momentos de definición. Yo nunca pienso en la muerte, he estado en infinidad de batallas. Tú mismo, ¿cuántas veces te han dado por muerto?, hasta me da la impresión que te has amigado con la muerte. -Lo miré y sonreí.

-Más de una vez estuvo a punto de llevarme la muerte, más de una vez. Y una vez fue por una torpeza mía.

-Sí, cuando esa mujer del norte te atravesó la espada en el vientre. ¿Cómo... cómo pudo ser?

-¡Ligor! ¡Je, je! ¿Te acuerdas de aquel episodio cuando una oriental nos salvó? ¡Y nosotros nos creemos los mejores guerreros! Estuve reactivo, no pensé, estuve mal pensando en... pensando en lo que le había pasado a Mina y no razoné. Y mi tonto orgullo... cuando me puse bien me sentí molesto que Elefa haya acabado con la norteña, hubiera querido tener una revancha. -Ligor sonrió evitando lanzar una carcajada porque en el silencio la risa se hubiera escuchado a más de mil líneas de distancia.

-Elefa es brava, Elefa es casi invencible con la espada. -Me encogí de hombros.

-Yo creo que todos tenemos alguien que nos va a vencer, nuestra vida es limitada y nuestras fuerzas son limitadas, nuestra edad es limitada. Yo soy más joven que tú -le expliqué a Ligor-, pero también el tiempo me pesa, quizá no tenga la misma agilidad de cuando salí de Krakoa, pero aún me siento con mis reflejos intactos.

 

Ligor me palmeó la espalda y en ese momento ambos nos miramos y hicimos un gesto de silencio. Agachados en el medio del pasto lo miramos a Fondalar. Fondalar asintió con la cabeza, también había escuchado.

Ya estaba casi amaneciendo, estaba semioscuro todavía y se veían cientos de personas avanzando despacio y, como supusimos, de la misma manera que habíamos pensado: adelante los granjeros, aldeanos con rastrillos, con guadañas, con horquillas, con palas, como si esas fueran armas. Avanzando torpemente adelante.

Hicimos una señal de espera. Todos agazapados, prestos, incluso había soldados, prestos sus arcos. Los granjeros avanzaban tan despacio que pareciera que fueran muchísimos más de lo que eran, eso ponía a prueba nuestra paciencia, queríamos que pasaran para atacar al grueso de la tropa, a los verdaderos enemigos.

Y ahí sí, estaban los soldados en sus hoyumans. No se veía a Zizer, no se veía a Randora.

Nos miramos, Fondalar hizo una seña, los soldados apuntaron. Habíamos planificado que no desperdicien flechas, que tenga cada uno un blanco.

Y se dispararon las flechas silenciosas, decenas de cuerpos cayeron. Empezó el griterío, el relincho de hoyumans y atacamos espada en mano, a diestra y siniestra, castigando. Esto no era un simulacro del teatro ecuatorial. Los equinos también caían heridos, algunos heridos de muerte atrapando en su caída la pierna de los jinetes a los que sin ningún tipo de compasión liquidábamos en el piso con la cara encharcada de barro. Gritos, el choque de espadas.

En ese momento me vi obligado a estar concentrado, en ese momento me vi obligado a dejar de pensar en Mina. Al fin y al cabo estaba protegida detrás de Fondalar y de los soldados.

 

Fue, de verdad, algo tremendo. El mismo Borius combatiendo hombro con hombro con nosotros, algo impensable tiempo atrás, arriesgando su vida por nosotros. Uno pensaba "¿Y esto hará que Ligor olvide lo que pasó tanto tiempo atrás?". Pero evidentemente toda persona tiene el derecho de arrepentirse y de pagar sus deudas, aquí lo estaba pagando luchando con nosotros.

Y allá a lo lejos, Zizer y Randora. Sentí como que mi piel se erizaba, pero claro, atacar a Zizer con espada en mano... él con su mente podía ordenarme que me corte la garganta. Pero ahora estaba Fondalar en plenas condiciones. Cruzó su mirada con Zizer, Zizer abrió los ojos confundido, totalmente confundido, se encontró con un hombre que tenía su mismo poder o más, porque la ventaja de Fondalar es que era totalmente analítico. Y lo habíamos hablado con Ligor, de que Zizer parecía algo inestable, podía ser un poderoso mento pero a su vez inestable. Se sintió confundido y quiso retroceder con su hoyuman pero es como que no podía, sus soldados iban cayendo unos tras otros dejando una senda de Fondalar hacia Zizer. En ese momento había como una especie de línea vacía sin equinos, sin soldados, una recta entre Fondalar y Zizer y en ese momento la hizo avanzar a Burden. Fondalar llegó a estar a diez líneas de Zizer y frenó sus impulsos mentales hablando:

-Ya no tienes más poder, soy un mento más fuerte que tú y te he quitado tu don, ya no tienes fuerza mental.

-¡Eso no es cierto!

-¿Ah no? Ordénale algo a esta mujer, ordénale algo. -Zizer se concentró en Burden y Burden siguió avanzando. Zizer palideció.

-¡Mis poderes, no tengo mis poderes! -En ese momento Burden con una espada en la mano le atravesó el costado a Zizer, el hoyuman de Zizer se paró en dos patas espantado, Zizer alcanzó a tomar las riendas y huyó para atrás. En ese momento Fondalar dirigió su mirada al equino de Zizer y logró el resultado: el equino se espantó bajo el influjo mental de Fondalar tirando a Zizer en el barro, en el barro húmedo. Zizer se puso de pié y huyó corriendo. A Randora no la veía todavía. En ese momento Ligor me dice:

-¡Allí está Randora! Tomó un arco de uno de los soldados apuntó a cuarenta y cinco grados y disparó. Admiraba la puntería de Ligor, la flecha se clavó en un hombro de Randora. Su cuerpo hizo como una contorsión, como que estaba gravemente herida. Alcanzó a socorrer a Zizer, que subió a grupas de Randora, los dos en un mismo equino huyendo.

 

En ese momento estaba como confundido, y Fondalar me dijo:

-Aranet, acabemos con estos, fíjate que ahora los granjeros están libres del influjo.

-Es cierto. -Miramos a los granjeros y estaban confundidos, como diciendo "¿qué hacemos aquí?, muy pocos habían muerto en la confrontación de la batalla, por suerte muy pocos.

 

Y acabamos con el resto de los soldados, menos unos veinte o treinta que se rindieron. Nuestro principio nos impedía acabar con los que se rendían, pero los llevamos prisioneros.

Habíamos vencido pero Zizer y Randora habían quedado mal heridos; Zizer atravesado por la espada de Burden. De todas maneras seguía pensando que no era necesaria Burden, pero de alguna manera sirvió para desconcertarlo. Zizer legó a pensar que había perdido sus poderes mentales debido al truco de Fondalar, él atravesado por la espada de Burden y Randora con una herida de una flecha de Ligor.

 

Ligor me miró y me dijo:

-No estoy conforme, no estoy conforme para nada.

-Hemos vencido.

-Sí, pero la zorra y Zizer escaparon, mi flecha no fue mortal.

-Quizá se desangre -opiné-, no sabemos. Hagamos una cosa: tú y yo, vamos a perseguirles. -Fondalar nos miró.

-La batalla está terminada. Pero esperad, Zizer puede estar herido pero él ignora que sus poderes están intactos, pero si arriesgáis a seguirlo él puede obligar a que se maten entre ustedes si se da cuenta que sigue teniendo sus dones. No actuéis alocadamente. -Asentí con la cabeza.

Ligor no estaba de acuerdo.

-¿Cuántas veces la vamos a dejar ir a esta zorra, cuántas veces?

-Hagamos una cosa entonces: que Ezeven y el resto de los soldados regresen con las mujeres al castillo y yo iré con vosotros. Los soldados se encargarán de custodiar a los prisioneros y los granjeros serán atendidos y alimentados en el castillo. Yo iré con vosotros.

-Está bien, de esa manera no habrá riesgo con Zizer estando tú.

 

Montamos los tres en hoyumans y fuimos hacia el norte. Mientras, la tropa regresaba al castillo del rey Anán.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 17/03/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina González
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

La entidad, conversando con Karina, recuerda momentos dolorosos de unos sucesos en Umbro, en que la vida y la muerte eran un continuo diario. Recorrer de nuevo sucesos dolorosos permite eliminar engramas de vidas pasadas.

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Entidad: Me siento muy confundido porque Ligor siguió para buscar a Randora, creo más que nada por una cuestión de venganza pero también por una obsesión que de alguna manera le quitaba, le restaba lucidez. Y yo siguiendo con Fondalar en busca de Zizer, quizás uno de los seres más peligrosos.

A lo largo del trayecto fui rememorando muchas cosas y sentía como un vacío en mi interior.

 

Interlocutor: ¿Y ahora en este momento cómo te encuentras?

 

Entidad: ¡Uf! Me siento con un vacío tremendo porque rememoro desde mis comienzos en Krakoa por todo lo que he pasado, todo lo que he vivido, Me han dado muchas veces por muerto... Y es como que a veces estoy cansado.

 

Interlocutor: ¿Te resultaría útil relatar esas vivencias para sentirte un poco mejor?

 

Entidad: Mira, en el trayecto... Voy a hacer una especie de reconto; vosotros decís, ¡je!, "A veces hay que sentar cabeza".

No... no está en mi ser sentar cabeza, me gusta la aventura, no tengo la personalidad de Ligor que es desapegado a todo, seguramente yo no... Tampoco me siento conforme en esa isla donde estoy rodeado de bárbaros, quizá -no os riáis de lo que voy a decir-, es como que me estoy civilizando. ¿Qué puedo jugar en el pasto con un gigantesco canino y que los demás piensen "Se están matando entre ellos", que de repente cojo de la olla una pata grande de mamífero y la coma vorazmente? Sí, seguramente.

Lo que estoy cansado es de batallas, lo que estoy cansado es de ver injusticias, muertes. Es como que quiero estar con mi esposa, Mina, ya no en la isla... Ha corrido mucho riesgo. Quisiera estar en un lugar apartado lejos de todo.

Pero por otro lado esto es dual, no sé si me acostumbraría a una vida en pareja, en una huerta, criando animales, no... Estoy confundido, no sé qué camino tomar, de verdad que no sé qué camino tomar. No podría... no podría decidirme en este momento.

¿Sabes que llegamos a una casa y vimos huellas, vimos sangre?

 

Interlocutor: ¿Cuándo fue esto?

 

Entidad: Ahora, en este momento. Y vimos el cadáver de, supuestamente, una de las personas más peligrosas de este mundo. Y el mismo Fondalar -que ve el panorama de otra manera, porque es más grande y supuestamente más sabio-, se sorprendió porque Zizer, con su poder mental era imposible vencerlo.

Quedé perplejo y le dije a Fondalar:

-¿Qué ha pasado acá?

Fondalar no se encogió de hombros, me dijo:

-Estoy tan sorprendido como tú.

El relato va mucho más allá. Estuvimos hablando bastante tiempo, incluso anocheció. Nos quedamos a descansar en esa casa vieja, desvencijada, teníamos comida en las alforjas y también bebida en la cantimplora. A mí me da la impresión de que el cuerpo fue enterrado. A mí me da la impresión también que las alimañas escarbaron y desenterraron el cuerpo, porque estaba carcomido y por alguna razón la cara sin roer, ni siquiera ni los pequeños roedores la tocaron, por eso supimos que era Zizer. Y antes de dormir lo enterramos más profundo, quizá para que las alimañas no lo desentierren, y le pusimos un par de rocas encima.

 

Interlocutor: ¿Te quedó algún engrama de ese momento?

 

Entidad: A ver, engrama... Es muy difícil decir si me quedó un engrama porque es como que... Cómo lo puedo explicar...

 

Interlocutor: Es una situación muy difícil, sí.

 

Entidad: Difícil porque mi espíritu está curtido, mi espíritu está curtido de ver batallas, cadáveres... Quizás a ti, como interlocutora, te impresione lo que he visto; cuerpos desparramados en la tierra, los mismo equinos que en la imaginación del teatro siempre salen galopando. ¡No! La panza abierta con las tripas afuera, los equinos, los humanos, espadas rotas, viento, lluvia. Entender, comprender, digerir lo que es una batalla es... es tremendo, es tremendo. Y quizás el que no entienda dice "Bueno, Aranet, pero tú has pasado por mucho".

¡Je, je, je! ¿Y te piensas que uno se acostumbra? Uno no se puede acostumbrar al dolor, a la muerte, al martirio, a la incertidumbre, a la injusticia... ¿Quién se puede acostumbrar a eso?

 

Interlocutor: ¿Sin embargo crees que todas esas experiencias te han hecho más fuerte?

 

Entidad: Fuerte... Templado, porque yo podría decir templado. Pero entiende, el que sea templado no significa que...

 

Interlocutor: Que no te duela, que no te moleste.

 

Entidad: Molestar... Quizá me inquiete. Sí, doler sí, molestar no, molestar te molesta otra cosa. Uno vive con incertidumbre. A veces es como que tengo temor de no tener miedo. ¿Entiendes lo que quiero decir?

 

Interlocutor: Sí.

 

Entidad: A ver explícamelo, ¿qué es temor a no tener miedo?

 

Interlocutor: Tal vez ese miedo a acostumbrarse a tener que estar enfrentando todo el tiempo y superar el miedo, ¿no?

 

Entidad: Yo lo veo de otra manera, como que...

 

Interlocutor: Tal vez miedo a transformarte en un ser, digamos, con alguna alteración...

 

Entidad: Claro, esa es la clave, que todo me dé igual.

 

Interlocutor: Como un psicópata, ¿no?

 

Entidad: Palabra que usáis vosotros, sí. Sí.

 

Interlocutor: Pero en el caso de ser un thetán, sería mucho más difícil que esto suceda, ¿no?

 

Entidad: Claro. Lo que pasa que la mente conceptual vive el momento que relata y es como que vuelve a pasar por esa vida, entonces el temor a no tener miedo es el temor a que... a que a uno no le importe nada, porque está bien tener miedo. Valiente es el que confronta el miedo, el que no tiene miedo es una persona que no está bien de su decodificador, esa es la idea de "temor a no tener miedo". Es como que el regalo de aquel que está más allá de las estrellas es tener un decodificador sano. No es que mi mente se deteriore al punto tal de confundir nombres, al punto tal de no entender cosas; se deteriora de ver, de sentir, de palpar cosas que mucho tiempo atrás te hubiera parecido casi inconcebible y en este momento lo ves como algo natural.

Ahora, querida interlocutora, en mi rol como Aranet, ver como algo natural la injusticia, la traición, los desvelos, las luchas de poder..., te terminas agotando, te terminas..., te termina doliendo dentro tuyo, pero no un dolor de cuando me atravesó una espada sino un dolor que no cicatriza ni con las hierbas mágicas de aquel valle perdido, no; es un dolor interno, y te pones a pensar "¿Cómo, cómo puedes acostumbrarte a eso?". Y otro te dirá "No, no, lo que pasa que te estás adaptando para que cada vez te duela menos". ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿Qué cada vez me duela menos?

 

Interlocutor: Yo creo que el secreto es adaptarse, pero no acostumbrarnos.

 

Entidad: Claro.

 

Interlocutor: No tomarlo como lo normal si no tratar de transitar el momento difícil de la mejor manera posible y seguir adelante.

 

Entidad: Es que lo tomo como lo normal. Ten en cuenta que ésta es una época que vosotros en Sol III llamaríais medieval o quizás antigua, donde hay enfermedades, donde hay apetitos de poder, como si aquellos reyes fueran a vivir eternamente, matan a sus propios hermanos.

Nos ha pasado que una princesa que luego fue reina, para tener una cortesana con ella le pagó a alguien con metales dorados para que fingiera un secuestro para que la cortesana se quedara con ella hasta su muerte. Y la palabra es la palabra. Entonces, a veces esos actos donde no hubo ni muerte, ni masacres, ni nada te dejan tan marcados como... como cuando los bárbaros del norte asolan una aldea, violan mujeres, violan niños. Y uno no sabe cuándo va a pasar. Y por más que uno tenga una espada forjada por una piedra que cayó del cielo, es uno, podemos ser dos, podemos ser tres, pero el mundo es enorme, hay muchos continentes y prima la maldad. Uno quisiera a veces cambiar todo.

No sé porque en este momento me puse a pensar todo esto, quizás aprovechando que estabas tú como interlocutora para darme tu punto de vista.

Y sí, es como tú dices, uno no puede acostumbrarse, uno tiene que adaptarse, pero adaptarse tomando distancia de los hechos. Pero también eso se puede interpretar mal, como diciendo "Bueno, yo tomo distancia", como diciendo "¡Ah!, no, no, no, yo no tengo nada que ver con eso".

 

Interlocutor: Pero sí tratar de ser lo más objetivo posible.

 

Entidad: Claro. Cuesta, cuesta querida interlocutora, claro que cuesta, pero se trata de interpretarlo y de entenderlo.

Finalmente nos quedamos con Fondalar. -Prácticamente, ¿sabes, querida interlocutora, que no dormimos?-. En la oscuridad de la noche estrellada argumentábamos, debatíamos cómo pudieron vencer a lo que ahora estaba bajo tierra, lo que ya dejó de ser una persona, lo que ya había dejado de ser un cuerpo, lo que ya había dejado de tener vida, un ser que parecía invencible.

Y Fondalar me dijo una frase muy sabia "En el mundo no hay un ser invencible, nadie es invencible, todos somos criaturas de aquel que está más allá de las estrellas. Y Él tampoco es invencible".

En ese momento lo miré y le dije "¿Cómo no es invencible? ¡Es el creador de todo!". ¡Je, je! Se rió y me dijo "No, Aranet, no es invencible porque Él no tiene porqué luchar, Él derrama amor, Él es amor. Invencible es quien lucha, que puede vencer o perder; pero quien no lucha, quien solo brinda amor no es invencible, porque solamente da". ¡Ah!

 

Interlocutor: ¿Te sientes mejor?

 

Entidad: Me siento mejor ahora, pero nos espera un largo camino de regreso al castillo. Pero bueno, voy con un poco más de ánimos. Gracias por escuchar.

 

Interlocutor: Gracias a ti y toda la luz. Hasta todo momento.