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Psicoauditación - Francisca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 28/11/2016

Sesión del 27/12/2016

Sesión del 24/01/2017

Sesión del 15/03/2017

Sesión del 07/06/2017

Sesiones de roles relacionados

 


Sesión 28/11/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata una vida en Umbro donde ella y su pareja eran de raza mento. Ella era moderada y no le gustaba cómo le enseñaba a su hijo a usar el poder, pues no parecía que era para prevención y defensa. Su pareja creció en agresividad en el uso del poder y ocasionó muertes. Hubo separación y quedó sola. Sin su hijo.

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Entidad: Mi nombre en esta vida es Francisca. Rememoro una vida de mucho, mucho tiempo atrás, en un mundo distinto, salvaje que me ha dejado infinidad de engramas. Es una vivencia que no sé por dónde comenzarla.

 

Mis padres eran distintos, y había heredado esa diferencia. Éramos una comunidad humana apartada del resto no por temor, todo lo contrario, sino para evitar dañar a nadie. De aspecto éramos iguales a cualquier humano del planeta pero nuestra mente era mucho más fuerte, nunca lo supe interpretar. Entiendo que el pensamiento emite una vibración muy sutil, imperceptible que quizás en mi mundo actual -al que los Maestros le llaman Sol 3-, con algunos aparatos pueden medir cierta vibración mental pero nuestra vibración era tal que podía afectar a otros seres si así lo quisiéramos. Nuestra comunidad se llamaba a sí misma "los mentos".

 

Mi nombre era Ervina, con la "b" corta o "v", Ervina. Fui creciendo y jugando, como todos los chicos. Conocí a un joven de una comunidad independiente a la nuestra llamado Eleazar. Eleazar era un joven muy peculiar, alto, atractivo. Nos hicimos amigos desde jóvenes hasta que finalmente formamos pareja. Nos alejamos de nuestro núcleo -él del suyo, yo del mío- y marchamos hacia el sur a hacer una vida en la zona ecuatorial.

Ambos teníamos metales que habíamos heredado de nuestros padres, compramos entre ambos una propiedad con un pequeño campo, con animales y armamos una pequeña granja. Como nuestra habilidad podíamos ocultarla, nadie sabía que ambos éramos mentos. Sí es cierto que lo peculiar de Eleazar, mi pareja, es que cuando era joven, jugando con otros niños, mentalmente llegaba a mover algunas piedras y se las lanzaba.

 

Alguna vez le pregunté a mamá sin decir por qué:

-¿Todos tenemos la misma habilidad en nuestra región?

Madre me dijo:

-Ervina, todos los que somos de familia de mentos tenemos la misma habilidad, algunos más, otros menos, de la misma manera que hay humanos que son más fuertes físicamente que otros.

-¡Ajá! O sea, que hay mentos que tienen más poder que otros.

-Sí, totalmente.

-Pero ¿pueden mover objetos?

-No, no he visto que puedan mover objetos. ¿Por qué me preguntas hija?

-Curiosidad, curiosidad.

 

Con Eleazar éramos una pareja con mucha empatía, diálogo, respeto. Nos queríamos, nos deseábamos, teníamos una gran comunión entre ambos pero es como que a veces tienes, cómo lo diría, cierto carácter oculto.

La granja no nos daba todas las provisiones, nos hacían falta algunas cosas. Yo estaba embarazada, íbamos en la carreta al poblado, el dueño del almacén nos apreciaba mucho, además éramos buenos clientes. ¡Je, je, je! Eleazar cargaba las bolsas en la carreta, compramos incluso alguna ropa y calzado.

Y volvíamos para la granja cuando en el camino cuatro jinetes de no muy buen aspecto, montados en sus hoyumans nos cortaron el paso. No tenía miedo porque Eleazar era un mento bastante fuerte y podía provocarles un fuerte dolor de cabeza hasta dejarlos inconscientes sin necesidad de tomar su espada.

Les dijo:

-Sería oportuno que os corráis del camino, mi esposa está embarazada y quiero evitarle disgustos. -Los hombres se rieron.

Le dije:

-Eleazar, déjame que les provoque un dolor de cabeza.

-No, este tipo de gente no entiende.

 

Enfocó la vista en uno de ellos, el que estaba más cerca, y lo lanzó del caballo -del hoyuman, como le decíamos en nuestro mundo-, a varias líneas de distancia, me quedé asombrada. Cuando éramos jóvenes lo había visto hacer esto con rocas pequeñas, algunas más grandes pero no con un humano. Los otros se asombraron. Antes de que Eleazar lance alguno más, emití mis ondas mentales. Se tomaron la frente del dolor y cayeron a un costado de sus monturas desmayados.

-No hacía faltaba que intervinieras.

-Fíjate en el que has lanzado, se golpeó en una roca, está muerto.

-Mujer, eran asaltantes, quizá querrían matarme y a ti violarte.

-Podíamos habernos deshecho de ellos como hice yo con los otros.

-Eres demasiado compasiva, Ervina.

 

Tiempo después tuve al nene, le pusimos de nombre Ezeven, con "z" y "v", Ezeven, seguramente heredaría nuestros dones. Fue creciendo feliz jugando con otros niños, practicando duelo de espadas. A sus cinco años discutió con un niño y sin conocer sus límites le causó un fuerte dolor hasta desvanecerlo.

Con Eleazar hablamos con él y le dijimos:

-Ezeven, ya tienes edad para entender. A diferencia de otros seres, a diferencia de nuestros vecinos, tenemos un poder aquí, aquí -me toqué la frente- y podemos lastimar sin querer a otros.

-Pero madre, él se lo merecía.

-No, no Ezeven, nadie se merece nada, nadie se merece nada.

 

Nos preocupamos porque el pequeño hijo de vecinos estuvo dos días sin recuperar el conocimiento, el don de Ezeven era muy elevado y recién tenía cinco años. Por la mañana, antes de que Eleazar fuera a trabajar al campo, se llevaba al niño. Cabalgaban bastante tiempo, se iban a una pequeña montaña y practicaban con la espada. Eso me decían.

Le dije a Eleazar si podía ir, habíamos contratado a un mayordomo, como le decíamos a los capataces, que se quedara cuidando la granja -el mayordomo era casado con dos hijos, responsable, sus hijos también- y marché con Eleazar y nuestro hijo para ver qué le enseñaba. Me quedé asombrada cuando vi que no practicaban con la espada, en esa pequeña montaña había rocas sueltas y lo que hacían era lanzar mentalmente las rocas, el propio Eleazar se molestaba cuando veía que el niño, que ya tenía más de seis años, para siete, lanzaba rocas más grandes y a mayor distancia. Yo misma me asombraba y me preocupaba por Ezeven.

 

Pero tenía todo controlado. El problema era mi pareja, episodios como los de la carreta, cuando veníamos del almacén de ramos generales, ocurrió en varias oportunidades y a pesar de que le decía a Eleazar:

-Contrólate, si nos quieren asaltar o provocar, evita la pelea. En última instancia, con tu mente confúndelos, ni siquiera hace falta desmayarlos, puedes atontarlos mentalmente.

Eleazar decía:

-No, la gente que provoca merece castigo.

 

Y dos, tres hasta cuatro veces ha lanzado gente de encima de su hoyuman a líneas de distancia, en tres casos más el incidente fue fatal, al caer a cierta distancia golpearon la cabeza y murieron inmediatamente.

Lo veía cambiado a Eleazar, más enérgico pero para mal, poco tolerante, y sabemos que la tolerancia es una de las más grandes virtudes. Cuando Ezeven tenía ocho años Eleazar no me quería llevar al poblado, luego me enteré que había causado dos o tres muertes más en el poblado simplemente porque lo provocaban.

Cuando Ezeven cumplió nueve años le dije:

-Eleazar no tenemos la comunicación que teníamos antes, el diálogo, la empatía, el respeto, no me prestas atención.

-Y tú qué puedes hablar, Ervina -me respondía-, me censuras en todo lo que hago. Eres buena para nada.

-Quizá sea mejor que nos separemos.

-No hay problema, nos separamos. Tengo bastantes metales ahorrados para empezar de nuevo. Me llevo la carreta grande y algunos animales. Tú te arreglarás sola con el campo, tienes el matrimonio de mayordomos que te ayude, pero Ezeven se viene conmigo.

-Es un niño, tiene nueve años.

-No soy tan cruel como piensas, Ervina, no me iré tan lejos. Hay un pueblo vecino que ya he visitado varias veces, allí también hay granjas disponibles. Empezaré de vuelta y Ezeven puede visitarte cuando quiera, ¿no?

 

Y nos separamos. Sentí como que la Tierra se me abría al medio, como que me tragaba muy hondo. El amor no se va de un día para el otro. Si bien me sentía defraudada de la conducta de Eleazar estaba acostumbrada a tener una familia, esa era la palabra, acostumbrada, y eso no era amor. Hay temas que me resulta incómodo tocar pero en los últimos tiempos estábamos infinidad de amaneceres sin acercarnos íntimamente, con Eleazar, él no me buscaba y en realidad yo tampoco, algo había cambiado, el deseo se había apagado, quedaba el cariño, pero eso no era amor.

Pero las vivencias no terminan allí, pasaron cosas graves. Pero esa es otra historia.

 

 

 


 

Sesión 27/12/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

En Umbro ella era mento. Su hijo, también mento, tenía poderes y su familia tenía miedo de él. Se encontraba solo, de adolescente y tuvo que marchar. La entidad, en rol de su madre, quedó con dolor que le sigue afectando.

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Entidad: A veces creo que la ley de entropía, la segunda ley de termodinámica, afecta en todas las vidas, todo tiende para ir para peor. Muchos habréis estudiado que los fenómenos químicos son irreversibles, encendéis un fósforo o cerilla, luego que la flama se apaga no vuelve a ser otra vez utilizable. Y a veces parece que en las distintas vidas esa flama llamada esperanza, deseos de seguir adelante tienden a apagarse, obviamente por situaciones que escapan a nuestro manejo.

 

Mi nombre era Francisca. Había conocido a Eleazar, él no tenía buen carácter y con el tiempo fue deteriorándose al punto de cometer actos que para mí eran demasiado hostiles. Amábamos a nuestro niño, Ezeven, pero es como que Eleazar lo acaparaba. Ambos éramos mentos, descendíamos de familia de mentos pero Eleazar, por algo en su interior tenía otro don, virtud o defecto pero don, podía mover objetos a distancia. Y practicaba con Ezeven cuando era una criatura y lo exigía y lo exigía y lo exigía. Cuando el niño cumplió nueve años nos separamos.

Al poco tiempo conocí a Mureno, él ya tenía una hija de una pareja anterior, Eliana. Mureno era una persona, ¿cómo diríamos?, amable, tolerante nada que ver con el carácter de Eleazar. Eleazar no puso reparo de que haya formado pareja con Mureno puesto que él, a su vez, se había juntado con Maneva, con quién había tenido un niño.

 

Ezeven venía seguido a casa, él prácticamente vivía con su padre pero lo poco que hablaba conmigo, las pocas palabras que lograba sacarle, formaban un triste relato, como que Maneva era una mujer muy sufrida y con muchos problemas y le tenía cierta aprensión a Ezeven.

Ezeven fue desarrollando más poderes que mi ex, muchos más poderes al punto tal de no solamente mover objetos, no solamente dominar las mentes sino que también llegaba a juntar bolas de energía como algunos seres del noroeste pero mucho más potenciado.

Varias veces Mureno se quejó conmigo, diciéndome:

-Ervina, Ezeven se acerca mucho a Eliana.

Yo le decía:

-Pero Mureno, es su hermanastra, o sea, no entiendo, no entiendo.

-Ella está muy afectiva con él -me dijo Mureno.

-Ok. ¿A qué conclusión quieres llegar? ¿A qué...? ¿A qué conclusión quieres llegar? Dime, -insistí.

-Creo que la somete mentalmente.

-Mureno, mi hijo no haría eso. Aparte, tú dices ¿someterla para tenerla como mujer? ¡Es un niño!

 

Ezeven había crecido, ya había cumplido quince de vuestros años, había desarrollado su cuerpo. No era todavía tan alto ni como Mureno ni como su papá Eleazar pero sí ya estaba a mi altura. No solamente por la mañana seguía haciendo ejercicios mentales como cuando de pequeño su padre le enseñaba, ahora lo hacía en ausencia de su padre. Se iba al borde de la montaña, al pie, y empezaba a mover objetos.

Recuerdo que una tarde en el poblado, por causalidad, me encontré con Eleazar. La distancia, el hecho de que cada uno tenía su pareja hacía que pudiéramos hablar armoniosamente.

-Pero claro -inquirí-, está viniendo muy seguido y es como que no quiere volver. ¿Qué pasa, Eleazar?

-Nada Ervina. Bueno, en realidad, sí.

-En realidad, sí, ¿qué?

-Maneva me comentó que ella sufrió de pequeña en las islas al oeste del continente, terremotos, la isla se hundió y ella llegó con su madre al continente, su papá no sobrevivió.

-¿Pero qué tiene que ver eso con Ezeven? -lo interrumpí.

-Ella quedó con problemas, con miedos a los temblores, también tenía secuelas físicas por un golpe que recibió en un derrumbe. Luego tuvimos a Rasto Zovar.

-Insisto, ¿qué tiene que ver esto con Ezeven?

-Bueno, no sé si provocado o qué, pero Ezeven provocó un tremendo temblor en la casa donde vivíamos poniendo en peligro al bebé y a Maneva. Prácticamente Maneva me pidió que esté lo menos posible en casa.

-¡Pero yo acá no puedo tenerlo!

-Mureno piensa que él somete a su hija mentalmente.

-Mureno es una persona torcida, ¿cómo va a pensar eso de mi hijo?

-Bueno, qué puedo decir de Maneva, ¿me estás diciendo que él trató de matarla derrumbando la casa con sus poderes?

-No dije eso, pero tú sí has dicho y afirmado que él somete a tu hijastra.

Nos saludamos fríamente pero sin discutir.

 

Traje en una carreta provisiones pero Ezeven a sus quince años sabía leer los rostros.

-¿Qué pasa, madre?

-Lo vi a tu padre, me contó lo de Maneva, me dijo que tú casi derrumbas la casa, y más que ella es temerosa con los terremotos.

Ezeven hizo una mueca de tristeza, de pena pero sus ojos reflejaban como odio, como ira, cólera.

-Yo me doy cuenta de las cosas madre, tu pareja tampoco me quiere, la pareja de padre tampoco me quiere, Eliana tiene ciertas dudas conmigo pero me tiene afecto, jamás la sometería. Aparte, vuestra mente está podrida si pensáis que yo haría algo así.

Yo pensaba en mi pareja y le pregunté, quizás egoístamente:

-¿Volverás pronto al lado de tu padre?

-Madre, te acabo de decir que Maneva no me soporta. Parece que cuando alguien es distinto no lo soportan, por eso tú no lo soportaste a padre.

-Per hijo, ¿qué dices?, yo también soy de raza mento.

-Claro, pero no mueves objetos ni manipulas energías, yo puedo manipular bolas de fuego y bolas eléctricas, no sé de quién lo heredé o si es naturalmente mío. Aparte puedo provocar aludes, sí madre no te asombre, lo he probado primero viendo que no había gente en los alrededores, he provocado un gigantesco alud en la montaña del oeste, decenas y decenas de piedras y rocas gigantescas caían sobre mí.

-¿Y cómo no te has lastimado? -le pregunté.

-Porque aprendí a poner una capa de energía protectora sobre mí.

-¿Tu padre sabe eso?

-No le conté aún.

-O sea, que si tú prestas atención y alguien te dispara una flecha o te tira una lanza, ¿tú puedes poner una especie de energía y no te llega?

-Así es, madre.

 

Me quedé pálida, creo que ni el propio Ezeven sabía el tremendo don que tenía. Que aquel que está más allá de las estrellas me perdone, que esa hermosa Esencia que mora en el cielo me disculpe pero tenía miedo de mi propio hijo, de que un día se enojara con Mureno, que perdiera la paciencia y lo matara con su mente. Lo tanteé y le pregunté:

-¿Estás molesto que haya formado pareja con Mureno?, tu padre formó pareja y no le has dicho nada, ¿por qué no iba a rehacer mi vida? Él está bien con Maneva, yo estoy bien con Mureno, ¿por qué no podemos ser felices?

Ezeven me respondió:

-¿Quién impide que lo seáis? Cuando estoy con padre quiero comer, dormir, hacer mi vida, lo ayudo a padre con las tareas agrícolas, no tengo problemas en ayudar a Mureno pero es como que tuviera una enfermedad contagiosa, Mureno me mira como si yo fuera una criatura deforme, es capaz de abrazarse con un lomante, esa criatura alta, peluda y no conmigo. Lo mismo pasa con Maneva, la pareja de papá, no quiere ni tocarme, ni que me acerque a su bebé Rasto Zovar. Estoy contaminado, estoy condenado a no estar en la casa de papá ni en la tuya.

-Nadie ha dicho eso.

-Sí, sí, lo habéis dicho, lo habéis dicho. No pelean con papá para ver quién se queda conmigo si no para ver quién... quién se deshace más rápido de mí. Pero no os preocupéis, he conseguido metales cobreados, plateados y hasta dorados.

-¿Cómo?, ¿qué has hecho?

-¿Ves?, ya piensas mal, piensas que heredé el carácter de papá. ¿Te piensas que no sé que padre, cuando yo era mucho más pequeño, ha llegado a hacer un mal uso de su poder mental? Yo no tengo ese carácter pero me empujan, me impulsan. -Se acercó a mí y me abrazó, me dio un beso en la mejilla-. Trataré de venir lo menos posible.

-Pero es yo no quiero...

-Quédate tranquila, dile a Mureno que vendré muy esporádicamente. Salúdame a Eliana.

 

Y se alejó, llevando una mochila sobre sus hombros. Y me quedé pensando cómo logró tener tantos metales, hay gente que trabajaba cientos de días para tener un solo metal dorado, pero no me quiso contar y más temor me dio. Sentía que mi mundo se hundía, me dolía el pecho enormemente. Me sentía mal conmigo misma, muy mal, pero por otro lado sentía compasión por Ezeven, él estaba solo. Directa o indirectamente nosotros éramos los responsables y era algo con lo que teníamos que vivir. Al igual que mucha gente del sur yo entendía que luego que morimos, volvemos a nacer con otra forma, con otro nombre pero que ese dolor que llevamos dentro lo llevamos a esa otra vida, aunque no nos recordemos.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión 24/01/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata que a raíz de que a su hijo lo habían visto en determinada situación estaba siendo prejuzgado de ser dañino. Como madre no quería aceptarlo pero se dejó convencer de ello. De aquella vida salió con multitud de engramas.

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Sesión 15/03/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata cómo llevaba de mal su vida en Umbro al punto de dejar a aquellos con quienes convivía. Había mal ambiente y reproches cruzados por tristes sucesos anteriores. Un hombre sabio les puso las cosas en su lugar explicándoles la diferencia entre culpa y responsabilidad. Empezaron a vivir de nuevo.

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Sesión 07/06/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La felicidad no existe, es un proceso mental. Aparte, ser feliz implica que se cumplan demasiadas cosas. La entidad relata que de repente, lo que se aguantaba precariamente se cayó y marchó, dejando la familia por segunda vez. Los roles de ego de todos ellos hundieron las precarias relaciones.

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