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Psicoauditación - Francisca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 28/11/2016

Sesión del 27/12/2016

Sesión del 24/01/2017

Sesión del 15/03/2017

Sesión del 07/06/2017

Sesiones de roles relacionados

Sesión del 23/06/2017

Sesión del 10/11/2017

Sesión del 13/12/2017

 


Sesión 28/11/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata una vida en Umbro donde ella y su pareja eran de raza mento. Ella era moderada y no le gustaba cómo le enseñaba a su hijo a usar el poder, pues no parecía que era para prevención y defensa. Su pareja creció en agresividad en el uso del poder y ocasionó muertes. Hubo separación y quedó sola. Sin su hijo.

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Entidad: Mi nombre en esta vida es Francisca. Rememoro una vida de mucho, mucho tiempo atrás, en un mundo distinto, salvaje que me ha dejado infinidad de engramas. Es una vivencia que no sé por dónde comenzarla.

 

Mis padres eran distintos, y había heredado esa diferencia. Éramos una comunidad humana apartada del resto no por temor, todo lo contrario, sino para evitar dañar a nadie. De aspecto éramos iguales a cualquier humano del planeta pero nuestra mente era mucho más fuerte, nunca lo supe interpretar. Entiendo que el pensamiento emite una vibración muy sutil, imperceptible que quizás en mi mundo actual -al que los Maestros le llaman Sol 3-, con algunos aparatos pueden medir cierta vibración mental pero nuestra vibración era tal que podía afectar a otros seres si así lo quisiéramos. Nuestra comunidad se llamaba a sí misma "los mentos".

 

Mi nombre era Ervina, con la "b" corta o "v", Ervina. Fui creciendo y jugando, como todos los chicos. Conocí a un joven de una comunidad independiente a la nuestra llamado Eleazar. Eleazar era un joven muy peculiar, alto, atractivo. Nos hicimos amigos desde jóvenes hasta que finalmente formamos pareja. Nos alejamos de nuestro núcleo -él del suyo, yo del mío- y marchamos hacia el sur a hacer una vida en la zona ecuatorial.

Ambos teníamos metales que habíamos heredado de nuestros padres, compramos entre ambos una propiedad con un pequeño campo, con animales y armamos una pequeña granja. Como nuestra habilidad podíamos ocultarla, nadie sabía que ambos éramos mentos. Sí es cierto que lo peculiar de Eleazar, mi pareja, es que cuando era joven, jugando con otros niños, mentalmente llegaba a mover algunas piedras y se las lanzaba.

 

Alguna vez le pregunté a mamá sin decir por qué:

-¿Todos tenemos la misma habilidad en nuestra región?

Madre me dijo:

-Ervina, todos los que somos de familia de mentos tenemos la misma habilidad, algunos más, otros menos, de la misma manera que hay humanos que son más fuertes físicamente que otros.

-¡Ajá! O sea, que hay mentos que tienen más poder que otros.

-Sí, totalmente.

-Pero ¿pueden mover objetos?

-No, no he visto que puedan mover objetos. ¿Por qué me preguntas hija?

-Curiosidad, curiosidad.

 

Con Eleazar éramos una pareja con mucha empatía, diálogo, respeto. Nos queríamos, nos deseábamos, teníamos una gran comunión entre ambos pero es como que a veces tienes, cómo lo diría, cierto carácter oculto.

La granja no nos daba todas las provisiones, nos hacían falta algunas cosas. Yo estaba embarazada, íbamos en la carreta al poblado, el dueño del almacén nos apreciaba mucho, además éramos buenos clientes. ¡Je, je, je! Eleazar cargaba las bolsas en la carreta, compramos incluso alguna ropa y calzado.

Y volvíamos para la granja cuando en el camino cuatro jinetes de no muy buen aspecto, montados en sus hoyumans nos cortaron el paso. No tenía miedo porque Eleazar era un mento bastante fuerte y podía provocarles un fuerte dolor de cabeza hasta dejarlos inconscientes sin necesidad de tomar su espada.

Les dijo:

-Sería oportuno que os corráis del camino, mi esposa está embarazada y quiero evitarle disgustos. -Los hombres se rieron.

Le dije:

-Eleazar, déjame que les provoque un dolor de cabeza.

-No, este tipo de gente no entiende.

 

Enfocó la vista en uno de ellos, el que estaba más cerca, y lo lanzó del caballo -del hoyuman, como le decíamos en nuestro mundo-, a varias líneas de distancia, me quedé asombrada. Cuando éramos jóvenes lo había visto hacer esto con rocas pequeñas, algunas más grandes pero no con un humano. Los otros se asombraron. Antes de que Eleazar lance alguno más, emití mis ondas mentales. Se tomaron la frente del dolor y cayeron a un costado de sus monturas desmayados.

-No hacía faltaba que intervinieras.

-Fíjate en el que has lanzado, se golpeó en una roca, está muerto.

-Mujer, eran asaltantes, quizá querrían matarme y a ti violarte.

-Podíamos habernos deshecho de ellos como hice yo con los otros.

-Eres demasiado compasiva, Ervina.

 

Tiempo después tuve al nene, le pusimos de nombre Ezeven, con "z" y "v", Ezeven, seguramente heredaría nuestros dones. Fue creciendo feliz jugando con otros niños, practicando duelo de espadas. A sus cinco años discutió con un niño y sin conocer sus límites le causó un fuerte dolor hasta desvanecerlo.

Con Eleazar hablamos con él y le dijimos:

-Ezeven, ya tienes edad para entender. A diferencia de otros seres, a diferencia de nuestros vecinos, tenemos un poder aquí, aquí -me toqué la frente- y podemos lastimar sin querer a otros.

-Pero madre, él se lo merecía.

-No, no Ezeven, nadie se merece nada, nadie se merece nada.

 

Nos preocupamos porque el pequeño hijo de vecinos estuvo dos días sin recuperar el conocimiento, el don de Ezeven era muy elevado y recién tenía cinco años. Por la mañana, antes de que Eleazar fuera a trabajar al campo, se llevaba al niño. Cabalgaban bastante tiempo, se iban a una pequeña montaña y practicaban con la espada. Eso me decían.

Le dije a Eleazar si podía ir, habíamos contratado a un mayordomo, como le decíamos a los capataces, que se quedara cuidando la granja -el mayordomo era casado con dos hijos, responsable, sus hijos también- y marché con Eleazar y nuestro hijo para ver qué le enseñaba. Me quedé asombrada cuando vi que no practicaban con la espada, en esa pequeña montaña había rocas sueltas y lo que hacían era lanzar mentalmente las rocas, el propio Eleazar se molestaba cuando veía que el niño, que ya tenía más de seis años, para siete, lanzaba rocas más grandes y a mayor distancia. Yo misma me asombraba y me preocupaba por Ezeven.

 

Pero tenía todo controlado. El problema era mi pareja, episodios como los de la carreta, cuando veníamos del almacén de ramos generales, ocurrió en varias oportunidades y a pesar de que le decía a Eleazar:

-Contrólate, si nos quieren asaltar o provocar, evita la pelea. En última instancia, con tu mente confúndelos, ni siquiera hace falta desmayarlos, puedes atontarlos mentalmente.

Eleazar decía:

-No, la gente que provoca merece castigo.

 

Y dos, tres hasta cuatro veces ha lanzado gente de encima de su hoyuman a líneas de distancia, en tres casos más el incidente fue fatal, al caer a cierta distancia golpearon la cabeza y murieron inmediatamente.

Lo veía cambiado a Eleazar, más enérgico pero para mal, poco tolerante, y sabemos que la tolerancia es una de las más grandes virtudes. Cuando Ezeven tenía ocho años Eleazar no me quería llevar al poblado, luego me enteré que había causado dos o tres muertes más en el poblado simplemente porque lo provocaban.

Cuando Ezeven cumplió nueve años le dije:

-Eleazar no tenemos la comunicación que teníamos antes, el diálogo, la empatía, el respeto, no me prestas atención.

-Y tú qué puedes hablar, Ervina -me respondía-, me censuras en todo lo que hago. Eres buena para nada.

-Quizá sea mejor que nos separemos.

-No hay problema, nos separamos. Tengo bastantes metales ahorrados para empezar de nuevo. Me llevo la carreta grande y algunos animales. Tú te arreglarás sola con el campo, tienes el matrimonio de mayordomos que te ayude, pero Ezeven se viene conmigo.

-Es un niño, tiene nueve años.

-No soy tan cruel como piensas, Ervina, no me iré tan lejos. Hay un pueblo vecino que ya he visitado varias veces, allí también hay granjas disponibles. Empezaré de vuelta y Ezeven puede visitarte cuando quiera, ¿no?

 

Y nos separamos. Sentí como que la Tierra se me abría al medio, como que me tragaba muy hondo. El amor no se va de un día para el otro. Si bien me sentía defraudada de la conducta de Eleazar estaba acostumbrada a tener una familia, esa era la palabra, acostumbrada, y eso no era amor. Hay temas que me resulta incómodo tocar pero en los últimos tiempos estábamos infinidad de amaneceres sin acercarnos íntimamente, con Eleazar, él no me buscaba y en realidad yo tampoco, algo había cambiado, el deseo se había apagado, quedaba el cariño, pero eso no era amor.

Pero las vivencias no terminan allí, pasaron cosas graves. Pero esa es otra historia.

 

 

 


 

Sesión 27/12/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

En Umbro ella era mento. Su hijo, también mento, tenía poderes y su familia tenía miedo de él. Se encontraba solo, de adolescente y tuvo que marchar. La entidad, en rol de su madre, quedó con dolor que le sigue afectando.

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Entidad: A veces creo que la ley de entropía, la segunda ley de termodinámica, afecta en todas las vidas, todo tiende para ir para peor. Muchos habréis estudiado que los fenómenos químicos son irreversibles, encendéis un fósforo o cerilla, luego que la flama se apaga no vuelve a ser otra vez utilizable. Y a veces parece que en las distintas vidas esa flama llamada esperanza, deseos de seguir adelante tienden a apagarse, obviamente por situaciones que escapan a nuestro manejo.

 

Mi nombre era Francisca. Había conocido a Eleazar, él no tenía buen carácter y con el tiempo fue deteriorándose al punto de cometer actos que para mí eran demasiado hostiles. Amábamos a nuestro niño, Ezeven, pero es como que Eleazar lo acaparaba. Ambos éramos mentos, descendíamos de familia de mentos pero Eleazar, por algo en su interior tenía otro don, virtud o defecto pero don, podía mover objetos a distancia. Y practicaba con Ezeven cuando era una criatura y lo exigía y lo exigía y lo exigía. Cuando el niño cumplió nueve años nos separamos.

Al poco tiempo conocí a Mureno, él ya tenía una hija de una pareja anterior, Eliana. Mureno era una persona, ¿cómo diríamos?, amable, tolerante nada que ver con el carácter de Eleazar. Eleazar no puso reparo de que haya formado pareja con Mureno puesto que él, a su vez, se había juntado con Maneva, con quién había tenido un niño.

 

Ezeven venía seguido a casa, él prácticamente vivía con su padre pero lo poco que hablaba conmigo, las pocas palabras que lograba sacarle, formaban un triste relato, como que Maneva era una mujer muy sufrida y con muchos problemas y le tenía cierta aprensión a Ezeven.

Ezeven fue desarrollando más poderes que mi ex, muchos más poderes al punto tal de no solamente mover objetos, no solamente dominar las mentes sino que también llegaba a juntar bolas de energía como algunos seres del noroeste pero mucho más potenciado.

Varias veces Mureno se quejó conmigo, diciéndome:

-Ervina, Ezeven se acerca mucho a Eliana.

Yo le decía:

-Pero Mureno, es su hermanastra, o sea, no entiendo, no entiendo.

-Ella está muy afectiva con él -me dijo Mureno.

-Ok. ¿A qué conclusión quieres llegar? ¿A qué...? ¿A qué conclusión quieres llegar? Dime, -insistí.

-Creo que la somete mentalmente.

-Mureno, mi hijo no haría eso. Aparte, tú dices ¿someterla para tenerla como mujer? ¡Es un niño!

 

Ezeven había crecido, ya había cumplido quince de vuestros años, había desarrollado su cuerpo. No era todavía tan alto ni como Mureno ni como su papá Eleazar pero sí ya estaba a mi altura. No solamente por la mañana seguía haciendo ejercicios mentales como cuando de pequeño su padre le enseñaba, ahora lo hacía en ausencia de su padre. Se iba al borde de la montaña, al pie, y empezaba a mover objetos.

Recuerdo que una tarde en el poblado, por causalidad, me encontré con Eleazar. La distancia, el hecho de que cada uno tenía su pareja hacía que pudiéramos hablar armoniosamente.

-Pero claro -inquirí-, está viniendo muy seguido y es como que no quiere volver. ¿Qué pasa, Eleazar?

-Nada Ervina. Bueno, en realidad, sí.

-En realidad, sí, ¿qué?

-Maneva me comentó que ella sufrió de pequeña en las islas al oeste del continente, terremotos, la isla se hundió y ella llegó con su madre al continente, su papá no sobrevivió.

-¿Pero qué tiene que ver eso con Ezeven? -lo interrumpí.

-Ella quedó con problemas, con miedos a los temblores, también tenía secuelas físicas por un golpe que recibió en un derrumbe. Luego tuvimos a Rasto Zovar.

-Insisto, ¿qué tiene que ver esto con Ezeven?

-Bueno, no sé si provocado o qué, pero Ezeven provocó un tremendo temblor en la casa donde vivíamos poniendo en peligro al bebé y a Maneva. Prácticamente Maneva me pidió que esté lo menos posible en casa.

-¡Pero yo acá no puedo tenerlo!

-Mureno piensa que él somete a su hija mentalmente.

-Mureno es una persona torcida, ¿cómo va a pensar eso de mi hijo?

-Bueno, qué puedo decir de Maneva, ¿me estás diciendo que él trató de matarla derrumbando la casa con sus poderes?

-No dije eso, pero tú sí has dicho y afirmado que él somete a tu hijastra.

Nos saludamos fríamente pero sin discutir.

 

Traje en una carreta provisiones pero Ezeven a sus quince años sabía leer los rostros.

-¿Qué pasa, madre?

-Lo vi a tu padre, me contó lo de Maneva, me dijo que tú casi derrumbas la casa, y más que ella es temerosa con los terremotos.

Ezeven hizo una mueca de tristeza, de pena pero sus ojos reflejaban como odio, como ira, cólera.

-Yo me doy cuenta de las cosas madre, tu pareja tampoco me quiere, la pareja de padre tampoco me quiere, Eliana tiene ciertas dudas conmigo pero me tiene afecto, jamás la sometería. Aparte, vuestra mente está podrida si pensáis que yo haría algo así.

Yo pensaba en mi pareja y le pregunté, quizás egoístamente:

-¿Volverás pronto al lado de tu padre?

-Madre, te acabo de decir que Maneva no me soporta. Parece que cuando alguien es distinto no lo soportan, por eso tú no lo soportaste a padre.

-Per hijo, ¿qué dices?, yo también soy de raza mento.

-Claro, pero no mueves objetos ni manipulas energías, yo puedo manipular bolas de fuego y bolas eléctricas, no sé de quién lo heredé o si es naturalmente mío. Aparte puedo provocar aludes, sí madre no te asombre, lo he probado primero viendo que no había gente en los alrededores, he provocado un gigantesco alud en la montaña del oeste, decenas y decenas de piedras y rocas gigantescas caían sobre mí.

-¿Y cómo no te has lastimado? -le pregunté.

-Porque aprendí a poner una capa de energía protectora sobre mí.

-¿Tu padre sabe eso?

-No le conté aún.

-O sea, que si tú prestas atención y alguien te dispara una flecha o te tira una lanza, ¿tú puedes poner una especie de energía y no te llega?

-Así es, madre.

 

Me quedé pálida, creo que ni el propio Ezeven sabía el tremendo don que tenía. Que aquel que está más allá de las estrellas me perdone, que esa hermosa Esencia que mora en el cielo me disculpe pero tenía miedo de mi propio hijo, de que un día se enojara con Mureno, que perdiera la paciencia y lo matara con su mente. Lo tanteé y le pregunté:

-¿Estás molesto que haya formado pareja con Mureno?, tu padre formó pareja y no le has dicho nada, ¿por qué no iba a rehacer mi vida? Él está bien con Maneva, yo estoy bien con Mureno, ¿por qué no podemos ser felices?

Ezeven me respondió:

-¿Quién impide que lo seáis? Cuando estoy con padre quiero comer, dormir, hacer mi vida, lo ayudo a padre con las tareas agrícolas, no tengo problemas en ayudar a Mureno pero es como que tuviera una enfermedad contagiosa, Mureno me mira como si yo fuera una criatura deforme, es capaz de abrazarse con un lomante, esa criatura alta, peluda y no conmigo. Lo mismo pasa con Maneva, la pareja de papá, no quiere ni tocarme, ni que me acerque a su bebé Rasto Zovar. Estoy contaminado, estoy condenado a no estar en la casa de papá ni en la tuya.

-Nadie ha dicho eso.

-Sí, sí, lo habéis dicho, lo habéis dicho. No pelean con papá para ver quién se queda conmigo si no para ver quién... quién se deshace más rápido de mí. Pero no os preocupéis, he conseguido metales cobreados, plateados y hasta dorados.

-¿Cómo?, ¿qué has hecho?

-¿Ves?, ya piensas mal, piensas que heredé el carácter de papá. ¿Te piensas que no sé que padre, cuando yo era mucho más pequeño, ha llegado a hacer un mal uso de su poder mental? Yo no tengo ese carácter pero me empujan, me impulsan. -Se acercó a mí y me abrazó, me dio un beso en la mejilla-. Trataré de venir lo menos posible.

-Pero es yo no quiero...

-Quédate tranquila, dile a Mureno que vendré muy esporádicamente. Salúdame a Eliana.

 

Y se alejó, llevando una mochila sobre sus hombros. Y me quedé pensando cómo logró tener tantos metales, hay gente que trabajaba cientos de días para tener un solo metal dorado, pero no me quiso contar y más temor me dio. Sentía que mi mundo se hundía, me dolía el pecho enormemente. Me sentía mal conmigo misma, muy mal, pero por otro lado sentía compasión por Ezeven, él estaba solo. Directa o indirectamente nosotros éramos los responsables y era algo con lo que teníamos que vivir. Al igual que mucha gente del sur yo entendía que luego que morimos, volvemos a nacer con otra forma, con otro nombre pero que ese dolor que llevamos dentro lo llevamos a esa otra vida, aunque no nos recordemos.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión 24/01/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata que a raíz de que a su hijo lo habían visto en determinada situación estaba siendo prejuzgado de ser dañino. Como madre no quería aceptarlo pero se dejó convencer de ello. De aquella vida salió con multitud de engramas.

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Entidad: ¿Estamos seguros de lo que vemos? ¿Estamos seguros de lo que creemos haber comprobado? ¿Estamos seguros que no es nuestro prejuicio el que dirige nuestras vidas? ¿Estamos convencidos de que nuestras apreciaciones son las correctas?

 

En la vida de Ervina me había separado cuando mi hijo Ezeven tenía nueve años. Mi expareja, Eleazar, tres años después se juntó con Maneva, con quien tuvo un niño. Yo formé pareja con Mureno, quien ya tenía una hija de una pareja anterior, Eliana.

Ezeven fue desarrollando dones, por llamarlos de alguna manera, más potentes que los de Eleazar y los míos. Tanto mi expareja como yo éramos mentos, pero en mi caso simplemente podía apenas manipular una mente en caso de defensa propia. En el caso de Eleazar no, él incluso llegaba con su mente a mover objetos. Pero Ezeven, a medida que fue creciendo desarrolló dones que jamás podría imaginarme -lo que vosotros llamáis telequinesis-; podía lanzar una especie de energía eléctrica con las manos, hasta podía elevarse del suelo con su poder mental.

 

Es verdad que cuando venía a casa -porque vivía con Eleazar-, cuando mi hijo Ezeven venía a casa, Mureno estaba incómodo, varias veces lo encontró hablando muy cercanamente a Eliana y pensaba como que con su mente la podría manipular para estar íntimamente con ella. Discutí muchas veces con mi actual pareja diciendo "Mi hijo jamás haría una cosa así", pero honestamente, su conducta, su manera de guardar las cosas dentro suyo y no decirlas me hizo llegar a pensar que Mureno tenía razón. A veces conversaba con el papá del niño, con Eleazar, quien se quejaba. Me decía:

-A veces en casa es difícil tenerlo porque mi pareja tiene miedo que dañe el bebé.

 

Una vez había provocado una especie de temblor -hasta tal punto había crecido su don- derrumbando parte del techo. Maneva había sufrido porque nació en la islas Nalares, al oeste del continente antiguo, allí había pequeños temblores, el último había hundido la isla donde ella había nacido, tenía pánico a que la tierra se moviese. Y desde el día que por alguna razón mi hijo provocó ese temblor en la casa del padre, su pareja, Maneva no quería que estuviera. Todos éramos responsables, yo, mi pareja, Mureno, mi expareja Eleazar y su actual pareja Maneva. Todos éramos responsables de que Ezeven se hubiera transformado en una especie de paria y se aislara de nosotros. Amaneceres enteros ni Eleazar ni yo sabíamos dónde estaba, la última vez habían pasado más de veinte amaneceres sin tener noticias de mi hijo.

 

Le dije a Mureno:

-Voy a ir a la granja de Eleazar.

-¿Para qué?

-Quiero saber noticias de mi hijo. ¿No estarás celoso? El padre de Ezeven está en pareja, tiene un niño, Rasto.

-Está bien, ten cuidado.

 

Preparé un hoyuman, no iba a ir en una carreta, no tenía sentido. Llevé una alforja con dos cantimploras con agua, algunas monedas cobreadas, por cualquier contingencia.

No era tan lejos la granja de mi expareja. Llevé la montura al paso estando alerta de que no me topara con ningún maleante en el camino. A lo lejos avistaba la granja de Eleazar, fui descendiendo por el camino sinuoso hasta llegar al valle.

A pocas líneas de la casa escucho tremendos gritos de mujer. Apuro el hoyuman, voy al galope, desmonto rápidamente y corro. Entro a la casa, lo veo a Ezeven, a mi hijo, saliendo de la pequeña cuna del bebé, la veo a Maneva desmayada en el piso. Ezeven corre y se aleja, me choca con el hombro, me mira casi sin ver y se aleja de la casa. Corro a ver al bebé de Maneva, estaba bien. La asisto entonces a esta mujer. Salgo afuera, muevo la palanca de extracción de agua del pozo, cojo un pequeño recipiente y con un paño le mojo la cara. Maneva se despierta, me mira, se asusta, me mira de nuevo y me reconoce y se abraza a mí -nunca tuvimos ese acercamiento-, se pone a llorar, luego se aleja.

-Tú -me dice-, tú eres la responsable, tu hijo quiso matar a mi bebé.

-¿Qué pasó? Escuchaba tus gritos.

-¿Cómo no voy a gritar? Mi esposo no está, llego de hacer unas compras, sabes que tu hijo con las manos lanza una especie de rayos eléctricos, le estaba lanzando rayos a mi bebé para matarlo. Cuando pegué un alarido dejó lo que estaba haciendo, me miró y en ese momento me desmayé.

-Cuando yo llegué estaba dejando la cuna del bebé, casi me atropella, y se marchó.

-Ervina -me dijo Maneva-, tu hijo es un asesino, tienes que reconocerlo. Cuando venga Eleazar se lo voy a decir, no quiero que venga más aquí. No sé tú pero si tu pareja se entera de lo que pasó aquí, y le voy a decir a Eleazar que se lo diga, tampoco lo van a aceptar ustedes.

-No hace falta que digas nada, yo misma se lo voy a decir a Mureno y a mi hijastra Eliana. -Y le reproché-: Tú me dices que yo tengo la culpa... Cuando uno engendra un hijo, ¿qué sabe qué va a salir? ¿Hasta qué punto somos responsables?

-¿Acaso no sabíais cómo era?

-¿Acaso tú no sabías -le retruqué-, que Eleazar le enseñaba a mover rocas? ¿Acaso tú no sabías que su padre lo entrenaba de pequeño? ¿Acaso no te contó?

-¿Y acaso no te contó a ti -me dijo Maneva-, que casi derrumba nuestra casa porque nos odia?

 

No tenía sentido seguir hablando. Fue corriendo Maneva a abrazar a su niño, lo alzó, lo puso en su pecho.

Le dije:

-Está bien, ya lo constaté.

-De todas maneras lo voy a llevar al poblado para que lo vea alguien que sepa.

-Lamento todo esto -le dije antes de irme.

Me respondió:

-Más lo lamento yo. Y no te ofendas Ervina, pero cuando menos nos tratemos mejor, que cada pareja viva su vida, yo con Eleazar, tú con Mureno. Tú tienes una hijastra que no es tuya pero aprende a quererla, yo tengo un hijo propio, Rasto Zobar, y es bebé todavía, y no quiero problemas.

-Está bien -asentí-. -Y me marché.

 

Por el camino las lágrimas apenas me dejaban ver. Llegué a casa, Mureno con su rostro oscuro, así y todo, se puso pálido.

-¿Qué sucedió?

Le conté a grandes rasgos.

-¿Ves que yo tenía razón? -me dijo mi pareja-. ¿Ves, Ervina? No pienso hacer nada, su padre Eleazar se va a encargar, -me comentó Mureno.

Le comenté:

-Honestamente, estoy cansada, quiero vivir tranquila, quiero ser normal, en armonía, no quiero más dramas. Me duele el pecho, no sabes cómo me duele el pecho.

Me abracé con Mureno, le conté lo que me dijo Maneva.

-¿Qué querías que te dijera?

 

Me quedé pensativa. Esa noche apenas probé bocado, la niña Eliana había preparado un guisado muy sabroso pero no me sentía con ganas de comer. Me abracé con ella, me dijo que había escuchado lo que le conté a su padre.

-¿Y qué opinas?

Eliana negó con la cabeza.

-No lo puedo aceptar, no tengo esa opinión de Ezeven, no. ¿Por qué iba a asesinar al bebé?

Me encogí de hombros y respondí:

-Porque Maneva lo maltrató muchas veces y sería una manera de vengarse.

La niña dijo:

-No tiene sentido, no tiene sentido, lo estás prejuzgando, y es tu hijo.

 

No quise discutirle, al fin y al cabo era una niña todavía, no sabía cosas de la vida. Pero esa noche no sólo no comí, tampoco dormí porque en el fondo, consciente o inconscientemente, tampoco digería la conducta de Ezeven, porque honestamente no la entendía, no me cerraba, no encajaba. Pero Maneva lo vio lanzando rayos al bebé y yo lo vi apartándose de la cuna. Ante lo visto ya no se trata de un prejuicio, lamentablemente, y con dolor lo digo.

 

La vivencia en el rol de Ervina es una vivencia que, como decís vosotros, me ha dejado muchísimos engramas, de incomprensión por sobre todas las cosas y de no aceptación a realidades que no queremos aceptar, porque si las aceptamos nos duelen más, nos destrozan, nos destruyen. Entonces, a veces queremos negar la realidad, pero la realidad, a veces, habla por nosotros.

 

Gracias, ¡Ay Dios!, por escucharme.

 

 

 


 

Sesión 15/03/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata cómo llevaba de mal su vida en Umbro al punto de dejar a aquellos con quienes convivía. Había mal ambiente y reproches cruzados por tristes sucesos anteriores. Un hombre sabio les puso las cosas en su lugar explicándoles la diferencia entre culpa y responsabilidad. Empezaron a vivir de nuevo.

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Entidad: Mi nombre como thetán es Asdanel, del plano 3 subnivel 8.

 

Habían pasado muchísimos, muchísimos amaneceres y me sentía con lo que vosotros llamáis complejo de culpa viviendo felizmente con Mureno y con su hija Eliana. Recuerdo cuando vino mi expareja, Eleazar, a contarme que nuestro hijo Ezeven, en realidad, mediante ese bendito don que le dio aquel que está más allá de las estrellas, había salvado la vida del bebé que Eleazar tenía con Maneva. En el momento en que lo vimos lanzando una descarga al bebé en su cuna tanto Maneva como yo pensamos que lo estaba matando cuando en realidad le estaba salvando la vida, pues se le había parado su corazoncito.

 

Y pasaron más de mil amaneceres sin ver nunca más a Ezeven y sus dones. Sabía que trabajaba en un teatro ambulante que recorría toda la zona ecuatorial y en distintos poblados grandes y aldeas pequeñas ganaba metales. También me enteré que era envidiado por el resto de la compañía teatral porque era a quien más iba a ver el público. ¡Ay! Por alguna razón que sólo aquel que está más allá de las estrellas sabe, el don de Ezeven, aparte de ser un mento, tenía el don de la telequinesis, podía mover todo tipo de objetos, podía lanzar descargas eléctricas, podía levitar... Y cuántos dones más que ocultaría. Pero sí, nadie se metía con él, pues ya sabían lo que era capaz de hacer.

 

Recuerdo que hace cien amaneceres atrás le dije a Mureno:

-Voy a recorrer las aldeas para saber si está bien, quiero verlo.

Mureno me dijo:

-Mira, Ervina, que una mujer sola vaya por los caminos...

-Es la zona ecuatorial, aquí prácticamente rara vez pueden asaltarte o querer ultrajarte.

 

Pero dijera lo que dijera Mureno yo estaba desesperada en ese momento por saber de Ezeven, que seguramente ya tendría dieciocho de vuestros años. Pero no, recorrí siete, ocho, hasta nueve aldeas distintas. En todas me hablaron de él. "Sí, es un joven así, es asá, va vestido de tal manera, hace tal cosa. ¿Tú quién eres?". Pero no estaba. Ni la compañía de teatro.

Recuerdo que al comienzo, a los primeros días, la compañía estaba fija en un lugar, pero al saber que se corría la voz en las distintas aldeas de lo que era capaz de hacer Ezeven, ellos mismos aprovecharon y como decís vosotros hoy, se iban de gira. Lo odiaban, lo envidiaban. Era el que traía la gente, era el que podía hacer cosas. Verlo solamente levitar cinco minutos valía el esfuerzo de haber gastado hasta dos metales plateados por persona. Y el resto lo envidiaba y lo odiaba por eso. ¡Ignorantes! Porque gracias a eso, gracias a Ezeven ellos comían.

Ezeven era listo, muchos que lo conocieron contaban que le había pedido un aumento. Y ganaba, aparte, más metales que los demás pero se lo merecía. Y cosechaba más envidia, más odio, más bronca, más ira. ¿Pero quién se iba a atrever a decírselo?

 

Y me resigné, me resigné a no verlo más, a haberlo perdido. Hubo una etapa en mi vida en que me aislé, no quería intimar con Mureno. Más de una vez lo acusé de que él me separara de Ezeven al llenarme la cabeza diciéndome que él utilizaba sus dones con su hija Eliana para manipularla y luego intimar con ella.

Más de una vez le grité en la cara:

-Lo has acusado falsamente.

La propia Eliana a veces se ponía en contra mía.

-No acuses a papá.

-Tú cállate, al fin y al cabo no eres mi hija. -¡Ay! Después me arrepentí de haber dicho eso, después me arrepentí enormemente de haber dicho eso.

 

Eliana ya tenía diecisiete años y más de una vez amagó con marcharse, pero Mureno era un buen hombre y la niña también era una buena niña. Una tarde hablamos y quedamos en que nos íbamos a separar.

Pero un día vino un hombre extraño al poblado, un hombre de edad indefinida, se llamaba Fondalar, muchos habían escuchado hablar de él. Era un mento pero un mento muy poderoso, legendario, que tenía el don de orientar a la gente, incapaz de usar sus dones para el mal. Y me atreví a abordarlo.

-Señor... -Me miró sonriendo con sus ojos indefinidos de color celeste u obscuros o grises, podía cambiar el color de los ojos, o era lo que yo creía percibir.

-Dime en que te puedo ser útil.

-¿Tú eres Fondalar?

-¿Y tú?

-Ervina. Quisiéramos invitarlo a comer.

-¿Quisiéramos?

-Mi esposo y su hija, mi hijastra. -Y aceptó de inmediato. Preparamos un humilde guisado que lo comió gustoso.

Nos miró a los tres con una sonrisa cálida y nos dijo:

-No estáis bien, ¿qué pasa con vosotros?

 

Y cada uno expuso su dolor. Eliana sintiéndose relegada, Mureno sintiéndose -equivocadamente-, una sombra de Eleazar cuando justamente yo había dejado a Eleazar porque lo percibí violento. Y yo, confesando que acusaba a los dos, a Mureno y a Eliana de haber perdido a Ezeven.

El hombre, el mento, el consejero Fondalar se interesó por Ezeven. Se quedó con nosotros toda la tarde prestando en todo momento atención a lo que contábamos. Le conté que me separé del padre cuando Ezeven tenía nueve años, que a los doce me junté con Mureno.

Le pregunté a Fondalar:

-¿No te asombras de que me haya juntado con un hombre de raza oscura? -Fondalar me miró extrañado.

-Ervina, ¿asombrarme?, ¿por qué?, todos tenemos algo adentro que forma parte de aquel que está más allá de las estrellas, eso de adentro es lo más valioso que tenemos. La piel, el color es secundario, eso no te hace ni más ni menos especial; al igual de los orcos que viven cerca de los apartados o los elfos o los seres alados del noreste donde viven los dracons o los vampirs o los lomantes, todos portamos dentro nuestro esa Luz que nadie o casi nadie puede ver, vislumbrar, percibir, y vosotros la tenéis. Hay heridas que no se pueden enmendar, no puedo decir que nunca más veréis a Ezeven, él tiene libre albedrío, seguramente estará experimentando su vida como vosotros experimentáis la vuestra. Tú, Ervina, has sido la substancia que lo ha traído a este mundo, pero él es libre.

-Eso lo entiendo -argumenté-, pero lo lastimamos mucho, hasta lo acusamos de que quería matar al bebé de mi ex pareja que había tenido con su actual pareja Maneva.

-Al fin y al cabo -dijo Fondalar-, debéis separar lo que es culpa de lo que es responsabilidad.

-No entiendo -pregunté.

-Culpa -explicó-, es cuando uno hace las cosas a propósito. Responsabilidad es cuando puede cometer una torpeza sin darse cuenta, pero que así y todo debe hacerse cargo. Vosotros, según tú me has contado, habéis visto e interpretado algo que no era, y el error -que no fue exprofeso-, fue mal interpretar esa escena y haber acusado a Ezeven. Pero ya pasó hace muchos, muchos, muchos amaneceres. Y según tú, estimada Ervina, me cuentas, vive tu vida. Dejad de acusaros unos a otros como queriendo expiar vuestras culpas, que no las tenéis. Cuando tu pareja Mureno pensó que el joven buscaba, quizás, abusar de Eliana mediante sus dones era lo que él creía percibir. Muchos hubieran pensado igual pero ya saben que no era así. Disfrutad, disfrutad vosotros tres. Tenéis mucho por hacer por delante. No tiene sentido echaros en cara cosas porque lo único que logran es falsamente sacarse ese peso que vosotros mismos os habéis puesto encima. Hay cargas que tendrán que llevar toda la vida, pero que cada uno lleve la suya, no le haga carga al otro ese peso. Y que tampoco ese peso les impida disfrutar. Son gente de bien, actúen como tal.

 

En un impulso la joven Eliana se abrazó al hombre, el hombre la abrazó y le acarició la cabeza sonriendo. Le tomó el rosto y le dijo:

Y tú, niña, tienes mucho para dar. ¿Sabes leer y escribir?

-Sí, señor -asintió Eliana.

-Bien, en el poblado hay muchos niños que no saben leer y escribir. Veo que tenéis una habitación espaciosa que no usáis... Avisa en el poblado y enseña a leer y a escribir a los niños, y de paso ganas unos pocos metales.

A Eliana le brillaron los ojos, por lo menos haría algo que le gusta. Le agradecí.

-Quisiéramos pagarle.

-¡Mujer! Me habéis pagado con vuestra grata compañía, con la sabrosa comida.

 

Se estrechó la mano con Mureno, me dio caballerosamente la mano a mí, acarició la cabeza de Eliana. Y con esa sonrisa tan, tan bella se marchó.

 

Le dije a Mureno:

-Ese hombre es un poderoso mento, es conocido en varias regiones de Umbro. Y mira, ¡qué humilde!, ¡qué sencillo! Ha ayudado a otros en rescates de personas secuestradas, se comenta que ayudó a rescatar una princesa de las garras de un hombre del norte. Se comenta tantas cosas que con el tiempo no sabes lo que es cierto y lo que es leyenda.

 

¡Ay! Pero ya me sentía más tranquila. Me abracé con Mureno, se unió a nuestro abrazo Eliana. Y dije:

-Somos una familia.

 

Nunca me olvidaría de Ezeven, por supuesto que no, y anhelaba con algún día verlo, pero mientras tanto aprendería a ser feliz, porque la única manera de ser feliz es apreciar lo que tenemos y no estar triste por lo que carecemos, eso no sirve, porque no es justo tampoco para uno. Y ser feliz con lo que uno tiene no es resignarse, es aceptar la situación sin dejar de soñar, pero no sueños tipo espejismos, sueños que podrían concretarse. Pero por el momento, por el momento era esto. Fondalar, en un mediodía, en una tarde nos había hecho reflexionar para bien.

 

Gracias por escuchar, gracias.

 

 

 


 

Sesión 07/06/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La felicidad no existe, es un proceso mental. Aparte, ser feliz implica que se cumplan demasiadas cosas. La entidad relata que de repente, lo que se aguantaba precariamente se cayó y marchó, dejando la familia por segunda vez. Los roles de ego de todos ellos hundieron las precarias relaciones.

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Entidad: ¡Je! No existe el mundo perfecto, no existe la vida perfecta ni tampoco las relaciones perfectas. A veces anhelamos la felicidad. Entiendo que los Maestros de Luz dicen que lo sabio es captar, comprender, digerir, que la felicidad son aquellos momentos donde compartes un diálogo, una comida, una bebida con tu entorno, con amistades, con una relación afectiva, pero siempre falta algo, siempre hay alguien que quieres y está lejos, de la relación que sea ¿eh?, sea de pareja, hijos, familia, amigos, hermanos, pero es como que no está la mesa completa. Entonces, si tuviera que medir una escala de felicidad diría "sí, soy feliz, pero...", y como dicen los Maestros, el pero es objeción, como diciendo "soy feliz, pero no tanto", o "soy feliz, pero sería más si tuviera tal cosa o tal persona estuviera cerca".

 

Mi actual pareja, Mureno, interrumpió mis pensamientos.

-Ervina, no es la primera vez que te cuelgas en pensamientos inútiles, nos descuidas a nosotros, vengo de trabajar y estás en el sillón sentada, no has preparado nada, no has ayudado a Eliana a estudiar. Yo sé que no es tu hija pero el hecho de que compartamos la vivienda es como si fuera tu hija adoptiva, porque tú eres mi pareja y ella es mi hija.

 

Terminó de hablar, de hacer el reproche. Y hay un Excelso Maestro que dice que cuando uno está depresivo dice la verdad.

-No soy feliz del todo -respondí-, y en este momento estoy en un bajón anímico.

 

Y muchos seres humanos en lugar de entender o tratar de contener en ese momento, reprochan, y obviamente obtienen el efecto contrario.

-Seguro que es por Ezeven, por fin lo sacamos de encima. Todavía tengo en duda si no quiso matar al bebé de Maneva, de la pareja de tu ex.

Medité. Levanté la vista, lo miré fijo a los ojos.

-¿Has terminado de decir estupideces?, ¿has terminado de decir necedades?

-¿Me estás llamando necio? -Se defendió Mureno.

-Sí, te estoy llamando necio. Con Maneva ya acordamos que al bebé le había salvado la vida.

 

El tema era que no todos entendían que Ezeven era especial. Tanto su papá Eleazar como yo éramos de origen mento, pero por alguna razón, en su interior, en su sangre, en su mente o vaya a saber en qué parte había desarrollado otros dones, la gente le llamaba poderes a mí no me gustaba la palabra. Podía lanzar descargas eléctricas, a veces calentaban tanto sus manos que lanzaba fuego y me enteré de que podía levitar. Con la niña Eliana no nos llevábamos mal pero ella se sentía, quizá con razón, apartada, pero yo no..., ¿cómo puedo explicarlo?, no, no le prestaba atención, no, por ni por negligencia, ni por indiferencia si no por, como decís vosotros, por complejo de culpa. Su padre lo apartó a Ezeven de su vivienda por presión de su pareja Maneva, yo lo aparté por presión de mi pareja Mureno. Y se fue. Me enteré que estaba trabajando en una compañía de teatro, él no actuaba pero mostraba sus dones, la gente pensaba que eran excelentes trucos porque en los teatros ecuatoriales podía venir quince, veinte personas a ver las historias que relataban, batallas figuradas o a veces comedias, pero verlo a Ezeven levitar... y llegaba a haber hasta cien personas. El dueño de la compañía cobraba infinidad de metales plateados y cobreados y Ezeven cobraba su parte. Pero la gente, la bendita gente -irónica estoy siendo-, es tan malévola que todos cobraban más que Ezeven, pero no, igual despertaba envidias. Venía tres veces más gente, ganaban tres veces más todos, igual despertaba envidias y odios, pero más de allí no porque nadie se atrevía a decirle nada o a enfrentarlo porque no sabían hasta donde había desarrollado sus dones, como dije antes, lo que ellos llamaban poderes.

 

Y con Mureno las cosas fueron deteriorándose. Yo sentía algo por él y tenía un efecto tremendo por Eliana, que aunque no era mi hija, de verdad que le tenía afecto, pero no podía discutir cada día, y no lo hacía a propósito, a veces, de sumergirme en llantos silenciosos o en pensamientos oscuros echándome culpa de todo.

Y un día cometí un error, Mureno se puso mal casi al extremo de la violencia. Como decís vosotros, no me achiqué; lo enfrenté al punto tal de empujarlo. Claro, toda acción trae una reacción y si bien Mureno no era muy tolerante no soportó que lo empujara e intentó darme una cachetada. En ese momento sufrió una tremenda puntada en la cabeza y cayó de rodillas. Lo miré fijamente:

-Jamás te atrevas ni siquiera a intentar algo contra mí. -Lo miré fijamente y cayó recostado de costado. Recuperé en ese momento mi mente analítica, lo levanté, lo senté en el piso, me senté a su lado y lo abracé:- Discúlpame.

Mureno me miró con unos ojos que nunca me había mirado.

-Es la primera vez que te veo usar tus poderes mentales, me has lastimado la mente.

-No te he lastimado nada -negué-, simplemente vi que me ibas a pegar una bofetada y te frené mentalmente.

-Fue un amague, jamás te pegaría. Pero ahora entiendo de dónde sacó ese instinto Ezeven; de ti, más potenciado. ¿Cómo sé que cuando estoy trabajando Eliana no haga una travesura, porque no deja de ser una adolescente, y no la castigues mentalmente hasta llegar a desmayarla?

Los excelsos maestros dicen que lo que se ofende es el ego. Y me ofendí.

-¿Me estás hablando en serio Mureno? ¿Cómo podría hacer con la chiquilla eso?

-No lo sé.

-No lo sabes, tienes dudas. Entonces terminemos aquí o bien démonos un tiempo. Me voy a marchar por unos amaneceres.

-No tienes a nadie -argumentó Mureno.

-Tengo un hoyuman, tengo muchísimos metales ahorrados. Quiero despejar mi mente. -Mureno me miró, me dio la impresión como que tenía los ojos vidriosos, pero a uno le enseñaron en Umbro que los varones no lloran, lo cual no era cierto.

Al rato vino la niña y preguntó qué pasó. Le respondí:

-Tuvimos un pequeño cambio de impresiones con tu padre y ambos nos hicimos daño de palabra y quizá de hecho, y me quiero alejar por un tiempo.

-Nos abandonas como nos abandonó Ezeven. -¡Oh!, la niña también...

Argumenté:

-Ezeven no nos abandonó, tu padre pensaba que Ezeven quería usar sus poderes para aprovecharse de ti, para acostarse contigo, directamente te lo digo. Ezeven se fue para que no lo culpen de algo que jamás haría.

Eliana dijo:

-Es verdad que él gustaba de mí, no puedo decir lo que hubiera hecho o no, pero tampoco puedo asegurar nada de lo contrario.

-No puede ser -dije-, se están mostrando tal cual son, crueles. Tu padre es una persona grande, puedo entenderlo, ha pasado por mucho, pero tú, una... apenas poco más que una niña diciendo eso... Siento vergüenza, humillación y seguramente ira. Despejaré un poco mi mente por unos amaneceres. Lamento todo esto, lamento mucho que no me comprendáis, como no habéis comprendido a Ezeven, a mi hijo.

-Ahora es tu hijo -dijo la joven-, pero no hiciste nada cuando se fue.

-¿Buscas manipularme? -le pregunté-, ¿buscas ponerme en mí como que yo soy la causante de todo? Si yo no me hubiese puesto de pareja con tu padre, Ezeven estaría conmigo. ¡De qué hablas!

-Y sí -dijo la joven-, siempre lo has preferido a él.

 

¡Ahhh! Era como una mulena, terca, pero daba la impresión que lo hacía a propósito, que buscaba manipular, que buscaba escarbar la herida en lugar de contener. Y Mureno se callaba la boca, miraba la escena. Hasta se me cruzó por la cabeza lanzarle un poder mental a la niña para que le duela la cabeza horrores, pero era... era mostrarles que yo era igual a ellos.

Me acerqué a la niña, la puse contra mí, la abracé, le di un beso en la frente. Lo miré a Mureno.

Preparé mi hoyuman, dos alforjas, ropa, me calcé unas buenas botas y me marché. A medida que me iba alejando de la viviendo, cuanto más lejos estaba más lágrimas surcaban mi rostro y de verdad, no entendía como todo esto había pasado, se precipitó de repente por una conversación o porque Mureno me encontró en un sillón meditando. Y así ocurren las cosas, como en el norte de repente una pequeña piedra cae, un pequeño alud de nieve y de repente una avalancha que puede sepultar un poblado. Honestamente, iba al paso con mi hoyuman y no acababa de entender lo qué había pasado, no acababa de entender lo qué había pasado.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


 

Sesión 23/06/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

Había dejado a dos parejas y había perdido a su hijo. Lo encontró finalmente, pero no sabía si sería aceptada. La entidad relata parte de su vida en Umbro, Aldebarán IV.

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Entidad: De la misma manera que en anteriores ocasiones dije que las circunstancias se ponen en contra nuestra como si tuvieran vida propia, de la misma manera que afirmé que a veces somos actores de reparto y creemos que somos los actores principales de nuestra propia película, las veces que he afirmado que conocemos una persona, como me ha pasado a mí en el rol de Ervina.

 

Recuerdo que me separé de Eleazar porque mostraba síntomas de intolerancia al borde de la violencia con algunos brotes reactivos peligrosos. Y tuvimos un hijo, Ezeven, un hijo especial. En todas las sociedades, en todas, en todos los mundos, hasta en el mismo Sol 3, cuando decimos especial ya se habla de discapacidad. Ezeven no tenía discapacidad, Ezeven había heredado de Eleazar y de mí el don de lo que sería la especie mento, porque éramos seres humanos absolutamente normales pero con una diferencia, nuestro cerebro estaba conformado de una manera distinta, quizá, que podíamos... ¿cómo llamarlo?, desarrollar un don para defendernos o bien algunos le pueden dar un mal uso para manipular a otros. Ezeven había desarrollado ese don más otros dones: además de mento tenía el poder de lanzar descargas eléctricas, como los rayos que vienen de las nubes y se comentaba que hasta podía levitar.

 

Recuerdo el último relato donde comentaba que a veces me quedaba pensando y lo extrañaba. Una charla que llevó al final a una gran discusión con mi actual pareja Mureno y con su hija Eliana, adolescente. Me sentí herida, pero no herida desde mi ego, desde mi orgullo o vanidad, me sentí maltratada de alguna manera. Y a diferencia de Eleazar que tenía brotes reactivos, mi pareja Mureno que siempre intentó comprenderme, a lo último no me comprendió. Y su hija, que la apoyé en muchísimas oportunidades me acusó de tomar partido. ¿Creer en el amor es tomar partido? ¿Necesitar afecto es buscar un interés? No. ¿Es tomar partido? No, es directamente el querer sentir. ¡Ahhh! Es obvio que la felicidad no existe y más cuando formas nuevas parejas porque no todos te aceptan que tengas hijos. Pero si tuviera que señalar con el dedo un culpable me miraría a las aguas de un arroyo y me señalaría a mí misma porque de alguna manera es como que yo, como diríais vosotros en Sol 3, cometí el pecado de omisión y Ezeven se marchó.

 

Es más, tanto la nueva pareja de Eleazar, Maneva, como yo cuando vimos a Ezeven lanzando con su mano una descarga eléctrica en la pequeña camita del bebé de Maneva, ella incluso llegó hasta a perder el sentido, del terror de que Ezeven estuviera matando a su bebé cuando en realidad lo que pasó fue otra cosa, se le había parado el corazoncito y Ezeven le había salvado la vida con esa descarga en su pecho. Y voy a ser honesta, se marchó como un paria, como un huérfano haciendo números en teatros de la zona ecuatorial.

Y le seguí le rastro poblado tras poblado, región tras región y en todos los poblados me comentaban: -Sí, un tal Ezeven, un tal Ezeven que hace unos trucos increíbles.

 

Hasta que finalmente llegué al pueblo de Furca, allí lo conocían. Llegué a una posada y me mandaron a un almacén diciendo que su dueño, Obregón, lo conocía. Obregón también tenía una historia triste. Su mujer, Arelda, lo había dejado y había vuelto a Turania con su familia. Pero pobre Ezeven, habían aparecido cadáveres de jóvenes aldeanas en las afueras de Furca y ¿cuándo no?, mi hijo era otra vez sospechoso. Me acerqué al teatro ecuatorial en un día de función, fue imposible acercarme cerca del escenario, había más de cien personas mirando el acto. Comentaban que nunca un teatro de la zona ecuatorial juntaba más de treinta personas, pero querían ver nada más cinco minutos lo que hacía Ezeven, que era el acto de cierre para que la gente se quedara hasta lo último, y Ezeven levitaba a media línea y hasta a una línea del piso del escenario. La gente se volvía loca, literalmente hablando, aplaudían, gritaban, ni siquiera los compañeros de la compañía teatral entendían cómo podía hacer ese truco, buscaban cuerdas invisibles. Pero yo, Ervina, su madre, sabía que él podía levitar de verdad.

 

Ezeven no solamente era listo, no solamente tenía un instinto superdesarrollado sino también, si bien no tenía poderes telepáticos -porque la telepatía no existe tal como la consideran escritores de ciencia ficción en Sol 3-, pero él podía ubicar por sus rasgos mentales a una persona. De la misma manera que vosotros en Sol 3 podéis saber mediante una huella digital quién es tal persona, él podía leer las huellas mentales y detectarlas no a una gran distancia pero a cien pasos o más podía detectar a una persona. Y mientras hacía el acto me miró, no hizo ningún gesto simplemente me miró. Su mirada no era tensa, tampoco dulce, era una mirada neutra. Al comienzo sentí una especie de escalofrío pensado que él estaría molesto, enojado.

Terminó el acto, aplaudían todos a rabiar. Me aparté un poquito de la multitud, esperé unos instantes, la multitud se dispersó y allí estaba alto, fuerte, firme pero siempre con una especie de capucha y se cubría parte del rostro. Se acercó a mí, me besó en la mejilla y me abrazó.

-Hola, madre. -Me caían las lágrimas.

-Hijo, te he buscado por distintas regiones.

-¿Qué ha pasado? -me preguntó.

-Nada, tenía necesidad de verte, de sentirte, de saber de ti.

-¿Y qué te ha dicho tu actual familia?

 

No tenía deseos, como decís vosotros, de hacer rol de víctima. Apenas di una pequeña explicación, que hubo un intercambio de opiniones y no nos pusimos de acuerdo y me marché.

Me dijo:

-Las cosas no se deben tomar apresuradamente. -¡Como diciendo que me tendría que haber quedado con Mureno y su hija Eliana!

Me preguntó si había almorzado.

Le dije:

-No, pasé por el almacén de Obregón y me indicó que te podía encontrar aquí, en el teatro.

 

Se acercaron varias compañeras y compañeros y me los presentó. Yo soy menta, no tengo el poder de mi hijo pero soy menta y tengo una elevada intuición, no puedo captar como él las señales mentales pero sí sentir, no sé cómo explicarme mejor. Y sentí un poco de temor en sus compañeros, envidia. Y bueno, fuimos varios a almorzar a la posada más grande del pueblo. Me pedí un guisado, ¡que me gustaba tanto! Tomé un refresco, no quise tomar bebida espumante, nada de alcohol, quería estar lúcida para disfrutar de la compañía de mi hijo. Él también tomó un refresco. Prácticamente no hablamos entre nosotros. Eran siete, cuatro varones y tres mujeres los compañeros. Con nosotros dos nueve. Ocupamos un par de mesas y los escuché a hablar sobre el acto de Ezeven, que ahora entraban tres veces más metales que antes gracias a que Ezeven estaba en la compañía, que en ningún pueblo se habían quedado tanto tiempo como aquí en Furca... ¿Y qué noté? En la misma conversación, en forma inconsciente, noté en ellos admiración por Ezeven, temor, respeto y lo que es peor, envidia, una muy mala envidia en casi todos menos una de las jóvenes, que lo admiraba, y presentí como que lo deseaba, lo deseaba como hombre, como pareja. No sé si Ezeven se daba cuenta de ello, seguramente que sí pero no le atraería o no querría tener algún compromiso todavía. Causalmente, porque nada es casual, la joven se llamaba Eliana, como la hija de Mureno pero obviamente más grande.

 

Y me sentía molesta con los compañeros de Ezeven porque me había enterado de que antes de que él estuviera, al teatro le alcanzaba únicamente para traslados, pagar gastos, mantener animales, comida y un poco más y ahora por Ezeven, con los metales que entraban, todos cobraban el doble y les molestaba que él cobrara más porque era el arreglo que había hecho con el dueño de la compañía, si no, se iba. Y así es la gente, él les hacía ganar el doble pero como a su vez él ganaba más les molestaba, querían tener todo. Y me di cuenta que eso pasa en Umbro en la región ecuatorial, en el poblado de Furca y en todo el universo donde reine el homo sapiens porque el homo sapiens es así, no se conforma con estar bien, lamentablemente casi nadie está bien, pero aún estando bien no se conforman, así y todo si el otro está mejor lo envidian igual aunque ellos estén bien. Los Maestros de Luz dicen "Eso es ego". Yo digo que eso es espíritu torcido.

 

Pero aprendí, aprendí a conocer al ser humano, a entender sus bajezas, sus riquezas, sus envidias, sus angustias porque estuvimos hasta el atardecer conversando y cada uno relataba su problema, como que tenían ansiedad o competían por ver quien había pasado peor su vida. Una de las jóvenes había sido ultrajada, es lamentable, nunca encontraron al culpable, se cambió de región. A otro de los jóvenes le mataron a sus padres. Era muy común en Umbro, un mundo como diríais vosotros en una eterna edad media donde reina el salvajismo... Pero qué, en Sol 3, en mi rol actual, ¿acaso la cosa es mejor porque tenemos ordenadores, porque tenemos televisores, porque tenemos una web, porque podemos comunicarnos telefónicamente a miles de kilómetros? ¿Acaso pensáis que desapareció el egoísmo, la angustia, la soledad, la baja estima? ¿Acaso no seguimos buscando la aprobación del otro? Acaso no le preguntamos a una amiga "¿Me queda bien esta ropa? ¿Te gusta este peinado?" para que nos digan, a la fuerza "Ah, sí, te queda maravillosamente". Entonces una se pone contenta, "Que bien", y a lo mejor la otra persona te lo dice por compromiso o para no lastimarte o para no decirte "Mira, ese peinado es de bruja. Esa ropa que te has comprado es de tercera, ni siquiera de segunda". Entonces qué, ¿eran más auténticos los nativos de Umbro, donde directamente mostraban sus debilidades porque no eran tan sutiles, porque no disimulaban tanto? Y sí. ¡Ufff! Que me disculpe el receptáculo, que le hago doler fuertemente el pecho por esta mezcla de angustia, ansiedad, recuerdos.

 

Pero me sentía gratificada porque estaba de vuelta con mi hijo, no sé por cuánto tiempo. Tampoco sé por cuánto tiempo se quedaría la compañía teatral. Obviamente yo no podía ir con ellos, ¿para qué?, ¿para hacer qué?

Nunca me gustó hacer de lastre ni de contrapeso de nada ni de nadie. Pero bueno, un maestro con el que me crucé una vez dijo "Disfruta el momento, disfruta el ahora". Un tal Fondalar, que me lo crucé camino a Furca. Era un mento. Traté de entrar en su mente pero estaba tan cerrado como la más dura roca. ¡Uf!, pensé, debe ser un mento muy antiguo, de las primeras generaciones. Pero me desarmó su mirada dulce, un hombre indefinible en cuanto a su edad pero dulce. Y su compañera Émeris, también menta, con una belleza que deslumbraba.

Me preguntaron:

-Este camino va para Furca, ¿vas para allí?

-Sí, así es.

-Bien, tendrás una buena sorpresa.

-¿De qué se trata?

-Ya lo sabrás.

 

¿Acaso sabían que yo buscaba a Ezeven? ¿Acaso sabían lo que pasaba por dentro?, porque no existe la adivinación al igual que no existe la telepatía. Y me quedé pensando en eso.

A lo último, cuando nos quedamos solos, se lo conté a Ezeven:

-Los dos mentos que me había encontrado en el camino y que me dijeron que en este poblado tendría una sorpresa.

Ezeven me respondió, taciturno, como siempre:

-Quizá te lo dijeron para alentarte y que no desfallezcas y que sigas en el camino.

-O quizá no -le respondí. -Se encogió de hombros.

Me dijo:

-Te he pagado la habitación aquí en la posada. -Le agradecí.

-¿Me dejarás que te vea mientras esté aquí?

-¿Por qué no?

-¿Te agradó verme? -le pregunté. Ahí estaba buscando la aprobación de mi propio hijo.

-Sí, es agradable verte -me dijo.

Lo miré fijo al rostro. Sus ojos estaban un poco más humanizados, su boca hacía una mínima mueca de sonrisa, pero era tan difícil quebrar esa dureza de granito... Claro, todo lo que había pasado, pobre hijo. De alguna manera es como que mi rol de víctima o de supuesta víctima pasaba a segundo plano.

Ezeven me tomó de la mano, me acarició la mejilla y me dijo:

-Ve a descansar, ya hablaremos.

Lo besé. -Te amo -le dije-. Te amo, hijo.

 

Y me marché a descansar. ¿Tranquila? No, me dolía el pecho. Angustia, ansiedad, como dije recién. Pero bueno, pude descansar un poco.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


 

Sesión 10/11/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

Había encontrado a su hijo. Parecía distinto a como lo conocía, lo encontró distinto. En un momento dado se comunicaron más allá de los roles.

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Entidad: Tuve muchísimos roles que me marcaron interiormente como muescas hirientes, como marcas conceptuales en mi parte espiritual y que luego en cada encarnación me fueron condicionando.

 

Vuelvo a rememorar la vida de Ervina, la búsqueda de mi hijo perdido, Ezeven, al que finalmente encontré. Trabajaba en la zona ecuatorial en un teatro, la gente iba más que nada por él. Él tenía infinidad de dones que había heredado de nosotros, sus padres, pero los potenció seguramente por un regalo que le hizo aquel que está más allá de las estrellas. En algún momento se lo dije, en el reencuentro con mi hijo.

-No, no, no me parezco en nada a mi padre Eleazar, tampoco a ti, madre. Vosotros sois mentos, yo no sé lo que soy y no lo veo como un regalo, si bien gano metales porque puedo levitar.

 

Era una palabra que yo desconocía, él quería decir como que flotaba levemente y la gente en los teatros en los que iba buscaban los hilos invisibles. Su función era muy limitada en cuanto a tiempo, diez minutos, y le pedían más y más. Y cómo es la gente ¿no?, el resto de la compañía ganaba más dinero al haber más público, sin embargo la envidia era tal que muchos lo odiaban.

Me invadió una fuerte depresión, pensé que al verlo me sentiría plena. No, no. Hoy lo llamaríais complejo de culpa porque discutimos con mi actual esposo, Mureno, de que Ezeven con sus poderes quería manejar a su hija Eliana y si bien yo creía fielmente en Ezeven, a veces es como que consentí, como que cedí a los pensamientos de Mureno.

 

Pasó un tiempo y lo volví a ver. Estaba entusiasmado, pero no entusiasmado por lo que hacía, entusiasmado porque podía ayudar a alguien. Un joven que tenía el equivalente a dieciséis años de Sol 3, Oriano, tenía un mal dermático, un problema que se le caía el cabello y Ezeven lo iba a llevar a un lugar llamado Valle Escondido. No me explicó que sucedía en ese valle pero me dijo que el joven iba a volver curado de su problema.

Le pregunté:

-¿Cómo, hay alguna agua mágica? -me respondió:

-No existe la magia, existen las propiedades sanadoras.

 

A veces me sorprendía porque Ezeven hablaba en un... no en un léxico sino una manera, una forma de expresarse distinta. Yo desconocía la palabra "mal dermático", me explicó que significaba, un problema en la piel que le producía peladilla.

Y le dije:

-Con la mano en el corazón, hijo, ¿en ese valle pueden curar mi alma? Tengo un montón de bajones anímicos por haber sido tan permisiva y lo que no quiero que me culpes por todo lo que estás pasando.

Ezeven negó con la cabeza.

-No madre, no te culpo ni culpo a padre, ni a tu pareja Mureno. Tampoco... ¡ufff!, tampoco a Maneva, la pareja de padre, porque me di cuenta que toda la gente que conozco teme a lo que no sabe que es, teme a lo desconocido. Déjame meditar dos minutos...

Lo interrumpí:

-Si quieres me voy.

-No, está bien, está bien madre, quería dejar mi mente en blanco unos instantes.

-¿Puedo preguntar por qué o para qué?

-Porque a veces es como que siento demasiado, siento ideas.

-¿Escuchas voces en tu mente?

-No madre, siento ideas, como que alguien invisible me pasara conceptos.

-¿Qué es un concepto, hijo?

-¿Cómo te puedo explicar? De repente nosotros estamos hablando sobre un tema, ejemplo, cómo sembrar determinada semilla. Bueno, si tú lo sabes es un concepto que has aprendido. Y esas son las ideas que me transmiten.

Me quedé mirándolo preocupada. ¿Estaría perdiendo la razón Ezeven?

Me miró fijo y sonrió.

-No madre, estoy absolutamente cuerdo

Pegué un respingo asombrada.

-¿Sabes lo que pienso? ¿Tú lees mi pensamiento?

-No, madre, no, no hace falta. Vi tu gesto, tu semblante, tu mirada. Me di cuenta de lo que pensabas. Y no, no, no, no estoy loco. No, madre.

-Está bien. Si no estás loco, ¿quién piensas que te transmite esas ideas?

-Creo, madre, que dentro nuestro tenemos parte de aquel que está más allá de las estrellas y cuando morimos esa esencia que llevamos dentro sigue viviendo con aquel que está más allá de las estrellas.

-¿Cómo viviendo, en un campo, en un valle? ¿Dónde?

-No madre, no lo sé determinar bien, pero es en un lugar donde no se precisa un cuerpo.

-Y entonces, si no tienen un cuerpo ¿cómo pueden transmitirte ideas?

-Aún no lo sé, pero estoy convencido de que esas esencias que alguna vez fueron seres humanos, siguen estando y pueden contactarse.

 

Me sentí desconcertada. Ezeven no era el mismo, el pequeño que yo conocí, tampoco el de hace poco tiempo atrás. Cada día es como que -vosotros diríais- evolucionaba, yo desconocía esa palabra.

A lo lejos vi venir un joven. Ezeven lo recibió. Es Oriano, un joven de rostro simpático. Le veía su rostro, tenía bastante baja estima y su rostro pálido. Ezeven fue a la cuadra y trajo dos hoyumans. Ezeven y Oriano montaron.

Me acerqué y le dije:

-Vuelvo a preguntar, ¿en ese lugar donde vais pueden sanar mi interior? Si yo también tengo una esencia, como tú crees, ¿cómo la sano?, porque es esa esencia la que me oprime el pecho, la que me causa un peso tremendo sobre mis hombros. ¿Cómo la sano?

Mi hijo me respondió con una mirada dulce, como hacía tiempo no veía, porque siempre estaba hermético.

Y me dijo:

-Madre, sólo tú puedes curar tu interior aceptando tus errores como ser humano y entendiendo que eres importante. -Me caían las lágrimas.

Le dije:

-¿Importante? Te he perdido.

-No -negó Ezeven-, no me has perdido, estoy. Simplemente que ahora tengo otra vida.

-¿Volverás pronto?

-Volveré pronto y habré sanado a Oriano. -El joven estaba callado y miraba hacia adelante, como que estaba ansioso de partir.

Así que le dije a Ezeven:

-Ve, llévalo. Y quiero seguir hablando contigo sobre el tema ese de las ideas que recibes o que percibes y sobre el interior de las personas. Prométeme.

-Claro, madre, te lo prometo.

 

Se sujetó de las riendas, se inclinó y me dio un beso en la mejilla. Fue como una carga eléctrica hermosa, como un calor en todo mi rostro, un calor que destilaba amor. Y la gente le tenía envidia, miedo, desprecio.

En un impulso le dije:

-¿Por qué no te cambias de ropa? ¿Por qué esa ropa oscura? ¿Por qué esa capucha?

Se encogió de hombros y me dijo:

-Es mi vestimenta. No me importa lo que digan los demás. -Otra vez es como que hubiera leído mi mente.

 

Espolearon sus hoyumans y marcharon hacia ese Valle Escondido. Y me quedé quieta, parada en el medio de la calle de ese poblado viendo como se alejaban.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


 

Sesión 13/12/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

Mientras viajaba pensaba en su hijo que había dejado atrás, solo. Se sentía mal por ello. En un momento dado tres maleantes aparecieron.

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