Índice

Psicoauditación - Francisca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Página anterior

Sesión del 26/02/2020

 


Sesión 26/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

Llevaba tiempo sin salir de la academia y se decidió a encontrar a su hijo. Viajó al castillo del rey Anán, donde se preparaba la resistencia para un ataque del reino vecino, pero se preparaba también algo que nadie sabía.

Sesión en MP3 (2.082 KB)

 

Entidad: Me había quedado en la academia que habían fundado Émeris y su pareja, Fondalar. Me llevó tanto tiempo encontrar a mi hijo Ezeven y ahora él se había ido para el castillo del rey Anán. Me dijeron "Aquí estarás protegida", quedaban varios estudiantes. Pero, honestamente, me sentía sola. Sin desmerecer a los jóvenes, me atendían, me preguntaban si quería tal o cual comida. Yo trataba de incomodar lo menos posible "Lo que comáis vosotros como yo. Lo que toméis vosotros tomo yo". Pero me atendían bien.

 

Eso no me terminaba de completar mi ser. Y les dije:

-Disculpadme, pero voy a ir al castillo donde fue mi hijo Ezeven.

Se acercó uno de los jóvenes más avanzados, César, y me dijo:

-Te acompañaré.

-¿Sabes usar una espada? -pregunté.

El joven sonrió simpáticamente y dijo:

-Soy mento. O sea, puedo de alguna manera dominar en el caso de que hubiera un ataque pequeño. -Y marchamos. Un hoyuman cada uno, alforjas... Llevábamos bastante bastante agua en las cantimploras para atravesar el caluroso desierto.

El joven César me dijo:

-Ervina, cuando lleguemos al bosque ya saldremos de este calor insoportable.

 

El viaje no se me hizo largo, pensaba en todo lo que iba a conversar con Ezeven. Y pensaba en mi persona, en las cosas que no me atrevía a hacer antes, en las cosas en las que fui permisiva con mis relaciones, en no haber entendido a mi hijo en sus comienzos cuando estaba creciendo, el no encontrar una relación estable de pareja. Las dos relaciones que tuve no..., no me maltrataron pero no me comprendieron, terminaron demostrando su egoísmo, sus dudas, sus... egocentrismos, ¿no? Y por otro lado el hecho de encontrarme sola me hubiera gustado el ser útil, no tener que depender.

Por las noches dormíamos -con el joven César- escondidos entre la maleza del bosque, y el joven siempre atento, al menor ruido estaba alerta.

Recuerdo que de día le preguntaba:

-¿Pero tú duermes?

-Sí, señora Ervina, duermo, simplemente que al menor chasquido o que una rama se corte o que hubiera un animal cerca o un ave ya me despierto.

 

Pero estuvimos bien, no hubo ningún incidente en el camino y finalmente avistamos el castillo. Veíamos vigías en las torres. César levantó la mano saludando. Abrieron el portón grande y se asomaron varios de los estudiantes mentos, que reconocieron a César. Los soldados nos dejaron pasar.

Pregunté a uno de los soldados:

-¿Por qué sois tan pocos?

-Ya os informará el rey. -Estaba intrigada, el palacio estaba semidesierto. Miré para el costado, al patio de armas, había varios soldados, pero me sorprendió que  también había muchos bárbaros. Finalmente nos encontramos en el palacio principal con el rey Anán.

Me abrazó y me dijo:

-Te felicito por el hijo que tienes. Gracias, estimado César, por acompañarla. -Me volvió a mirar el rey Anán y me dijo-: Pensé que ibas a venir tiempo atrás con todos, con tu hijo, con Émeris, con Fondalar. -Me encogí de hombros.

-Dijeron que en la academia, que antes había sido una fortaleza iba a descansar. Pero de verdad que extraño a Ezeven, ¿dónde se encuentra?

 

Me puso al tanto de lo que sucedía. Un mento muy poderoso llamado Zizer se había aliado con una mujer muy negativa llamada Randora y ya habían atacado el castillo y luego se habían replegado. Y ahora la mitad de los soldados, los más entrenados, habían salido con mi hijo, con Fondalar, con Aranet, con Ligor a tender una trampa si volvían los malvivientes a atacar.

Le pregunté y quién eran los bárbaros.

Me dijo:

-Responden a Aranet. La mitad de ellos quedó en el territorio de Aranet, en la isla Baglis, y la otra mitad aquí para fortalecer el castillo ya que muchos de los soldados se han ido a tender una trampa para cuando vengan de nuevo los atacantes.

 

Me prepararon comida caliente. César se juntó con sus compañeros, previo saludarme. Me abracé con Núria, me abracé con Émeris. Me sentí más tranquila.

Me enteré que el rey había tenido un hijo con su actual pareja Marya. De verdad que lo felicité y me puse muy contenta y deseándole que experimente toda la felicidad que yo no pude experimentar cuando Ezeven era pequeñito.

Y luego pude andar sola por los pasillos, me gustaba caminar, recorrer el lugar, y si bien las paredes del castillo eran muy gruesas, no eran esas paredes finas de las casas de los granjeros. Sin embargo el castillo tenía como ecos y escuché una conversación de un tal Orlok, que hablaba con otros bárbaros.

-¿Sabes? -le dijo a otro compañero-, mira el lujo que hay acá, falta que veas monedas de oro tiradas por las escaleras, y nosotros allá en la isla Baglis apenas tenemos para comer. Aranet es igual a nosotros, lo que pasa que él quiere aparentar lo que no es. Podríamos perfectamente saquear otras aldeas y llenarnos de metales plateados y dorados, pero no, quiere que nos comportemos. ¿Qué hacemos acá?, ¿qué estamos cuidando? Cuidando el dinero de otros.

El otro le comentó:

-¿Y qué quieres que hagamos, Orlok? Tenemos que obedecer las órdenes de Aranet de ayudar al rey Anán.

Orlok dijo:

-¿Por qué?, ¿para qué?, ¿qué ganamos en todo esto y cómo sabemos que ese tal Zizer no los va a vencer?, qué sabemos si van a caer en la celada, por qué arriesgar la vida. No nos pagan, los soldados cobran aunque sean unas migajas. Nosotros, ¿qué?, porque tenemos buena comida y buena bebida, no me siento libre. ¿Tú te sientes libre?, ¿vosotros os sentís libres?

-No -dijeron la mayoría-, pensamos como tú.

-Y entonces, ¿por qué no tomamos el castillo y nos apoderamos de todo el dinero?

Varios de ellos dijeron:

-¡Pero qué dices, Orlok, estamos hablando de matar!

-Estamos hablando de inmovilizar a los soldados; si alguno se resiste, sí, matarlo, el resto dejarlos atados indefensos. Los nobles no se resistirán, son afeminados, ni saben pelear. Una vez que venzamos a los soldados...

Otro le dijo a Orlok:

-Está bien. Supongamos que tenemos suerte y nos hacemos de un enorme botín, ¿qué pasará cuando vuelva Aranet en el caso de que ganen?

Orlok se encogió de hombros:

-¿Tú piensas esperarlo? Si tenemos ese botín nos vamos, nos vamos para el sur, para donde sea. La gente estará inmovilizada, los nobles no dirán nada. Si el rey se opone no hablo de matarlo, pero lo atamos.

 

Me quedé helada. Me quedé helada pensando en lo que estaba por hacer esta gente, esta gente que según tengo entendido eran leales a Aranet, pero su codicia podía más. Le tendría que contar..., le tendría que contar a Émeris y a Núria. En ese momento se escuchó un ruido detrás mío y una mano me tapó la boca.

-¡Orlok, una espía!

 

Se acercó Orlok. Era impresionantemente alta su figura, un rostro muy fiero, atemorizante. Me dejaron con una mordaza en la boca en una habitación, por lo menos no me mataron. No era la única que estaba en la habitación; atada y amordazada había una de las cocineras que seguramente también había escuchado. Cerraron la puerta y pusieron una traba, apenas había una débil luz de un ventiluz, miraba la cara de pánico de la cocinera. No me imagino los bárbaros conteniéndose, pensaba que si los soldados se resistían los bárbaros acabarían con ellos.

Pensar que vine al castillo del rey Anán a ver a mi hijo... No sólo no estaba si no que me encontré en medio de un complot para tomar el castillo y robar el oro.

 

Esa era mi vida. Pero no me interesa hacer papel de víctima, simplemente quiero decir que mi camino siempre estuvo lleno de altibajos.

 

Gracias por escucharme.